El domingo pasado corrí mi tercer medio maratón (21 kilómetros) en Puerto Vallarta.
Esta carrera fue especial por dos razones:
1) porque el año pasado corrí lastimada y con gripa, así que no hice el tiempo que hubiera querido y le sufrí bastante (hice 2 horas 35 min)
2) porque este año estuve acompañada de muchos amigos que hice debido a que empecé un grupo de corredores en mi pequeño pueblo, éramos más de 10 personas corriendo juntas (al principio) y apoyándonos cada que nos veíamos. No sé ni cómo explicarlo pero fue una sensación increíble estar rodeada de gente que sé que me entiende perfectamente.
Empecé a entrenar a finales de diciembre. Corrí de 2 a 3 veces por semana combinándolo con ejercicios de fuerza y pilates.
Además, por primera vez estaba entrenando con muchas más personas y eso me motivó y me obligó a ser más rápida porque no quería ser siempre la última en los entrenamientos.
Mis papás me regalaron una caminadora para mi cumple entonces eso también facilitó mis carreras de intervalos y me ayudó a mejorar mis tiempos.
Corrí mi carrera más larga de 18 kilómetros y de ahí descansé y me sentí lista. No estaba nerviosa, no esperaba demasiado pero sí quería bajar mi tiempo a al menos 2 horas 10 minutos (mi meta siempre han sido 2 horas pero sé que aún tengo mucho que trabajar para lograrlo).
Y pues la semana pasada llegó el gran día. Por primera vez mi esposo iba a estar esperándome en la meta y eso también me emocionaba.
Los primeros 10 kilómetros los disfruté mucho. Iba con buen ritmo y no me sentía cansada ni física ni mentalmente. Hasta pensé wow voy a bajar un montón mi tiempo y voy a estar al 100%.
Pero justo después de los 10km algó pasó y se me fueron las energías. Me tomé mi primer gel y anduve medio bien aún por 5 km más pero en el kilómetro 15 sentía que ya no podía más. Mi mente y mi cuerpo querían rendirse, quería sentarme y llorar. Pasé de correr 5:40 por km a 6:30, sentía que ya no daba más. Mi esposo me mandó un mensaje diciendo que no me preocupara por el tiempo y solo siguiera y a partir de ahí sentí que estaba en una montaña rusa: corría un kilómetro con energía y al siguiente sentía que ya no podía seguir. Y así logré sacar los uĺtimos 5 kilómetros.
Terminé en 2 horas 8 minutos. Mejoré mi tiempo, rompí mis expectativas y eso que sentí que no iba a terminar.
El cuerpo y la mente son increíbles. Estas carreras te cambian porque te enseñan que eres más fuerte de lo que creías que podías llegar a ser.
Al final me tomé varios eléctrolitos y celebré comiendo un montón de las cosas que más me gustan. Fue una buena carrera pero sé que puedo bajar aún más mi tiempo. Quizá el próximo año... veremos.

