lunes, 22 de junio de 2026

Rooney y Kiuty

Rooney se mudó a Suiza a finales del verano. Estaba listo para comenzar una nueva vida en la universidad. Durante los últimos cuatro años había fantaseado con ese momento. Quería empezar desde cero, lejos de todo lo que conocía. Era el tipo de chico que parecía sacado de una película sobre genios: lentes demasiado grandes para su rostro, camisas polo perfectamente fajadas y una obsesión casi enfermiza por las tareas y los exámenes.
Nadie se burlaba de él. Al contrario, sus compañeros admiraban su inteligencia. Sin embargo, cuando terminaban las clases, Rooney desaparecía. Nunca iba a fiestas ni salía con nadie. Pasaba las tardes estudiando o adelantando trabajos. No tenía amigos cercanos. Aun así, no era infeliz.

Siempre había sabido que, al terminar la preparatoria, obtendría una beca y se marcharía lejos. Escogió Suiza porque amaba los idiomas, hablaba francés con soltura y le emocionaba la idea de experimentar un invierno de verdad.

Cuando llegó el día de partir, empacó todas sus pertenencias con extremo cuidado. Pero dedicó más tiempo a preparar las cosas de Kiuty que las suyas. Kiuty era un pequeño conejillo de indias blanco, cubierto de manchitas negras. Su madre se lo había regalado un año atrás por su cumpleaños y, desde entonces, se habían vuelto inseparables. Kiuty tenía hábitos extraños, le encantaban los chiles jalapeños. Rooney todavía se reía al recordar la primera vez que lo vio devorar uno sin inmutarse. A veces, cuando su madre lo permitía, incluso le daba pequeños trozos de habanero. El animal los masticaba feliz mientras Rooney lo observaba fascinado.

-¿Estás seguro de que podrás estudiar y cuidar a Kiuty tú solo? -preguntaba su madre una y otra vez.
Rooney siempre respondía igual: con un asentimiento firme. Le molestaba que dudara de él.

Las primeras semanas en la universidad fueron mejores de lo que había imaginado. Sus calificaciones seguían siendo excelentes y, por primera vez, había conocido personas con intereses parecidos a los suyos. Por las tardes caminaba por el parque cercano a su departamento o jugaba videojuegos mientras Kiuty descansaba sobre sus piernas. Todo parecía perfecto excepto por una cosa: encontrar chiles era mucho más difícil de lo que esperaba. Al principio no le dio importancia, pensó que Kiuty se acostumbraría. Pero poco a poco comenzó a notar cambios: ya no corría hacia la puerta de la jaula cuando lo veía llegar, dormía más horas de lo normal, comía menos. 

Una tarde, Rooney lo tomó entre sus manos.
-¿Qué te pasa, amigo?
Kiuty apenas reaccionó. La preocupación apareció por un instante, pero los exámenes finales estaban cerca y tenía demasiado trabajo acumulado. Convencido de que solo estaba cansado, lo dejó descansar.
Pasaron varios día hasta que ocurrió algo que lo hizo replantearse todo: durante una comida con algunos compañeros, Rooney estaba mostrando fotografías de su preparatoria cuando apareció una imagen de Kiuty.
Las reacciones fueron inmediatas.
-¡Qué adorable!
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cómo se llama?
Rooney respondió a todas las preguntas con una sonrisa hasta que una chica frunció el ceño.
-Espera... ¿solo tienes un conejillo de indias?
-Sí -respondió él.
La sonrisa desapareció del rostro de la joven.
-¿No lo sabías? Aquí es ilegal tener solo uno.
Rooney parpadeó.
-¿Qué?
-Los conejillos son animales muy sociables. Necesitan compañía. Si viven solos pueden deprimirse.

El corazón le dio un vuelco, de repente recordó los cambios de Kiuty: su apatía, su falta de apetito, las largas horas durmiendo.Se levantó tan rápido que casi tiró la silla y corrió directo a casa. Durante todo el trayecto una sola idea martillaba su cabeza.

Cuando abrió la puerta del departamento, el silencio le pareció insoportable. Se acercó a la jaula y sintió que el mundo se detenía. Kiuty permanecía inmóvil, no se movió cuando Rooney pronunció su nombre, no levantó la cabeza, no abrió los ojos.
-No... no, por favor...
Las lágrimas le cayeron despacio por las mejillas. Tomó a Kiuty con cuidado y salió corriendo rumbo al veterinario. Apenas podía respirar.
-Aguanta, por favor... aguanta...
Faltaban solo unos metros para llegar cuando sintió un pequeño movimiento entre sus brazos. Se quedó inmóvil, Kiuty abrió lentamente los ojos y luego emitió un suave chillido. Rooney soltó una carcajada entre lágrimas, nunca había sentido un alivio tan grande.

Esa misma noche llamó a su madre.
-¿Pasa algo? -preguntó ella al contestar. - Son las 2 de la mañana aquí.
-Sí -respondió Rooney, secándose los ojos. -Quiero pedirte mi regalo de cumpleaños adelantado.
-Ajá, ¿y qué quieres?
Rooney miró a Kiuty, que descansaba envuelto en una mantita. Sonrió.
-Otro conejillo de indias.

sábado, 20 de junio de 2026

Tic, toc

El tiempo pasa lento y rápido a la vez cuando no tienes nada de que hacer. Estos días me levanto a las 8:30 o 9am, cuando por lo general me despertaba a la  6:30-7am. 
Hoy mi suegra llamó temprano para preguntar cómo me está yendo y me dijo algo que me pareció gracioso "extraño el ruido de los gallos cuando te llamo", y ni siquiera me había puesto a pensar en lo silecioso que es todo aquí: sí hay vecinos pero no están pegados a la casa como lo estaban en nuestro apartamento en el pueblo, sí hay animales pero más como pequeñas lagartijas e insectos, no perros ni gallos corriendo entre turistas y carros. Y de hecho, el sonido de los carros es por lo general lo único que se oye afuera, o cuando llueve (que apenas tuvimos una tormenta tropical) y hay truenos.

Esta casa me hace pensar en la casa donde crecí por su silencio y en cómo me siento aislada del mundo entero estando en estas paredes. Cómo todo afuera parece tan lejano estando aquí, cómo la vida sigue mientras yo vivo de historias que no son mías; leyendo libros sin poder parar de pasar las páginas o escuchando a mi esposo hablar de cómo estuvo la oficina. Cómo tengo que crearme un mundo aparte para no perder la cordura: escribiendo en mi diario o en el blog o trabajando en un guión que tiene ya 4 versiones y ninguna me parece lo suficientemente buena.

Una amiga me escribió hace días preguntándome si estaba escribiendo una novela y sonreí al verme a mí misma como una escritora "de verdad", por años pensé que quería escribir una novela o algo como una compilación de historias y no sé si algún día lo haga. El reloj no deja de avanzar y yo no logro descifrar cómo volver a escribir "de verdad", ¿a dónde se fue la inspiración?, a veces me pregunto si la inspiración se fue a cambio de que obtuviera la mayoría de las cosas que siempre había querido, quizás. 

Veo a mi alrededor y miro estas series y estas películas y me digo que yo también tengo una historia que contar, que yo podría llegar a terminar mi guión y quizá un día ver mi serie en una plataforma de streaming, solo tengo que dejar de dudar. 
tic, toc, tic, toc...

martes, 16 de junio de 2026

Racismo

 Este es un post que pensé mucho en si hacer o no, pero me dije, bueno a final de cuentas qué importa, tengo como 3 lectores así que aquí va:

No es un secreto que estoy casada con un estadounidense (así se escribe?), en fin, esa ha sido mi realidad por casi 5 años y equis. En México Taylor se siente entre la espada y la pared y yo también, porque en primer lugar no quiere aprender español y de las veces que lo convenzo de tomar una de mis clases de español (porque es una total ironía que yo enseñe español y él no hable más de un 20%), no se lo toma por completo en serio y terminamos discutiendo. En segundo lugar hay cosas que de plano no tienen el mínimo sentido, como por ejemplo que existan "descuento para locales", porque, en este punto, ¿quién es local en el pueblo donde vivimos?, ¿sería alguien que nació ahí?, entonces tendrían que presentar su acta de nacimiento para obtener descuentos, ¿sería alguien cuya dirección de INE sea el pueblo?, ¿sería alguien que ha vivido 10, 15, 20 años en el pueblo?, ¿sería alguien que se mudó hace apenas un año pero es súper popular y todos lo ubican y por eso es local? No lo sé, y el punto es que por más años que Taylor viva en el pueblo, mientras tenga sus ojos azules y su piel blanca le van a seguir hablando en inglés y le van a seguir tratando de vender cosas mientras camina en la playa y qué pinche momento se va a convertir en un local???

Hay muchas cosas aún más ridículas, como que un grupo de Canadienses se crean dueños de unas canchas públicas solo porque pusieron su dinero ahí y compraron bardas y compraron un baño portátil y compraron pintura e hicieron todo mucho más bonito y creen que por eso tienen derechos sobre LA PROPIEDAD PÚBLICA y entonces cobran a quien les conviene y ponen candados cuando les conviene ahhh, pero porque no les cobran a los mexicanos creen que están haciendo su obra de caridad. 

Es un mundo muy raro en el que estamos viviendo. 

Ayer por ejemplo, fuimos a visitar al mejor amigo de Taylor, que es un hombre de raza afro-americana y yo antes de conocerlo solo había convivido con unas dos personas afroamericanas y no sabía qué esperar. En fin que obviamente no hay nada que esperar, porque es una persona normal, sí un poco loco y ruidoso, pero normal. Bueno, total que fuimos a unas canchas de pickleball donde estaban jugando solamente personas afro-americanas y tenían su bocina gigante con canciones de rap a todo volumen y me sentí como en una escena de una película. Estaba fascinada con el ambiente, con ver a estas personas y preguntarme ¿cómo serán en su día a día?

lunes, 15 de junio de 2026

Estoy aquí

En USA, como cada verano durante los últimos 5 años. Siempre es lo mismo aquí: jugar pickleball en la mañana, o ir al gimnasio, o ir a caminar. Ir de compras es una actividad considerada un evento del día. Ir al lago a nadar pero este verano aún no hemos ido porque no hay suficiente agua y el bote no puede salir sin atascarse en la tierra y no ha llovido lo suficiente y ojalá que llueva mucho, mucho para que podamos ir al lago. Pasar mucho tiempo en la casa porque literalmente no hay manera de ir a ningún otro sitio sino es manejando y yo aún no sé manejar, aunque agarré el carro hace una semana -cuando aún estábamos en México y hasta salí a la carretera (por 30 segundos), y me sentí bien, y ahora debo investigar si puedo tomar clases de manejo acá o si voy a tener que esperar hasta agosto que regresemos a México y tomarlas allá, no sé, yo solo quiero estar atrás del volante y sentir que puedo ir a donde yo quiera sin miedo, ¿es mucho pedir?, ahora me parece ridículo tener 32 años y no saber manejar, pero sé que voy a aprender, solo es cuestión de práctica.

Aquí la gente es extraña, porque siento que nadie confía en nadie e incluso ahora sentada aquí en la oficina después de dar una clase de español en linea y mirando por la ventana me asusté un poco porque una camioneta blanca se estacionó enfrente de la casa y no hay nadie aquí conmigo, y qué tal que sea un asesino serial y en cualquier momento se baja y me ataca desde la ventana.
Pero haciendo memoria sé que el jardinero tiene una camioneta blanca, así que seguramente es él. 

Aquí también hay mundial, porque no siendo suficiente un país decidieron que había que tener partidos en tres países, y que Atlanta fuera una sede también así que no podemos ir a la ciudad hoy porque hoy es el primer partido y seguramente hay un caos vial, de por sí siempre hay muchísimo tráfico así que hoy mucho más. No entiendo cuál es el gran pedo, por qué el mundo se vuele loco por el fútbol. Es puro circo, es distracción. 

El otro día en instagram me salió un video de que el 24 de este mes -según esto- habrá un fenómeno ovni o una aparición durante el mundial. Si ustedes siguen teorías conspirativas, saben que existe algo que se llama proyecto Blue Beam y según esto es como una tecnología súper avanzada como unos hologramas que parecen reales y se supone que el gobierno lo va a usar para proyectar imágenes en el cielo y hacer que la gente se vuelva loca y que haya pánico total. Entonces tendría sentido que pasara durante el mundial, me pregunto si realmente algo va a pasar esta vez, ya veremos.