miércoles, 24 de junio de 2026
La flexible yo
lunes, 22 de junio de 2026
Rooney y Kiuty
Nadie se burlaba de él. Al contrario, sus compañeros admiraban su inteligencia. Sin embargo, cuando terminaban las clases, Rooney desaparecía. Nunca iba a fiestas ni salía con nadie. Pasaba las tardes estudiando o adelantando trabajos. No tenía amigos cercanos. Aun así, no era infeliz.
Siempre había sabido que, al terminar la preparatoria, obtendría una beca y se marcharía lejos. Escogió Suiza porque amaba los idiomas, hablaba francés con soltura y le emocionaba la idea de experimentar un invierno de verdad.
Cuando llegó el día de partir, empacó todas sus pertenencias con extremo cuidado. Pero dedicó más tiempo a preparar las cosas de Kiuty que las suyas. Kiuty era un pequeño conejillo de indias blanco, cubierto de manchitas negras. Su madre se lo había regalado un año atrás por su cumpleaños y, desde entonces, se habían vuelto inseparables. Kiuty tenía hábitos extraños, le encantaban los chiles jalapeños. Rooney todavía se reía al recordar la primera vez que lo vio devorar uno sin inmutarse. A veces, cuando su madre lo permitía, incluso le daba pequeños trozos de habanero. El animal los masticaba feliz mientras Rooney lo observaba fascinado.
-¿Estás seguro de que podrás estudiar y cuidar a Kiuty tú solo? -preguntaba su madre una y otra vez.
Rooney siempre respondía igual: con un asentimiento firme. Le molestaba que dudara de él.
Las primeras semanas en la universidad fueron mejores de lo que había imaginado. Sus calificaciones seguían siendo excelentes y, por primera vez, había conocido personas con intereses parecidos a los suyos. Por las tardes caminaba por el parque cercano a su departamento o jugaba videojuegos mientras Kiuty descansaba sobre sus piernas. Todo parecía perfecto excepto por una cosa: encontrar chiles era mucho más difícil de lo que esperaba. Al principio no le dio importancia, pensó que Kiuty se acostumbraría. Pero poco a poco comenzó a notar cambios: ya no corría hacia la puerta de la jaula cuando lo veía llegar, dormía más horas de lo normal, comía menos.
Una tarde, Rooney lo tomó entre sus manos.
-¿Qué te pasa, amigo?
Kiuty apenas reaccionó. La preocupación apareció por un instante, pero los exámenes finales estaban cerca y tenía demasiado trabajo acumulado. Convencido de que solo estaba cansado, lo dejó descansar.
Pasaron varios día hasta que ocurrió algo que lo hizo replantearse todo: durante una comida con algunos compañeros, Rooney estaba mostrando fotografías de su preparatoria cuando apareció una imagen de Kiuty.
Las reacciones fueron inmediatas.
-¡Qué adorable!
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cómo se llama?
Rooney respondió a todas las preguntas con una sonrisa hasta que una chica frunció el ceño.
-Espera... ¿solo tienes un conejillo de indias?
-Sí -respondió él.
La sonrisa desapareció del rostro de la joven.
-¿No lo sabías? Aquí es ilegal tener solo uno.
Rooney parpadeó.
-¿Qué?
-Los conejillos son animales muy sociables. Necesitan compañía. Si viven solos pueden deprimirse.
El corazón le dio un vuelco, de repente recordó los cambios de Kiuty: su apatía, su falta de apetito, las largas horas durmiendo.Se levantó tan rápido que casi tiró la silla y corrió directo a casa. Durante todo el trayecto una sola idea martillaba su cabeza.
Cuando abrió la puerta del departamento, el silencio le pareció insoportable. Se acercó a la jaula y sintió que el mundo se detenía. Kiuty permanecía inmóvil, no se movió cuando Rooney pronunció su nombre, no levantó la cabeza, no abrió los ojos.
-No... no, por favor...
Las lágrimas le cayeron despacio por las mejillas. Tomó a Kiuty con cuidado y salió corriendo rumbo al veterinario. Apenas podía respirar.
Faltaban solo unos metros para llegar cuando sintió un pequeño movimiento entre sus brazos. Se quedó inmóvil, Kiuty abrió lentamente los ojos y luego emitió un suave chillido. Rooney soltó una carcajada entre lágrimas, nunca había sentido un alivio tan grande.
Esa misma noche llamó a su madre.
-¿Pasa algo? -preguntó ella al contestar. - Son las 2 de la mañana aquí.
-Sí -respondió Rooney, secándose los ojos. -Quiero pedirte mi regalo de cumpleaños adelantado.
-Ajá, ¿y qué quieres?
Rooney miró a Kiuty, que descansaba envuelto en una mantita. Sonrió.
-Otro conejillo de indias.
sábado, 20 de junio de 2026
Tic, toc
martes, 16 de junio de 2026
Racismo
Este es un post que pensé mucho en si hacer o no, pero me dije, bueno a final de cuentas qué importa, tengo como 3 lectores así que aquí va:
No es un secreto que estoy casada con un estadounidense (así se escribe?), en fin, esa ha sido mi realidad por casi 5 años y equis. En México Taylor se siente entre la espada y la pared y yo también, porque en primer lugar no quiere aprender español y de las veces que lo convenzo de tomar una de mis clases de español (porque es una total ironía que yo enseñe español y él no hable más de un 20%), no se lo toma por completo en serio y terminamos discutiendo. En segundo lugar hay cosas que de plano no tienen el mínimo sentido, como por ejemplo que existan "descuento para locales", porque, en este punto, ¿quién es local en el pueblo donde vivimos?, ¿sería alguien que nació ahí?, entonces tendrían que presentar su acta de nacimiento para obtener descuentos, ¿sería alguien cuya dirección de INE sea el pueblo?, ¿sería alguien que ha vivido 10, 15, 20 años en el pueblo?, ¿sería alguien que se mudó hace apenas un año pero es súper popular y todos lo ubican y por eso es local? No lo sé, y el punto es que por más años que Taylor viva en el pueblo, mientras tenga sus ojos azules y su piel blanca le van a seguir hablando en inglés y le van a seguir tratando de vender cosas mientras camina en la playa y qué pinche momento se va a convertir en un local???
Hay muchas cosas aún más ridículas, como que un grupo de Canadienses se crean dueños de unas canchas públicas solo porque pusieron su dinero ahí y compraron bardas y compraron un baño portátil y compraron pintura e hicieron todo mucho más bonito y creen que por eso tienen derechos sobre LA PROPIEDAD PÚBLICA y entonces cobran a quien les conviene y ponen candados cuando les conviene ahhh, pero porque no les cobran a los mexicanos creen que están haciendo su obra de caridad.
Es un mundo muy raro en el que estamos viviendo.
Ayer por ejemplo, fuimos a visitar al mejor amigo de Taylor, que es un hombre de raza afro-americana y yo antes de conocerlo solo había convivido con unas dos personas afroamericanas y no sabía qué esperar. En fin que obviamente no hay nada que esperar, porque es una persona normal, sí un poco loco y ruidoso, pero normal. Bueno, total que fuimos a unas canchas de pickleball donde estaban jugando solamente personas afro-americanas y tenían su bocina gigante con canciones de rap a todo volumen y me sentí como en una escena de una película. Estaba fascinada con el ambiente, con ver a estas personas y preguntarme ¿cómo serán en su día a día?
