Hoy mi abuelo cumple 80 años.
Es el único abuelo que me queda por parte de ambas familias. Mi abuelo y yo nunca fuimos unidos cuando crecí, de hecho recuerdo que a veces hasta me caía mal porque le decía a mi mamá que yo era muy berrinchuda y porque según yo, era muy codillo y nunca me compraba nada.
Creciendo me di cuenta del privilegio de tener a mis abuelos cerca, y cuando mi abuela murió y él se quedó solo, algo en mí se encendió y quise acercarme más a él.
Mi abuelo nació en Compostela, Nayarit el 12 de mayo de 1946. Creció en una familia de bajos recursos, tuvo 6 hermanos. Sus papás lo enviaron a la escuela primaria y esa fue toda su eduación, empezó a trabajar a los 14 años e "hizo de todo", quería sobrevivir, quería una mejor vida de la que tenía ahí en su casa.
Se dio cuenta de que nunca lograría hacer nada si se quedaba en Compostela, así que decidió hacer su servicio militar a los 18 años y dos años después empezó a trabajar para teléfonos de México y empezó a viajar por todo el país.
Así fue como llegó a Melaque, Jalisco, hace 58 años.
Dos años después de estar en Melaque conoció a mi abuela en Querétaro, y el resto es historia: se juntaron y viajaron juntos, cada uno de sus cinco hijos nació en un estado diferente hasta que finalmente decidieron que volverían a Nayarit y se establecerían aquí, porque a mi abuelo le ofrecieron un trabajo en una fábrica donde deshidrataban fruta y ahí ganaba 700 pesos a la semana, lo que era un sueldo muy bueno para la época. Así fue como llegaron a mi pueblo San Pancho, y como mi abuelo es un señor que tiene mucho carisma y le gusta hacerse amigo de todos, terminó haciéndose compadre de un ejidatario y le regalaron un terreno con la condición de que él fuera a limpiarlo.
Ahí hicieron su casita, primero de palapa y poquito a poco la fueron mejorando hasta lo que es hoy en día.
Admiro a mi abuelo porque es un hombre trabajador, que nunca se rindió en la búsqueda de darle lo mejor a su familia. Porque aunque hubo en que el alcohol tomó su vida por completo logró superarlo y ha estado sobrio por más de 30 años. Porque quiere seguir viviendo y conociendo lugares nuevos, y siempre tiene historias para contar y una sonrisa para compartir con quien quiera saludarlo.
Mi abue quiso volver a Melaque para su cumpleaós, así que pasamos el fin de semana allá y nos contó como antes no había nada más que caminos de terracería y una que otra casita donde se quedaban a dormir los trabajadores. Se sorprendió de lo mucho que ha cambiado la zona. Creo que tuvo un buen fin de semana de cumpleaños, y espero seguir celebrando su vida, muchos, muchos años más.


