domingo, 5 de julio de 2026

Personas que no crecen

Hay personas que simplemente no maduran, o al menos eso es algo de lo que me he dado cuenta en los últimos días. No importa que ya estén por cumplir los 70-80-85 años, hay gente que de verdad sigue sin tener absoltamente cero de inteligencia emocional y cero son capaces de escuchar y viven con un escudo que les ayuda a protegerse del mundo.

Me pregunto cómo sería el mundo si todos tómaramos terapia, ¿seria un mundo mejor o más aburrido?, no sé. Hay mucha gente que no quiere tomar terapia porque "no creen" en ella, porque piensan que hablar del pasado no sirve, y me pregunto, ¿la terapia sirve también para los incrédulos? o sería como ir a la iglesia jactándome de ser atea y cerrando mis oídos a cualquier argumento sobre Dios.

Es extraño, darse cuenta de cuánta ayuda necesitan las personas y no poder hacer nada, porque entre más años se cumplen también parece que más tercos se hacen. ¿Será cosa de la edad?, excusarse en el "así soy yo", y con eso dejar en claro que no habrá manera o argumento que pueda cambiar su mente. 

¿Qué será necesario para que una persona finalmente admita que necesita ayuda?, que necesita cambiar. Creo que en la mayoría de las historias es algún susto, el estar cerca de la muerte, el experimentar un cambio grave en sí mismos o en un ser querido cercano, ver cómo a otros los han afectado sus decisiones. 

Hay personas que simplemente se quedan con sus miles de pesos en sus cuentas bancarias, comprando cosas cada día para no sentirse tan vacías. Porque todos llenamos los vacíos de alguna forma, ¿cómo los llenaré yo cuando me llegue la edad?, ¿cuál es la edad? 

Veo a todos estos "adultos" mayores de 70 años con arrepentimientos, con malos, pésimos hábitos y me pregunto si son felices. Y me pregunto si pudieran regresar el tiempo, ¿harían lo mismo?, todos me dicen que no cambiarían nada y yo no me lo creo por completo. Supongo que habrá que esperar a que cumpla más y más años hasta convertirme en aquello que tanto critiqué, ¿será ese el caso?, espero que no. Me preugunto si seguiré escribiendo mi vida entonces, espero que sí. 

El tiempo sigue corriendo y yo sigo cambiando mientras veo a mis papás envejecer, a mis suegros, a mi abuelo, a mis amigos. Y espero que todos encontremos la manera de no sentirnos tan vacíos, de crecer.

domingo, 28 de junio de 2026

Me alegra que llamaras

 He estado haciendo esto por unos cuantos meses, al principio no le di mucha importancia, a fin de cuentas es solo una tonta llamada, pero conforme el tono de la llamada en espera se me grababa en el cerebro y el tono al final "buzón de voz..." me parecía más y más enfermizo, más y más como un acto de violencia hacia mi persona.

Siempre la veía en línea. Ok, no siempre, pero de vez en cuando entraba a instagram y ahí estaba una nueva historia, un nuevo post y entonces me preguntaba "¿es en serio que puedes tomarte 5 minutos en subir una puta selfie pero no puedes contestarme una llamada?", y mis entrañas se estremecían con coraje. 

Porque habíamos sido mejores amiga, según ella, según mis propias memorias, y ahora parecía que nada del pasado importaba, era, simplemente eso; experiencias que se quedaron atrás y yo quizá seguía aferrándome a ellas.  No quería dejarlas ir porque eso significaba que nunca más sabría de ella. De sus tontas aventuras amorosas, de sus dramas familiares, de sus perros... o simplemente escuchar su voz, su risita tonta o que no me siguiera la línea de pensamiento sino que se distrajera con cualquier cosa pasando a su alrededor.

He estado haciendo esto porque quiero recuperar algo que nunca perdí. Y nadie prometió que un día lo tendría de vuelta, pero nadie me dijo tampoco que un día se desvanecería como el azúcar se disuelve en el agua. 

Es complicado. Tener a un fantasta como amiga, ¿o cómo ex amiga?, no sé cómo llamarle, solo sé que cuando sean las 3pm voy a intentarlo otra vez, voy a tomar mi estúpido teléfono y dejaré que suene hasta que el tono de buzón aparezca. Y quizá esta vez tendré alguna respuesta, no pierdo la esperanza de que un día conteste medio riendo medio con nostalgia y me diga: "Me alegra que llamaras".

miércoles, 24 de junio de 2026

La flexible yo

 Nunca he sido una persona flexible y cuando voy a clases de pilates o yoga, a veces siento vergüenza por ser -casi siempre - la persona con menos flexibilidad en la clase. Y luego me pregunto, ¿cómo es que la mayoría de la gente es tan flexible?, ¿o acaso soy yo una de las pocas personas que no fueron bendecidas con el don de la flexibilidad?

En fin, fue uno de mis própositos de año el hacerme más flexible, ¿y cómo lo voy a lograr?, pues haciendo estiramientos todos los días. Encontré una app que se llama Bend, y tiene un montón de estiramientos de diferentes partes del cuerpo y diferentes duraciones y te dice el número de días que has estado estirándote al final de cada sesión, y pues hasta ahora he hecho apenas 40 días xD, lo que significa que no me lo estoy tomando tan seriamente como me dije que lo haría, pero cada que hago las sesiones con constancia, noto una mejoría, puedo tocar más tiempo mis dedos de los pies, me siento más en forma, se me hace más fácil mantener una postura.

Culpo a mi yo de 12 años por no haber seguido con clases de gimnasia, aunque solamente fui como a una o dos jaja, porque mis amigas estaban yendo y yo quería ser flexible como ellas, y me frustre porque no podía abrirme de pies en la segunda clase. 
Quizá debí haber empezado más pequeñita, como de 5 años. 
Por eso metí a mi sobrina a unas clases de circo, porque no quiero que ella se avergüence de su falta de flexibilidad algún día. 

Quizá a finales de año pueda escribir que cumplí mi propósito, que me volví más flexible, por ahora todo lo que puedo hacer es seguir practicando, aunque sea difícil, aunque me de flojera.

lunes, 22 de junio de 2026

Rooney y Kiuty

Rooney se mudó a Suiza a finales del verano. Estaba listo para comenzar una nueva vida en la universidad. Durante los últimos cuatro años había fantaseado con ese momento. Quería empezar desde cero, lejos de todo lo que conocía. Era el tipo de chico que parecía sacado de una película sobre genios: lentes demasiado grandes para su rostro, camisas polo perfectamente fajadas y una obsesión casi enfermiza por las tareas y los exámenes.
Nadie se burlaba de él. Al contrario, sus compañeros admiraban su inteligencia. Sin embargo, cuando terminaban las clases, Rooney desaparecía. Nunca iba a fiestas ni salía con nadie. Pasaba las tardes estudiando o adelantando trabajos. No tenía amigos cercanos. Aun así, no era infeliz.

Siempre había sabido que, al terminar la preparatoria, obtendría una beca y se marcharía lejos. Escogió Suiza porque amaba los idiomas, hablaba francés con soltura y le emocionaba la idea de experimentar un invierno de verdad.

Cuando llegó el día de partir, empacó todas sus pertenencias con extremo cuidado. Pero dedicó más tiempo a preparar las cosas de Kiuty que las suyas. Kiuty era un pequeño conejillo de indias blanco, cubierto de manchitas negras. Su madre se lo había regalado un año atrás por su cumpleaños y, desde entonces, se habían vuelto inseparables. Kiuty tenía hábitos extraños, le encantaban los chiles jalapeños. Rooney todavía se reía al recordar la primera vez que lo vio devorar uno sin inmutarse. A veces, cuando su madre lo permitía, incluso le daba pequeños trozos de habanero. El animal los masticaba feliz mientras Rooney lo observaba fascinado.

-¿Estás seguro de que podrás estudiar y cuidar a Kiuty tú solo? -preguntaba su madre una y otra vez.
Rooney siempre respondía igual: con un asentimiento firme. Le molestaba que dudara de él.

Las primeras semanas en la universidad fueron mejores de lo que había imaginado. Sus calificaciones seguían siendo excelentes y, por primera vez, había conocido personas con intereses parecidos a los suyos. Por las tardes caminaba por el parque cercano a su departamento o jugaba videojuegos mientras Kiuty descansaba sobre sus piernas. Todo parecía perfecto excepto por una cosa: encontrar chiles era mucho más difícil de lo que esperaba. Al principio no le dio importancia, pensó que Kiuty se acostumbraría. Pero poco a poco comenzó a notar cambios: ya no corría hacia la puerta de la jaula cuando lo veía llegar, dormía más horas de lo normal, comía menos. 

Una tarde, Rooney lo tomó entre sus manos.
-¿Qué te pasa, amigo?
Kiuty apenas reaccionó. La preocupación apareció por un instante, pero los exámenes finales estaban cerca y tenía demasiado trabajo acumulado. Convencido de que solo estaba cansado, lo dejó descansar.
Pasaron varios día hasta que ocurrió algo que lo hizo replantearse todo: durante una comida con algunos compañeros, Rooney estaba mostrando fotografías de su preparatoria cuando apareció una imagen de Kiuty.
Las reacciones fueron inmediatas.
-¡Qué adorable!
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cómo se llama?
Rooney respondió a todas las preguntas con una sonrisa hasta que una chica frunció el ceño.
-Espera... ¿solo tienes un conejillo de indias?
-Sí -respondió él.
La sonrisa desapareció del rostro de la joven.
-¿No lo sabías? Aquí es ilegal tener solo uno.
Rooney parpadeó.
-¿Qué?
-Los conejillos son animales muy sociables. Necesitan compañía. Si viven solos pueden deprimirse.

El corazón le dio un vuelco, de repente recordó los cambios de Kiuty: su apatía, su falta de apetito, las largas horas durmiendo.Se levantó tan rápido que casi tiró la silla y corrió directo a casa. Durante todo el trayecto una sola idea martillaba su cabeza.

Cuando abrió la puerta del departamento, el silencio le pareció insoportable. Se acercó a la jaula y sintió que el mundo se detenía. Kiuty permanecía inmóvil, no se movió cuando Rooney pronunció su nombre, no levantó la cabeza, no abrió los ojos.
-No... no, por favor...
Las lágrimas le cayeron despacio por las mejillas. Tomó a Kiuty con cuidado y salió corriendo rumbo al veterinario. Apenas podía respirar.
-Aguanta, por favor... aguanta...
Faltaban solo unos metros para llegar cuando sintió un pequeño movimiento entre sus brazos. Se quedó inmóvil, Kiuty abrió lentamente los ojos y luego emitió un suave chillido. Rooney soltó una carcajada entre lágrimas, nunca había sentido un alivio tan grande.

Esa misma noche llamó a su madre.
-¿Pasa algo? -preguntó ella al contestar. - Son las 2 de la mañana aquí.
-Sí -respondió Rooney, secándose los ojos. -Quiero pedirte mi regalo de cumpleaños adelantado.
-Ajá, ¿y qué quieres?
Rooney miró a Kiuty, que descansaba envuelto en una mantita. Sonrió.
-Otro conejillo de indias.