jueves, 14 de mayo de 2026
Y nunca miré atrás...
sábado, 7 de febrero de 2026
Las pequeñas cosas
Son los pequeños cambios casi imperceptibles:
martes, 27 de enero de 2026
El sol y la luna
Un día el sol nació como resultado del polvo de un millón de estrellas uniéndose. Cuando abrió los ojos por primera vez y se dió cuenta de lo gigante del universo quiso recorrerlo pero había una fuerza más grande y más poderosa que él que no le permitía moverse, lo único que podía hacer era dejarse llevar por la corriente que lo arrastraba de aquí para allá.
El sol se dio cuenta de que con su presencia, cosas extrañas empezaban a pasar en las estrellas que visitaba: cambiaban de color, cambiaban de dirección, y nuevas estrellas se formaban a su paso. A veces se preguntaba si él era algo así como un Rey o un Dios, y si era así, ¿por qué no podía recorrer la inmensidad de las galaxias?
Al principio todo era nuevo y emocionante, pero con el paso del tiempo, después de ver lo mismo una y otra vez se empezó a aburrir y se preguntó si su existencia sería miserable por el resto de la eternidad. ¿O algún día desaparecería de nuevo?, ¿se convertiría en una de esas estrellas que a veces veía brillar con intensidad hasta desvanecerse?
Todos los días deseaba con fuerzas que alguien o algo viviera a hacerle compañía. Trataba en vano de hablar con las estrellas: ellas jamás respondían, parecía que todo a su alrededor estaba vivo y a la vez muerto porque nadie podía comunicarse con él.
Hasta que un día una de las estrellas más grandes fue impactado por una roca gigante, incluso el sol estuvo a punto de ser golpeado pero la fuerza lo jaló justo a tiempo. Y ahí; delante de él parecía estarse formando algo nuevo, algo que no había visto aún. El sol no podía contener su emoción mientras las pequeñas piezas de la estrella se unía poco a poco.
Cuando terminó el proceso el sol no pudo evitar su decepción al ver que la nueva estrella en realidad parecía mas una roca sin vida. Pero en cuanto la Luna abrió sus ojos, miró directo al sol y quedó enamorada de su resplandor, y el Sol quedó hipnotizado con su dulzura. Y por primera vez, escuchó el sonido de otro ser:
-Tu brillo es hermoso - le dijo la Luna, y el Sol ardió con tanta fuerza que la Luna pudo sentir su calor y creció en tamaño.
Y así, cada día la Luna crecía más y más. Hasta que se dio cuenta de que poseía un poder que nadie más tenía: podía controlar hasta cierto punto a fuerza que movía a las demás estrellas. La Luna se había dado cuenta de lo mucho que el sol deseaba recorrer el universo, así que un día le propuso lo siguiente:
-Esta noche, cuando todos en mi planeta duerman, quiero darte la oportunidad de ir a donde no haz ido aún: tendrás una hora para moverte hacía el otro lado de universo, donde no puedas hacer daño a los habitantes de mi estrella.
-Yo jamás haría daño a nadie -respondió el Sol un poco ofendido.
-Sé que no lo harías intencionalmente, pero eres tan brillante y ardes con tanta fuerza que destruirías a mi gente, temo que incluso me destruirías a mí.
El sol se quedó pensativo por un rato y luego dijo:
-¿Eso significa que jamás podré acercarme a ti?
La Luna cerró los ojos y asitió.
-No podemos estar juntos pero puedo ayudarte a cumplir tu sueño de ir a visitar otras partes del universo, y cuando regreses, puedes contarme todo y será como si yo hubiese estado ahí.
Esa misma noche el sol partió por primera vez y sintió una alegría que inundaba todo por donde pasaba. Desde entonces, cada noche el sol sale a viajar por el universo, y durante el día le cuenta a la Luna todas sus aventuras.
martes, 29 de julio de 2025
En la montaña
jueves, 3 de octubre de 2024
El regreso de la Mujer Salvaje
viernes, 14 de junio de 2024
Bizarro
Tengo una sensación extraña en el intestino desde hace días:
mis amigos dicen que estoy enamorado,
mis padres que estoy enfermo,
después de pensarlo y sentirlo demasiado decido ir a la clínica.
El doctor dice que necesito cirugía urgentemente,
todos gritan histéricos al escuchar el veredicto,
yo digo que todos se callen y me dejen meditarlo en paz.
Julia viene a verme al hospital al día siguiente
estoy en la cama del hospital con ojos entrecerrados,
pienso si es buena idea declarar mi amor ahora
o esperar hasta volver a estar al borde de la muerte.
El amor es una inversión que me aterra,
aún así,
lo pongo todo el la línea y espero a que ella decida.
Un mes después entro a la tienda departamental,
voy a devolver una camisa que Julia pensó que me gustaría,
sé que va a enojarse,
sé que esta decisión viene con un conflicto pegado a ella.
Pienso en lo estúpido que es todo;
una sensación en el estómago - una visita al hospital - estar a punto de caminar hacía la luz - declarar el amor que sentía desde hace años - empezar a vivir juntos porque la vida es corta - darme cuenta de que Julia no es la persona que yo creía.
Tengo una sensación en el estómago de nuevo,
ha pasado un año desde mi cirugía.
Julia se fue hace 3 meses porque se lo pedí,
me digo que no estoy dispuesto a volver a repetir mi historia.
Le doy las llaves de mi casa al mayordomo,
le digo que no sé cuando volveré, que disfrute en mi ausencia,
y lo veo sonreír por el espejo retrovisor.
jueves, 13 de junio de 2024
Somos los dos contra el mundo
Cuando tenía 5 años mi mamá me enseñó a multiplicar. Siempre fui más listo que los demás en mi clase y eso me hacía sentir bien, sobre todo cuando al terminar un examen volteaba a ver quién más había terminado y no había nadie que pudiera seguirme el ritmo. Mi mamá quería ser maestra, pero creciendo su familia no tenía suficiente dinero para mandarla a la escuela, así que tuvo que enseñarse a ella misma, y cuando nací yo, decidió que yo sería su mejor estudiante, ella amaba las matemáticas más que nada en el mundo, yo nunca entendí por qué, pero trataba de amarlas tanto como ella.
Siempre fuimos mi mamá y yo, vivimos en casa de mi abuela hasta que cumplí 10 años, yo amaba esa casa: con su patio gigante y montón de arboles enormes que siempre quería escalar y cuando estaba a la mitad o mi mamá o mi abuela salían a gritarme que me iba a quebrar un brazo y que sino quería sufrir las consecuencias, que me bajara inmediatamente. A veces me caía del susto cuando me gritaban. La casa era blanca y reluciente, mi abuela tenía una obsesión con la limpieza y se la pasaba de un lado a otro con un trapo en la mano y desinfectante en la otra. Había 6 habitaciones, 8 baños y una cocina en la que podíamos meter a todos los niños en mi escuela; nunca entendí porque mi abuela tenía una casa tan enorme, mi mamá tampoco, siempre estaban peleando sobre cuándo la iba a vender para al fin tener algo de dinero. Todos mis recuerdos infantiles están en esa casa. Hasta el más feo de todos: cuando a los 10 años regresando de la escuela encontré a mi abuela en una especie de trance, estaba sentada en el sillón con los ojos y la boca abierta, la llamé un montón de veces, casi gritándole en la cara pero no respondió, intenté moverla pero pesaba tanto como una piedra, me asusté tanto que salí corriendo hasta el trabajo de mi mamá, corrí por casi 10 kilómetros.
Cuando le expliqué lo que estaba pasando no podía creelo, unas lágrimas cayeron de sus ojos, se quitó el delantal que estaba usando y me dijo que la siguiera hasta su carro. Manejó en silencio por lo que se sintió como una eternidad. Yo le pregunté una y otra vez si estaba bien pero nunca me respondió y yo temía que en cualquier momento se quedaría tiesa como mi abuela. Cuando llegamos a la casa, abrió la cajuela y sacó un montón de bolsas negras, una sierra y me dijo que me fuera a jugar y que no regresara a la casa en un buen rato.
-Mamá, ¿estás segura que estás bien?
-No hagas preguntas y vete.
Cada vez me asustaba más porque todo parecía tan extraño, jamás vi a mi mamá tan calmada, tan lista para actuar. Pero no entendía que estaba pasando con mi abuela tampoco, así que hice lo único que podía hacer: irme a trepar a los árboles. Era un domingo y el barrio estaba vacio excepto por unos cuentos perros rondando la basura. Mamá volvió después de un buen rato.
-Escuchame bien Juanito, necesito que me hagas una promesa, ¿entiendes qué es una promesa?
Yo asentí, estaba todo sudado y con tierra por todos lados.
-Nos vamos a ir de aquí mañana, tu abuela ya no estará en nuestras vidas, ¿ok?, ella tenía que irse para que tú y yo tuviéramos una mejor vida, una vida que yo siempre merecí vivir, no necesitamos una casa tan grande, vamos a tener una casa con una recamara para mí y una para ti, con el dinero que sobre voy a entrar a la escuela para finalmente ser maestra, y así poder hacer lo que siempre soñé. Así que ahora tú debes pensar, ¿cuál es tu sueño?
Yo no sabía qué decir, no entendía nada excepto que mi abuela había muerto o algo le había pasado.
-Está bien Juanito, no me tienes que responder ahora mismo, pero piénsalo. Porque cuando tengas tu sueño, no debes dejar que nada te impida conseguirno, ¿entiendes?, ni tu misma madre debe impedirte ser feliz.
Yo la seguí mirando, quería preguntar, ¿qué pasó con la abuela?, pero algo en mi no me dejaba hacerlo. Cuando volví a la casa para recoger mi cuarto y empacar mis cosas, había un montón de bolsas de basura por todos lados y un olor que hasta el día de hoy no se me va de la mente.
-Mamá -pregunté finalmente -¿qué le pasó a la abuela?, ¿por qué estaba tiesa como una piedra?
Mi mamá no dijo nada, solo siguió limpiando la casa y poniendo bolsas de basura en la cajuela.
Un mes después la casa de la abuela se vendió por 5 millones de pesos. Mi mamá no podía ocultar su emoción, había sido mucho más dinero de lo que ella había esperado. Con ese dinero compró una casa pequeña al otro extremo del país, una casa pequeña pero espaciosa para los dos, un carro nuevo y pasó sus estudios. A mí me compró muchos libros de literatura, porque le dije que mi sueño era ser un escritor famoso. Nunca más volvimos a hablar de la abuela, mi mamá jamás admitió que la envenenó pero yo descubrí que tenía montones de venenos guardados en un closet, a veces me preguntaba si un día haría lo mismo conmigo si me interponía en sus planes, pero ella me aseguraba que estaba viviendo sus sueños y que quería que yo viviera los míos, cuando nos preguntaban por nuestra familia mi mamá decía "somos solo nosotros dos contra el mundo"
jueves, 15 de diciembre de 2022
La gran roca
martes, 28 de junio de 2022
El Sandwich
La gente se preparaba durante semanas: la dieta comenzaba a hacerse más estricta. “Hay que guardar espacio para toda la comida que está por venir”, decían, incluso había gente que solo comía una vez al día.
Nadie recordaba ya de dónde había surgido la tradición, pero incluso los niños en las escuelas se emocionaban pensando en la gran cantidad de comida y dulces que comerían. A los maestros les encantaba el banquete, porque durante la semana, aprender el alfabeto era lo menos importante en su agenda, ellos también fantaseaban con los manjares que estaban por venir.
En las granjas los animales no hacían más que llorar, porque aunque no podían explicarlo, sabían que pronto sus vidas llegarían al final. A los cerdos ya no les cabía una manzana más en el estómago, las vacas llenaban cubos enteros de leche cada hora y las gallinas ponían uno, dos, tres huevos al día.
Los peces en el arrecife empezaban a rezar, porque sabían también que pronto las redes llegarían, y las aguas se teñirían de rojo.
Sin lugar a dudas, el banquete era una celebración digna de ser recordada, de un extremo al otro de la ciudad, la gente susurraba: “no puedo esperar más”, incluso los enfermos del hospital bailaban al ritmo de canciones alegres, no importaba si pronto ibas a morir, no importaba si tenías cáncer, un tumor terminal o hepatitis, el banquete estaba por llegar.
En una pequeña bodega en el centro de la ciudad, estaba El Chef, el hombre encargado de dar vida al banquete. Todos en la ciudad conocían al Chef, quien se convertía en el hombre más importante durante todo el mes de junio
Él se pasaba las horas estresado, porque quería que todo estuviera perfecto, ah, pobre Chef, cada año decía lo mismo: “este año renunciaré”, pero jamás lo hacía, porque en el fondo, le encantaba la atención que recibía, incluso si era por unas cuantas semanas.
Finalmente el banquete está listo y la ciudad hace fila, todo es al aire libre, en un parque lleno de árboles de manzanas, así que cada quien trae una manta, platos, cubiertos y vasos. Los niños corren y amenazan con tumbar las pilas enormes de arroz al piso.
El chef hace el anuncio a través de un micrófono en el centro del parque:
“Bienvenidos, queridos amigos, espero que todo sea de su agrado, ahora ¡A COMER!”
Al final de la enorme mesa, esperando a ser devorado, se encuentra un sándwich de jamón de pavo. Mira alrededor y ve sus platillos vecinos: paella, filete de res, berenjena rellena de queso cotija, y el sándwich sonríe. Recuerda cómo fue creado en la mañana por una chica muy guapa de pelo negro y ojos grises, cómo ella lo envolvió en papel transparente y cuando estaba montando los demás platillos, lo dejo casualmente junto a ellos, luego, un hombre le habló y ya no volvió a verla.
Ahora, ve un montón de caras nuevas: gente pequeña y grande, gente con grandes barrigas y tan flacos como un palo. Todos con sus platos en la mano eligiendo montones de comida, sonriendo y dando brincos de emoción la mesa es tan larga, que el sándwich tiene que esforzarse un montón para tratar de ver hasta el final, pero no lo logra, le parece un poco perturbadora lo que ve: personas devorando como si no hubiera un mañana.
El sándwich no puede esperar a que alguien lo tome y lo coma, pero las horas pasan, y todos parecen ignorarlo.
“¿Por qué nadie me elige?”, le pregunta al filete de res, que ahora es tan pequeño como él.
“¿Estás bromeando?”, le responde, “Este es un banquete y tú no perteneces aquí”
El sándwich queda sorprendido, pero no le cree al filete, piensa que seguramente estaba celoso de su relleno de jamón.
A la mitad del parque, el chef habla con todos los invitados, o con los que puede, porque todos se amontonan para felicitarlo por la comida tan deliciosa que preparó, él sonríe pero solo tiene una cosa en mente: “¿¡A que hora podre comer?!”, avanza entre la multitud, pero de una u otra manera, termina hablando con más y más personas. Mira a su alrededor y solo puede ver el montón de gente comiendo y disfrutando, y finalmente suspira, sabe que es siempre así cada año: terminará comiendo sobras.
Pasan 5 horas, y el banquete llega a su fin.
Los ayudantes del chef empiezan a recoger las cosas que habían quedado en la mesa: sobras de comida, platos y vasos olvidados.
Al final del día, el chef estaba exhausto, habló con todos los invitados y no tuvo tiempo de comer ni un solo bocado, así que corrió a la mesa en busca de algo, pero sus ayudantes ya habían tirado casi todo. El chef decepcionado pensó que tendría que ir a algún restaurante que de casualidad estuviera abierto en ese día: no tenía muchas opciones.
En la mesa gigante, a lo lejos ve un pequeño sándwich envuelto en papel transparente. No es nada especial, pero el chef estaba tan hambriento, que lo tomó con ambas manos y lo devoró de dos mordidas.
Tanto el chef como el sándwich, finalmente quedaron satisfechos.
viernes, 29 de abril de 2022
Baby Jack
En fin, supongo que debo explicar todo desde el principio: cómo llegué aquí de nuevo, sí de nuevo.
Lo que nadie explica en las clases de religión o ciencia es que la reencarnación sí existe, pero no es el cuento hermoso que los hindús creen, lo diré alto y claro: ES UN DOLOR DE CABEZA.
Créeme, nadie quiere nacer una y otra vez, especialmente si tienen que pasar por la pubertad, o si te toca una familia horrible o si naces con una rara enfermedad sin cura, pero eso sí, o el universo tiene sentido del humor, o esto es un experimento que un científico loco está realizando en un laboratorio, no lo sabemos, quizá nunca lo sabremos.
Esta es mi tercera vida, soy bastante joven, he conocido a bebés que ha vivido hasta 200, me gusta decirles cosas como: ¡Suicidate!, solo para reírme de lo patética que es la existencia. ¿Hay manera de salir de este ciclo infinito?, no, no la hay, o al menos nadie la ha descubierto aún.
Así que aquí estoy, de nuevo, con mocos en la nariz, comiendo verduras licuadas que parecen vómito, además, como ya mencioné, mi mamá es una idiota que cree que me está dando lo mejor, y su cosa favorita en el mundo es comer espárragos con atún sellado.
En realidad, no sé si ella o mi papá son peores seres humanos, ella es vendedora de productos que compras por catálogo y crees que son indispensables y maravillosos, hasta que los tienes en casa y te das cuenta de que no sirven de nada. Él es…es…la verdad no sé qué es, pero todos los días se pone una camisa de cuadros y sale de casa muy temprano y llega hasta muy tarde, siempre borracho. Mi mamá se vuelve loca, está desesperada porque su marido le ponga atención, y él la ignora aún más por eso.
Para su edad, obviamente ya no recuerdan que un día fueron otras personas, todos dejamos de recordar nuestras vidas pasadas alrededor de los tres años, alguno que otro se obliga a recordar, pero de nada sirve, un día te vas a dormir y al día siguiente: nada, solo existe el aquí y ahora.
Me da miedo olvidar, pero sé que lo haré, no puedo evitar pensar en lo ridícula que es la existencia y en lo mucho que pasamos el tiempo intentando darle un sentido. ¿Cielo?, ¿infierno?, nada de eso existe, lamento informarle a todo el mundo que su existencia no es más que un pequeño punto en una galaxia donde hay millones más. Sí, la vida apesta, te mueres, ¡y luego vuelves a nacer!
En mi vida pasada era un hombre millonario, tenía una empresa de embotellamiento de agua y me pasaba los días volando en mi jet privado, con prostitutas a mi lado; yo lo tenía todo. O al menos todo lo que el mundo te dice que debes desear: un buen trabajo, montones de dinero y buena apariencia. Pero todo eso aburre, al final, me metí demasiada coca y terminé en el baño convulsionando hasta morir, completamente solo. Fue un alivio salir de esa vida, y fue una pesadilla tener que entrar a una nueva. Creí que iba a ser mujer, hasta ahora solo he sido hombre, y a decir verdad, la paso bien con esta cosa entre mis piernas, pero quiero experimentar estar del otro lado… algún día.
Sé que esta existencia será horrible y quiero morirme ya, no es mi obligación quedarme si no me gusta, ¿verdad?, pero ya lo he intentado todo, y la imbécil de mi mamá no me deja de mirar ni un segundo: si quiero aventarme de la silla de comida, ella me atrapa, si quiero aventarme de las escaleras, ella corre tras de mí, si quiero ahogarme en la tina de baño, ella me saca, incluso pensé que sería fácil asfixiarme con la almohada, pero ella está ahí todo el tiempo, no duerme, le dijo a mi papá que yo soy un bebé raro con tendencias suicidas, y, ¿quién no lo sería en esta familia?
Me vuelvo loco de pensar que tendré que esperar más tiempo, quizá años para matarme, y para ese entonces quizá ya no recuerde cómo llegué aquí, quizá nunca haga nada y me quede estancado en esta miserable vida. (Seamos realistas, seguro voy a estar estancado aquí)
Esto es en lo que pienso mientras mi mamá y sus amigas me pasan entre sus sucias manos y dicen cosas estúpidas como: “¿no te encanta lo inocente que se ve?”
miércoles, 30 de marzo de 2022
El final feliz
Cris vivía en Gore Town, un pantano en medio de una ciudad tan grande, que sus habitantes habían empezado a vivir cerca de ahí, habían construído casas de madera, que muy seguido el viento terminaba destrozando.
Gore Town, era un lugar horrible, donde los cocodrilos eran los reyes, y a diario, se podía ver a bestia tras bestia haciendo sacrificios o matando a animales solo por diversión, todo lo sangriento era celebrado.
Cris, siendo un romántico, no soportaba vivir ahí, pero en su familia estaba prohibido mudarse antes de casarse, sin importar si eras macho o hembra, así que Cris, a diario y usando un traje camuflaje que había construído con hojas y sangre de las moscas que comía, salía a buscar a la que sería su eterna compañera.
Tuvo citas con bastantes chicas: incluso había probado con ranas, pero nadie parecía comprenderlo, nadie entendía por qué no disfrutaba de los espectáculos de las 12 a.m., cuando los cocodrilos luchaban a muerte, nadie entendía porque no participaba en los combates con sus amigos, o por qué no mataba por diversión, todos lo consideraban un aburrido y anticuado.
Hasta que un día finalmente Cris se cansó, empacó sus cosa en una pequeña mochila que había hecho con una hoja de maíz que encontró en la orilla del pantano, y habló con su familia: todos estuvieron en desacuerdo, si se iba, jamás podría regresar, y muy probablemente muriera de hambre, o peor aún, alguien lo matara en el camino. Pero a Cris no le importaba ninguna de aquellas advertencias, decidido, salió de casa y esperó a Monte, una vieja tortuga que trabajaba como bote de transporte para los sapos.
Cuando Monte lo vió se sorprendió bastante.
-Tú no eres la clase de pasajero que suelo llevar - le dijo.
-¿A qué te refieres?
Monte no respondió, solo le dio una última advertencia antes de partir:
-Mucha suerte amiguito, y agárrate bien.
Para sorpresa de Cris, Monte era bastante veloz, y esquivaba bastante bien a los cocodrilos, serpientes o lagartos que de repente querían atacar. Cris, con su traje de camuflaje se sentía invencible, hasta que, en medio del pantano, y sin ninguna advertencia, Monte paró de golpe, Cris cayó al agua y su camuflaje quedó flotando en la superficie, Cris trató de nadar, pero una garza salió de nada y lo agarró con su pico de una de sus patas. Cris gritó, Monte seguía parado sin decir ni hacer nada.
-¡Ayúdame!, no te quedes ahí- le gritó Cris.
Monte agachó la mirada mientras recibía dinero de la garza.
Cris no lo podía creer. Esa no era la manera en que había planeado su escape de Gore Town. No quería morir tragado por una fea garza maloliente, pero no tenía idea de qué hacer. La garza aún lo tenía sujetado por una pata. Cris miró al cielo, casi como esperando un milagro, había crecido creyendo que merecía un final feliz, vio las nubes y algo en él despertó.
La garza, distraída mientras hablaba con Monte, no esperó el golpe que recibió en el ojo de repente: era Cris, que con su lengua, la golpeaba una y otra vez.
-¡Estúpido sapo! -gritó
Cris aprovechó para zafarse y saltar hasta Monte.
-¡Nada! -le ordenó.
-Pero, ¿qué dices?
-Avanza, ¡ahora!
Monte se asustó con el cambio en el tono de voz de Cris, y no tuvo otra opción más que obedecerlo, nadó tan rápido como pudo, pero la garza corría detrás de ellos a toda velocidad.
-¡Nos va a alcanzar! -gritó Monte.
Y justo cuando la garza empezaba a tomar vuelo y se preparaba para volver a agarrar a Cris, él saltó al agua, la garza se estrelló en el caparazón de Monte y para rematarla, Cris tomó con su lengua una roca bastante grande y con mucho trabajo, la golpeó una y otra vez en la cabeza.
Al día siguiente, Cris despertó sintiéndose bastante cansado. Monte estaba aún durmiendo. Habían avanzado bastante y estaban a la orilla del pantano. Recordó el día anterior, y no pudo creer lo que había hecho: había matado a un animal. Monte se asustó tanto con su comportamiento que se ofreció llevarlo a donde dijera, a cambio de que no lo matara también.
Cris le ordenó que siguiera derecho, pronto saldrían de Gore Town, finalmente sería libre.
Monte despertó un rato después, vio a Cris consiguiendo comida para ambos.
-Eres un sapo valiente -le dijo.
-Solo quiero sobrevivir y salir de Gore Town, quiero encontrar a mi compañera y ser feliz, ese es mi sueño, y haré lo que sea para conseguirlo.
Monte se río.
-Hace algún tiempo yo también tenía un sueño, siempre me pareció descabellado, pero, ¿sabes cómo dicen que si sigues derecho por el pantano y vas hasta el final, llegas al mar?, pues mi sueño es llegar ahí y ver ballenas.
-¿Ballenas? -preguntó Cris
-Son las criaturas más grandes que puedas imaginar, más grandes que todos los animales del pantano juntos.
Monte y Cris siguieron su viaje, pasaron 2 días más juntos, hasta que llegaron a una nueva parte del pantano, no decía el nombre pero no se veían animales al acecho, todos parecían bastante tranquilos, y había sapos por doquier.
-Creo que este es tu lugar -dijo Monte.
Cris abrazó a Monte para despedirlo.
lunes, 7 de marzo de 2022
Corazón roto en la pista de baile
Era el último sábado de mayo, habíamos planeado el viaje durante semanas. Flinx había venido de Marte, Barbs de Plutón y yo de la Tierra. Nos habíamos hecho amigas por casualidad en una de esas conferencias a las que asistía por mi trabajo. Y al menos una vez al mes nos reuníamos para bailar en un planeta diferente, esta vez habíamos quedado de visitar Saturno. Nos arreglábamos tanto que tardabamos horas, incluso pintar nuestros labios era la tarea más importante del universo en esas ocasiones.
Las chicas bailaban sin parar, flexionando cada parte de su cuerpo, y al final de cada canción me pedían que me uniera a ellas, pero aún no tenía suficiente energía. Flinx finalmente se acercó al chico que le gustaba y lo invitó a bailar, él dijo que sí con entusiasmo. Dos canciones después y creí estar lista para ir a la pista, pero de repente algo extraño sucedió. Miradas por todos lados, hubo gritos y personas corriendo de un lado a otro, yo no lo noté enseguida, pero en cuanto pude, agarré a Barbs y Flinx de la mano, y corrimos tan rápido como nuestros tacones nos permitieron.
En cuanto estuvimos a salvo, refugiadas debajo de una mesa, Flinx y Barbs comenzaron a reír, reían tanto que parecía que alguien les estaba haciendo cosquillas. Yo no entendía nada, era como si de repente hubiéramos entrado a una dimensión desconocida.
"¿Qué pasó ahí afuera? Creí que íbamos a morir" dije temblando aún.
"A veces olvido que eres de la Tierra" dijo Flinx, y luego me explicó que lo que había sucedido era algo bastante común en los habitantes de Saturno.
"Lo que escuchaste fue el sonido de un corazón rompiéndose".
Yo no podía creerlo. Pero según ellas, los Saturnianos sentían con tanta profundidad, que cuando eran rechazados no tenían posibilidades de sobrevivir; su corazón se rompía en pedazos.
"¿Él está muerto?" pregunté aún confundida.
"Estará muerto hasta que su nuevo corazón crezca lo suficiente" respondió Barbs, de lo más normal mientras salía de la mesa y nos ayudaba a ponernos de pie.
La música comenzó a sonar de nuevo, bebidas iban y venían de mesa en mesa, como cortesía por todo el escándalo.
“Aún tengo muchas preguntas” dije a las chicas mientras se arreglaban sus peinados.
“Tienes que relajarte” contestó Flinx mientras me jalaba a la pista de baile, donde aún había pedazos del corazón de la persona a la que se le había roto. Mientras bailábamos, el personal de limpieza entró con escobas y limpiaron el piso, que después de dos canciones brillaba como nuevo.
Miré a los lados, no lograba entender aún qué había pasado. Quería sentarme pero las chicas no me dejaban ir.
“¿Hay más personas de la Tierra aquí?” pregunté al darme cuenta de que no veía Terrícolas por ningún lado.
“No te preocupes por eso” respondió Barbs mientras me pasaba otra bebida. La pista estaba a reventar, la música sonaba más y más fuerte. Sentí a mi corazón latiendo más deprisa, sentí como todos me miraban, casi esperando algo.
Barbs me puso una de sus manos en la frente. “Ya casi sucede” la oí susurrarle a Flinx. Me sentía mareada, quería dejar de bailar pero no podía, me recargue en la pared, miré alrededor y vi finalmente a otro chico de la Tierra entrar, sentí alivio por un segundo. Hasta que vi como el chico tomaba shots y sus amigos de otros planetas hacían como que los tomaban, pero los tiraban al piso. Mi corazón se sentía más y más acelerado, hasta que finalmente, no resistió más. Lo último que recuerdo es la sonrisa triunfante de Barbs y Flinx, después, cerré los ojos.
lunes, 21 de febrero de 2022
odio a las gaviotas
Nunca habíamos sido particularmente unidos, yo estaba quedándome en su casa porque apenas acababa de terminar la escuela, y aún no encontraba un trabajo, ella se ofreció y yo dije que sí porque no había una mejor opción.
No es que odiara vivir con ella, no tenía nada en particular de lo que pudiera quejarme, a veces era bastante desordenada, pero en general, su comportamiento relajado me gustaba. Se dedicaba a los bienes raíces, la mayor parte del tiempo no estaba en casa, sino en su coche, manejando a un lado y otro, encontrándose con sus clientes millonarios y mostrándoles casas.
Yo pasaba los días buscando empleos en línea, jugando videojuegos y leyendo novelas que ella tenía en el estante de la sala.
El novio de mi hermana llegó a la casa como a eso de las 3pm, podía oler su aliento a distancia, estaba crudo como cada fin de semana que se aparecía, era sábado y habíamos planeado el viaje a la playa durante unos días: teníamos una casa de campaña grande que compartiríamos, ella había comprado alcohol y botanas, yo había organizado un montón de juegos y me encargaría de la música. Ella nunca mencionó a su novio. Yo lo soportaba, pero no me agradaba en absoluto.
“Creí que ibas a ir a la playa” - le dijo a mi hermana, yo pude escucharlo a pesar de estar a bastantes metros de él.
“Es un viaje con mi hermano” dijo ella.
“No empieces”, dijo él y luego me miró, entró a la casa.
Mi hermana volteó a verme y aunque no dijo palabras, supe lo que su mirada decía.
“Podemos ir a la playa si quieres”, le dije.
Y así, una hora después estábamos en camino a la playa, el novio de mi hermana en el asiento del pasajero, y yo atrás, con mis audífonos puestos.
Llegamos e instalamos la casa de campaña, un trueno sonó a lo lejos, los miré con cara de “se los dije”, el novio de mi hermana se río.
“¿Te asusta la lluvia?”, me dijo. Yo lo ignoré.
Escuchamos música, jugamos juegos, y platicamos mientras mi cuñado bebía todo el alcohol que teníamos, no pude tocar ni una cerveza.
La lluvia llegó antes del anochecer, pero solo por unos minutos, luego se quitó, el cielo se despejó y logramos ver la puesta de sol. A pesar de estar en una playa bastante concurrida, el novio de mi hermana insistía en querer desnudarse y nadar, estaba bastante borracho. Mi hermana se reía incómoda, y yo me hacía el que no lo escuchaba.
Cuando oscureció y apenas distinguimos a las demás personas, finalmente se quitó la ropa y fue a meterse al mar.
Mi hermana fue corriendo a tratar de detenerlo pero fue en vano.
Cuando amaneció, salí de la casita y a unos cuantos metros vi que su novio estaba dormido en la arena, aún desnudo. Volví a entrar a la tienda con cuidado, saqué todas las sobras de comida que teníamos y las puse a su alrededor.
Las gaviotas llegaron sin parar, fueron una tras otra, tratando de agarrar algo de comida, mi cuñado estaba vuelto loco, gritaba tan alto que mi hermana se despertó y también los campistas que estaban a nuestro alrededor, él trataba de cubrir su desnudez y al mismo tiempo alejar a las gaviotas. La comida se había terminado pero las aves no parecían estar saciadas, así que empezaron a ir tras de él. Todos se reían alrededor, unos comenzaron a grabar.
lunes, 7 de febrero de 2022
La madrugada del 20 de enero
Era una de esas noches donde estaba aburrida, además, la pandemia no ayudaba. Había pasado ya tres semanas encerrada en mi pequeño departamento a las afueras de la ciudad, y mi única compañía era mi gato, Latte, quien a veces se escapaba por la ventana, en busca de las aventuras que yo no podía tener.
Estaba aburrida, repito, y a mi celular no llegaba ni un mensaje, ya había acabado todas las series que me interesaban en netflix y ver una película me resultaba tan tedioso que preferiría dormir por una semana entera.
Y entonces se me ocurrió.
La. Más. Genial. Idea.
Bajé Bumble, porque ya no tenía paciencia para lidiar con la gente en Tinder, no quería ni podía tener aventuras de una noche, y quería probar algo nuevo. Había estado soltera por más de un año, luego de vivir con mi ex durante dos años y tener una relación bastante tóxica, aún no estaba lista para adentrarme al mundo de la monogamia, pero quería intentar algo nuevo, algo que le diera emoción a mi vida, además de mis visitas semanales al supermercado.
Bumble me ofreció una prueba gratis donde podía "viajar" alrededor del mundo y conocer personas, no lo pensé dos veces y acepté. Mi perfil era bastante básico, según yo: una foto de mi cara, sin filtros, una foto de cuerpo completo, vistiendo casual, una más elegante, en una boda, y una en un viaje que hice a San Miguel. Listo, no recuerdo al 100% mi bio, pero decía algo como "Hola soy Paula, no busco nada serio, quiero conocer gente. Sí: amantes de los gatos, foodies y nerds de las computadoras. No: obsesionados con el gym y sí mismos, adictos al reggaetón y al café".
Sentía que estaba viajando por el mundo, de verdad. Rusia, Panamá, España, ¡hasta China!, hombres de todos los colores y tamaños, un catalogo mundial. El internet es el universo y yo estaba ahí para recorrerlo con clics. Me divertí mucho, hablé con uno, dos, tres chicos a la vez, pero siempre me aburría, llega un punto en el que la conversación muere y entonces Chau, vamos a ignorarnos mutuamente por la eternidad. Estaba a punto de acabarse mi mes de prueba, tendría que volver a conformarme con un montón de locales, y no quería eso, yo quería seguir probando con los hombres internacionales, agregar sellos a mi pasaporte. Quería desaburrirme.
Un día antes de eliminar la aplicación empecé a hablar con Andrés. 27 años. Ingeniero en mecatronica. Español pero viviendo en Portugal. Guapisímo. Alto. Nerd hasta los huesos. Le mandé la foto obligatoria a mis amigas para que dieran el visto bueno, como si fuera posible tener una cita con el tipo, como si fuera a conocerlo, me estaba riendo a cada segundo con sus comentarios. "Esta guapisímo, tienes que ir a visitarlo o que él venga, ya amiga, ahí es, te nos vas a Europa".
Pasamos 4 meses hablando.
Hasta que empecé a hablar con alguien más. Alguien a quien conocí por medio de mis compañeros de trabajo, y ahora que las cosas parecía volver a la normalidad, ya podía salir más de casa, ya no estaba aburrida. Ya sentía que mi vida volvía a parecerse a lo que antes era, y ahí, Andrés no tenía lugar. Así que se lo dije, y él entendió. Después de 4 meses de hablar cada día, de un sinfín de fotos, videos y videollamadas compartidas, se sintió como un rompimiento, como si mi yo de la cuarentena resintiera a la nueva yo por volver a ser quien era. Pero ahí estaba, con el mundo real que ofrecía una relación como posibilidad, y Andrés, que residía en el mundo del internet, se quedaba afuera, lejísimos y yo no podía hacer nada para salvarlo y traerlo de vuelta a mi día a día.
Duré 1 año sin hablar con Andrés.
Y fui feliz, compartiendo mi vida con amigos, familia y en una relación donde podía hacer muchas cosas, donde descubrí que me gustaba la nieve y el frío, los gatos y las montañas. Hasta que acabó, me quedé sin trabajo y buscando por ahí, oh, destino, oh casualidad, hay una vacante en Portugal. Escuché a Walk the Moon por un día entero, en repetición, hasta que me armé de valor y envié mi currículum.
Volví a enviarle un mensaje a Andres cuando me dieron el trabajo.
Él no me respondió y lo interpreté como que había vuelto al mundo real también. Compré mi vuelo, vendí muebles y ropa, ahorré por 3 meses. Y el 18 de enero tenía todo listo para irme. Mi vuelo era directo, llegaba a España y de ahí tomaría un tren a Portugal.
Andrés me mandó un mensaje el 19 de enero.
Estaba por abordar mi vuelo. No podría creerlo, el celular se me cayó de las manos y todos me miraron como si fuera la idiota más grande del mundo, lo que no sabían, es que me sentía la chica más suertuda del mundo en ese instante. Andrés me había respondido, estaba soltero aún, en Portugal, hablamos en lo que mi vuelo despegaba. Lo último que supe antes de quedarme dormida en el asiento 3B, es que despertaría en otro país, a un tren de distancia de una nueva vida.
Es el 20 de enero, son las 3:33am.
Salgo del tren que va de Madrid a Lisboa. Han sido horas durmiendo y despertando, entre sueños veo la cara de Andrés. A veces la veo al otro lado de la ventana, como un poema de amor que me acompaña en el viaje. Estoy borracha, o quizá estúpida. No lo sé. Pero cuando pongo un pie afuera del tren, luego el otro, camino unos 10 pasos y ahí está. Viste una camisa blanca, pantalones de mezclilla y tenis negros. Sonríe y me dice hola con una sonrisa.
Conozco a Andrés.
Pasamos de Blumble, del internet, del mundo de fantasías y promesas, al mundo real, y me sorprende lo rápido que nos adaptamos al otro. En 3 meses me mudo a su casa. En 10 meses viajamos a México para que conozca a mi familia y a mis amigas que no pueden parar de decirle cómo ellas sabían que terminaríamos juntos. Me recuerdo en mi casa, con mi gato que ahora vive en casa de mi abuela, aburrida, descargando una aplicación de citas. Y luego vuelvo al presente.
Sonrío.
jueves, 23 de septiembre de 2021
ghost town
lunes, 20 de septiembre de 2021
Lo recuerdo ahora
Julia ha estado en cama durante el fin de semana, solo se ha levantado cuando tiene que ir al baño. Su estómago le suplica por comida pero ella se rehúsa a hacerle caso, ha estado durmiendo, cuando su cuerpo no puede dormir más recurre a pastillas. Es domingo por la tarde, han pasado más de 20 horas, Julia se despierta de nuevo y toma su celular de la mesita de al lado, tiene 1% de batería así que lo conecta a la corriente y luego cierra los ojos.
*
Dos días antes, el viernes por la tarde, se reunió con José en el café donde se conocieron, él estaba sentado en una de las mesas del fondo, vestía un traje negro, "demasiado formal", pensó Julia, y luego se vio en un pequeño espejo mientras caminaba, traía un vestido rosa palo que le llegaba hasta las rodillas, botas negras y el cabello, agarrado en una coleta baja. "¿Por qué José está vestido así?", se preguntaba una y otra vez. Él la vio y se paró casi instantáneamente.
-¿Cómo estás? -mientras abrazaba su cuerpo con sus manos y la besaba en el cuello, dulcemente.
-¿Qué pasa? -mientras señalaba su atuendo.
José lanzó una risita apenas audible y luego se sentó. Julia también se sentó. La mesera les tomó la orden y el silencio reinó por unos minutos.
-¿Vas a explicarme?
José dijo que sí con la mano. Luego se acercó a ella y la besó, apenas rosándole los labios.
-Me estás preocupando José, estás muy raro.
La mesera llegó con dos cafés y un pequeño pie de limón. Julia miró a José confundida.
-Nosotros no ordenamos nada de comer.
José se encogió de hombros y le dio un largo trago a su café. Suspiró.
-¿Vas a comer? -le preguntó a Julia y ella no respondió, pero tomó una pequeña cuchara y partió el pie por la mitad. José contuvo el aliento mientras lo hacía. Julia comprendió todo cuando sintió algo duro en medio del pie.
-¡José! -gritó, llamando la atención de todos en el café. La mesera se asomó curiosa para ver la reacción. Julia se cubrió la cara con ambas manos y comenzó a llorar. José sonrió ampliamente. Tomó el anillo escondido en el pie y lo limpió con una servilleta, y justo cuando estaba a punto de arrodillarse a su lado, Julia lo detuvo con un gesto. -José, no entiendes. No me puedo casar contigo.
El corazón de José se detuvo por un instante. ¿Había escuchado bien?
-Pero, ¿qué dices?
-José, no me puedo casar, lo siento, esto...lo siento, todos los están viendo, me siento ridícula.
José tomó el resto de su café mientras observaba fijamente a Julia. Alzó las cejas, esperando una explicación.
-Si te sientes ridícula, imagina cómo me siento yo. Julia, no lo entiendo, hemos estado juntos por 4 años, casi vivimos juntos, te he apoyado en todas tus decisiones. Creí que esto era el paso siguiente, no lo entiendo. Explícame por qué no te puedes casar conmigo.
*
Julia abre los ojos de nuevo, tiene lágrimas secas. El teléfono comienza a sonar, es José. Julia suspira y contesta en altavoz.
-¿Estás bien? -pregunta él.
-José, lo siento, no sé cómo puedes seguir hablándome.
Tras una larga pausa, José suspira y luego vuelve a hablar.
-¿Sabes qué he estado haciendo estos dos días?, he estado vuelto loco, pensando en qué momento no me di cuenta, si nos pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, dormías en mi casa o yo en la tuya, y aún así, fuiste capaz de ver a alguien más. Al principio todo estaba borroso, solo lograba recordar las cosas lindas que habíamos vivido juntos. 4 años a la basura, me repetía una y otra vez. Pero después de horas y horas, logré recordar. Julia, lo recuerdo todo ahora: el día en que te enfermaste de repente, cuando te ibas a casa de tu mamá y te llamaba y contestabas hasta tarde, los mensajes que contestabas cuidando que yo no viera, tu celular en el baño, las veces que decías estar cansada y los pretextos que usabas para no hacer el amor. Todo era por él, ¿no es así?
-José, yo...
-No digas nada Julia, esta es la última vez que te llamo. Solo quería saber que estabas bien. No sé cómo no pude darme cuenta, ¿sabes?, supongo que estaba locamente enamorado de ti, mientras tanto tú salías con alguien más. Qué idiota, soy el mayor idiota del mundo, y lo peor es que estas cosas pasan todos los días, ¿no?, ¿por qué no pudiste solo decir que sí?, ¿por qué no te casaste conmigo y lo dejaste todo atrás?, ¿estás enamorada de ese imbécil?
-José...
-Sabes qué, no me respondas, claro que estás enamorada de él, sino porque ibas a confesar. Quiero recordar por qué me enamoré de ti pero ya no puedo. Ahora solo recuerdo cómo me engañaste de las formas más simples.
-Lo siento.
José cuelga y Julia cierra los ojos mientras las lágrimas caen. Estira la mano y toma el bote de pastillas para dormir, se toma dos y espera a que el sueño llegue, en algún momento, tiene que llegar.
jueves, 12 de agosto de 2021
La oficina de los sueños
lunes, 2 de agosto de 2021
Y, ¿de quién es la culpa?
Un hombre joven entra a la casa amarilla, se ve emocionado, casi brinca de emoción, Alice lo recibe en la sala y lo besa con pasión.
martes, 27 de abril de 2021
Esa Noche
Ella va a casa después de un largo día en el trabajo, ella se sienta en el sofá verde y grande, que se amolda a su cuerpo y la hace sentir como en los brazos de mamá, brazos que no ha sentido por años. Piensa en qué hará, apenas y son las 7pm, el sol brilla afuera, el mundo sigue girando en medio de un montón de estrellas, escucha a los niños jugando afuera, un grito, un poco de llanto, dos niñas brincando, y ella ahí, en el mismo lugar donde todo empezó meses antes.
Juan no le gustaba al principio, Juan parecía todo menos el
tipo de hombre que ella quería, pero poco a poco se fue enamorando, primero
juntos haciendo las tareas de la universidad, luego quedando para ir al cine y
finalmente besándose en ese sofá que mantenía tantos secretos en su interior.
Miró de nuevo el mensaje en su celular, “¿Vienes hoy?”,
enviado a las 12pm, justo después de su clase, Juan estaba a unos metros de
ella, estaba tomando otra clase, sabía que saldría a las 3 de la universidad y
luego iría a trabajar, pero su rutina era verse cada día después del trabajo,
ver una serie, una película, hacer el amor, leer el capítulo de un libro antes
de dormir, hacer el amor otra vez, quizás, una cena barata, y dormir en sus
brazos. Estaba acostumbrada a esa rutina que habían creado juntos durante casi
un año, y de repente, no había respuestas. Juan no era así, algo había cambiado,
ella lo sabía. Supo casi instantáneamente que Juan iba a dejarla, que las
noches a su lado ya no eran tan felices como antes, “no quiero ser como esas
parejas que se quedan juntas y son miserables”, le había dicho un día de otoño
y quizá solo estaba cumpliendo su promesa.
Miró de nuevo por la ventana, quizá habían pasado solo 5
minutos pero le pareció una eternidad. La notificación la tomó por sorpresa y
el mensaje le dio un pinchazo en el corazón, que duró tan solo una fracción de
segundo, pero dolió como mil años. “No puedo hacer esto, ya no soy feliz”
Ella cerró los ojos, se imaginó cómo hubieran sido las cosas
si hubieran funcionado, si de alguna manera el destino hubiera sido bueno con
ella y le hubiera dado lo que quería: a Juan por toda la vida. “Pero a veces la
vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” pensó. Y entonces la vio
entrar en la habitación, con su vestido blanco y casi transparente, con sus
piernas largas como la noche y sus ojos hundidos y grandes como aceitunas.
Sonrió cuando la vio y ella sonrió de vuelta “mi eterna compañera”, le dijo y ella respondió diciendo “estaba esperando a que Juan se fuera, pero siempre he estado contigo”. Le abrió
los brazos y la invitó a sentarse con ella en el gran sillón verde, cuando la
tuvo en sus brazos no pudo hacer más que llorar.
“Siempre estaré aquí para ti” le dijo la Soledad, y ella
agradeció en silencio. Juan se había ido, pero Soledad había llegado justo a
tiempo para consolarla.
