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jueves, 14 de mayo de 2026

Y nunca miré atrás...

 Un día me desperté y me había convertido en la persona que siempre deseé ser. No sé cómo pasó, no sé qué comí o tomé el día anterior, no sé si alguna bruja me hizo algún hechizo o si aventé una moneda sin querer a alguna fuente de los deseos. Lo que sé es que un día estaba durmiendo en mi cama habitual y al siguiente estaba en una casa desconocida con un hombre desconocido a mi lado y su mano arropándome el cuerpo. 
No grité, ni siquiera me alarmé un poquito; fue como si mi cuerpo supiera que aquello estaba bien. 
Por alguna extraña razón las alarmas que usualmente acompañaban a mis entrañas no se inmutaron, ni un sonidito hicieron. 
Me levanté con cuidado y fui al cuarto siguiente, que supuse era el baño y estuve en lo correcto. Me miré en el espejo y me vi cómo siempre me había visto en mis fantasías, soñando despierta. Con una frente sin arrugas, unas mejillas sin marcas de acné, un pelo sin frizz, el abdomen marcado, la piel reluciente. 
Miré alrededor y el baño era también cómo siempre había imaginado que sería si mi vida fuera como mis pines de Pinterest. 
Pasé al siguiente cuarto y casi lloré al ver una biblioteca con todos mis libros favoritos y los que siempre quise tener. Un escritorio gigante de madera donde tenía una laptop abierta y al echarle una mirada comprobé que era mía, que estaba trabajando en una novela.

Fue entonces que oí mi nombre desde la habitación principal, era aquel hombre que dormía a mi lado. Me dijo "ven aquí" mientras sonreía. Era igualito a Josh Whitehouse, mi crush de toda la vida. 
No me cuestioné si estaba soñando o no, si era una fantasía por todas las drogas que había consumido durante el transcurso de mi existencia, si quizá estaba en un coma profundo o si ya estaba en algún otro plano de existencia. 
Solo sé que me metí en esa cama y fui la persona más feliz del universo. 

Pasé el día preguntándome cuándo se acabaría el hechizo, cuando se rompería algo a mi alrededor y todo temblaría hasta desvanecerse. Fui a comer a mi restaurante favorito, fui a la playa y nadé sin miedo, fui a caminar con una sonrisa en el rostro y saludé a todos. En la noche, antes de regresar a casa fui a cenar con amigos y comprobé que todos parecían normales, nadie dijo nada de mi nueva apariencia, nadie se mostró preocupado por mí. Jalé a mi mejor amigo a un lado para hablar y le pregunté "¿esta es mi vida?" y él solo me miró raro, "¿estás bien?", le conté que era mi primer día viviendo esta nueva vida, "pues disfruta" me respondió. Suspiré, no sabía qué hacer. 

Había sido el día perfecto y quizá mañana se acabaría la ilusión. No lo sabía, lo quería averiguarlo, no quería olvidar ni volver al pasado. Y nada de eso importaba ya. Estaba bien con volver a la realidad después de ver cómo podría ser mi vida perfecta, estaba bien con quedarme ahí también. Quizá estaba muerta ya y aquello solo era el cielo o el infierno. 
A las 12am y después de algunas copas de vino volví a casa, atravecé la puerta y no miré atrás

sábado, 7 de febrero de 2026

Las pequeñas cosas

 Son los pequeños cambios casi imperceptibles:

Una hoja cayendo un poco más lento, el susurro del viento cambiando de dirección, el sol yéndose a dormir más temprano.
Un día los árboles se cansaron de verse siempre iguales: querian un cambio, renovación absoluta. Así que le pidieron a sus amigas las hormigas que les ayudaran y que justo cuando sintieran el tiempo cambiar, justo antes del temido invierno, recolectaran sus hojas hasta dejarlos completamente en las ramas. 
Las hormigas se emocionaron demasiado, ¡por fin tendrían suficiente alimento para pasar los fríos de diciembre! 
Y los árboles también bailaron de un lado a otro para ayudarles a sacudirse las hojas. 
Es así que cada otoño las hormigas suben a los árboles y hacen su arduo trabajo. 

Para nosotros, empieza con un árbol perdiendo una, dos hojas, no nos damos cuenta de la gran labor que está ocurriendo en el pequeño universo de las hormiguitas. 
Para nosotros, solo es un cambio más de estación.
Pero cada cosa pequeñita cuenta, y el otoño siempre nos lo hace saber.

martes, 27 de enero de 2026

El sol y la luna

 Un día el sol nació como resultado del polvo de un millón de estrellas uniéndose. Cuando abrió los ojos por primera vez y se dió cuenta de lo gigante del universo quiso recorrerlo pero había una fuerza más grande y más poderosa que él que no le permitía moverse, lo único que podía hacer era dejarse llevar por la corriente que lo arrastraba de aquí para allá. 

El sol se dio cuenta de que con su presencia, cosas extrañas empezaban a pasar en las estrellas que visitaba: cambiaban de color, cambiaban de dirección, y nuevas estrellas se formaban a su paso. A veces se preguntaba si él era algo así como un Rey o un Dios, y si era así, ¿por qué no podía recorrer la inmensidad de las galaxias?

Al principio todo era nuevo y emocionante, pero con el paso del tiempo, después de ver lo mismo una y otra vez se empezó a aburrir y se preguntó si su existencia sería miserable por el resto de la eternidad. ¿O algún día desaparecería de nuevo?, ¿se convertiría en una de esas estrellas que a veces veía brillar con intensidad hasta desvanecerse?

Todos los días deseaba con fuerzas que alguien o algo viviera a hacerle compañía. Trataba en vano de hablar con las estrellas: ellas jamás respondían, parecía que todo a su alrededor estaba vivo y a la vez muerto porque nadie podía comunicarse con él. 

Hasta que un día una de las estrellas más grandes fue impactado por una roca gigante, incluso el sol estuvo a punto de ser golpeado pero la fuerza lo jaló justo a tiempo. Y ahí; delante de él parecía estarse formando algo nuevo, algo que no había visto aún. El sol no podía contener su emoción mientras las pequeñas piezas de la estrella se unía poco a poco.

Cuando terminó el proceso el sol no pudo evitar su decepción al ver que la nueva estrella en realidad parecía mas una roca sin vida. Pero en cuanto la Luna abrió sus ojos, miró directo al sol y quedó enamorada de su resplandor, y el Sol quedó hipnotizado con su dulzura. Y por primera vez, escuchó el sonido de otro ser:

-Tu brillo es hermoso - le dijo la Luna, y el Sol ardió con tanta fuerza que la Luna pudo sentir su calor y creció en tamaño. 

Y así, cada día la Luna crecía más y más. Hasta que se dio cuenta de que poseía un poder que nadie más tenía: podía controlar hasta cierto punto a fuerza que movía a las demás estrellas. La Luna se había dado cuenta de lo mucho que el sol deseaba recorrer el universo, así que un día le propuso lo siguiente:

-Esta noche, cuando todos en mi planeta duerman, quiero darte la oportunidad de ir a donde no haz ido aún: tendrás una hora para moverte hacía el otro lado de universo, donde no puedas hacer daño a los habitantes de mi estrella. 

-Yo jamás haría daño a nadie -respondió el Sol un poco ofendido.

-Sé que no lo harías intencionalmente, pero eres tan brillante y ardes con tanta fuerza que destruirías a mi gente, temo que incluso me destruirías a mí. 

El sol se quedó pensativo por un rato y luego dijo:

-¿Eso significa que jamás podré acercarme a ti?

La Luna cerró los ojos y asitió.

-No podemos estar juntos pero puedo ayudarte a cumplir tu sueño de ir a visitar otras partes del universo, y cuando regreses, puedes contarme todo y será como si yo hubiese estado ahí.

Esa misma noche el sol partió por primera vez y sintió una alegría que inundaba todo por donde pasaba. Desde entonces, cada noche el sol sale a viajar por el universo, y durante el día le cuenta a la Luna todas sus aventuras. 

martes, 29 de julio de 2025

En la montaña

Justo antes del atardecer una ardilla torpe se tropezó con un topo en una montaña llena de nieve. 
Era un día donde el invierno anunciaba su llegada, y la ardilla andaba como loca tratando de encontrar las últimas proviciones, ¿le daría tiempo de llenar su árbol preferido con sus almendras preferidas?, no lo sabía, y ahora esto: un topo rechoncho se atravesaba en su camino con su boca llena de pequeñas nueces.
-Eh, topo, no estés estorbando, no todos somos tan gordos como tú -le gritó la ardilla de prisa.
-¿Y tú que haces caminando por la nieve en vez de andar por los árboles?
-Que no ves que estoy buscando comida. Ya agoté los recursos allá arriba así que tuve que venir acá abajo.
-Así que estás robando comida de nosotros los subterráneos. Aparte de tonta, ladrona.

A la ardilla casi se le salieron los ojos del coraje, ¿cómo se atrevía aquella torpe creatura a llamarla ladrona?
-¿Por qué mejor no sales de tu escondite y arreglamos esto a la antigua?, ¿o qué, no puedes porque no cabes de lo gordo que estás? Topo obeso.
El topo dejó caer una a una las nueces que tenía en la boca y miró a la ardilla con una rabia que nunca antes había sentido.
Trató de salir de su pozo pero su panza no lo dejaba, trató y trató hasta que se rindió. 
La ardilla lo miró primero con gracia y luego con tristeza, pero luego recordó que ella también debía ponerse así de gorda y que estaba perdiendo el tiempo.

Tomó las nueces que el topo había tirado y siguió su camino. El topo descendió a su pozo y se quedó dormido casi instantáneamente. Al día siguiente ninguno recordaba lo ocurrido.

jueves, 3 de octubre de 2024

El regreso de la Mujer Salvaje

 Un buen día, en lo alto de un acantilado una mujer cerró los ojos y se lanzó al vacío. Lo que no sabía, es que el viento la tomaría en sus brazos y la llevaría a recorrer lo alto de los cielos, ella sintió el frío abrazo de las nubes, pero se negó a abrir los ojos. Estaba buscando un escape, dejarse llevar, olvidar las voces que escuchaba por las noches que no paraban de repetir "¿qué estás haciendo con tu vida?, ¿a dónde vas a parar?"
El viento la arropó como pudo, pero un día la arrojó al océano y ahí una ola la atrapó, y aún con los ojos cerrados, la mujer dejó que un montón de lágrimas salieran, se mezclaron con el agua salada del mar y formaron pequeños remolinos donde los peces bailaron. La mujer se dejó mecer día y noche por la ola, los peces le llevaban comida, los pájaron le hablaban sin parar, pero ella seguía sin reaccionar, sin decir palabras o abrir los ojos. 
Un día la historia de la mujer llegó hasta una vieja tortuga que decidió ir a su encuentro:
-¿Qué estás haciendo aquí, tan lejos de casa? Abre los ojos mujer, que en ellos está tu fuerza, deja que sople en ellos el viento y te regrese a casa.
Después de no haber pronunciado palabras en mucho tiempo, la mujer finalmente hablo:
-No tengo a dónde ir, no tengo por quién vivir, solo quería desaparecer, pero el viento y las olas se empeñan de no dejarme morir.
-Aún no es tiempo de que te vayas -respondió la tortuga, que con un suave soplo hizo que los ojos de la mujer se abrieran.

La mujer autómaticamente reconoció en esa vieja tortuga el espiritú de alguien más.
-¿Quién eres? -le preguntó -¿por qué has venido a mi encuentro?
-No eres la primera mujer que se pierde y termina en medio del océano, tienes que regresar a casa, yo me haré cargo de que vuelvas a salvo, pero antes, tienes que ir conmigo al fondo del mar y ahí encontrarás aquello que te hacía falta.

La mujer tomó a la tortuga en sus brazos y ésta la llevó a recorrer las profundidades del mar, por primera vez la mujer sintió una emoción inexplicable en su pecho: quería gritar, quería bailar con los peces.
-Ve a bailar -le dijo la tortuga. 
Y la mujer, danzó y movió su cuerpo sin parar, los peces la rodearon formando un remolino enorme. Cuando al fin la mujer se cansó, los peces también dejaron de moverse y ahí, en medio de las profundidades marinas, la mujer vió a otra mujer delante de ella.
No podía creerlo, era idéntica a ella. Observó a la mujer por un buen rato hasta que ambas se unieron en un abrazo. 
-Te extrañé - le dijo la otra mujer - me abandonaste hace tanto tiempo que no sabía que hacer conmigo, tuve que refugiarme aquí en el océano con la esperaza de que un día vinieras a buscarme.
-¿Quién eres?
-Soy la mujer salvaje que vivía en ti y dejaste ir con la esperanza de que la domesticación te trajera lo que tanto anhelabas. Lo que no sabías, es que solo estando juntas podremos ser una sola, podremos estar al fin en paz.

Entonces la tortuga las tomó a ambas de la mano y las llevó a la superficie. La mujer finalmente pudo volver a casa: estaba completa, había recuperado a su otra mitad. Regresó al acantilado donde días antes había cerrado los ojos y le dio gracias al viento, al mar y a la tortuga.

viernes, 14 de junio de 2024

Bizarro

 Tengo una sensación extraña en el intestino desde hace días: 

mis amigos dicen que estoy enamorado, 

mis padres que estoy enfermo,

después de pensarlo y sentirlo demasiado decido ir a la clínica.

El doctor dice que necesito cirugía urgentemente,

todos gritan histéricos al escuchar el veredicto,

yo digo que todos se callen y me dejen meditarlo en paz.


Julia viene a verme al hospital al día siguiente 

estoy en la cama del hospital con ojos entrecerrados, 

pienso si es buena idea declarar mi amor ahora

o esperar hasta volver a estar al borde de la muerte.

El amor es una inversión que me aterra,

aún así,

lo pongo todo el la línea y espero a que ella decida.


Un mes después entro a la tienda departamental,

voy a devolver una camisa que Julia pensó que me gustaría,

sé que va a enojarse,

sé que esta decisión viene con un conflicto pegado a ella.

Pienso en lo estúpido que es todo; 

una sensación en el estómago - una visita al hospital - estar a punto de caminar hacía la luz - declarar el amor que sentía desde hace años - empezar a vivir juntos porque la vida es corta - darme cuenta de que Julia no es la persona que yo creía.


Tengo una sensación en el estómago de nuevo,

ha pasado un año desde mi cirugía.

Julia se fue hace 3 meses porque se lo pedí, 

me digo que no estoy dispuesto a volver a repetir mi historia.

Le doy las llaves de mi casa al mayordomo, 

le digo que no sé cuando volveré, que disfrute en mi ausencia,

y lo veo sonreír por el espejo retrovisor.

jueves, 13 de junio de 2024

Somos los dos contra el mundo

Cuando tenía 5 años mi mamá me enseñó a multiplicar. Siempre fui más listo que los demás en mi clase y eso me hacía sentir bien, sobre todo cuando al terminar un examen volteaba a ver quién más había terminado y no había nadie que pudiera seguirme el ritmo. Mi mamá quería ser maestra, pero creciendo su familia no tenía suficiente dinero para mandarla a la escuela, así que tuvo que enseñarse a ella misma, y cuando nací yo, decidió que yo sería su mejor estudiante, ella amaba las matemáticas más que nada en el mundo, yo nunca entendí por qué, pero trataba de amarlas tanto como ella.

Siempre fuimos mi mamá y yo, vivimos en casa de mi abuela hasta que cumplí 10 años, yo amaba esa casa: con su patio gigante y montón de arboles enormes que siempre quería escalar y cuando estaba a la mitad o mi mamá o mi abuela salían a gritarme que me iba a quebrar un brazo y que sino quería sufrir las consecuencias, que me bajara inmediatamente. A veces me caía del susto cuando me gritaban. La casa era blanca y reluciente, mi abuela tenía una obsesión con la limpieza y se la pasaba de un lado a otro con un trapo en la mano y desinfectante en la otra. Había 6 habitaciones, 8 baños y una cocina en la que podíamos meter a todos los niños en mi escuela; nunca entendí porque mi abuela tenía una casa tan enorme, mi mamá tampoco, siempre estaban peleando sobre cuándo la iba a vender para al fin tener algo de dinero. Todos mis recuerdos infantiles están en esa casa. Hasta el más feo de todos: cuando a los 10 años regresando de la escuela encontré a mi abuela en una especie de trance, estaba sentada en el sillón con los ojos y la boca abierta, la llamé un montón de veces, casi gritándole en la cara pero no respondió, intenté moverla pero pesaba tanto como una piedra, me asusté tanto que salí corriendo hasta el trabajo de mi mamá, corrí por casi 10 kilómetros.

Cuando le expliqué lo que estaba pasando no podía creelo, unas lágrimas cayeron de sus ojos, se quitó el delantal que estaba usando y me dijo que la siguiera hasta su carro. Manejó en silencio por lo que se sintió como una eternidad. Yo le pregunté una y otra vez si estaba bien pero nunca me respondió y yo temía que en cualquier momento se quedaría tiesa como mi abuela. Cuando llegamos a la casa, abrió la cajuela y sacó un montón de bolsas negras, una sierra y me dijo que me fuera a jugar y que no regresara a la casa en un buen rato.

-Mamá,  ¿estás segura que estás bien?

-No hagas preguntas y vete. 

Cada vez me asustaba más porque todo parecía tan extraño, jamás vi a mi mamá tan calmada, tan lista para actuar. Pero no entendía que estaba pasando con mi abuela tampoco, así que hice lo único que podía hacer: irme a trepar a los árboles. Era un domingo y el barrio estaba vacio excepto por unos cuentos perros rondando la basura. Mamá volvió después de un buen rato.

-Escuchame bien Juanito, necesito que me hagas una promesa, ¿entiendes qué es una promesa?

Yo asentí, estaba todo sudado y con tierra por todos lados.

-Nos vamos a ir de aquí mañana, tu abuela ya no estará en nuestras vidas, ¿ok?, ella tenía que irse para que tú y yo tuviéramos una mejor vida, una vida que yo siempre merecí vivir, no necesitamos una casa tan grande, vamos a tener una casa con una recamara para mí y una para ti, con el dinero que sobre voy a entrar a la escuela para finalmente ser maestra, y así poder hacer lo que siempre soñé. Así que ahora tú debes pensar, ¿cuál es tu sueño?

Yo no sabía qué decir, no entendía nada excepto que mi abuela había muerto o algo le había pasado.

-Está bien Juanito, no me tienes que responder ahora mismo, pero piénsalo. Porque cuando tengas tu sueño, no debes dejar que nada te impida conseguirno, ¿entiendes?, ni tu misma madre debe impedirte ser feliz.

Yo la seguí mirando, quería preguntar, ¿qué pasó con la abuela?, pero algo en mi no me dejaba hacerlo. Cuando volví a la casa para recoger mi cuarto y empacar mis cosas, había un montón de bolsas de basura por todos lados y un olor que hasta el día de hoy no se me va de la mente. 

-Mamá -pregunté finalmente -¿qué le pasó a la abuela?, ¿por qué estaba tiesa como una piedra?

Mi mamá no dijo nada, solo siguió limpiando la casa y poniendo bolsas de basura en la cajuela.

Un mes después la casa de la abuela se vendió por 5 millones de pesos. Mi mamá no podía ocultar su emoción, había sido mucho más dinero de lo que ella había esperado. Con ese dinero compró una casa pequeña  al otro extremo del país, una casa pequeña pero espaciosa para los dos, un carro nuevo y pasó sus estudios. A mí me compró muchos libros de literatura, porque le dije que mi sueño era ser un escritor famoso. Nunca más volvimos a hablar de la abuela, mi mamá jamás admitió que la envenenó pero yo descubrí que tenía montones de venenos guardados en un closet, a veces me preguntaba si un día haría lo mismo conmigo si me interponía en sus planes, pero ella me aseguraba que estaba viviendo sus sueños y que quería que yo viviera los míos, cuando nos preguntaban por nuestra familia mi mamá decía "somos solo nosotros dos contra el mundo"

jueves, 15 de diciembre de 2022

La gran roca

 En la meditación de hoy vamos a hablar de nuestra madre: la Gran roca.
Recordemos que hace no tanto tiempo, éramos todos parte de esta gran entidad que flotaba en medio de la nada, comprimida dentro de nuestra madre estaba todo lo que hoy conocemos: estaba el aire que pasa por nuestros rígidos bordes, estaba el agua que nos cala y nos hace cada vez más pequeñas, recordándonos que un día no seremos más que un pequeño grano de arena, ese es nuestro destino, lo hemos aceptado, sabemos que seremos parte de un ciclo, que las olas nos traeran paz, y cada día viajaremos millones de kilómetros.
Agradezcamos pues, a la gran roca, de la que todos venimos, porque un día no pudo contenerse más y de ella enamaron millones de pequeñas rocas, volando por todas partes; nuestros ancestros.
Somos afortunados de seguir viviendo después de tantos años, aún podemos presenciar las maravillas que nos aporta el día a día. 
A veces somos lanzadas de aquí por allá, a veces somos asientos, a veces formamos parte de casas, pero siempre estamos presentes. 
Nunca dejaremos de existir porque nuestra escencia perdurará hasta el fin de los tiempos.
Un día volveremos a unirnos, un día nuestra madre nos llamará de nuevo a su centro y todos seremos uno solo. 
Hasta entonces, practiquemos ser lo mejor que podamos, siempre conscientes de que el paso del tiempo no es en balde, y un día polvo seremos.
Hagamos cada uno de los amaneceres contar, disfrutemos de lo que nos rodea y salgamos a dar gracias. 
Gracias a nuestra madre la gran roca, 
esperamos el día para regresar a ella. 

martes, 28 de junio de 2022

El Sandwich

Había una vez una ciudad grande, donde había un gran parque rodeado de pinos, y cada año en junio se celebraba un gran banquete.
La gente se preparaba durante semanas: la dieta comenzaba a hacerse más estricta. “Hay que guardar espacio para toda la comida que está por venir”, decían, incluso había gente que solo comía una vez al día.
Nadie recordaba ya de dónde había surgido la tradición, pero incluso los niños en las escuelas se emocionaban pensando en la gran cantidad de comida y dulces que comerían. A los maestros les encantaba el banquete, porque durante la semana, aprender el alfabeto era lo menos importante en su agenda, ellos también fantaseaban con los manjares que estaban por venir.
En las granjas los animales no hacían más que llorar, porque aunque no podían explicarlo, sabían que pronto sus vidas llegarían al final. A los cerdos ya no les cabía una manzana más en el estómago, las vacas llenaban cubos enteros de leche cada hora y las gallinas ponían uno, dos, tres huevos al día.
Los peces en el arrecife empezaban a rezar, porque sabían también que pronto las redes llegarían, y las aguas se teñirían de rojo.

Sin lugar a dudas, el banquete era una celebración digna de ser recordada, de un extremo al otro de la ciudad, la gente susurraba: “no puedo esperar más”, incluso los enfermos del hospital bailaban al ritmo de canciones alegres, no importaba si pronto ibas a morir, no importaba si tenías cáncer, un tumor terminal o hepatitis, el banquete estaba por llegar.

En una pequeña bodega en el centro de la ciudad, estaba El Chef, el hombre encargado de dar vida al banquete. Todos en la ciudad conocían al Chef, quien se convertía en el hombre más importante durante todo el mes de junio
Él se pasaba las horas estresado, porque quería que todo estuviera perfecto, ah, pobre Chef, cada año decía lo mismo: “este año renunciaré”, pero jamás lo hacía, porque en el fondo, le encantaba la atención que recibía, incluso si era por unas cuantas semanas.

Finalmente el banquete está listo y la ciudad hace fila, todo es al aire libre, en un parque lleno de árboles de manzanas, así que cada quien trae una manta, platos, cubiertos y vasos. Los niños corren y amenazan con tumbar las pilas enormes de arroz al piso.
El chef hace el anuncio a través de un micrófono en el centro del parque:
“Bienvenidos, queridos amigos, espero que todo sea de su agrado, ahora ¡A COMER!”

Al final de la enorme mesa, esperando a ser devorado, se encuentra un sándwich de jamón de pavo. Mira alrededor y ve sus platillos vecinos: paella, filete de res, berenjena rellena de queso cotija, y el sándwich sonríe. Recuerda cómo fue creado en la mañana por una chica muy guapa de pelo negro y ojos grises, cómo ella lo envolvió en papel transparente y cuando estaba montando los demás platillos, lo dejo casualmente junto a ellos, luego, un hombre le habló y ya no volvió a verla.
Ahora, ve un montón de caras nuevas: gente pequeña y grande, gente con grandes barrigas y tan flacos como un palo. Todos con sus platos en la mano eligiendo montones de comida, sonriendo y dando brincos de emoción la mesa es tan larga, que el sándwich tiene que esforzarse un montón para tratar de ver hasta el final, pero no lo logra, le parece un poco perturbadora lo que ve: personas devorando como si no hubiera un mañana.
El sándwich no puede esperar a que alguien lo tome y lo coma, pero las horas pasan, y todos parecen ignorarlo.
“¿Por qué nadie me elige?”, le pregunta al filete de res, que ahora es tan pequeño como él.
“¿Estás bromeando?”, le responde, “Este es un banquete y tú no perteneces aquí”
El sándwich queda sorprendido, pero no le cree al filete, piensa que seguramente estaba celoso de su relleno de jamón.

A la mitad del parque, el chef habla con todos los invitados, o con los que puede, porque todos se amontonan para felicitarlo por la comida tan deliciosa que preparó, él sonríe pero solo tiene una cosa en mente: “¿¡A que hora podre comer?!”, avanza entre la multitud, pero de una u otra manera, termina hablando con más y más personas. Mira a su alrededor y solo puede ver el montón de gente comiendo y disfrutando, y finalmente suspira, sabe que es siempre así cada año: terminará comiendo sobras.

Pasan 5 horas, y el banquete llega a su fin.
Los ayudantes del chef empiezan a recoger las cosas que habían quedado en la mesa: sobras de comida, platos y vasos olvidados.
Al final del día, el chef estaba exhausto, habló con todos los invitados y no tuvo tiempo de comer ni un solo bocado, así que corrió a la mesa en busca de algo, pero sus ayudantes ya habían tirado casi todo. El chef decepcionado pensó que tendría que ir a algún restaurante que de casualidad estuviera abierto en ese día: no tenía muchas opciones.
En la mesa gigante, a lo lejos ve un pequeño sándwich envuelto en papel transparente. No es nada especial, pero el chef estaba tan hambriento, que lo tomó con ambas manos y lo devoró de dos mordidas.

Tanto el chef como el sándwich, finalmente quedaron satisfechos.

viernes, 29 de abril de 2022

Baby Jack

Así están las cosas: yo no pedí nacer pero vine al mundo hace exactamente 6 meses, y lo sé porque mi mamá es una de esas personas insoportables que le gritan a medio mundo una y otra vez “¡mírame! aquí estoy!”, así que tuvo que comprarme un pastel amarillo, porque en estos tiempos todos quieren ser neutrales sobre los géneros, nadie quiere que crezca siendo un niño traumado y después me haga la cirugía de cambio de sexo, y sí, todo debido al color rosa.
En fin, supongo que debo explicar todo desde el principio: cómo llegué aquí de nuevo, sí de nuevo.
Lo que nadie explica en las clases de religión o ciencia es que la reencarnación sí existe, pero no es el cuento hermoso que los hindús creen, lo diré alto y claro: ES UN DOLOR DE CABEZA.
Créeme, nadie quiere nacer una y otra vez, especialmente si tienen que pasar por la pubertad, o si te toca una familia horrible o si naces con una rara enfermedad sin cura, pero eso sí, o el universo tiene sentido del humor, o esto es un experimento que un científico loco está realizando en un laboratorio, no lo sabemos, quizá nunca lo sabremos.
Esta es mi tercera vida, soy bastante joven, he conocido a bebés que ha vivido hasta 200, me gusta decirles cosas como: ¡Suicidate!, solo para reírme de lo patética que es la existencia. ¿Hay manera de salir de este ciclo infinito?, no, no la hay, o al menos nadie la ha descubierto aún.


Así que aquí estoy, de nuevo, con mocos en la nariz, comiendo verduras licuadas que parecen vómito, además, como ya mencioné, mi mamá es una idiota que cree que me está dando lo mejor, y su cosa favorita en el mundo es comer espárragos con atún sellado.
En realidad, no sé si ella o mi papá son peores seres humanos, ella es vendedora de productos que compras por catálogo y crees que son indispensables y maravillosos, hasta que los tienes en casa y te das cuenta de que no sirven de nada. Él es…es…la verdad no sé qué es, pero todos los días se pone una camisa de cuadros y sale de casa muy temprano y llega hasta muy tarde, siempre borracho. Mi mamá se vuelve loca, está desesperada porque su marido le ponga atención, y él la ignora aún más por eso.
Para su edad, obviamente ya no recuerdan que un día fueron otras personas, todos dejamos de recordar nuestras vidas pasadas alrededor de los tres años, alguno que otro se obliga a recordar, pero de nada sirve, un día te vas a dormir y al día siguiente: nada, solo existe el aquí y ahora.


Me da miedo olvidar, pero sé que lo haré, no puedo evitar pensar en lo ridícula que es la existencia y en lo mucho que pasamos el tiempo intentando darle un sentido. ¿Cielo?, ¿infierno?, nada de eso existe, lamento informarle a todo el mundo que su existencia no es más que un pequeño punto en una galaxia donde hay millones más. Sí, la vida apesta, te mueres, ¡y luego vuelves a nacer!


En mi vida pasada era un hombre millonario, tenía una empresa de embotellamiento de agua y me pasaba los días volando en mi jet privado, con prostitutas a mi lado; yo lo tenía todo. O al menos todo lo que el mundo te dice que debes desear: un buen trabajo, montones de dinero y buena apariencia. Pero todo eso aburre, al final, me metí demasiada coca y terminé en el baño convulsionando hasta morir, completamente solo. Fue un alivio salir de esa vida, y fue una pesadilla tener que entrar a una nueva. Creí que iba a ser mujer, hasta ahora solo he sido hombre, y a decir verdad, la paso bien con esta cosa entre mis piernas, pero quiero experimentar estar del otro lado… algún día.
Sé que esta existencia será horrible y quiero morirme ya, no es mi obligación quedarme si no me gusta, ¿verdad?, pero ya lo he intentado todo, y la imbécil de mi mamá no me deja de mirar ni un segundo: si quiero aventarme de la silla de comida, ella me atrapa, si quiero aventarme de las escaleras, ella corre tras de mí, si quiero ahogarme en la tina de baño, ella me saca, incluso pensé que sería fácil asfixiarme con la almohada, pero ella está ahí todo el tiempo, no duerme, le dijo a mi papá que yo soy un bebé raro con tendencias suicidas, y, ¿quién no lo sería en esta familia?


Me vuelvo loco de pensar que tendré que esperar más tiempo, quizá años para matarme, y para ese entonces quizá ya no recuerde cómo llegué aquí, quizá nunca haga nada y me quede estancado en esta miserable vida. (Seamos realistas, seguro voy a estar estancado aquí)
Esto es en lo que pienso mientras mi mamá y sus amigas me pasan entre sus sucias manos y dicen cosas estúpidas como: “¿no te encanta lo inocente que se ve?”

miércoles, 30 de marzo de 2022

El final feliz

Esta es la historia de Cris, un pequeño sapo de color azul, que creció viendo películas de Disney, por lo tanto, se creía un príncipe, y sí, estaba en búsqueda de su princesa.
Cris vivía en Gore Town, un pantano en medio de una ciudad tan grande, que sus habitantes habían empezado a vivir cerca de ahí, habían construído casas de madera, que muy seguido el viento terminaba destrozando.
Gore Town, era un lugar horrible, donde los cocodrilos eran los reyes, y a diario, se podía ver a bestia tras bestia haciendo sacrificios o matando a animales solo por diversión, todo lo sangriento era celebrado.
Cris, siendo un romántico, no soportaba vivir ahí, pero en su familia estaba prohibido mudarse antes de casarse, sin importar si eras macho o hembra, así que Cris, a diario y usando un traje camuflaje que había construído con hojas y sangre de las moscas que comía, salía a buscar a la que sería su eterna compañera.

Tuvo citas con bastantes chicas: incluso había probado con ranas, pero nadie parecía comprenderlo, nadie entendía por qué no disfrutaba de los espectáculos de las 12 a.m., cuando los cocodrilos luchaban a muerte, nadie entendía porque no participaba en los combates con sus amigos, o por qué no mataba por diversión, todos lo consideraban un aburrido y anticuado.
Hasta que un día finalmente Cris se cansó, empacó sus cosa en una pequeña mochila que había hecho con una hoja de maíz que encontró en la orilla del pantano, y habló con su familia: todos estuvieron en desacuerdo, si se iba, jamás podría regresar, y muy probablemente muriera de hambre, o peor aún, alguien lo matara en el camino. Pero a Cris no le importaba ninguna de aquellas advertencias, decidido, salió de casa y esperó a Monte, una vieja tortuga que trabajaba como bote de transporte para los sapos.

Cuando Monte lo vió se sorprendió bastante.
-Tú no eres la clase de pasajero que suelo llevar - le dijo.
-¿A qué te refieres?
Monte no respondió, solo le dio una última advertencia antes de partir:
-Mucha suerte amiguito, y agárrate bien.
Para sorpresa de Cris, Monte era bastante veloz, y esquivaba bastante bien a los cocodrilos, serpientes o lagartos que de repente querían atacar. Cris, con su traje de camuflaje se sentía invencible, hasta que, en medio del pantano, y sin ninguna advertencia, Monte paró de golpe, Cris cayó al agua y su camuflaje quedó flotando en la superficie, Cris trató de nadar, pero una garza salió de nada y lo agarró con su pico de una de sus patas. Cris gritó, Monte seguía parado sin decir ni hacer nada.
-¡Ayúdame!, no te quedes ahí- le gritó Cris.
Monte agachó la mirada mientras recibía dinero de la garza.

Cris no lo podía creer. Esa no era la manera en que había planeado su escape de Gore Town. No quería morir tragado por una fea garza maloliente, pero no tenía idea de qué hacer. La garza aún lo tenía sujetado por una pata. Cris miró al cielo, casi como esperando un milagro, había crecido creyendo que merecía un final feliz, vio las nubes y algo en él despertó.
La garza, distraída mientras hablaba con Monte, no esperó el golpe que recibió en el ojo de repente: era Cris, que con su lengua, la golpeaba una y otra vez.
-¡Estúpido sapo! -gritó
Cris aprovechó para zafarse y saltar hasta Monte.
-¡Nada! -le ordenó.
-Pero, ¿qué dices?
-Avanza, ¡ahora!
Monte se asustó con el cambio en el tono de voz de Cris, y no tuvo otra opción más que obedecerlo, nadó tan rápido como pudo, pero la garza corría detrás de ellos a toda velocidad.
-¡Nos va a alcanzar! -gritó Monte.
Y justo cuando la garza empezaba a tomar vuelo y se preparaba para volver a agarrar a Cris, él saltó al agua, la garza se estrelló en el caparazón de Monte y para rematarla, Cris tomó con su lengua una roca bastante grande y con mucho trabajo, la golpeó una y otra vez en la cabeza.

Al día siguiente, Cris despertó sintiéndose bastante cansado. Monte estaba aún durmiendo. Habían avanzado bastante y estaban a la orilla del pantano. Recordó el día anterior, y no pudo creer lo que había hecho: había matado a un animal. Monte se asustó tanto con su comportamiento que se ofreció llevarlo a donde dijera, a cambio de que no lo matara también.
Cris le ordenó que siguiera derecho, pronto saldrían de Gore Town, finalmente sería libre.
Monte despertó un rato después, vio a Cris consiguiendo comida para ambos.
-Eres un sapo valiente -le dijo.
-Solo quiero sobrevivir y salir de Gore Town, quiero encontrar a mi compañera y ser feliz, ese es mi sueño, y haré lo que sea para conseguirlo.

Monte se río.
-Hace algún tiempo yo también tenía un sueño, siempre me pareció descabellado, pero, ¿sabes cómo dicen que si sigues derecho por el pantano y vas hasta el final, llegas al mar?, pues mi sueño es llegar ahí y ver ballenas.
-¿Ballenas? -preguntó Cris
-Son las criaturas más grandes que puedas imaginar, más grandes que todos los animales del pantano juntos.
Monte y Cris siguieron su viaje, pasaron 2 días más juntos, hasta que llegaron a una nueva parte del pantano, no decía el nombre pero no se veían animales al acecho, todos parecían bastante tranquilos, y había sapos por doquier.
-Creo que este es tu lugar -dijo Monte.
Cris abrazó a Monte para despedirlo.

Cris pasó una semana en su nuevo hogar, conoció a hembras bonitas, todas estaban encantadas con él, le decían "el sapo azul", y al igual que él, la mayoría de los animales ahí crecieron viendo películas de Disney, por lo que fue la sensación, y consiguió citas sin parar. Llegaban ranas, hasta serpientes a su casa cada noche para tratar de conquistarlo. 
Cris estaba feliz, no perdía la esperanza de encontrar a su compañera. Cada día tenía una cita diferente, no podía creer lo afortunado que era de haber sobrevivido al ataque de la garza. 
A veces pensaba en Monte y se preguntaba si habría cumplido su sueño de ver ballenas.

Pasó el tiempo. Cris aún vivía en el lugar mágico lleno de hembras que lo acechaban, pero como con todo lo que se prolonga demasiado, Cris terminó aburriéndose. No dejaba de pensar que en su vida, su mayor aventura había sido salir de Gore Town, ahí había sido donde había sentido vivo en verdad.
Veía a los demás viviendo en armonía, en una felicidad que eran puras mentiras, y tenía ganas de escupirle a todos. 
Finalmente, cada día cuando se ocultaba el sol, salía al camino donde Monte lo había dejado con la esperanza de verlo de nuevo. 
Y así pasaron días, y semanas, y meses, y nada. Ni una señal de su antigua vida. 

Era de noche y Cris tenía de nuevo una cita, era una rana de color purpura, delgada y de voz chillona. Estaban comiéndose unos gusanos y hablando de sus vidas.
-Tienes mucho tiempo aquí y aún no eliges a una compañera -le decía ella. 
-Nadie me ha convencido aún. 
-Eres muy exigente Cris.
Cris tomó agua mientras pensaba en lo aburrido que se sentía, y entonces en el cielo miró a un animal que le resultó familiar, el animal también parecía mirar en su dirección, poco a poco se acercaba más y más. 
-¿Ves eso en el cielo? -preguntó Cris a su cita.
-Creo que es una garza y se acerca a toda velocidad.
Preocupada, la rana salió brincando rápidamente. Cris reconoció entonces a la garza, ¿cómo era posible?,si la había matado meses atrás. 

La garza se lanzó a Cris con rápidez, pero Cris, ágilmente se quitó de su camino, y la garza cayó al agua.
-¡Pensé que te había matado hace tiempo! -le gritó Cris
La garza se levantó aturdida y miró a Cris con odio.
-A quien mataste fue a mi padre, y hoy vengo a vengarlo.
-Tú y yo sabemos que no vas a poder vencerme, pero tengo algo que proponerte, y creo que te gustará. 
Cris miró a la garza fijamente mientras sonreía.

Al día siguiente, cuando el sol salió, el pantano estaba completamente teñido de rojo. Cris y la Garza estaban completamente cubiertos de sangre.
-Eso me gustó más de lo que esperaba -dijo Cris -finalmente entiendo a la gente de Gore Town. 
-Y bueno -dijo la garza -¿estás listo para volver a casa y enfrentarte a todos los peligros que te esperan?
Cris sonrío.
-Estoy listo, creo que finalmente tendré mi final feliz.

lunes, 7 de marzo de 2022

Corazón roto en la pista de baile

Llegamos a Saturno casi a las 12, la madrugada era el mejor momento para empezar a bailar. Fuimos a la barra y pedimos cada quién un shot de tequila, que supo muy amargo mientras bajaba por mi garganta. Flinx vio a un chico que automáticamente captó su atención, y cómo no iba a hacerlo, si era tan alto como ella (2.34m), y el color de su piel, de un azul casi llegando al morado, era increíble, sus ojos rojos brillaban con la luz de la pista de baile. Después de un shot más y margaritas, las chicas fueron a la pista. Yo me quedé sentada, aún no me sentía del todo bien, el viaje había sido largo.

Era el último sábado de mayo, habíamos planeado el viaje durante semanas. Flinx había venido de Marte, Barbs de Plutón y yo de la Tierra. Nos habíamos hecho amigas por casualidad en una de esas conferencias a las que asistía por mi trabajo. Y al menos una vez al mes nos reuníamos para bailar en un planeta diferente, esta vez habíamos quedado de visitar Saturno. Nos arreglábamos tanto que tardabamos horas, incluso pintar nuestros labios era la tarea más importante del universo en esas ocasiones.

Las chicas bailaban sin parar, flexionando cada parte de su cuerpo, y al final de cada canción me pedían que me uniera a ellas, pero aún no tenía suficiente energía. Flinx finalmente se acercó al chico que le gustaba y lo invitó a bailar, él dijo que sí con entusiasmo. Dos canciones después y creí estar lista para ir a la pista, pero de repente algo extraño sucedió. Miradas por todos lados, hubo gritos y personas corriendo de un lado a otro, yo no lo noté enseguida, pero en cuanto pude, agarré a Barbs y Flinx de la mano, y corrimos tan rápido como nuestros tacones nos permitieron.

En cuanto estuvimos a salvo, refugiadas debajo de una mesa, Flinx y Barbs comenzaron a reír, reían tanto que parecía que alguien les estaba haciendo cosquillas. Yo no entendía nada, era como si de repente hubiéramos entrado a una dimensión desconocida.
"¿Qué pasó ahí afuera? Creí que íbamos a morir" dije temblando aún.
"A veces olvido que eres de la Tierra" dijo Flinx, y luego me explicó que lo que había sucedido era algo bastante común en los habitantes de Saturno.
"Lo que escuchaste fue el sonido de un corazón rompiéndose".
Yo no podía creerlo. Pero según ellas, los Saturnianos sentían con tanta profundidad, que cuando eran rechazados no tenían posibilidades de sobrevivir; su corazón se rompía en pedazos.
"¿Él está muerto?" pregunté aún confundida.
"Estará muerto hasta que su nuevo corazón crezca lo suficiente" respondió Barbs, de lo más normal mientras salía de la mesa y nos ayudaba a ponernos de pie.

La música comenzó a sonar de nuevo, bebidas iban y venían de mesa en mesa, como cortesía por todo el escándalo.
“Aún tengo muchas preguntas” dije a las chicas mientras se arreglaban sus peinados.
“Tienes que relajarte” contestó Flinx mientras me jalaba a la pista de baile, donde aún había pedazos del corazón de la persona a la que se le había roto. Mientras bailábamos, el personal de limpieza entró con escobas y limpiaron el piso, que después de dos canciones brillaba como nuevo.
Miré a los lados, no lograba entender aún qué había pasado. Quería sentarme pero las chicas no me dejaban ir.
“¿Hay más personas de la Tierra aquí?” pregunté al darme cuenta de que no veía Terrícolas por ningún lado.
“No te preocupes por eso” respondió Barbs mientras me pasaba otra bebida. La pista estaba a reventar, la música sonaba más y más fuerte. Sentí a mi corazón latiendo más deprisa, sentí como todos me miraban, casi esperando algo.

Barbs me puso una de sus manos en la frente. “Ya casi sucede” la oí susurrarle a Flinx. Me sentía mareada, quería dejar de bailar pero no podía, me recargue en la pared, miré alrededor y vi finalmente a otro chico de la Tierra entrar, sentí alivio por un segundo. Hasta que vi como el chico tomaba shots y sus amigos de otros planetas hacían como que los tomaban, pero los tiraban al piso. Mi corazón se sentía más y más acelerado, hasta que finalmente, no resistió más. Lo último que recuerdo es la sonrisa triunfante de Barbs y Flinx, después, cerré los ojos.

lunes, 21 de febrero de 2022

odio a las gaviotas

Era un día nublado, se supone que yo y mi hermana iríamos a la playa, pero parecía que en cualquier momento comenzaría a llover, así que decidimos quedarnos en casa, ella podando las plantas del jardín, con sus tijeras color naranja, y yo, tratando de arreglar el buggy que mi papá me había heredado en mi cumpleaños 18.
Nunca habíamos sido particularmente unidos, yo estaba quedándome en su casa porque apenas acababa de terminar la escuela, y aún no encontraba un trabajo, ella se ofreció y yo dije que sí porque no había una mejor opción.
No es que odiara vivir con ella, no tenía nada en particular de lo que pudiera quejarme, a veces era bastante desordenada, pero en general, su comportamiento relajado me gustaba. Se dedicaba a los bienes raíces, la mayor parte del tiempo no estaba en casa, sino en su coche, manejando a un lado y otro, encontrándose con sus clientes millonarios y mostrándoles casas.
Yo pasaba los días buscando empleos en línea, jugando videojuegos y leyendo novelas que ella tenía en el estante de la sala.

El novio de mi hermana llegó a la casa como a eso de las 3pm, podía oler su aliento a distancia, estaba crudo como cada fin de semana que se aparecía, era sábado y habíamos planeado el viaje a la playa durante unos días: teníamos una casa de campaña grande que compartiríamos, ella había comprado alcohol y botanas, yo había organizado un montón de juegos y me encargaría de la música. Ella nunca mencionó a su novio. Yo lo soportaba, pero no me agradaba en absoluto.
“Creí que ibas a ir a la playa” - le dijo a mi hermana, yo pude escucharlo a pesar de estar a bastantes metros de él.
“Es un viaje con mi hermano” dijo ella.
“No empieces”, dijo él y luego me miró, entró a la casa.
Mi hermana volteó a verme y aunque no dijo palabras, supe lo que su mirada decía.
“Podemos ir a la playa si quieres”, le dije.

Y así, una hora después estábamos en camino a la playa, el novio de mi hermana en el asiento del pasajero, y yo atrás, con mis audífonos puestos.
Llegamos e instalamos la casa de campaña, un trueno sonó a lo lejos, los miré con cara de “se los dije”, el novio de mi hermana se río.
“¿Te asusta la lluvia?”, me dijo. Yo lo ignoré.
Escuchamos música, jugamos juegos, y platicamos mientras mi cuñado bebía todo el alcohol que teníamos, no pude tocar ni una cerveza.

La lluvia llegó antes del anochecer, pero solo por unos minutos, luego se quitó, el cielo se despejó y logramos ver la puesta de sol. A pesar de estar en una playa bastante concurrida, el novio de mi hermana insistía en querer desnudarse y nadar, estaba bastante borracho. Mi hermana se reía incómoda, y yo me hacía el que no lo escuchaba.
Cuando oscureció y apenas distinguimos a las demás personas, finalmente se quitó la ropa y fue a meterse al mar.
Mi hermana fue corriendo a tratar de detenerlo pero fue en vano.

Cuando amaneció, salí de la casita y a unos cuantos metros vi que su novio estaba dormido en la arena, aún desnudo. Volví a entrar a la tienda con cuidado, saqué todas las sobras de comida que teníamos y las puse a su alrededor.
Las gaviotas llegaron sin parar, fueron una tras otra, tratando de agarrar algo de comida, mi cuñado estaba vuelto loco, gritaba tan alto que mi hermana se despertó y también los campistas que estaban a nuestro alrededor, él trataba de cubrir su desnudez y al mismo tiempo alejar a las gaviotas. La comida se había terminado pero las aves no parecían estar saciadas, así que empezaron a ir tras de él. Todos se reían alrededor, unos comenzaron a grabar. 

Hoy el video está en YouTube, se títula, "gaviotas tratan de comerse el pene de un hombre", tiene casi quinientas mil vistas.

Durante todo el camino de regreso a casa, todo lo que mi cuñado fue capaz de decir fue: "odio a las gaviotas".

lunes, 7 de febrero de 2022

La madrugada del 20 de enero

 Era una de esas noches donde estaba aburrida, además, la pandemia no ayudaba. Había pasado ya tres semanas encerrada en mi pequeño departamento a las afueras de la ciudad, y mi única compañía era mi gato, Latte, quien a veces se escapaba por la ventana, en busca de las aventuras que yo no podía tener. 

Estaba aburrida, repito, y a mi celular no llegaba ni un mensaje, ya había acabado todas las series que me interesaban en netflix y ver una película me resultaba tan tedioso que preferiría dormir por una semana entera. 

Y entonces se me ocurrió.  

La. Más. Genial. Idea.

Bajé Bumble, porque ya no tenía paciencia para lidiar con la gente en Tinder, no quería ni podía tener aventuras de una noche, y quería probar algo nuevo. Había estado soltera por más de un año, luego de vivir con mi ex durante dos años y tener una relación bastante tóxica, aún no estaba lista para adentrarme al mundo de la monogamia, pero quería intentar algo nuevo, algo que le diera emoción a mi vida, además de mis visitas semanales al supermercado. 

Bumble me ofreció una prueba gratis donde podía "viajar" alrededor del mundo y conocer personas, no lo pensé dos veces y acepté. Mi perfil era bastante básico, según yo: una foto de mi cara, sin filtros, una foto de cuerpo completo, vistiendo casual, una más elegante, en una boda, y una en un viaje que hice a San Miguel. Listo, no recuerdo al 100% mi bio, pero decía algo como "Hola soy Paula, no busco nada serio, quiero conocer gente. Sí: amantes de los gatos, foodies y nerds de las computadoras. No: obsesionados con el gym y sí mismos, adictos al reggaetón y al café".

Sentía que estaba viajando por el mundo, de verdad. Rusia, Panamá, España, ¡hasta China!, hombres de todos los colores y tamaños, un catalogo mundial. El internet es el universo y yo estaba ahí para recorrerlo con clics. Me divertí mucho, hablé con uno, dos, tres chicos a la vez, pero siempre me aburría, llega un punto en el que la conversación muere y entonces Chau, vamos a ignorarnos mutuamente por la eternidad. Estaba a punto de acabarse mi mes de prueba, tendría que volver a conformarme con un montón de locales, y no quería eso, yo quería seguir probando con los hombres internacionales, agregar sellos a mi pasaporte. Quería desaburrirme. 

Un día antes de eliminar la aplicación empecé a hablar con Andrés. 27 años. Ingeniero en mecatronica. Español pero viviendo en Portugal. Guapisímo. Alto. Nerd hasta los huesos. Le mandé la foto obligatoria a mis amigas para que dieran el visto bueno, como si fuera posible tener una cita con el tipo, como si fuera a conocerlo, me estaba riendo a cada segundo con sus comentarios. "Esta guapisímo, tienes que ir a visitarlo o que él venga, ya amiga, ahí es, te nos vas a Europa". 

Pasamos 4 meses hablando.

Hasta que empecé a hablar con alguien más. Alguien a quien conocí por medio de mis compañeros de trabajo, y ahora que las cosas parecía volver a la normalidad, ya podía salir más de casa, ya no estaba aburrida. Ya sentía que mi vida volvía a parecerse a lo que antes era, y ahí, Andrés no tenía lugar. Así que se lo dije, y él entendió. Después de 4 meses de hablar cada día, de un sinfín de fotos, videos y videollamadas compartidas, se sintió como un rompimiento, como si mi yo de la cuarentena resintiera a la nueva yo por volver a ser quien era. Pero ahí estaba, con el mundo real que ofrecía una relación como posibilidad, y Andrés, que residía en el mundo del internet, se quedaba afuera, lejísimos y yo no podía hacer nada para salvarlo y traerlo de vuelta a mi día a día. 

Duré 1 año sin hablar con Andrés.

Y fui feliz, compartiendo mi vida con amigos, familia y en una relación donde podía hacer muchas cosas, donde descubrí que me gustaba la nieve y el frío, los gatos y las montañas. Hasta que acabó, me quedé sin trabajo y buscando por ahí, oh, destino, oh casualidad, hay una vacante en Portugal. Escuché a Walk the Moon por un día entero, en repetición, hasta que me armé de valor y envié mi currículum. 

Volví a enviarle un mensaje a Andres cuando me dieron el trabajo. 

Él no me respondió y lo interpreté como que había vuelto al mundo real también. Compré mi vuelo, vendí muebles y ropa, ahorré por 3 meses. Y el 18 de enero tenía todo listo para irme. Mi vuelo era directo, llegaba a España y de ahí tomaría un tren a Portugal. 

Andrés me mandó un mensaje el 19 de enero. 

Estaba por abordar mi vuelo. No podría creerlo, el celular se me cayó de las manos y todos me miraron como si fuera la idiota más grande del mundo, lo que no sabían, es que me sentía la chica más suertuda del mundo en ese instante. Andrés me había respondido, estaba soltero aún, en Portugal, hablamos en lo que mi vuelo despegaba. Lo último que supe antes de quedarme dormida en el asiento 3B, es que despertaría en otro país, a un tren de distancia de una nueva vida.

Es el 20 de enero, son las 3:33am.

Salgo del tren que va de Madrid a Lisboa. Han sido horas durmiendo y despertando, entre sueños veo la cara de Andrés. A veces la veo al otro lado de la ventana, como un poema de amor que me acompaña en el viaje. Estoy borracha, o quizá estúpida. No lo sé. Pero cuando pongo un pie afuera del tren, luego el otro, camino unos 10 pasos y ahí está. Viste una camisa blanca, pantalones de mezclilla y tenis negros. Sonríe y me dice hola con una sonrisa. 

Conozco a Andrés.

Pasamos de Blumble, del internet, del mundo de fantasías y promesas, al mundo real, y me sorprende lo rápido que nos adaptamos al otro. En 3 meses me mudo a su casa. En 10 meses viajamos a México para que conozca a mi familia y a mis amigas que no pueden parar de decirle cómo ellas sabían que terminaríamos juntos. Me recuerdo en mi casa, con mi gato que ahora vive en casa de mi abuela, aburrida, descargando una aplicación de citas. Y luego vuelvo al presente. 

Sonrío.

jueves, 23 de septiembre de 2021

ghost town

Sally se despertó un día sin reconocer dónde se encontraba. Se asustó mucho, todo parecía bastante normal, excepto que ella podía notar que no era así: las paredes de su cuarto parecían más oscuras, sus cobijas, ahora eran blancas, y si bien su memoria le fallaba de repente, ella sabía que debían ser rojas. 
Estiró las manos y casi lanzó un grito, pero se alcanzó a tapar la boca y solamente se escuchó un chillido parecido a un animal siendo pisado de repente. Lentamente se quitó las manos de la boca y las observó: blancas, casi transparentes. 
Se levantó de la cama y fue corriendo al baño, encendió la luz y sí, justo como lo había pensado: el reflejo le regresaba la imagen de una chica igual a ella, pero completamente pálida, blanca como la nieve y su cabello, antes rojo como la sangre, ahora también estaba pálido, casi rosa, sin chiste ni color.
"¿Qué rayos está pasando?" 
Se vio por primera vez, vestida con una túnica blanca, descalza. ¿Dónde estaba?, sabía que era su cuarto, pero también sabía que realmente no lo era. Buscó señales de que aquello fuera solamente un sueño, pero cuando se pellizcó la mejilla izquierda, sintió un pinchazo doloroso, y cuando golpeó el dedo chiquito del pie en la esquina de la cama, saltó del dolor. 
"Esto no es un sueño" murmuró, "pero entonces, ¿qué pasa?"
Buscó su celular por todo su cuarto pero no lo encontró cargando, ni debajo de la almohada, ni en la mesita de al lado, ni debajo de la cama. Nada. Salió de la habitación con miedo de encontrar algo aún más extraño, pero en vez de eso, solo vio su casa vacía, tocó la puerta de la habitación de su hermana Oddette, pero nadie respondió. No sabía qué hora era pero sabía que no podía ser tan tarde. 
"Tengo que encontrar respuestas en algún lado"
Pero nada, por más que buscó, su hermana no estaba en la casa, y sin su celular, no tenía manera de contactar a nadie. Sabía que solamente quedaba una opción: salir a la calle. Pero quería evitarlo a toda costa.
Regresó a su cuarto y rápidamente buscó ropa, y para su sorpresa, su clóset estaba vacío así como su canasta de ropa sucia.
"bueno, todo el mundo me verá raro de cualquier manera, no creo que salir con una bata blanca y descalza haga la diferencia"
Salió de nuevo a la sala, y abrió lentamente la puerta principal. Lo que vio la dejó sin aliento, con la boca abierta de par en par: todo el mundo lucía exactamente como ella: todos pálidos, las mujeres con vestidos blancos, los hombres con túnicas. 
Una chica se le acercó al verla tan sorprendida.
-¿Nueva?
Sally la miró y ninguna palabra salió de su boca, a pesar de que estaba llena de dudas.
-Tranquila, te acostumbrarás pronto -le aseguró la chica.
-¿Dónde estamos?
La chica no dijo nada, pero señaló un gran letrero a unos 10 metros, en él se leía: GHOST TOWN, y en letras más pequeñas Población: 10 mil y contando.

-
Continuará...

lunes, 20 de septiembre de 2021

Lo recuerdo ahora

 Julia ha estado en cama durante el fin de semana, solo se ha levantado cuando tiene que ir al baño. Su estómago le suplica por comida pero ella se rehúsa a hacerle caso, ha estado durmiendo, cuando su cuerpo no puede dormir más recurre a pastillas. Es domingo por la tarde, han pasado más de 20 horas, Julia se despierta de nuevo y toma su celular de la mesita de al lado, tiene 1% de batería así que lo conecta a la corriente y luego cierra los ojos. 

*

Dos días antes, el viernes por la tarde, se reunió con José en el café donde se conocieron, él estaba sentado en una de las mesas del fondo, vestía un traje negro, "demasiado formal", pensó Julia, y luego se vio en un pequeño espejo mientras caminaba, traía un vestido rosa palo que le llegaba hasta las rodillas, botas negras y el cabello, agarrado en una coleta baja. "¿Por qué José está vestido así?", se preguntaba una y otra vez. Él la vio y se paró casi instantáneamente. 

-¿Cómo estás? -mientras abrazaba su cuerpo con sus manos y la besaba en el cuello, dulcemente.

-¿Qué pasa? -mientras señalaba su atuendo.

José lanzó una risita apenas audible y luego se sentó. Julia también se sentó. La mesera les tomó la orden y el silencio reinó por unos minutos.

-¿Vas a explicarme?

José dijo que sí con la mano. Luego se acercó a ella y  la besó, apenas rosándole los labios. 

-Me estás preocupando José, estás muy raro.

La mesera llegó con dos cafés y un pequeño pie de limón. Julia miró a José confundida.

-Nosotros no ordenamos nada de comer.

José se encogió de hombros y le dio un largo trago a su café. Suspiró. 

-¿Vas a comer? -le preguntó a Julia y ella no respondió, pero tomó una pequeña cuchara y partió el pie por la mitad. José contuvo el aliento mientras lo hacía. Julia comprendió todo cuando sintió algo duro en medio del pie. 

-¡José! -gritó, llamando la atención de todos en el café. La mesera se asomó curiosa para ver la reacción. Julia se cubrió la cara con ambas manos y comenzó a llorar. José sonrió ampliamente. Tomó el anillo escondido en el pie y lo limpió con una servilleta, y justo cuando estaba a punto de arrodillarse a su lado, Julia lo detuvo con un gesto. -José, no entiendes. No me puedo casar contigo.

El corazón de José se detuvo por un instante. ¿Había escuchado bien?

-Pero, ¿qué dices?

-José, no me puedo casar, lo siento, esto...lo siento, todos los están viendo, me siento ridícula.

José tomó el resto de su café mientras observaba fijamente a Julia. Alzó las cejas, esperando una explicación.

-Si te sientes ridícula, imagina cómo me siento yo. Julia, no lo entiendo, hemos estado juntos por 4 años, casi vivimos juntos, te he apoyado en todas tus decisiones. Creí que esto era el paso siguiente, no lo entiendo. Explícame por qué no te puedes casar conmigo.

*

Julia abre los ojos de nuevo, tiene lágrimas secas. El teléfono comienza a sonar, es José. Julia suspira y contesta en altavoz.

-¿Estás bien? -pregunta él.

-José, lo siento, no sé cómo puedes seguir hablándome. 

Tras una larga pausa, José suspira y luego vuelve  a hablar.

-¿Sabes qué he estado haciendo estos dos días?, he estado vuelto loco, pensando en qué momento no me di cuenta, si nos pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, dormías en mi casa o yo en la tuya, y aún así, fuiste capaz de ver a alguien más. Al principio todo estaba borroso, solo lograba recordar las cosas lindas que habíamos vivido juntos. 4 años a la basura, me repetía una y otra vez. Pero después de horas y horas, logré recordar. Julia, lo recuerdo todo ahora: el día en que te enfermaste de repente, cuando te ibas a casa de tu mamá y te llamaba y contestabas hasta tarde, los mensajes que contestabas cuidando que yo no viera, tu celular en el baño, las veces que decías estar cansada y los pretextos que usabas para no hacer el amor. Todo era por él, ¿no es así?

-José, yo...

-No digas nada Julia, esta es la última vez que te llamo. Solo quería saber que estabas bien. No sé cómo no pude darme cuenta, ¿sabes?, supongo que estaba locamente enamorado de ti, mientras tanto tú salías con alguien más. Qué idiota, soy el mayor idiota del mundo, y lo peor es que estas cosas pasan todos los días, ¿no?, ¿por qué no pudiste solo decir que sí?, ¿por qué no te casaste conmigo y lo dejaste todo atrás?, ¿estás enamorada de ese imbécil?

-José...

-Sabes qué, no me respondas, claro que estás enamorada de él, sino porque ibas a confesar. Quiero recordar por qué me enamoré de ti pero ya no puedo. Ahora solo recuerdo cómo me engañaste de las formas más simples. 

-Lo siento.

José cuelga y Julia cierra los ojos mientras las lágrimas caen. Estira la mano y toma el bote de pastillas para dormir, se toma dos y espera a que el sueño llegue, en algún momento, tiene que llegar. 

jueves, 12 de agosto de 2021

La oficina de los sueños

 Mar espera en un sillón color verde olivo, junto a ella está su mamá, que la toma de la mano mientras le dice:
-¿Estás nerviosa?
Mar asiente con la cabeza, apenas acaba de cumplir 8 años y está a punto de entrar a la oficina de la que tanto le han hablado desde que tiene memoria. 
-¿Mamá? - dice en voz bajita
-¿Sí?
-¿Cómo es soñar lo que quieres siempre?
Su mamá sonríe mientras dice:
-Si te soy honesta, la verdad es que la mayoría de las veces no elijo nada, sino que elijo soñar en automático.
Mar la ve con desaprobación, está a punto de decir algo pero la secretaria llama su nombre.
-Es hora de pasar -dice mamá mientras se para del sillón, Mar la sigue en silencio mientras cruzan la puerta blanca de la oficina. 


Dentro, hay plantas por doquier y un gran escritorio de madera donde está sentada una doctora del sueño, en su bata se puede leer el nombre Dra. Dalia. Se para cuando ve llegar a Mar y su mamá.
-Bienvenidas a la oficina de los sueños - checa sus notas -¿Mar?, veo que acabas de cumplir 8 años, ¿cómo te sientes?, ¿estás emocionada por poder elegir tus sueños?
Todas se sientan en pequeñas sillas de madera.
-Lo estaba hasta hace poco -contesta Mar con decepción.
-¿Qué pasó?
-Mamá dice que ella ya no elige sus sueños, que solo sueña en automático, ¿puede creer eso?
La doctora sonríe, Mamá está a punto de decir algo pero la doctora hace un gesto con la mano para indicarle que no pasa nada.
-Mar, lo creas o no, la mayoría de las personas sueña en automático a pesar de que pueden elegir.
-Entonces, ¿por qué tenemos que pasar por esto?
-Mar -empieza Mamá -ya hablamos de esto por mucho tiempo, vamos a hacerlo, ¿ok?
-Es que no entiendo mamá, ¿por qué hacerlo si acabaré soñando en automático.
La doctora suspira mientras checa su celular, parece estar acostumbrada a las discusiones entre padres e hijos. 
-Doctora -dice Mar después de un rato -¿Duele mucho?
-El procedimiento es indoloro, aunque cuesta un poquito acostumbrarse, pero verás que todo estará bien, además es muy rápido, en menos de 10 minutos estarás fuera de aquí.


Mar se acuesta en una camilla, su mamá se para a su lado y la toma de la mano, la doctora le coloca una mascarilla de oxígeno mientras cuenta:
-uno...dos...tres...cuatro...cinco...seis
Y Mar duerme. 
La doctora saca una pequeña caja donde se lee "sueños", la abre y saca un pequeño chip de ella, lo coloca en la parte de atrás del cuello de Mar y presiona fuertemente. 
-Vamos a esperar cinco minutos y estará listo -dice la doctora.
Mamá la mira con curiosidad y luego pregunta:
-Doctora, ¿usted sueña en automático?
La doctora sonríe mientras toma asiento en una de las sillas al lado de la camilla, mira su reloj, Mamá también toma asiento y no deja de sujetar la mano de Mar. Ambas observan a Mar, sus ojos comienzan a moverse aunque permanecen cerrados.
-Ahora está empezando -dice la doctora.


Para Mar todo se torna negro de repente, siente pánico, no puede ver nada, hasta que de repente hay una pequeña luz que se hace más y más grande, y pronto puede distinguir formas y colores. Está en un lugar blanco, completamente blanco, está de pie frente aun cubículo y de repente aparece una mujer en él: es delgada, alta, rubia y tiene lipstick rojo.
-¿Hola? -dice Mar confundida.
-Hola Mar, soy Sally, tu agente del sueño, mucho gusto -y le sonríe. Mar sonríe de vuelta, está confundida. -No te preocupes, la primera vez es confusa para todos, pero te voy a ayudar y te acostumbrarás. -Mar asiente con la cabeza y Sally continúa - A partir de ahora, cuando te duermas vas a pasar primero por esta oficina, una vez que me veas, sabrás que estás dormida, y aquí es donde se pone divertido: tendrás dos opciones, la primera es soñar en automático, si quieres eso, solo tienes que apretar el botón rojo delante de ti -Mar mira un pequeño botón rojo - y yo generaré un sueño para ti, nada en especial, la otra opción es un sueño personalizado, si quieres eso, solo tienes que presionar el botón verde y te entregaré una hoja donde vas a llenar todos los datos sobre el sueño que quieres tener. ¿Tienes alguna pregunta Mar?
Mar se talla la cabeza con ambas manos, tiene demasiadas preguntas.
-Entiendo Mar - contunúa Sally - la primera vez puede ser algo abrumante, pero, vamos a probar la opción de que generes tu sueño, ¿te parece? -Mar dice que sí y sonríe -Ahora, solo aprieta el botón verde.
Mar pone su dedo sobre el botón y presiona lentamente. Sally le entrega una hoja donde se lee "descripción de sueño personalizado".


Mar ve la hoja con asombro: pensaba que sería algo complicadisímo con mil opciones, pero en vez de eso, es una hoja con por lo menos 100 renglones donde el primero dice: "describe tu sueño". Mira alrededor y toma la pluma que está delante de ella, empieza a escribir: "quiero estar en una alberca llena de chocolate, que pueda tomarme todo el chocolate que quiera sin sentirme llena", sonríe y se la entrega a Sally. 
-¿Lista? -dice Sally mientras abre un cajón y pone la hoja de Mar. -¡Felices sueños!
Y luego todo se pone negro de nuevo.


Mar se despierta y ve que está en la oficina de los sueños, a su lado está Mamá y al otro lado la doctora.
-¿Y?, ¿qué tal estuvo? -pregunta Mamá.
Mar sonríe, no puede creer lo que acaba de pasar.
-¿Puedo volver a dormir? -le pregunta a la doctora.
La doctora sonríe.
-Es normal que la primera semana quiera estar durmiendo más de lo normal -de dice a mamá- por eso voy  a darle unas pastillas que van a evitar que le de sueño.
-¡Acabo de tener la experiencia más maravillosa de mi vida y ustedes me van a prohibirme soñar ahora!
-Es una medida de prevención Mar, pero cada noche podrás volver a soñar, no lo olvides.
Mar sonríe sarcásticamente, se para y se toca atrás del cuello, hace una mueca de dolor al tocar donde la doctora colocó el chip.
-Es normal que sientas molestias el primer mes, pero te acostumbrarás. 


Por la noche, ya en casa, Mar se apresura a terminar su cena.
-Alguien está emocionada por ir a dormir -dice mamá.
Mar sonríe.
-¿Puedo irme ya?
Mamá dice que sí, Mar se acuesta en su cama y cierra los ojos, piensa en como mamá prefiere soñar en automático y no puede entenderlo. Cierra los ojos con más fuerza hasta que todo se pone negro, luego una luz aparece y ahí está el cubículo y Sally la saluda:
-¡Mar!, bienvenida de nuevo, ¿hoy...?
Mar no deja que termine de hablar, sino que presiona el botón verde con fuerzas y sonríe. 

lunes, 2 de agosto de 2021

Y, ¿de quién es la culpa?

I

Alice es pelirroja, tiene 34 años, le gusta vestir casual para no aparentar que tiene dinero, hoy se puso unos jeans y una camisa blanca, tomó un avión y está afuera de su casa, está pintada de amarillo y tiene un jardín grande y lleno de rosas de todos los colores, se para en la puerta grande de metal y mira a los lados, suspira antes de tocar el timbre, su respiración se agita mientras espera, pero pasan más de 5 minutos y nadie abre, así que saca una pequeña llave de su bolsa y entra con pasos lentos. 
En el cuarto principal está su esposo, Carson, sentado al borde de la cama king size y envuelto en una toalla verde. 
"¿Has estado llorando?" dice Alice mientras entra y se sienta a su lado.
"Cállate por favor" responde Carson secamente. Se quita la toalla y revela cortes en ambos brazos, la piel está roja, con cicatrices apenas formándose. 


II

Alice y Carson están sentados en el pasto del jardín, él ahora viste ropa casual y un suéter naranja.
"¿Qué hiciste mientras no estuve?" pregunta Alice. Carson se encoge de hombros, su mirada está completamente vacía, pérdida. 
"Estoy bien" dice.
"Escucha, Carson..."dice Alice pero es incapaz de continuar, ambos se miran por un segundo a los ojos pero no sostienen la mirada. 
"¿Qué hiciste tú?" dice Carson después de un rato.
Alice no dice nada pero piensa en los encuentros que tuvo con su amante, encuentros en varios moteles de la ciudad, tomados de la mano y caminando como si fueran novios, tomando café y comiendo pasta y vino. 

III

Ambos están ahora en el baño, Alice toma algodón y alcohol mientras Carson está sentado frente al lavabo.
"¿Dolerá?" pregunta y ella dice que sí con la cabeza. 
"Quiero divorciarme" responde, y Carson lleva la cabeza a las rodillas, "lo sabes desde hace meses y has estado ignorándome" continúa Alice, "quiero el divorcio Carson, estoy llena de odio hacia ti, no quiero seguir así" y diciendo esto, pone el algodón en las heridas.
Carson dice que sí mientras rápidamente saca un cuchillo pequeño del cajón abajo del lavabo y lo lleva hasta su brazo izquierdo, hace un corte profundo en la muñeca, la sangre sale, Alice quiere gritar pero su garganta está seca, no puede hacer nada, solo se lleva las manos al cuello. 
Un rato después, más calmada, va hasta el cuarto principal, toma su celular y marca un número.

IV

Un hombre joven entra a la casa amarilla, se ve emocionado, casi brinca de emoción, Alice lo recibe en la sala y lo besa con pasión.
"Me alegra que pudieras venir tan pronto, ven al cuarto" y lo toma de la mano mientras lo guía por la casa. 
"No puedo creer que estemos aquí" dice él, "¿dónde dijiste que está tu marido?"
"Salió de viaje, negocios"
Él no puede esperar para besarla y arrancarle la ropa, pero ella lo detiene con un gesto. 
"¿Puedes esperar un momento?, hay algo que tengo que hacer, será rápido, puedes irte quitando la ropa" y sonriendo, sale de la habitación, va hasta la calle, donde saca su celular y marca un número, mientras espera a que alguien conteste, saca un cigarro y lo enciende. 

V
La policía entra con rapidez a la casa, Alice llora y grita diciendo "¿cómo pudiste hacer esto?", mientras los agentes toman a su amante y lo esposan, él la mira con confusión, ella no deja de llorar, pero por un segundo y mientras lo mira, sonríe fugazmente. Se encoge de hombros y le dice "esto es tu culpa, después de todo, esta es tu culpa", y se hace a un lado, mientras él grita "soy inocente, yo no hice nada", y Alice responde casi en un susurro, "pero es que si la tienes, sí la tienes y te odio por hacerme esto" y saca otro cigarro de la cajetilla. 

martes, 27 de abril de 2021

Esa Noche

 Ella va a casa después de un largo día en el trabajo, ella se sienta en el sofá verde y grande, que se amolda a su cuerpo y la hace sentir como en los brazos de mamá, brazos que no ha sentido por años. Piensa en qué hará, apenas y son las 7pm, el sol brilla afuera, el mundo sigue girando en medio de un montón de estrellas, escucha a los niños jugando afuera, un grito, un poco de llanto, dos niñas brincando, y ella ahí, en el mismo lugar donde todo empezó meses antes.

Juan no le gustaba al principio, Juan parecía todo menos el tipo de hombre que ella quería, pero poco a poco se fue enamorando, primero juntos haciendo las tareas de la universidad, luego quedando para ir al cine y finalmente besándose en ese sofá que mantenía tantos secretos en su interior.

Miró de nuevo el mensaje en su celular, “¿Vienes hoy?”, enviado a las 12pm, justo después de su clase, Juan estaba a unos metros de ella, estaba tomando otra clase, sabía que saldría a las 3 de la universidad y luego iría a trabajar, pero su rutina era verse cada día después del trabajo, ver una serie, una película, hacer el amor, leer el capítulo de un libro antes de dormir, hacer el amor otra vez, quizás, una cena barata, y dormir en sus brazos. Estaba acostumbrada a esa rutina que habían creado juntos durante casi un año, y de repente, no había respuestas. Juan no era así, algo había cambiado, ella lo sabía. Supo casi instantáneamente que Juan iba a dejarla, que las noches a su lado ya no eran tan felices como antes, “no quiero ser como esas parejas que se quedan juntas y son miserables”, le había dicho un día de otoño y quizá solo estaba cumpliendo su promesa.

Miró de nuevo por la ventana, quizá habían pasado solo 5 minutos pero le pareció una eternidad. La notificación la tomó por sorpresa y el mensaje le dio un pinchazo en el corazón, que duró tan solo una fracción de segundo, pero dolió como mil años. “No puedo hacer esto, ya no soy feliz”

Ella cerró los ojos, se imaginó cómo hubieran sido las cosas si hubieran funcionado, si de alguna manera el destino hubiera sido bueno con ella y le hubiera dado lo que quería: a Juan por toda la vida. “Pero a veces la vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” pensó. Y entonces la vio entrar en la habitación, con su vestido blanco y casi transparente, con sus piernas largas como la noche y sus ojos hundidos y grandes como aceitunas. Sonrió cuando la vio y ella sonrió de vuelta “mi eterna compañera”, le dijo y ella respondió diciendo “estaba esperando a que Juan se fuera, pero siempre he estado contigo”. Le abrió los brazos y la invitó a sentarse con ella en el gran sillón verde, cuando la tuvo en sus brazos no pudo hacer más que llorar. 

“Siempre estaré aquí para ti” le dijo la Soledad, y ella agradeció en silencio. Juan se había ido, pero Soledad había llegado justo a tiempo para consolarla.

lunes, 19 de octubre de 2020

La camisa

 Es un domingo por la mañana, me despierto a las 11:23 am, y siento que es tardísimo, acostumbro a levantarme más tardar a las 7am. "Pero es domingo", me recuerdo, y cierro los ojos un rato más, pero luego, siento algo rozando levemente mi espalda, me volteó y quiero gritar pero el grito se queda en mi garganta. "¿Qué hiciste anoche y cómo llegaste hasta aquí?", me pregunto casi automáticamente, reviso debajo de la sábana para ver si llevo ropa y doy un suspiro al darme cuenta de que traigo todo excepto mi blusa. Hago memoria: ¿qué pasó?, nada, lo último que recuerdo fue haberme puesto labial rojo antes de salir de casa. "¡Una cita!", grita mi mente, "el hombre que está dormido a tu lado es el hombre con el que saliste anoche", me volteo lentamente para verlo, me siento como una adolescente que no quiere ser descubierta saliendo de casa a altas horas de la noche, cierro los ojos, y los abro de una: "¡wow!", me digo a mí misma, "aún tienes buen gusto", ahora, "¿cómo vas a salir de aquí?, ¿dónde está tu blusa?", trato de recordar cuál es la que llevaba puesta, pero de nuevo una nube negra se posa en mis recuerdos y no logro ver nada. 
Mi cerebro me recuerda de repente que ya es tarde, que estoy hambrienta y debo llegar a casa. Pero, ¿dónde rayos estoy?, me paro lentamente, con cuidado de hacer el menor ruido y trato de imitar los movimientos de un nija, me doy risa, pero me aguanto las ganas de soltar una carcajada. ¿Qué dirán mis amigos cuando los cuente que seguramente me quedé dormida al lado del hombre más hermoso con el que he salido en los últimos 3 meses?, seguro se reirán. 
Busco el baño y lo encuentro rápidamente: la puesta estaba abierta y había ropa tirada por todos lados, pero ni rastros de mi blusa. Voy lentamente hacia el espejo, casi temo que la imagen que se refleje ahí termine por asustarme, pero para mi sorpresa luzco bastante bien: mi pelo un poco alborotado, mis ojos con el mínimo rastro de que anoche había maquillaje en ellos, mis ojeras resaltando un poco más, y mi boca reseca. Me lavo la cara, por un segundo olvido que esta no es mi casa. ¿Qué debo hacer? Evalúo mis opciones:
a) Despertar al hombre para tener una conversación un tanto incómoda, ¿me invitará un café?, ¿querrá que tengamos sexo matutino?, ¿estoy lista?
b) Buscar mi blusa y correr el riesgo de que el hombre se despierte.
c) ¿Hay alguna otra opción?, ¿irme a casa en brassier?
El estómago me ruge como recordándome que tengo que comer algo y pronto, o corro el riesgo de que la cruda llegue y se instale por completo. Me asomó a la cama con temor, pero el hombre sigue profundamente dormido. ¿Qué hago? Quiero irme ya, voy hacía la cama y veo mi bolsa tirada, todo está intacto: llaves, maquillaje, cartera, pasadores, pero mi blusa, ¡¿dónde rayos quedó?!, ¿habrá alguna posibilidad de que la haya dejado en algún lugar fuera de esta casa?, no tengo ni idea pero me estoy quedando sin tiempo. Vuelvo a mirar al hombre dormido, es tan hermoso que me duele el corazón, porque no tengo ni el menor recuerdo de quién rayos es y dónde lo conocí ni cómo llegué a su cama. Hago algo que no se me había ocurrido pero que en el instante se sintió como lo correcto, corro en silencio (o lo intento) al closet (o intento de), que más bien es un palo colgando en medio de dos paredes y agarro la primera camisa que veo: es azul con rayas blancas, la desabotono y me la pongo, me queda gigante. Tomo mi bolsa y voy hacia la puerta, no se me había ocurrido, pero, ¿y si la puerta está cerrada con llave?, ¿cómo voy a salir entonces?, ¡mierda!
Pero alegremente descubro que la puerta no tiene llave, así que la abro sintiéndome como una criminal y gracias al cielo no rechina y despierta al hombre, me doy la vuelta rápido y compruebo que él sigue durmiendo, sonrío y salgo a la calle con mi nueva camisa, donde un nuevo día me espera.