Un día me desperté y me había convertido en la persona que siempre deseé ser. No sé cómo pasó, no sé qué comí o tomé el día anterior, no sé si alguna bruja me hizo algún hechizo o si aventé una moneda sin querer a alguna fuente de los deseos. Lo que sé es que un día estaba durmiendo en mi cama habitual y al siguiente estaba en una casa desconocida con un hombre desconocido a mi lado y su mano arropándome el cuerpo.
No grité, ni siquiera me alarmé un poquito; fue como si mi cuerpo supiera que aquello estaba bien.
Por alguna extraña razón las alarmas que usualmente acompañaban a mis entrañas no se inmutaron, ni un sonidito hicieron.
Me levanté con cuidado y fui al cuarto siguiente, que supuse era el baño y estuve en lo correcto. Me miré en el espejo y me vi cómo siempre me había visto en mis fantasías, soñando despierta. Con una frente sin arrugas, unas mejillas sin marcas de acné, un pelo sin frizz, el abdomen marcado, la piel reluciente.
Miré alrededor y el baño era también cómo siempre había imaginado que sería si mi vida fuera como mis pines de Pinterest.
Pasé al siguiente cuarto y casi lloré al ver una biblioteca con todos mis libros favoritos y los que siempre quise tener. Un escritorio gigante de madera donde tenía una laptop abierta y al echarle una mirada comprobé que era mía, que estaba trabajando en una novela.
Fue entonces que oí mi nombre desde la habitación principal, era aquel hombre que dormía a mi lado. Me dijo "ven aquí" mientras sonreía. Era igualito a Josh Whitehouse, mi crush de toda la vida.
No me cuestioné si estaba soñando o no, si era una fantasía por todas las drogas que había consumido durante el transcurso de mi existencia, si quizá estaba en un coma profundo o si ya estaba en algún otro plano de existencia.
Solo sé que me metí en esa cama y fui la persona más feliz del universo.
Pasé el día preguntándome cuándo se acabaría el hechizo, cuando se rompería algo a mi alrededor y todo temblaría hasta desvanecerse. Fui a comer a mi restaurante favorito, fui a la playa y nadé sin miedo, fui a caminar con una sonrisa en el rostro y saludé a todos. En la noche, antes de regresar a casa fui a cenar con amigos y comprobé que todos parecían normales, nadie dijo nada de mi nueva apariencia, nadie se mostró preocupado por mí. Jalé a mi mejor amigo a un lado para hablar y le pregunté "¿esta es mi vida?" y él solo me miró raro, "¿estás bien?", le conté que era mi primer día viviendo esta nueva vida, "pues disfruta" me respondió. Suspiré, no sabía qué hacer.
Había sido el día perfecto y quizá mañana se acabaría la ilusión. No lo sabía, lo quería averiguarlo, no quería olvidar ni volver al pasado. Y nada de eso importaba ya. Estaba bien con volver a la realidad después de ver cómo podría ser mi vida perfecta, estaba bien con quedarme ahí también. Quizá estaba muerta ya y aquello solo era el cielo o el infierno.
A las 12am y después de algunas copas de vino volví a casa, atravecé la puerta y no miré atrás

1 comentario:
AY QUÉ BONITO CARAJO, a la otra no pregunte si es su vida o no, nomás vibre comagre, viva como si fuera el último día, ya si en realidad era el infierno disfrazado ¿Quién nos quita lo bailado?.
Publicar un comentario