Son los pequeños cambios casi imperceptibles:
Una hoja cayendo un poco más lento, el susurro del viento cambiando de dirección, el sol yéndose a dormir más temprano.
Un día los árboles se cansaron de verse siempre iguales: querian un cambio, renovación absoluta. Así que le pidieron a sus amigas las hormigas que les ayudaran y que justo cuando sintieran el tiempo cambiar, justo antes del temido invierno, recolectaran sus hojas hasta dejarlos completamente en las ramas.
Las hormigas se emocionaron demasiado, ¡por fin tendrían suficiente alimento para pasar los fríos de diciembre!
Y los árboles también bailaron de un lado a otro para ayudarles a sacudirse las hojas.
Es así que cada otoño las hormigas suben a los árboles y hacen su arduo trabajo.
Para nosotros, empieza con un árbol perdiendo una, dos hojas, no nos damos cuenta de la gran labor que está ocurriendo en el pequeño universo de las hormiguitas.
Para nosotros, solo es un cambio más de estación.
Pero cada cosa pequeñita cuenta, y el otoño siempre nos lo hace saber.

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