domingo, 1 de diciembre de 2013

Odio a las gaviotas

Odio a las gaviotas y odio estar enferma, odio quemarme el dedo en la tostadora y odio las pulgas, odio caerme, odio el pasto en mis rodillas, odio quitarme las costras demasiado pronto, odio tener dolor de muelas, odio las ironías, odio todos los errores que cometo, odio a los bastardos ignorantes y odio el esnobismo, odio a quien si yo estuviera de mesera no me hablara.

Pero tengo un amigo, con el cual me gusta pasar cualquier momento.

Me gusta dormir en tu cama, me gusta saber lo que pasa por tu cabeza, me gustan tus ideas y me gusta cuando tu mano toma la mía, me gusta la pizza en mi cuarto, me gustan las fresas, me gustan los tés y me gusta leer historias de fantasmas.

Y mi corazón se emociona cada vez que nos vemos, ha pasado un tiempo y ahora tu sonrisa es como un recuerdo, pero luego estás a mi lado y estoy bien porque estás conmigo y estoy enamorada de ti...
Y no puedo encontrar las palabras para hacerlo sonar único pero honestamente me haces más fuerte, no puedo creer que haya encontrado a alguien tan amable, eres tan lindo y estoy enamorada de ti.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Nadie nos dice cómo serán las cosas al crecer, nos enseñan un montón de datos inútiles que al final no sirven para nada y nos dejan con un montón de dudas sin resolver... deberían de enseñarnos cómo es la vida.
Recientemente estaba platicando con un amigo de la infancia que me dijo; "Yo no pensé que tu vida fuera a ser más difícil y complicada que la mía, te veía tan segura de lo que querías hacer: tenías un plan tan elaborado que no me sorprendería saber que incluso planeaste qué ropa ibas a usar por los siguientes 20 años, ¿qué pasó?".
Y eso es lo que precisamente me pregunto yo cada mañana, ¿qué pasó?, ¿dónde quedaron mis sueños de volverme una escritora?

Y aquí es donde digo... ¿Y ahora qué?

domingo, 10 de noviembre de 2013

La historia que apenas inicia

Quiero escribir una historia de amor, una de esas donde el chico se enamora perdidamente y comete las locuras más grandes de su vida para conquistar a esa chica que lo vuelve loco, donde pasan las tardes platicando sentados en una banca que termina por convertirse en la banca más especial del mundo, donde un buen día ella le dice que sí, que quiere estar con él…y pasan el resto de su vida juntos.
Lamentablemente no puedo hacerlo.
Todos lo han hecho ya, a todos nos ha pasado. El amor; esa fuerza que nos hace cambiar planes, que nos hace convertirnos en personas que nunca imaginamos ser, y que nos hace tomar decisiones que a los demás les parecen descabelladas, ¡Pero es que estamos enamorados! Cualquiera que haya pasado por esto a los 14, a los 16, a los 20… sabe que enamorarse es sencillo, que las personas que logran derrumbar nuestras paredes y entran en nuestro corazón, tendrán un lugar permanente allí. El corazón no olvida, tal vez nuestra mente nos dice que todo ha quedado en el pasado, pero nuestro corazón llevará siempre cicatrices y esas no se borran con nada.
Tampoco quiero que se malinterprete lo que escribo, yo creo firmemente en el amor; el amor verdadero existe y ya lo conocí, llegó a mí en forma de un muchacho encantador de 17 años y ojos claros: inteligente, simpático, ¡El más lindo de todos!, lamentablemente yo era demasiado insegura, tímida y nunca expresaba lo que realmente sentía, yo no estaba lista para ser querida de esa manera; me habían lastimado tantas veces, que mi corazón tenía la armadura más fuerte y más difícil de romper.
El tiempo pasa y las personas se cansan, y como todo en esta vida se acaba aquel amor también tuvo que terminar. Me sentí devastada, había pasado casi un año de mi vida con él; sentí que todo ese tiempo no había importado en absoluto, que con unas simples palabras se ponía el punto final a lo que pudo haber sido la historia de amor que hoy estaría escribiendo.
Pero los meses pasaron y yo sentía que había sanado, que algún día sería feliz de nuevo, escribía acerca de mi proceso, de cómo era tener el corazón destrozado y tener que aparentar que todo estaba bien. Mi mente se hacía ilusiones pensando que estaba lista para seguir adelante, pero mi corazón seguía pensando en él.
Hasta que pasó…
Un buen día volvió a mi vida de la manera que menos esperaba, de nuevo nos mandábamos mensajes, de nuevo me sentía feliz al verlo, de nuevo nos sentábamos a platicar pero ahora en bancas diferentes. ¡Todo volvía a ser como antes! Yo era feliz, la persona más feliz del mundo.

Ahora no sé cómo sentirme, porque sé que un día no muy lejano ya no podremos estar juntos de nuevo, ese día se acerca más y más y la ansiedad que siento aumenta.
Yo siempre he creído en el destino. Tal vez he leído demasiados libros acerca del amor en que todos creen, en ese donde se enamoran, se separan, pero al final terminan juntos. Quisiera saltarme un montón de páginas de este libro que es mi vida, y llegar al final, a ese final donde estaremos juntos de nuevo, porque lo creo firmemente. No importan las circunstancias, el tiempo, los errores cometidos.

Quiero escribir una historia de amor, una que hable de nosotros, pero ahora estamos en esa parte donde todo se vuelve difícil, donde las circunstancias no parecen estar a nuestro favor. Pero a pesar de todo, estaré esperando…

Sé que apenas está empezando.

viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Qué es fenomenología?

Para entender a la fenomenología es necesario ver la esencia de las cosas, de los problemas, hay que quitar nuestros juicios y opiniones.  La esencia es aquello que define a los objetos en forma pura, por lo tanto ocurre antes de que podamos identificarlos. Cuando se nos presenta una situación donde no conocemos una cosa, pensamos en experiencias pasadas y nuestra conciencia trata de ponerle nombre de inmediato, y ese instante antes de reconocerla, es precisamente lo que estudia la fenomenología. Y su método llamado reducción eidética consiste en ir de lo general a lo particular.

Lamentablemente nuestra vista y mente están siempre condicionados falsamente por prejuicios, y nuestra realidad se limita a lo que nuestros sentidos pueden ver, por eso es tan difícil el estudio de la fenomenología.


Imaginemos por un momento que cada uno de nosotros tiene miopía, y no somos capaces de ver a lo lejos, todo está borroso; así precisamente es nuestra realidad, pues está bastante limitada. Lo que trata de hacer la fenomenología es darnos unos lentes que nos permitan contemplar las cosas como realmente son.