jueves, 2 de mayo de 2024

Las hijas no deseadas

Wendy les mandó un whatsapp un viernes en la mañana: “ya estuvo, mi vida se puso patas para arriba y necesito quedarme en casa de alguna de ustedes por un tiempo”
Xithla respondió primero: “¿de qué hablas?, ¿todo bien?”
Dana: “????”
Wendy empezó a escribir pero después de un minuto, decidió que sería mejor enviar un audio, y a mitad del audio comenzó a llorar con fuerzas, ¿a dónde había llegado su vida?
“Tengo 30 años” comenzó de nuevo, “y no tengo nada, todo lo que había construído se fue de la noche a la mañana porque ya no podía más, no era feliz con Fausto y no podía callarlo ni un segundo más, y finalmente me decidí a terminar una relación de seis años y ahora no sé qué voy a hacer; no tengo casa, no tengo trabajo y no tengo ni puta idea de quién soy sin él”

*


Al día siguiente las seis estaban reunidas en el restaurante donde siempre se reunían para todas las ocasiones posibles: cumpleaños, bautizos, jueves de chicas, anuncios de compromisos y ahora, rupturas amorosas.

-Mi amor, cuando tu veas que ya no hay sangría en la jarra, tu la vuelves a llenar, ¿ok? -le dijo Dana al mesero. 

-Ahora sí, ¿qué pasó?, ¿por qué cortaste con Fausto?, si yo los veía súper felices -dijo Pao.

Todas miraron a Wendy al mismo tiempo, ella las miró de vuelta y sonrío con tristeza en sus ojos. 

-¿Me creerían si les digo que hace mucho la decisión estaba tomada, solo no me había animado a completarla?

-Pero, ¿qué pasó? -repitió Pao.


*


Las chicas se conocieron 15 años antes. Wendy se mudó de un pueblito costero a la ciudad más cercana para estudiar la prepa porque sus papás querían que tuviera la mejor educación posible y la metieron a una escuela medio privada, no tan cara pero no tan barata como para que todos pudieran entrar. En el primer día, Wendy se sentó hasta el frente, porque era lo que siempre hacía, porque toda su vida había sido la niña con mejores calificaciones, la cerebrito a la que todos admiraban y la vez odiaban. Al final de la primera clase su maestro había dicho:

-Ahora, formen equipos de cuatro. 

Wendy entró en pánico porque no conocía a nadie y no quería ser el bicho raro y no ser elegida, pero para su sorpresa, una chica a su lado la volteó a ver y le dijo:

-¿quieres estar en nuestro equipo? -había dos chicas más a su lado y todas le sonrieron. 

Resultó que dos de ellas; Xithla y Pao vivían súper cerca de la casa de la tía de Wendy, y entonces, decidieron que todos los días iban a encontrarse a las 6:30am y caminar juntas a la prepa.


*


Xithla creció en Ciudad de México hasta que cumplió 6 años y sus papás decidieron mudarse a la costa, había sido una niña promedio en muchos aspectos; sus calificaciones, en los deportes, en la gimnasia, en el ballet, hasta que un día cuando estaba en la secundaria su papá le dijo que debía empezar a trabajar para que así pudiera empezar a ahorrar dinero, y la mandó a un despacho contable con uno de sus amigos cercanos para que le ayudara a limpiar la oficina. Xithla odiaba ir cada tarde a las 3pm solo para agarrar una escoba y un trapeador y fingir que disfrutaba limpiar, hasta que un día el contador le dijo “¿sabes usar excel?”, ella fingió que sabía y él empezó a darle más y más tareas: pon estos números aquí, organiza estos datos. Xithla había encontrado al fin algo en lo que era buena, algo que disfrutaba: los números. Decidió ahí, en el despacho un lunes por la tarde, que quería ser contadora. 


*


-Debes tener una razón más profunda que “ya no era feliz”  para haber cortado con él y haber decidido que su vida juntos ya no era suficiente -dijo casi gritando Fátima. -¿Qué pasó?, tenían un negocio juntos, tenían una casa, y ahora, ¿vas a dejar que él se quede con todo?

-¡Eran sus cosas! -gritó de vuelta Wendy - sí, yo estuve involucrada en el proceso de obtenerlas, pero él puso el dinero, él hacía los planes, yo solo decía que sí. 

-¿Y ahora qué vas a hacer? -preguntó Brit.

Wendy solo se encogió de hombros. 

-Sabes que puedes quedarte en mi casa por el tiempo que necesites -respondió finalmente Pao - pero debes tener un plan, él no se puede quedar con todo y tú solo cruzarte de brazos y aceptarlo.


*


6 años antes Wendy se había rendido en su búsqueda del amor; había salido con todo tipo de chicos: mayores, menores, de su misma edad, con trabajo estables, sin motivaciones, celosos, egocéntricos, que la adoraban y la aburrían, pero hasta entonces nada parecía llenarla, simplemente pensaba que no había encontrado al indicado. 

Había empezado a ir a terapia porque en algún lugar leyó que primero hay que amarse a uno mismo y de ahí surge el amor hacía los demás. 

-Estoy lista para encontrar el amor, pero no sé por dónde empezar -le dijo a su psicóloga. 

Ella le sugirió que siguiera viviendo su vida normal, que hiciera las cosas que más le gustaban y en algún punto encontraría una cita. Pero eso no estaba funcionando. 

Le pidió a sus amigas que pensaran si había algún amigo que pudieran presentarle, y así fue como conoció a Fausto. 


*


Brit era la bonita del grupo, la que siempre tenía pretendientes y hombres rindiéndose a sus pies, ofreciendo pagarle viajes y llevarla a donde ella quisiera, pero ella estaba aferrada a un hombre casado que siempre prometía que iba a divorciarse para estar con ella, y nunca cumplía. 

-¡Tengo al hombre para ti! -le dijo un día a Wendy. - Es amigo de un amigo, súper inteligente como tú y seguro que te gusta también físicamente.

Y una semana después se encontraron en un restaurante a la orilla del mar, con velas, con pétalos de rosa, con vino y comida elegante.

Wendy se sintió fuera de lugar en todo momento, no pensó que aquel hombre era el indicado para ella: porque para empezar, no sentía química, no tenían mucho en común: él era un abogado, ella era escritora, él no leía libros y ella termiaba uno cada semana, él solo iba a la playa dos veces al año y ella iba casi todos los días de la semana, él escuchaba música de banda por placer y ella sólo escuchaba pop. Wendy se dijo que iba a disfrutar la cita de todos modos, a fin de cuentas ya estaba ahí. Pero una hora después, no podía esperar para volver a su casa y abrir un libro y perderse en el mundo de la fantasía. 

Eso, hasta que lo vió.

¿Cómo no lo había visto hasta entonces?, si estaba justo frente a ella; era alto, tenía el pelo negro y de un largo que no la molestaba, con pequeños rizos cayendo al final, ojos negros y aunque no lo había considerado antes, su bigote no la molestaba en absoluto, al contrario, lo encontraba fascinante. Él también la vió y le sonrío, ella se sonrojó, ¿de verdad le había sonreído?, su cita dijo algo pero ella no estaba escuchando, solo asintió, él se levantó y fue al baño. Entonces, él salió de la cocina y fue hasta ella, viéndolo de cerca, era aún más guapo de lo que ella había pensado: con su uniforme de chef y sus pecas en las mejillas. Sintió que el estómago le daba vueltas, se sintió como en una escena de una película. Él le pasó un pequeño papel.

-¿Cómo estuvo la cena? - le dijo, y ella no pudo pronunciar palabra, solo lo miró con ojos llenos de fascinación. Él se volteó y regresó a la cocina, a lo lejos, vió como su cita salía del baño, así que se apresuró y tomó el pequeño papel en la mesa, lo abrió rápido.

“Llámame” decía, con un número de teléfono y firmado como Fausto. 

miércoles, 1 de mayo de 2024

Mayo

 Maya trae consigo un montón de posibilidades: dos mudanzas, y ¡vacaciones!, por alguna extraña razón tengo nervios, nervios al cambio, a lo desconocido, ¿será que todo sale de acuerdo al plan?, ¿o habrá por ahí desperfectos y segundas opciones?
Nunca se sabe.

Estaba escuchando un podcast hace días que decía algo como: el destino está en el pasado, en las acciones que nuestros ancestros tomaron y con ellas decidieron qué es lo que vamos a vivir hoy, y pensé "¿será que por eso soy tan preocupona? sí, claro"
A veces es fácil echarle la culpa a otros por nuestros defectos, a veces es fácil decir; esta soy yo, quiéreme así o vete, pero el verdadero trabajo es verse a uno mismo y decir "¿cómo puedo mejorar?"

Hoy empiezo terapia otra vez, porque ya eran muchas cosas que no me dejaban dormir en paz, o más bien estar en paz, y cuando hay demasiado ruido en mi cabeza es el momento para pedir ayuda. 
Terapia es algo que conozco y disfruto hasta que se pone difícil porque realmente tengo que trabajar en mí, es entonces que pienso en renunciar y mi psicóloga me recuerda por qué estoy ahí, y entonces viene la transformación.

Mayo es un mes de muchos cambios, y yo estoy lista para ellos (creo).

sábado, 27 de abril de 2024

Corriendo por la vida

 Esta es la historia de cómo empecé a correr:

En mayo del año pasado para el día del psicólogo se organizó una carrera en Vallarta de 5k, una amiga la vió y me invitó, yo pensé "no puedo correr 5k, pero ok, vamos a ver qué pasa". Me inscribí y entrené como por 2 o 3 semanas hasta que corrí 5k y me sentí medio lista. El día de la carrera era un domingo, yo me quedé en mi pequeño pueblo y tomé el camión como a las 6:30 y tenía que llegar a Vallarta en una hora; misión imposible. Pero de alguna manera lo logré (con la ayuda de un taxi a medio camino), en fin, llegué, vi a mi amiga, medio calentamos juntas y empezamos a correr, mi meta era correr sin parar los cinco k y lo logré con un tiempo de 32:30min


Fue una carrera tranquila, pero si me esforcé y después de eso me olvidé por completo de correr. 
Hasta que 6 meses después por alguna extraña razón dije quiero volver a correr 5k, y lo intenté y esto pasó:


Solo pude correr 4.15km: fail. Pero por alguna razón no me desaniméy al contrario al principio de este año, me dije "si ya pude corer 5k claro que puedo correr 10k, me inscribí a una carrera antes de poder cambiar de opinión y empecé a entrenar con app de nike, y 4 meses después corrí mi primera carrera de 10k y la disfruté tanto que ahora ya me inscribí a un medio maratón para mi cumpleaños en noviembre.


Supongo que la vida es extraña y a veces terminas haciendo cosas que nunca pensaste y corriendo distancias que nunca pensaste correr, y lo más raro de todo: ¡lo disfrutas!

viernes, 26 de abril de 2024

Historias I

Cuando era niña, mi mamá iba por las tortillas a la tortillería y esperaba su turno en una pequeña fila, las cosas no eran lo que son ahora, y no había quién repartiera las tortillas, tampoco las vendían en todas las tiendas, la única opción era formarse en la fila y esperar su turno para decir "me das medio kilo, me das 5 pesos", me pregunto cuántas tortillas se podrán comprar con 5 pesos hoy en día, ¿dos?, quizá.
Cuando era niña mi mamá me cuidaba; me llevaba al kinder y me recogía, luego me miraba jugar mientras ella cocinaba la comida y de vez en cuando me dejaba ir a casa de mis amigas a jugar con ellas, siempre prefería que ellas vinieran a nuestra casa. 
Un día me tocó ir por las tortillas con ella; en ese entonces parecía que mi mamá tenía un unifome para andar por la vida, no éramos una sociedad consumista como lo somos ahora así que no importaba si repetías tu outfit una, dos o hasta tres veces. Mi mamá siempre usaba camisas dos tallas más grandes, súper holgadas, y con shorts de licra que apenas y eran notorios asomándose por la parte de abajo de la camisa, y una cola de caballo en la parte superior de su cabeza. Ahora que tengo la edad que ella tenía cuando me llevaba a la tortillería, a veces me encuentro por casualidad viéndome en el espejo y a veces me da risa ver cómo es que me parezco a ella, y más aún cuando me visto como ella solía vestirse. En fin, para ya no desviarme tanto de la historia que quería contar; el día que me llevó con ella por las tortillas mi mamá se formó en la fila como siempre conmigo de la mano, luego me distraje con alguna cosa, seguramente jugando conmigo misma cerca del árbol que estaba afuera de la tortillería. Me di cuenta en algún punto de que tenía que volver al brazo de mamá, así que corrí y la abracé, ella me abrazó de vuelta pero algo se sintió raro en nuestra interacción así que volteé a verla y para mi horror, estaba abrazando a una desconocida. Me reí tratando de disimular mi vergüenza, luego vi que mi mamá estaba dos lugares adelante, corrí hasta ella y nos miramos divertidas, me tomó de la mano y ya no la solté jamás.

*

Tenía apenas unas semanas de nacido cuando me adoptó una familia en un pequeño pueblo, con un patio grande donde había una alberca inflable a la que siempre querían meterme a pesar de mis esfuerzos por mostrar que el agua no me interesaba. La pequeña niña era mi humana, o al menos eso entendí, porque ella era la que siempre me daba de comer zanahorias en las mañanas y me cambiaba mi pequeña cama y siempre la dejaba muy cómoda. La pequeña niña tenía un hermano aún más pequeñín que ella, que siempre la seguía a todos lados y quería todo lo que ella tenía. Disfrutaba mucho mis tardes con ellos, saltando en el jardín o solo tirados en el pasto mirando al sol.  Aprendí con el paso del tiempo que mi nombre era Rabito Conejito, me causaba tanta gracia cuando me llamaban para que los siguiera, porque aunque lo intentaba, siempre terminaba distrayéndome con algo. En las tardes me sacan al patio para que jugara en el pasto y brincara sin parar, ellos se emocionaban co cada uno de mis pasos y a mi me daba mucha risa, en una tarde cuando los hermanos estaban distraídos, descubrí un pozo no muy profundo donde dormía una creatura que jamás había visto, la llamé y la llamé e hice todo tipo de sonidos, pero parecía estar dormida, los hermanos me descubrieron y los guié hacia la creatura, ambos gritaron asustados cuando la vieron.

-Es una rana muerta -dijo la niña

Yo no sabía que era una rana pero sabía lo que significaba estar muerto. Los niños fueron a buscar a sus padres y sacaron a la pequeña rana, pude oler su putrefacción y me dió mucha lástima.

-¿Qué le pasó? -preguntó el niño a su padre.

-Se cayó y ya no pudo salir.

-Pero las ranas son buenas saltarinas -dijo la niña

Yo me asusté mucho, porque sabía que también yo era un buen saltarín, ¿qué significaba aquello?, ¿que un día caería a un pozo y no podría salir hasta morir? Corrí a los brazos de mi niña, y ella me abrazó con fuerzas, sentí sus lágrimas cayendo en mi espalda.

-Todo va a estar bien Rabito Conejito -me dijo una y otra vez. 

Al día siguiente salimos al patio y el pozo estaba tapado con tierra, no había rastros de animales muertos. Poco a poco todo volvió a la normalidad hasta que todos nos olvidamos de la rana.

*

Crecí en un pequeño pueblo a las orillas del mar, donde las abejas eran felices de flor en flor, llevando el polén a todos lados, y las flores sonreían al verse rodeadas de tanto amor. Todas las mañanas se levantaban y abrían sus pétalos hacía el sol que les daba sus rayos con fuerzas. Los árboles danzaban al sonido del viento, sus hojas verdes por la lluvía que nunca tardaba en llegar, los ríos llenos de agua que venía de las montañas, los niños jugando en la orilla, descalzos, a veces sin ropa, con cacharros que juntaban de la basura y usaban como juguetes. Los hombres pescando en el mar o en el río, con la piel dorada gracias a los rayos del sol, decían una oración antes de entrar al agua y antes de partir a los peces con una navaja aflilada.

"Gracias por esta ofrenda, gracias por un día más con comida en nuestros platos y gracias por todas las creaturas que habitan en esta tierra."

Crecí con mi hermano pequeño al lado, siempre siguiéndome a donde fuera, con sus pequeños pies pisando en donde yo había pisado, imitando mis pasos. Subiendo árboles tan arriba como nos era posible, cortando la fruta, poniéndola en nuestros bolsillos o haciendo una bolsa con nuestras camisas, luego repartiendo nuestro motín con nuestros primos. Riendo porque una guayaba tenía gusanos, o porque el mango estaba aún sazón, o las ciruelas demasiado maduras.

Crecí en un pequeño pueblo donde lo único peligroso eran las espinas, los jaguares si de adentrabas demasiado en el monte.

Crecí bendecida, entre la naturaleza y mi familia.