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domingo, 28 de junio de 2026

Me alegra que llamaras

 He estado haciendo esto por unos cuantos meses, al principio no le di mucha importancia, a fin de cuentas es solo una tonta llamada, pero conforme el tono de la llamada en espera se me grababa en el cerebro y el tono al final "buzón de voz..." me parecía más y más enfermizo, más y más como un acto de violencia hacia mi persona.

Siempre la veía en línea. Ok, no siempre, pero de vez en cuando entraba a instagram y ahí estaba una nueva historia, un nuevo post y entonces me preguntaba "¿es en serio que puedes tomarte 5 minutos en subir una puta selfie pero no puedes contestarme una llamada?", y mis entrañas se estremecían con coraje. 

Porque habíamos sido mejores amiga, según ella, según mis propias memorias, y ahora parecía que nada del pasado importaba, era, simplemente eso; experiencias que se quedaron atrás y yo quizá seguía aferrándome a ellas.  No quería dejarlas ir porque eso significaba que nunca más sabría de ella. De sus tontas aventuras amorosas, de sus dramas familiares, de sus perros... o simplemente escuchar su voz, su risita tonta o que no me siguiera la línea de pensamiento sino que se distrajera con cualquier cosa pasando a su alrededor.

He estado haciendo esto porque quiero recuperar algo que nunca perdí. Y nadie prometió que un día lo tendría de vuelta, pero nadie me dijo tampoco que un día se desvanecería como el azúcar se disuelve en el agua. 

Es complicado. Tener a un fantasta como amiga, ¿o cómo ex amiga?, no sé cómo llamarle, solo sé que cuando sean las 3pm voy a intentarlo otra vez, voy a tomar mi estúpido teléfono y dejaré que suene hasta que el tono de buzón aparezca. Y quizá esta vez tendré alguna respuesta, no pierdo la esperanza de que un día conteste medio riendo medio con nostalgia y me diga: "Me alegra que llamaras".

miércoles, 11 de junio de 2025

Erik

Uno de los mejores amigos de mi esposo se llama Erik, y lo conoció en el BAr una noche cuando yo no estaba trabajando, cuando llegó a la casa me contó sobre este hombre alto, gringo como él, joven y completamente ridículo que llegó al bar con los hombros caídos y mirada perdida, pero con ganas de emborracharse hasta olvidar su nombre. Era una de esas noches sin clientes, así que mi esposo se sentó con él y comenzaron a platicar, después de una cereveza Erik le contó que hacía apenas unas semanas que había terminado con su novia con la que había estado por ocho años, incluso se habían comprometido, pero todo había terminado el día en que ella le dijo que ya estaba cansada de viajar, quería regresar a Estados Unidos y él quería seguir viajando sin un destino en especial.

Y todo esto suena bastante "normal", hasta el punto en el que Erik dijo que aunque habían terminado, seguían viviendo juntos en el apartamento que rentaron por seis meses.

-¿Y por qué no se va si ya terminaron? -le preguntó mi esposo.

-Porque no tiene dinero -respondió Erik

Y luego le explicó que ella jamás había pagado una sola factura, que su plan era regresarla a Estados Unidos vía carro (porque tenían un perro bastante grande que no podía viajar en avión), dejarle el carro y dinero para que sobreviviera por un rato y luego regresar.

Lo peor era que Erik ya estaba yendo a citas, y a veces se encontraba por la calle a su -ex- mientras estaba con otra chica y las cosas se ponían incómodas.

-¿Cómo puedes salir con alguien más cuando ella sigue aquí? - le dije yo el día que finalmente lo conocí en persona.

Me explicó que estaba en duelo y que la única manera de superar su ruptura era saliendo con chica tras chica. Y hubiera estado bien, hasta que yo metí mi cucharota y se lo presenté a una de mis mejores amigas. 

Salieron un rato hasta que Erik dejó de contestarle los mensajes, yo no quería decir nada pero estaba avergonzada porque sabía que mi amiga quería algo más formal de lo que Erik podía ofrecer, sabía que él solo buscaba distracciones para no pensar en su futuro. Mi amiga -por algún milagro no se enojó conmigo hasta que meses después nos enteramos de algo que nos dejó con la boca abierta.

Una noche recibí un mensaje de mi amigo Cairo que en ese entonces trabajaba en un bar: "¿conoces a este tipo?" me dijo junto con una captura de pantalla de grinder, "creo que es amigo de Taylor (mi esposo)". Yo vivo a 5 minutos del bar así que fui corriendo a ver en persona el perfil de Erik en grinder. No lo podía creer, pero debí haber sospechado que si andaba con una mujer tras otra, también andaba experimentando con hombres. 

Le conté a mi amiga y aunque fingió que no estaba enojada me dijo que por favor nunca le presentara a alguien más.

domingo, 12 de enero de 2025

Tefi

 Estefanía Montes Martínez, mejor conocida como Tefi es una chica especial, o al menos eso le gusta pensar.

Creció en una familia normal, en una casa normal que su papá construyó cuando ella tenía 3 años en el terreno que le regaló su abuela.

Sus papás se conocieron en la disco del pueblo, bailando canciones de salsa y merengue, su papá es 6 años mayor que su mamá, pero eso no le impidió casarse con ella cuando cumplió los 18. Al año siguiente estaban esperando a Tefi.

Tefi creció rodeada de muchas expectativas que su mamá tenía de ella: que fuera una niña bien portada, que sacara puros dieces en la escuela, y que no tuviera novios hasta no cumplir los 15 años. Su papá a veces estaba en la casa y la mayoría del tiempo lo pasaba trabajando en la obra, o tomando caguamas con sus amigos después del trabajo. Tefi veía a sus papás pelear de vez en cuando, y veía como su papá corría a su mamá de la casa y cómo ella se decidía a irse por las noches, pero en la mañana ya no tenía las fuerzas para hacer las maletas.

Tefi tuvo un hermanito cuando cumplió 4 años. Le pareció increíble que un  monito tan pequeñito llegara a su vida. Lo quería mucho y no quería que nada malo le pasara.

Conforme fue creciendo, Tefi notó la diferencia entre su hermano y ella, pues a pesar de que él era menor, era corpulento y aparentaba más edad, por lo que sus papás le daban más permisos y le permitían cosas que a Tefi ni se le hubiera ocurrido preguntar.

Tefi fue a la escuela y sacó muchos dieces, siempre fue la mejor de su clase. Cuando salió de la universidad encontró un trabajo a los pocos meses y empezó a ahorrar para poder mudarse de la casa de sus papás. Se fue a vivir con un amigo, y después de mudó con su hermano que aún estudiaba la universidad.
Pocos meses después de irse a vivir con su hermano, él se salió de la carrera y embarazó a su novia. Tefi pensó que sus papás echarían humo por la cabeza, pues muchas veces la amenazaron con quitarle sus becas y beneficios si ella quedaba embarazada.
Pero para su sorpresa, sus papás se alegraron por su hermano, y pronto su novia se mudó a vivir con ellos.

Tefi no podía creerlo, pasó toda su vida haciendo las cosas "bien" y no obtuvo nada a cambio, ni siquiera una felicitación. En cambio, su hermano hacía todo mal y hasta recibía recompensas, incluso un auto para que le fuera más fácil trasladar a su novia al hospital y de vuelta a casa.

Finalmente Tefi decidió salirse de esa casa y buscar algo para ser independiente.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Estas palabras no me dicen nada

 Eran las 3:27 am, lo primero que hice fue ver el reloj cuando desperté escuchando un chillido afuera de la ventana, era un ruido tan extraño que me hizo enchinar la piel, al lado de mi cuarto estaba el de mi mamá pero no quería ir a molestarla, muy probablemente solo se molestaría si la despertaba. Cerré los ojos y me tapé de pies a cabeza con la cobija, intentando así calmar mi miedo, pero el sonido se hizo más fuerte, más intenso, imaginé qué podría ser, quizá un gato moribundo, o un perro, ¿una iguana?, ¿qué sonido hacen las iguanas? no lo sabía. Cerré los ojos de nuevo y seguí escuchando el sonido un buen rato hasta que no pude más y entonces salí de la cama.


Caminé cuidadosamente, tratando de no hacer más ruido, la casa estaba en oscuridad total y en el patio brillaba la luna, podía verla por la ventana. Abrí la puerta y salí cuidadosamente, alumbrando el camino con la linterna del celular. El sonido era aún más fuerte afuera, era como un niño llorando, pero debía ser un niño muy pequeño. Entre más me acercaba al baño de afuera, más fuerte se hacía. Nunca he sido valiente, de hecho me consideran la más miedosa de la familia, pero algo dentro de mí me decía que tenía que descubrir qué estaba pasando. Con las manos temblando abrí la puerta del baño, es un baño grande, casi tan grande como mi habitación, en el fondo hay una tapa del  tanque séptico; de ahí provenía el sonido, me imaginé a un niño ahí adentro y de nuevo tuve escalofríos por todo el cuerpo, pero cuando abrí la tapa y alucé con mi celular, lo único que vi fue una ardilla luchando por salir de ahí.


Me reí e inmediatamente se le relajó todo el cuerpo; no había nada que temer, pero la pobre ardilla, medio moribunda me miraba con sus ojitos tristes y lo único que se me ocurrió fue salir por una piedra, agarré la más grande que encontré y se la aventé, la ardilla lanzó un chillido final y cerré la tapa del pozo. Salí del baño y pensé en irme a mi cama pero tenía la sensación de que no iba a poder dormir más, así que me quedé despierta hasta el amanecer, sentada en una silla, contemplando la luna, como hipnotizada. Mi papá se despertó a las 5 en punto, porque tenía que irse a trabajar, abrió la puerta del patio y se sorprendió de verme despierta.


-¿Qué haces aquí afuera escuincla desquehacerada?

-Papá, no podía dormir.

-¿Y no pensaste en algo mejor que hacer que quedarte aquí afuera? te vas a enfermar, escuincla babosa.


A pesar de las palabras de mi papá, no tenía fuerzas ni ganas de entrar en la casa, solo seguí sentada, viendo como todo poco a poco empezaba a iluminarse. Sabía que mi mamá se levantaría a las 6 y entonces sí me iba a regañar y probablemente hasta a aventar un chanclazo por estar afuera, así que poco a poco me levanté de la silla y empecé a caminar a la puerta, cuando estuve a punto de abrirla empezó a temblar de la nada. Vi cómo todo se movía a mi alrededor y pude sentir un hundimiento bajo mis pies: la tierra comenzó a abrirse, quise abrir la puerta pero no pude, mi papá la había cerrado con llave, sino encontraba una manera de entrar en la casa, iba a caer al pozo gigante que se había formado.


Grité y golpeé la puerta como loca, llamando a mi mamá para que me abriera, el temblor se intensificó y pude ver a la ardilla muerta flotando en el pozo que se había formado en el patio. Me puse a llorar sin control, sollozando sin poder creer que moriría de una forma tan ridícula. La tierra seguía abriéndose y avanzando hacía mi, pero de pronto todo paró: el temblor, y mi llanto también, no podía entender qué había pasado hasta que vi a mi mamá parada frente a mí.

-¿Qué traes?, ¿eres tú la que está gritando como loca y no me dejó dormir?

-¡Mamá! -me lancé a abrazarla, ella se soltó de mi abrazo y fue por la ropa sucia que estaba en la sala -¡Mamá estaba temblando y se abrió un pozo!, mira -y señalé al patio, pero no había nada ahí, todo estaba normal.

Mi mamá, aún de espaldas y recogiendo la ropa me gritó “trae el suavizante para la ropa, no te estés haciendo pendeja, no sé qué chingados haces despierta tan temprano pero ya deja de estar de huevona”

Y así todo volvió a la normalidad.

domingo, 27 de octubre de 2024

Refúgiate

No sé si estoy soñando, o solo es daño colateral de mis acciones. Todo empezó inocentemente, como la mayoría de las cosas en esta vida, pero de pronto se volvió complicado sin darme cuenta. Para empezar debo decir que no creo en Dios, ni en deidades de ningún tipo, pero me gusta divertirme y hacer bromas a mis amigos, y así es cómo empezó todo: me retaron a subir un video a internet, diciendo que había tenido una aparición de Dios, lo relaté todo con muchos detalles, soy muy bueno inventando historias, siempre me ha gustado la fantasía y el terror, así que fue fácil decirle al mundo que yo sabía cómo se veía Dios y claro que me volví viral.
Por supuesto que muchas personas solo se rieron y me llamaron idiota, pero lo sorprendente llegó después de unas semanas, cuando me contactaron para hablar en la televisora local, ni siquiera lo pensé dos veces y dije que sí, me hicieron una entrevista y traté de actuar lo más serio posible, hasta me puse una corbata y toda la cosa. Por dentro no podía aguantar la risa; estos idiotas no podían encontrar algo más interesante que mi estúpida historia. Pero algo dentro de mí también sabía que habría consecuencias, y pronto las descubriría.

Para empezar mi mamá se desmayó cuando me vió en la televisión de la sala, me recibió casi aventándome un chanclazo y diciéndome que si Dios no me castigaba ella lo haría por mentiroso y además pretencioso.
-Mira que salir en la tele diciendo tantas mentiras, solo a ti se te ocurre Ramiro, eres un pendejo, y Dios te va a castigar, de mi te acuerdas. 
Pero cuando le dije cuánto me pagaron por esa entrevista se le iluminaron los ojos y casi se desmaya de nuevo:
-¿Estás hablando en serio Ramiro?
-Sí mamá, y ya mejor cómete un plátano porque parece que te hace falta potasio, de tanto desmayo.                                                                                                                                                                         
El video de Youtube tuvo millones de vistas, al parecer el mundo necesita entretenimiento sin importar de qué se trate. Pronto mis amigos me convencieron de subir un segundo video, mi mamá me hizo una última advertencia:
-Vas a ver que tu suerte va a expirar y yo no quiero estar ahí para ver, en cuánto tengas suficiente dinero te me vas de la casa.
Yo acababa de cumplir 17 años, pero estaba haciendo más dinero que mis papás, y todo por un video y gente crédula.
En fin, terminé saliéndome de mi casa dos meses después y cinco videos más. Rente una casa para mí y mis dos mejores amigos que me convencieron de subirlos, mi vida era un sueño o eso pensaba; me puse brákets para acomodarme los dientes que siempre había tenido chuecos, me compré ropa nueva, un carrito madreado pero que jalaba bien, y hasta le daba dinero a mi mamá que a duras penas aceptaba.

Hasta que pasó.

Empezó con comentarios agresivos, "si te veo te voy a matar por burlarte de Dios y de nosotros", siempre el mismo usuario, al principio no le presté mucha atención hasta que de pronto me dejaba comentarios más y más agresivos, y lo bloqueé de mi canal, pero de alguna manera consiguió mi whatsapp y me empezó a mandar mensajes ahí. 
-"sé donde vives, un día de estos me voy a pasar por tu casa y vas a ver, cabrón"
No sabía qué hacer, le tuve que contar a mis papás que me dejaron quedar en su casa mientras se arreglaba el asunto, mi mamá no paraba de decirme que era toda mi culpa por jugar con cosas de Dios. Bloqueé el número pero luego apareció otro:
-"no te vas a deshacer de mí tan fácilmente, sé dónde estás"
Finalmente mi papá me acompañó a la estación de policía a ver si ellos podían hacer algo, pero solo me dijeron que tuviera cuidado y dejara de subir pendejadas al internet.
Lloré por primera vez en años, borré los videos del internet y me sentí tan estúpido y asustado que terminé rezando por las noches a un Dios que no sabía si estaba ahí pero le pedía que por favor no dejara que algo me pasara.

Unas semanas después parecía que todo había vuelto a la normalidad, aún seguía viviendo con mis papás, por si acaso, pero mi mamá me empezó a insistir que me regresara a mi casa.
-No sé si me voy a poder seguir quedando ahí, ¿cómo voy a pagar la renta?
-Lo siento mijito pero una vez que te sales de la casa, aquí no vuelves.
No podía creerlo. Le conté a mis amigos y ellos dijeron que podían aportar para la renta pero que probablemente tendría que conseguir un trabajo "real", terminé siento mesero de un restaurante en donde el dueño siempre se quedaba con las propinas y me hacía lavar los portavasos una y otra vez porque le tenía miedo a los gérmenes.

Y es aquí donde llegamos al día de hoy, que vine de nuevo a visitar a mis papás, mi mamá cocinó chiles rellenos y arroz, hablamos de lo ridículo que había sido mi "ascenso a la fama", ella se río sin parar. 
Su celular sonó y me pidió que se lo trajera, que estaba conectado en su cuarto. Cuando fui a desconectarlo vi que había dos celulares conectados y no sabía cuál era el de ella, así que desbloqueé el primero, pero no encontré nada que me diera señales de que ese era suyo:
-¡mamá!, ¿cuál de los dos celulares es tuyo?
No hubo respuesta, así que me metí a los mensajes para checar, y es ahí que casi me desmayo. Ahí estaban un montón de mensajes que reconocí al instante:
"te voy a matar por burlarte de Dios", "sé dónde vives no te puedes esconder de mí", "eres una basura y espero que te mueras"
No lo podía creer, en shock me llevé el celular en la mano y salí corriendo de la casa. 
No sé si estoy soñando, o solo es daño colateral de mis acciones. Lo que sé es que a esa casa no regreso, nunca más.

viernes, 26 de abril de 2024

Historias I

Cuando era niña, mi mamá iba por las tortillas a la tortillería y esperaba su turno en una pequeña fila, las cosas no eran lo que son ahora, y no había quién repartiera las tortillas, tampoco las vendían en todas las tiendas, la única opción era formarse en la fila y esperar su turno para decir "me das medio kilo, me das 5 pesos", me pregunto cuántas tortillas se podrán comprar con 5 pesos hoy en día, ¿dos?, quizá.
Cuando era niña mi mamá me cuidaba; me llevaba al kinder y me recogía, luego me miraba jugar mientras ella cocinaba la comida y de vez en cuando me dejaba ir a casa de mis amigas a jugar con ellas, siempre prefería que ellas vinieran a nuestra casa. 
Un día me tocó ir por las tortillas con ella; en ese entonces parecía que mi mamá tenía un unifome para andar por la vida, no éramos una sociedad consumista como lo somos ahora así que no importaba si repetías tu outfit una, dos o hasta tres veces. Mi mamá siempre usaba camisas dos tallas más grandes, súper holgadas, y con shorts de licra que apenas y eran notorios asomándose por la parte de abajo de la camisa, y una cola de caballo en la parte superior de su cabeza. Ahora que tengo la edad que ella tenía cuando me llevaba a la tortillería, a veces me encuentro por casualidad viéndome en el espejo y a veces me da risa ver cómo es que me parezco a ella, y más aún cuando me visto como ella solía vestirse. En fin, para ya no desviarme tanto de la historia que quería contar; el día que me llevó con ella por las tortillas mi mamá se formó en la fila como siempre conmigo de la mano, luego me distraje con alguna cosa, seguramente jugando conmigo misma cerca del árbol que estaba afuera de la tortillería. Me di cuenta en algún punto de que tenía que volver al brazo de mamá, así que corrí y la abracé, ella me abrazó de vuelta pero algo se sintió raro en nuestra interacción así que volteé a verla y para mi horror, estaba abrazando a una desconocida. Me reí tratando de disimular mi vergüenza, luego vi que mi mamá estaba dos lugares adelante, corrí hasta ella y nos miramos divertidas, me tomó de la mano y ya no la solté jamás.

*

Tenía apenas unas semanas de nacido cuando me adoptó una familia en un pequeño pueblo, con un patio grande donde había una alberca inflable a la que siempre querían meterme a pesar de mis esfuerzos por mostrar que el agua no me interesaba. La pequeña niña era mi humana, o al menos eso entendí, porque ella era la que siempre me daba de comer zanahorias en las mañanas y me cambiaba mi pequeña cama y siempre la dejaba muy cómoda. La pequeña niña tenía un hermano aún más pequeñín que ella, que siempre la seguía a todos lados y quería todo lo que ella tenía. Disfrutaba mucho mis tardes con ellos, saltando en el jardín o solo tirados en el pasto mirando al sol.  Aprendí con el paso del tiempo que mi nombre era Rabito Conejito, me causaba tanta gracia cuando me llamaban para que los siguiera, porque aunque lo intentaba, siempre terminaba distrayéndome con algo. En las tardes me sacan al patio para que jugara en el pasto y brincara sin parar, ellos se emocionaban co cada uno de mis pasos y a mi me daba mucha risa, en una tarde cuando los hermanos estaban distraídos, descubrí un pozo no muy profundo donde dormía una creatura que jamás había visto, la llamé y la llamé e hice todo tipo de sonidos, pero parecía estar dormida, los hermanos me descubrieron y los guié hacia la creatura, ambos gritaron asustados cuando la vieron.

-Es una rana muerta -dijo la niña

Yo no sabía que era una rana pero sabía lo que significaba estar muerto. Los niños fueron a buscar a sus padres y sacaron a la pequeña rana, pude oler su putrefacción y me dió mucha lástima.

-¿Qué le pasó? -preguntó el niño a su padre.

-Se cayó y ya no pudo salir.

-Pero las ranas son buenas saltarinas -dijo la niña

Yo me asusté mucho, porque sabía que también yo era un buen saltarín, ¿qué significaba aquello?, ¿que un día caería a un pozo y no podría salir hasta morir? Corrí a los brazos de mi niña, y ella me abrazó con fuerzas, sentí sus lágrimas cayendo en mi espalda.

-Todo va a estar bien Rabito Conejito -me dijo una y otra vez. 

Al día siguiente salimos al patio y el pozo estaba tapado con tierra, no había rastros de animales muertos. Poco a poco todo volvió a la normalidad hasta que todos nos olvidamos de la rana.

*

Crecí en un pequeño pueblo a las orillas del mar, donde las abejas eran felices de flor en flor, llevando el polén a todos lados, y las flores sonreían al verse rodeadas de tanto amor. Todas las mañanas se levantaban y abrían sus pétalos hacía el sol que les daba sus rayos con fuerzas. Los árboles danzaban al sonido del viento, sus hojas verdes por la lluvía que nunca tardaba en llegar, los ríos llenos de agua que venía de las montañas, los niños jugando en la orilla, descalzos, a veces sin ropa, con cacharros que juntaban de la basura y usaban como juguetes. Los hombres pescando en el mar o en el río, con la piel dorada gracias a los rayos del sol, decían una oración antes de entrar al agua y antes de partir a los peces con una navaja aflilada.

"Gracias por esta ofrenda, gracias por un día más con comida en nuestros platos y gracias por todas las creaturas que habitan en esta tierra."

Crecí con mi hermano pequeño al lado, siempre siguiéndome a donde fuera, con sus pequeños pies pisando en donde yo había pisado, imitando mis pasos. Subiendo árboles tan arriba como nos era posible, cortando la fruta, poniéndola en nuestros bolsillos o haciendo una bolsa con nuestras camisas, luego repartiendo nuestro motín con nuestros primos. Riendo porque una guayaba tenía gusanos, o porque el mango estaba aún sazón, o las ciruelas demasiado maduras.

Crecí en un pequeño pueblo donde lo único peligroso eran las espinas, los jaguares si de adentrabas demasiado en el monte.

Crecí bendecida, entre la naturaleza y mi familia.

sábado, 9 de marzo de 2024

Ailyn

 Conocí a Ailyn porque era novia del mejor amigo de mi novio. Llegó una tarde al bar con unos más de 1.80m de estatura, con su risa tan de ella y su sentido del humor al que nadie le agarraba la onda, y pensé "nunca vamos a ser amigas"
Pero a la vida le gusta reírse de mis predicciones y por eso después de como dos semanas terminamos siendo uña y mugre. Todo empezó porque un día le pregunté si quería ir al gym conmigo y aceptó y el resto es historia. 

Se supone que aún debería estar aquí, siendo mi vecina, viviendo con su novio, pero a la vida (como ya había mencionado antes) le gusta reírse mucho de mí y pues aquí estoy contando esta historia. 

Ailyn se fue hace exactamente una semana a la ciudad de méxico, porque terminó con su novio y le dijo "chau, ya me voy y tú vete mucho a la versh", y pues tomó un avión y no vio atrás. 
Pero, ¿por qué terminó Ailyn con su novio?
Por las típicas cosas que una chica termina con su novio.

1)porque su novio le fue infiel con otra chica mientras estaba en otra ciudad a menos de una hora de distancia. 
2)porque se enteró de que su novio le fue infiel
3)porque se pelearon y en medio de la discusión Aylin se fue a llorar al baño y él no hizo nada.

Así que Ailyn se fue.

Y aquí es donde las cosas se ponen locas. Porque yo tengo un amigo que 
1)es gay
2)trabaja en un bar

Y un día me lo encontré de casualidad por la calle y comenzamos a platicar porque descubrimos que íbamos para el mismo lugar y como ambos trabajamos en bares comenzamos a compartir historias sobre nuestros clientes enfadosos. Entonces él me contó sobre una pareja que un día fue al bar y se estaban peleando en la barra y estaban literal terminando frente a él y ella le dijo que se iba a ir a ciudad de México, y entonces, lo paré en seco y le dije "creo que los conozco y son mis amigos, ¿ella es súper alta y rubia y él también?" mi amigo me confirmó que sí y nos reímos.

Y esta hubiera sido una historia sin sentido de no ser porque Ailyn se fue y al día siguiente mi amigo me manda un mensaje 
"Hey, ¿este no es el novio de tu amiga?" con una captura de pantalla del perfil del susodicho en Grindr, que es una app para encuentros gay. Yo me quedé con la boca abierta y claro que en 5 segundos ya se lo había envíado a Ailyn, ella me llamó histérica. 

"¡¿Cómo que este idiota está en Grindr?!, o sea además de engañarme con una chica también me ponía en cuerno con hombres, qué descaro"

Las dos nos reímos bastante. Y pensé que ese sería el final de la historia hasta que hoy me volvió a llamar solo para contarme que su ex va a ir a visitarla porque la convenció que el perfil de Grindr era falso...

No cabe duda que a veces no entiendo a la gente. 

viernes, 23 de febrero de 2024

Cuando salí con la versión masculina de mi amiga lesbiana

 Ayer en la tarde estaba recostada en mi cama viendo videos o algo en mi celular y por alguna extraña razón recordé el momento de mi vida en el que estaba haciendo servicio social y comencé a salir con este chico al que llamaremos José, que era de mi edad pero estaba estudiando diseño gráfico y era músico y yo iba a verlo a sus "tocadas" y me sentía tan cool por salir con un músico, hasta que me di cuenta de que en realidad este chico no me gustaba lo suficiente como para ser su novia así que dejé de responderle los mensajes y chau.

Bueno, pues ayer mientras estaba en mi cama viendo mi celular, recordé a este sujeto y por alguna razón mi cerebró formó una nueva conexión o unió dos puntos, no sé cómo explicarlo, pero ahí estaba: una imagen de comparación entre mi mejor amiga de la prepa a la que llamaremos Beatriz, y José, lado a lado, y wow, son la misma persona.

¿Cómo no me di cuenta antes?

Estuve saliendo con la versión masculina de mi amiga que es lesbiana. 

¿Eso me convierte en lesbiana?, ¿será que en realidad quería salir con mi amiga pero no me animé y por eso salí con este tipo?, ¿hubiera funcionado salir con mi amiga sino funcionó con este tipo?

Todas estas preguntan rondaron en mi cabeza por un rato que se sintió eterno. Luego me reí de mí misma por sobreanalizar algo que pasó hace más de 8 años, le mandé un mensaje a Beatriz preguntándole cómo estaba y ella me respondió casi al instante con una de sus historias de cómo un tarotista la había estafado. Me reí y me sentí normal de nuevo.

jueves, 11 de enero de 2024

Vianey

 Hace tres días estaba en mi cama viendo videos o algo así cuando mi novio entró al cuarto y me sururró "creo que algo pasó", yo me le quedé viendo y siguió "la esposa del rentero está llorando y también su hermana", pausé mi video y confirmé que sí, por mi ventana podía escuchar a varias mujeres llorando. ¿Qué pasó? me pregunté e hice lo único que se me ocurrió pero que sabía que me daría respuestas: entrar a facebook, porque vivimos en un pueblo pequeño y donde los chismes siempre se publican primero en facebook.

Para mi sorpresa, lo que encontré no fue ni un chisme, ni nada chistoso: la hija de mi rentero, Vianey, había fallecido. 

Salí de la casa para encontrarme con su hermana llorando, no sabía ni qué decir, solo se me salió un "lo siento mucho", pero no me animé a preguntarle qué pasó. Durante toda la tarde fui recopilando extractos de lo que había pasado: era lo único de lo que se estaba hablando ese día. 

Vianey no murió, se suicidó. Porque su novio la engañó con otra chica y esa chica le envió un montón de videos y fotos de ellos teniendo sexo. Vianey fue a buscar a su novio para reclamarle, y también a la chica, pero ambos no dieron la cara. Así que en su casa, sola, se terminó  ahorcando.

Escribir esto me parece irreal. Vianey tenía menos de 25 años, una vida por delante y mucho que descubrir aún. Vivir en un pueblo tan pequeño a veces es como vivir en una burbuja, donde por ejemplo, hablar de salud mental es un tabú, a veces parece que vivimos 50 años en el pasado para muchas cosas. Se me parte el corazón pensar en lo mucho que habrá sufrido, en lo que sus papás sufren ahora, y en qué se pudo haber hecho para evitar que muriera. 

Vianey siempre tenía una sonrisa para regalar a todo aquel que cruzara en su camino, y así quiero recordarla. 

jueves, 4 de enero de 2024

Cuando pase el temblor

En marzo de 2020 mi padre subió al techo a revisar su antena de televisión, porque pensó que había algo mal con ellas, debido a que desde hacía ya días el cable no servía y solo había estática en su tv. Para su mala suerte, no encontró nada anormal, así que tuvo que regresar tristemente a su sala donde se sentó en su sillón blanco y esperó a que la cena estuviera lista. Era su costumbre: regresar del trabajo y sentarse a ver lo que fuera: una película, las noticias o el partido de fútbol, mientras esperaba a que mi madre terminara de cocinar y finalmente anunciara: ¡la cena está lista, apaga esa tele y vente a comer!

Mi padre se preguntó qué podría hacer en vez de mirar la tv, ¿qué hacía la gente antes?, ¿limpiar? miró a su alrededor y la casa estaba bastante impecable, y es que mamá tenía un raro miedo a los gérmenes y jamás dejaba pasar un día sin sacudir, barrer, trapear y pasar un trapo con cloro y pinol por toda la casa. ¿Qué podía hacer?, ¿leer el periódico?, demasiado aburrido, ¿ayudar a mamá con la cena?, ni hablar, eso solamente lo dejaría con dolor de cabeza. Así que optó por hacer lo que solo hacía en caso de total emergencia:

-Vieja, ¡voy con José a ver las noticias, me echas un grito cuando la comida esté lista!

Nada nuevo en el mundo: robos y asaltos por doquier, politicos haciendo de las suyas, niños cantando y bialando, pero pronto notó que había algo de lo que no paraban de hablar: un virus raro apoderandose del mundo, con un nombre aún más raro y amenazando con dejar a todos en casa. 

-Seguro no pasa nada - dijo José y cambió de canal.

Pero ahí estaba de nuevo: el virus esparciéndose, el miedo también.

Papá volvió a casa antes de que mamá tuviera lista la cena, prendió el estereo y subió el volumen. 

-¡Bájale! estoy hablando con tu hijo.

-Pásamelo.

Entonces papá y yo hablamos de cosas generales: cuándo sería mi próxima visita a casa, para cuándo iba a proponerle matrimonio a Mónica, cómo iba el trabajo.  

-Parece que este virus es en serio. En la última semana ya despidieron a seis de mis compañeros. 

-Nunca pasa nada hijo, tú tranquilo.

-¿Estás escuchando a soda estereo?, ¿cuántas veces al día escuchas las mismas canciones papá?

-Ya sabes que son mi banda favorita, ok, hijo, tengo que irme porque tu mamá ya me está haciendo señas de que es hora de ir a cenar, nos vemos cuando pase el temblor.

-Adiós papá.

Yo estaba viviendo en Indio, California, trabajando como programador para una empresa gigante, y yo paraba de escuchar los rumores: pronto todos estaríamos desempleados, sin dinero y sin papel de baño. 

Para abril el mundo ya no era el mismo que antes, apenas y podía conseguir salir de casa una hora al día, hablaba con mi papá a diario, siempre con música de Soda Estereo de fondo y mi mamá cocinando. Por suerte ya había comprado otra antena y ahora podía ver la televisión, pero según él se había acostumbrado a ir a casa de José, luego regresaba a casa a hablar un rato conmigo y a cenar. 

"¿Cuándo vas a venir a casa?" me repetía una y otra vez, y aunque yo había mirado constantemente vuelos, no me había decidido aún. 

En junio mi papá se enfermó, lo noté cuando un dia no paraba de toser y mi mamá tuvo que gritarle para que dejara el celular y tomara su medicina. Un día simplemente ya no me respondió y después de varias llamadas a mamá, finalmente me dijo que mi papá tuvo que ir a que lo checaran al hospital, pero que ya estaban en casa. Me lo pasó y pude hablar un poco con él.

-¿Seguro que estás bien papá?

Me aseguró que se sentía bien y no era más que una tos común, pero yo estaba preocupado. Terminó su llamada con "nos vemos cuando pase el temblor", y colgamos. 

Esa fue la última vez que hablé con él. Al día siguiente mamá me llamó desconsolada y yo no lo podía creer. Compré el vuelo más cercano y finalmente volví a casa. 

jueves, 21 de diciembre de 2023

Todas las veces que he muerto

 La primera vez que morí es un recuerdo bastante pixelado en mi mente, solo recuerdo que tenía aproximadamente unos 4-5 años e iba caminando en la calle Africa de mi pequeño pueblo junto a mis papás, como era una niña con poca paciencia me adelanté bastante, iba casi corriendo y mis papás estaban diciendo mi nombre una y otra vez, tratando de que bajara la velocidad. Pero no hice caso, y como creí que era una niña grande me adelanté aún más, la calle se acabó y tenía que cruzarme a la siguiente, miré atrás, miré a mis papás con cara de preocupación, y luego cruce la calle. Escuché un grito fuerte "JANETH", y luego, un hombre en bicicleta que venía a toda velocidad me alcanzó, por alguna extraña razón recuerdo que ambos salimos volando por los aires, y ¡bum!, chau mundo. 
No recuerdo qué pasó después, cómo regresé a la vida, pero sí recuerdo que después de eso tuve un miedo bastante fuerte a las bicicletas, evitaba a toda costa subirme a ellas, y cuando mis amigos me preguntaban por qué no quería subirme, lo sabía cómo explicarles. 
El miedo se me quitó apenas hace unos años, cuando mi novio me obligó a subirme a una bici bastante grande y eléctrica además, finalmente me di cuenta de que hasta me gusta pasear y sentir el viento en el rostro, eso sí, siempre hay una voz en mi cabeza que me pide que tenga mucho cuidado y tiene miedo de caerse o atropellar a alguien.

La segunda vez que morí fue en casa de mis papás, no sé cuántos años tenía pero ya había terminado la universidad, y estaba en ese periodo donde no sabes qué harán con tu vida así que te quedas con tu familia por un tiempo. 
Recuerdo que fue una noche larga donde no conseguí dormir por más que lo intenté, eran como las 3:00am y finalmente me rendí, salí de mi cama y me fui a la sala donde me acosté en el sillón con la esperanza de poder conciliar el sueño ahí. Me tapé de pies a cabeza con una sábana y esperé, pero nada pasaba, mi cabeza aún estaba pensado y no conseguía descansar, hasta que de pronto tuve una sensación extraña: me dolía el pecho, y era una puzada que no se quitaba y dolía más y más, hasta que algo en mi dijo: te estás muriendo. Primero no lo podía creer "qué forma más tonta de morir", pensé, y luego me resigné, "bueno, al menos moriré en casa de mis papás", sentí entonce cómo mi cuerpo se ponía ligerisimo y yo flotaba arriba de mi cuerpo, chau, me dije a mí misma, luego, aunque parece un cliché, sí vi una luz bastante blanca que lo iluminó todo, y un segundo después volví a mi cuerpo. Falsa alarma, pensé, aún no era mi tiempo, otra vez. Me quedé recostada ahí pensando en la paz de morir, hasta que me quedé dormida.

La última vez que morí fue hace poco, y de nuevo de una manera muy tonta: al cruzar la carretera. Sentí de nuevo como era una niña pequeña y mis papás me gritaban: JANETH, pero esta vez estaba sola, vi un carro gris acercarse más y más a mí y sentí a mi cuerpo volverse una estatua y me quedé completamente paralizada. 

Hay algo acerca de la muerte, que siempre me ha asustado, pero luego comprendí que morir solo es parte de vivir, una y otra y otra vez. ¿Cuál será la definitiva?, no lo sé. Sé que hay cosas que te traen de vuelta a la vida instantáneamente. Como hoy, tocando mi jarana y cantando mientras pensaba que un día todo se volverá blanco de nuevo.

sábado, 16 de diciembre de 2023

llamame en la tarde

Vi a Lucía en la fiesta el fin de semana pasado, estaban tan guapa con sus cachetes rosaditos por el frío, y sus piernas con la piel de gallina porque no le gusta ponerse pantalón aunque se esté congelando. Traía puesto su vestido favorito, y lo sé porque se lo pone cada que va a una fiesta, un vestido blanco con un moño rojo en la parte de atrás. 
Lucía es como una obsesión sin serlo realmente, ¿entiendes?
La conozco desde que teníamps 5 años y entramos al kinder, nuestros papás siempre decían que terminaríamos juntos, supongo que eso quedó grabado en mi subconsciente.
Nos hicimos novios cuando teníamos 12 años, y nunca rompimos, aunque tampoco estuvimos juntos, fue una cosa de niños.  Lucía se fue a estudiar la prepa a otro estado y cambió por completo. Ya no era la pequeña Lucía; había crecido por lo menos unos 20cm y se había desarrollado y en las reuniones siempre estaba fumando. A veces actuaba como sino me conociera y a veces se pasaba la noche platicando conmigo y recordando los viejos tiempos, cuando vimos una película juntos por primera vez, porque me salí de mi casa a las 12am y entré a su cuarto por la ventana, cómo habíamos tenido tantos momentos platónicos, jamás la había besado y jamás la toqué, y aún así habíamos estado seguros de que íbamos a terminar juntos, viviendo felices para siempre.
Pero ahora tenía 17 años y había otra chica que decía estar perdidamente enamorada de mí, y no podía seguirla ignorando para siempre por estar esperando a que Lucía decidiera si quería estar conmigo o no.

*

Mirando atrás al momento en que Lucía me rechazó una noche de diciembre, me doy cuenta de cómo mi vida tomó una trayectoría que jamás hubiera esperado: 10 años después, casado, esperando mi primer hijo. Pero no fue fácil llegar hasta aquí, a veces aún veo a Lucía caminando por la calle y me pregunto qué hubiera sido de mi vida si ella me hubiera llamado.

*

Tomé a Lucía de la mano y le dije: ¿podemos hablar?, ella me miró con calma, y asintió. Podía sentir las miradas de los demás siguiéndonos. Nos sentamos es un pequeño sillón al final del pasillo, donde la música no sonaba tan fuerte. Ella me preguntó si todo estaba bien, dice que sí, pero que necesitaba preguntarle algo importante, ella se río y me tomó del hombro, eres un dramático y nunca vas a cambiar, ¿verdad?, dijo despacio. Lucia, dije con un tono que sonó más enojado de lo que esperaba, ¿qué estamos haciendo?, ¿por qué han pasado tantos años y aún no te he besado?, porque no has tenido el valor, dijo. Los dos nos reímos, la tomé de las manos, ella alzó las cejas, estaba esperando, pero yo no podía hacerlo, no sin saber que ella también quería lo mismo que yo.
Te quiero y quiero que estemos juntos, dije de una, sin respirar, casi con los ojos cerrados. Lucía no dijo nada, solo me miró y no despegó sus ojos de los míos. ¿Puedo llamarte mañana?, dijo. No sé qué decirte ahora mismo pero mañana seguro sabré. No puedo esperarte para siempre, respondí, y ella solo se levantó y caminó en dirección de los demás. 

*

Al día siguiente esperé como un tonto sentado en mi cama al lado del teléfono y la llamada nunca llegó. Lucía no iba a darme ninguna respuesta, nunca lo había hecho. Recordé como ella siempre tenía una excusa para estar con otra gente o sus amigos en lugar de conmigo. Así que finalmente tuve una novia, porque le dí una oportunidad a alguien más, aunque eso no resultó como había esperado y pasé los siguientes 5 años de mi vida con ella solo para romper porque resultó que ella quería estar con su mejor amiga. Y luego mi hermana me presentó a una de sus amigas y el resto es historia. Incluso invité a Lucía a mi boda y fue con su novio, y los cuatro nos tomamos una foto juntos, y pensé, lo que son las cosas. 
 

lunes, 30 de octubre de 2023

Mindy se enamora, otra vez

I

Cuando Mindy cumplió 21 años y estaba de vacaciones, la invitaron a dar unos cursos de poesía a niños, al principio estaba un poco exceptica, pero después de pensarlo un rato decidió que no tenía nada que perder.
Los cursos eran en una escuela privada a donde asistían un millón de niños (o eso parecía), así que Mindy estaba un poco nerviosa y un poco lista para que el curso terminara (2 semanas).

En el primer día estaba esperando en una banca afuera del aula, falataban 10 minutos para comenzar, estaba viendo su celular y cuando alzó la vista; lo vió.

No sabía cómo se llamaba pero sabía que lo había visto antes, y sabía que le parecía el adolescente más guapo en la faz de la tierra. Mindy apenas había cumplido 21 años, pero sabía con todo su ser que aquel chico era sin dudas menor que ella. Él la miró entoces, y ambos sonrieron. 

En el camino de vuelta a casa Mindy abrió facebook y usó todas sus tácticas de stalker para encontrarlo: su nombre era Xeon, y aunque su facebook no decía su edad, ella sospechaba que tendría entre 17-18 años. Estaba también dando un curso, así que no podía ser tan joven, así que se sintió aliviada. Le envió una solicitud de amistad que él aceptó casi instantáneamente y así empezaron a hablar.

Al día siguiente se vieron en la escuela y habían quedado de salir después a la playa. Mindy se sentía como una adolescente flotando en una nube de emoción y enamoramiento. No entendía por qué, pero aquel chico la hacía sentir de una manera especial, cómo si todo fuera posible de nuevo. Salieron una, dos, tres veces, prácticamente no se separaron durante las dos semanas de los cursos.

Cuando Mindy confesó tener 21 años y no 17, como él, Xeon se sorprendió bastante pero no dijo nada, lo procesó en silencio, y después, cuando ambos estaban en sus casas, él le mandó un mensaje que decía "no sé cómo me siento respecto a tu edad, no sé si puedo estar con alguien mayor que yo" Mindy sintió que el corazón se le rompía y lloró desconsolada. Pronto tendría que volver a la escuela, y sabía que no tendría tiempo de salir, ni de ver a Xeon, y quizá él ni siquiera quería verla más.

II

Cuando Mindy cumplió 22 años celebró al lado de Xeon en una casa que él había rentado exclusivamente para ellos. Con un pastel y nadando en una alberca gigante. Mindy se sentía la chica más afortunada del mundo. Todo el mundo sabía que ella y Xeon estaban juntos, pero lo que no sabían, es que él jamás se comprometía totalmente con ella: un día era todo amor y al siguiente, él se llenaba de dudas y le decía que no podía más. Mindy estaba entre la espada y la pared, porque sabía que ya era demasiado tarde, ya estaba enamoradísima de él y si dejaba de verlo su mundo se derrumbaría. 

A pesar de que los amigos de Mindy le decían que lo mejor era dejar aquella "relación" donde no estaba segura de nada, ella se resistía con todas sus fuerzas.
"Pero, ¿qué le ves? si es un niño", decían todos. Y ella no podía contestar, solo sabía que la hacía sentir de una manera en específico y no quería dejar de sentirse así.
Escribió tantos poemas, todos dedicados a él.

Soy el incendio del que no vas a poder escapar,
y es estúpido de mi parte creer que tal vez podrías intentar apagarme,
calmarme,
que con tu amor me salvarías de las llamas.
Estoy ardiendo,
me estoy muriendo lentamente sin respuestas
y tú no haces nada.
Estoy acostumbrada,
los hombres me usan y luego se aburren,
está bien...eres joven y ella lo es también,
no espero que vengas a mí antes de ir con ella,
¡qué inteligente eres!
Nunca,
jamás,
nunca, nunca, nunca,
pienses que puedo ser  una de las chicas que acechan a tu corazón,
de esas que no te dejan pensar con claridad,
míralas: están por todas partes,
y yo,
yo soy un incendio que acabaría con todo lo que eres.
Quizá ya pasó,
quizá ahora mismo estás atado a mí sin darte cuenta.
Esta es mi primera advertencia.
No esperes más:
corre,
huye,
escapa.
Lo sé,
lo entiendo:
eres joven y no podrías amarme, eres joven y un incendio de mi magnitud te convertiría en cenizas, eres joven y yo ya no.
Mindy llenó libretas participó en varios eventos de poesía, donde le decía a todo el mundo lo mucho que quería a Xeon, y lo poco que él la tomaba en cuenta. 

Hasta que Mindy llegó a la conclusión, después de varios años más, de un montón de lágrimas, llamadas y mensajes, de que Xeon solo estaba enamorado de la idea de que alguien lo quisiera con todo su ser. Pero a cambio, él no daba nada. Todos los gestos que tuvo hacía ella eran solo gestos para mantenerla a su lado, queriéndolo, adorándolo y a la primera señal de que él también estaba teniendo sentimientos por ella, corría a toda velocidad. 

Recordaré tu pequeño cuarto,
sentirte,
la luz que entraba por la ventana,
tus discos,
tus libros,
nuestros desayunos,
nuestros atardeceres,
nuestras noches,
nuestros cuerpos el uno contra el otro,
durmiendo,
las pequeñas corrientes de aire,
inmediatas y para siempre.
Tu pierna,
mi pierna,
tu brazo,
mi brazo,
tu sonrisa
y tu calidez que me hizo reír de nuevo.

martes, 24 de octubre de 2023

Mamá y Mindy

 Mindy tiene un secreto que jamás le ha dicho a nadie, y solo pensar en confesarlo la hace ponerse nerviosa. 
Y es que cuando tenía apenas 17 años y sin querer, vió mensajes  en el celular de su mamá que la dejaron helada: era de un número desconocido, un número sin registrar, que decían cosas como: te extraño, te quiero... cosas que su inconsciente no quiere que recuerde, pero a veces se le escapan.
Mindy trató de decirse que eso era un error, que su mamá no podía ser de la clase de personas que son infieles, sobre todo cuando su papá estaba siempre alrededor, ¿cómo se las arreglaba para mandarle mensajes a este tipo?, ¿cómo podía verlo cuando siempre estaba trabajando o en casa?

Un día Mindy se armó de valor y tomó el celular sin que nadie la viera, guardó el número de teléfono en su celular y luego se encerró en su cuarto. Todo su cuerpo estaba emocionado y nervioso a la vez, ¿qué haría?, ¿qué podía hacer para que esa persona desapareciera de su vida?, ¿acaso se atrevería a mandarle un mensaje?, ¿a llamarlo?, y aunque lo hiciera, ¿qué le diría?
"Deja a mi mamá en paz"
"No le vuelvas a hablar a mi mamá"
"Estás destruyendo a mi familia"
Aunque sabía que en la superficie en su familia todo estaba bien, su papá parecía feliz. En la mente de Mindy, los únicos que podían ser infieles eran los hombres, ¿cómo pudo su mamá romper esta regla tan preciada?

Los días pasaron y Mindy nunca mandó ningún mensaje ni hizo ninguna llamada, quería contarle a alguien su secreto, pero no se animaba, pensaba que una vez que lo dijera se volvería realidad y ya nada podía detener el fin de su familia.
Así que trató de olvidar.
Pero cada que veía a su mamá contestar un mensaje y luego meterse rápido el celular a la bolsa, sabía que algo no estaba bien, y sentía un nudo en la garganta al no poder hacer nada.
También pensó en decirle algo a su mamá, pero, ¿qué podía decir? "Sé tu secreto", "por favor basta"

Cuando Mindy cumplió 21 años finalmente salió de casa y se fue a vivir con una amiga. Se sintió aliviada, ya no tenía que aguantar la respiración y esperar a que la bomba estallara, y si estallaba ya no era su problema. Poco a poco aquel asunto con su mamá fue quedando más y más en el fondo de su mente, hasta que lo olvidó, o al menos pensó que ya había terminado.

Pero un día, en la fiesta de navidad, mientras todos se daban abrazos e intercambiaban regalos Mindy no pudo evitar mirar de nuevo el celular de su mamá, que estaba encendido porque un mensaje había llegado. Mindy disimuladamente caminó hasta él y con una mirada pudo leer "Te amo", era de un número desconocido, un número sin registrar.
Mindy miró a todos lados, pero nadie más se dió cuenta y el celular se puso en negro. 
"No, otra vez no" pensó. Pero ya era demasiado tarde, de nuevo su mente iba a mil por hora, así que agarró sus cosas y dijo adiós. Y mientras caminaba a su casa, no podía dejar de pensar en cómo decirle a alguien, en cómo armarse de valor, pero en el fondo supo que no podía, aún no.

sábado, 21 de octubre de 2023

Mindy parte 1

 Esta es una historia sobre el control.

Cuando Mindy cumplió 17 años, un día decidió que quería tener novio, más que nada porque estaba aburrida y veía como todo el mundo estaba enamorado, y ella también quería estarlo, quería el amor más que nada en el mundo, así que con ayuda de dos de sus mejores amigas arregló una "cita".
Sus amigas le dijeron que esperara a la salida de la prepa porque el chico estaría ahí, y juntos se irían caminando hasta casa de Mindy y así tendrían tiempo para platicar y conocerse.
Pero Mindy no sabía cómo hablar con chicos, no sabía que decir y estaba tan nerviosa que practicamente no dijo nada en todo el camino, pero aún así supo que ese chico se convertiría en su novio, porque era encantador y porque sabía hablar y escuchar lo poco que ella tenía que decir.
Así, Mindy tuvo finalmente su primer novio con 17 años.
Y se sintió aliviada, porque en el fondo se su mente había un guión que debía de seguir: sus papás habían empezado su relación cuando su mamá tenía 17 años y se habían casado al año siguiente, y ella, aunque inconscientemente, quería repetir la historia.

Pero al año siguiente en vez de recibir un anillo de compromiso como había soñado por meses, recibió la noticia de que su novio ya no quería estar con ella. 

Lloró como Magdalena, y pensó que el mundo había dejado de girar, pensó que jamás se recuperaría de un amor tan grande cómo aquel, y sobre todo, pensó que era una fracasada porque no repetiría la historia de amor de su madre. 
Así que Mindy volvió a verse más con sus amigas,  que poco a poco la ayudaron a darse cuenta de que aquel chico no era el indicado como ella creía con fervor, ¡ni siquiera tenían nada en común! Y su voz volvió a ella poco a poco, y se sentía más cómoda hablando con el sexo opuesto, más cómoda saliendo de fiestas y disfrutando. Su idea del amor seguía estando ahí, en el fondo de su mente, pero estaba domada, esperando el momento indicado para volver a salir de la oscuridad.

Hasta que un día caminando por la universidad vio a su ex novio con una nueva chica. AY, pensó, ¿CÓMO PUDO OLVIDARSE DE MI TAN RÁPIDO?, y trató de mantener el control porque estaba rodeada de gente pero no pudo hacer otra cosa más que caminar rapidísimo a la biblioteca y encerrarse en un baño a llorar. ¿Cómo pudo ser tan tonta?, obviamente aún estaba dolida y aún quería casarse y ser feliz, y ¿cómo lo iba a lograr sin tener novio?, y ahora su ex ya no era una opción, quizá en el fondo se había hecho a la idea de que un día regresarían, y ahora esa posibilidad ya no existía.

Lloró por días, desconsoladamente y no salió de su cuarto ni habló con nadie. Mindy se sentía fuera de control,  así hizo lo único que se le ocurrió para sentirse mejor: dejar de comer, y lo poco que comía lo vomitaba. 
A veces le mandaba mensajes a su ex y después de arrepentía, se iba a la alacena y se devoraba una bolsa de papitas que después iba a al baño a vomitar. 
No sabía por qué pero eso la hacía sentir mucho mejor, se sentía en paz al tener una parte de su vida bajo control.
Poco a poco los demás comenzaron a notar que algo no estaba bien con ella, y se preocuparon pero nadie sabia cómo ayudarla, ¿qué podían hacer?, ¿qué podrían decirle para que se sintiera mejor?, ¿cómo apoyas a alguien que no quiere recibir ayuda?
Mientras tanto Mindy se sentía más y más aislada del mundo. Más sola con su dolor, y sin ganas de hacer nada, ya no quería ir a la escuela, ya no podía comer ni aunque quisiera porque su cuerpo no lo aceptaba. Se sentía como dentro de un pozo sin salida.

Y aunque quizá muchos piensen que el final de esta historia es que Mindy encuentre otro amor, la verdad es que no fue así, sino todo lo contrario:
Mindy fue al hospital muchas veces, acompañada de sus papás que esperaban en silencio con ella, solo para darse cuenta de que su problema con la comida no era físico, sino psicológico. Y así fue como el camino hacía la recuperación empezó, con terapia. Y aunque no fue fácil encontrar a una psicologa que la convenciera y la ayudara, el proceso valió la pena porque descubrió que muchos de los sentimientos que estaba teniendo ni siquiera le pertenecían, sino que estaban ahí porque su mamá no había podido procesarlos antes. Estaba atrapada en una historia donde ella no era la protagonista, y se dió cuenta de que si quería volver a tener el control de su vida, debía dejar ir muchas cosas, soltar las riendas y dejar que el mundo la sorprendiera, en lugar de pensar que sino encontraba a un hombre en las próximas 24 horas estaría condenada.

Mindy cumplió 21 años toltalmente recuperada de su anorexia y bulimia, comprendió que el amor le llegaría cuando fuera el momento y que no tenía que apresurarse ni buscarlo en todas partes, y mucho menos aceptar a cualquier chico en su vida solo por estar aburrida.

To be continued...

miércoles, 4 de octubre de 2023

Samy

 Samy es una niña pequeña, amorosa y mimada que vive en el cuerpo de Samantha. Samy creció en la ciudad al lado de sus padres y sus dos hermanos mayores, fue el piloncito de la familia y por lo tanto, la más consentida por todos. Samy creció rodeada de amor por todos lados: sus hermanos la adoraban y la llevaban con ellos a todos lados, le compraban regalos y le decían cuánto la querían.
Sus papás siempre la apoyaban en todo y Samy sabía que podía hacer cualquier cosa en el mundo gracias a ellos.
Samy vió cómo el amor de sus padres llenaba la casa en donde vivían; a veces, incluso se comportaban como adolescentes enamorados y eso le causaba nauseas, pero a la vez una felicidad inmensa. 
Por supuesto, el papá de Samy le dijo una y otra vez lo mucho que ella valía, y que jamás debía conformarse con un hombre que no la valorara lo suficiente. Samy vivía encantada en los brazos amorosos de su padre, sintiéndo cómo debía ser el amor verdadero, agradeciendo por tener una familia como la suya.

Hasta que pasó. Porque siempre tiene que pasar, ya que la vida no puede ser perfecta, sino, ¿qué chiste tendría?

El papá de Samy se enfermó de repente, así, de la nada y estaba internado en el hospital, y ningún doctor podía decirles con certeza qué es lo qué estaba pasando. La familia lloraba desesperada, querían encontrar lo que sea, una cura, o incluso esperanza de que se salvaría. Pero los días pasaron y él se ponía cada vez más y más enfermo. Samy no podía soportarlo, apenas estaba entrando a la adolescencia y sentía una desesperación en el pecho que no la dejaba dormir: ¿qué haría si su papá no estaba para decirle cómo vivir la vida y cómo enfrentar los retos del amor?, ¿quién la aconsejaría?, ¿de quién recibiría tanto amor?

Samy perdió a su papá un día triste y oscuro. 
Y se encerró en su cuarto de donde no salió durante un mes entero, sobreviviendo solamente de la comida que a veces su mamá la obligaba a comer. No respondió mensajes ni llamadas, no quería saber nada del mundo exterior. Su mamá estaba igual o peor que ella, ambas, se tiraron en la tristeza y no salieron de ahí por mucho, mucho tiempo.

Entonces Samy quedó muy al fondo de Samantha, como una voz que le recordaba lo mucho que valía la pena seguir, lo mucho que deseaba encontrar el amor, lo mucho que quería sanar aún cuando su papá no estuviera. Pero Samantha aprendió a ignorarla, y así, se fue a vivir lejos de la ciudad, a un pequeño pueblito costero donde encontró una comunidad que la hacía sentir querida, donde encotró un trabajo estable en un bar y entró a estudiar circo.
Samantha salió con muchos chicos, de todas las edades y formas imaginables: con 21 años estuvo con uno de casi 50, y luego con uno de 24, 23, 36, no importaba, solo no quería dejar de sentir el amor que tanto le faltaba, quería una imitación de lo que un día había sentido con su papá.

Samy a veces intentaba hablarle pero siempre fallaba en sus intentos desesperados y no entendía, ¿cómo podía una adulta comportarse tan estúpidamente?, ¿acaso no entendía que el amor estaba esperándola en su interior?, con ella misma. Una vez que aprendiera a escucharse, a ignorar lo exterior en vez de su interior, todo cambiaría. Pero en vez de eso, Samantha seguía en relaciones donde sabía que en algún momento iba a terminar lastimada. Luchaba contra ella misma, quería saltarse todos los pasos y llegar a la felicidad, pero no sabía cómo.

Samantha terminó su relación más reciente porque se acostó con otro chico, no supo por qué lo hizo, quizá fueron sus ganas de arruinarlo todo, porque hasta la fecha la relación parecía estar funcionando. Se pregunta si algún día será capaz de amar por completo, así como amó a su papá. Mientras tanto, Samy la espera, pacientemente, porque sabe que un día estará lista, un día ambas platicarán y finalmente estarán en paz.

martes, 19 de septiembre de 2023

Hace calor

He pasado 5 veranos de mi vida huyendo del calor, en europa, en Canadá, guadalajara y Estados Unidos. 

Pero este año solo pase un mes y medio en casa de los papás de mi suegros y regresar en agosto fue, digamos que difícil. Sobre todo porque es acostumbrarse a que todos los días vas a sudar hasta que tus blusas y vestidos quedan completamente empapados, vas a tener que ponerte desodorante hasta cada hora, y bloqueador como loca, solo para seguir sudando aún cuando estás en la sombra. 

El calor es bueno, prefiero el calor que el frío pero no en este extremo. La lluvia no llega, el arroyo no lleva agua y en el mar el agua está tibia. 

¿Qué nos queda? Esperar a que la lluvia lo calme todo, como siempre. Y luego remojar la piel hasta que se ponga suavecita y arrugada, bailar en el mar y sudar dejando todas las toxinas fuera del sistema. 

Sí, odio el calor pero aquí he vivido prácticamente toda mi vida. Sí, odio sudar pero soy una de las personas que más suda en el mundo, hasta empapo el papel en el que intento escribir en estos días. Sí, odio el agua caliente pero la fría tampoco me gusta tanto. 

jueves, 22 de junio de 2023

No te he visto en mes y medio

 Me ambaracé hace aproximadamente 10 meses y medio, lo que significa que mi hijo nació hace mes y medio. Al principio entré en pánico, ¿me imaginaba siendo mamá?, la respuesta era simple: no. Pero mi papá había muerto no muchos meses antes, y aún con todo el pánico y el miedo, me decidí por verlo todo como un pequeño milagro y cómo una señal de que mi papá seguía conmigo de algún modo. Cuando le conté a mi mamá no podíamos dejar de llorar, estaba aterrada, pero desde ese momento supe que si podía contar con ella nada me iba a hacer falta. 

Luego le conté a mi mejor amiga, con la que he pasado todas mis aventuras y desventuras desde que teníamos 14 años. También lloramos de emoción. 

Poco a poco todo empezaba a tomar sentido. Yo, Jessy, siendo mamá. Iba caminando y no podía dejar de contar a todas las embarazadas que me encontraba en el camino, a todos los bebés y lo lindos que eran. 
Soñé con mi papá varias veces y siempre me decía lo mismo: tú puedes, serás una mamá increíble.

Pero nadie te advierte del dolor que sientes al parir, o quizá sí pero te lo tomas a la ligera porque no quieres echarte para atrás (como si hubiera manera de hacerlo). 
El día que nació mi hijo grité y lloré y me desesperé como nunca antes había hecho, conocí una escala del dolor nunca antes vista y finalmente, conocí el otro lado del amor: ese del que siempre se habla y que según jamás entenderás hasta que tengas un hijo, y déjenme decirles, es verdad.

Después de mes y medio con unas cuentas horas de sueño por noche, con mis pezones adoloridos y mi vagina ya de vuelta a la normalidad, fui con mi ginecóloga, le pedí que por favor no me mostrara a mi vagina en esa pantalla gigante, donde siempre sientes que tienes un monstruo allá abajo. Se río y me dijo
"Todo está bien Jessy, tienes una buena recuperación. Se ve bien" 

Pero llegando a mi casa quise llenarme de valor y agarré un espejo, fui al baño y me senté en la taza, y juro por dios que no pude.
Tuve  a mi bebé hace mes y medio y todo el mundo me llama valiente, pero si se trata de ver a mi vagina de nuevo, no puedo, no tengo el valor de hacerlo, aún no.

viernes, 24 de junio de 2022

La historia del celular

 Ayer, después de dos días sin mi celular, porque me lo robaron, milagrosamente lo recuperé. Lo que me parece completamente increíble, pero voy a empezar desde el principio:

El martes fui junto a mi novio y su mejor amigo a LDM, porque teníamos que pagar la renta de nuestra casa allá. Pagamos la renta y luego fuimos a la playa, y como el agua estaba súper tranquila, yo fui a bañarme, dejando mi celular y mi bolsa en la arena, sin pensar demasiado en ello, porque cada que voy a la playa eso hago: nunca pienso que algo malo va a pasar. En fin, estuve nadando como por 20 minutos, y luego mi novio y su amigo se unieron, estuvimos en el mar juntos como por 5 minutos y decidí salirme. Nuestras cosas estaban a unos metros, pero no era muy fácil verlas porque una palmera estaba en el camino. Llegué y ahí estaba casi todo: la mochila de mi novio, la mochila de su amigo, una toalla, pero no estaba ni mi bolsa ni mi celular, así que pensé que quizá mi novio la había medido a su mochila, pero la busqué y no estaba tampoco. En ese momento aún no pensaba: me robaron, así que solo fui a hablar con mi novio para preguntarle: ¿dónde pusiste mi bolsa?, y él respondió: ahí debe estar sobre la toalla.

Los dos corrimos, porque automáticamente supimos que me habían robado. 

Preguntamos a la gente que estaba cerca a nuestras cosas pero todos dijeron que no vieron a nadie sospechoso. Le hablé a nuestra arrendadora, y ella le habló a la policía, yo estaba llorando porque me sentía muy frustrada, llamé al banco y cancelé mis tarjetas. La policía llegó y dijeron que no podían hacer nada, que si quería fuera a denunciar. Así que regresamos a San Pancho donde a través de mi computadora, pudimos localizar mi teléfono y bloquearlo, porque las personas que me lo robaron estaban entrando a mi whatsapp para tratar de estafar gente. 

Todo el día me sentí mal, no podía creer lo que había pasado, además, era el último día que iba a pasar con mi novio, porque al día siguiente volaba a ATL. Al final del día, logré calmarme, a fin de cuentas, todo lo que me robaron era reemplazable: tarjetas, credenciales y llaves. 

Ayer por la tarde le marcaron a mi papá de un lugar cercano a San Pancho, como a 30 minutos en carro más o menos, era un centro de computo, donde arreglan también celulares, y le dijeron: nos llegó este iphone que está bloqueado y tiene su número y lo reconocimos porque usted es cliente de aquí. Y wow, mi celular vuelve a mí de la manera más extraña, pero vuelve a fin de cuentas. Qué loco es el mundo, ¿no?, y qué rara la manera en que funciona todo, pero a fin de cuentas el karma existe y aquí estoy de nuevo usando mi teléfono. Sí, tengo que ir al banco y sacar mi credencial de nuevo, pero bueno, la lección está ahí: debo ser más cuidadosa. 

Fin.

miércoles, 20 de abril de 2022

Cartón de leche

 En Arizona, esperando el asiento del pasajero, siempre la misma historia y aquí va de nuevo:

Nos peleamos por las cosas más simples, por dónde pongo mis zapatos, por el papel de rollo tirado cuando aún tiene, por quién lava los platos después de comer, o por el maldito cartón de leche a medio vaciar.
Después te vas lejos, a casa de tus padres, y me echas la culpa de todo, que si soy bastante inmaduro aún, qué porqué tuviste que enamorarte de un hombre menor que tú. Pero solo nos llevamos año y medio, no es nada. Pero aún así les cuentas las cosas más absurdas y las haces sonar como si fueran gigantes que nos aplastan con sus pies. 

Cariño, te he estado esperando por una hora, ya toqué los discos que siempre pongo cuando te vas: un poco de rock luego pasamos al blues. Un hombre canta sobre hablarle a la luna, y yo me estoy quedando dormido aquí, porque eres una niña berrinchuda que no quiere salir y pedir perdón, pero no importa, sabes que yo siempre termino por pedir perdón, aún cuando no es mi culpa. 
Haría cualquier cosa por ti. 
Incluso manejar durante ocho horas. Porque eres tan escurridiza que desapareces en medio de la noche; sales de la cama sin hacer ruido y empacas un cambio de ropa en la mochila, tomas 20 dólares y tu tarjeta de crédito, y no miras atrás.

En la mañana, despierto y tiro ese maldito cartón de leche a la basura, suspiro pensando en cuándo vamos a dejar de pelear, cuándo las cosas volverán a ser como cuando nos conocimos, hace tres años. ¿Cuántas veces te has ido?, no sé, perdí la cuenta pero siempre me sale caro este roadrip sin planear. Las llaves del coche están en la mesa, sabes que voy a ir por ti, como siempre lo hago. 

En cinco minutos vas a salir de casa de tus padres con lágrimas en los ojos, vas a besarme con fuerzas y pondrás tus brazos en los míos, vamos a parar en un motel barato para hacer el amor. Lo sé, lo sabes, y a veces me pregunto, ¿por qué dejo que siga sucediendo?, ¿es porque te amo o porque estoy aburrido?, no lo sé. Miro el reloj, faltan 30 segundos.
Cuento mentalmente, espero, miro a la ventana, sigues ahí, en la misma silla de siempre, pero, no te levantas. Sabes que te espero pero no te levantas.
¿Qué pasa?

Te doy cinco minutos más, pero me sorprendo al descubrir que esta vez, las cosas serán diferentes. Veo a tus padres salir de la casa, suben al coche y ni siquiera me voltean a ver. Luego sales tú, con la misma ropa de ayer y no está tu mochila sino una maleta grande, ¿cuándo tuviste tiempo de empacar tanto?, grito tu nombre pero no voleas, subes al carro a la parte de atrás, y veo como lentamente te alejas. 
No sé si llorar, o alegrarme, lo que sé, es que los viajes a Arizona finalmente terminanarán.