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miércoles, 29 de marzo de 2023

Volver a escribir

 No he podido escribir últimamente, el trabajo me consume por completo, la vida de adulta, las responsabilidades inundan mi cabeza y le quitan el espacio a mis ideas. Hace unos meses leí que las ideas son como pequeños fantasmas que andan rondando el mundo en busca de alguien que las lleve al plano real. Pues bien, ninguna idea ha venido a visitarme últimamente, y es que mi puerta esta apenas abierta, no hay espacio para la creatividad en estos días. Soy yo la que tiene que hacer un espacio, dejar al lado mi teléfono al que me siento adicta, dejar al lado la procrastinación y empezar a ir hacia adentro. Necesito del silencio, pasar un tiempo con todas estas voces que solo se pueden escuchar una vez que estás enfocada y con los ojos cerrados y en un lugar tranquilo.
Respirar y dejar ir todos estos pensamientos que me repiten que no soy lo suficientemente buena para cumplir mis sueños, que el tiempo pasó, ya no soy la adolescente que tenía palabras para repartir e historias que contar aquí y allá.
Ahora entiendo porque la mayoría de las obras que más me gustan están hechas por personas jóvenes: porque cuánto más jóvenes somos más tiempo libre tenemos, menos responsabilidades, tenemos tiempo solo para pensar y encontrarnos y así, claro que las ideas vienen corriendo a nosotros.
Eso no quiere decir que por ser una persona mayor y ocupada no se pueda ser una persona creativa, o al menos eso quiero creer. Tengo que demostrarme a mí misma que puedo hacer tiempo para mi arte, para dejar que el canal se abra y las ideas y palabras entren a mí, me posean, y de ello salga algo que admirar. 
Poco a poco.
Dicen que el primer paso es darse cuenta, y eso ya pasó, ahora, es tiempo de volver. 

martes, 5 de junio de 2018

La rutina de cada mes

Él manda un mensaje en la tarde, a eso de las 3 o 4, preguntándole que si lo extraña. Ella contesta que sí, que a veces. Él se ríe y le pregunta qué hará en la noche. Ella suspira, le responde que no tiene planes aún. Él le pregunta "¿nos vemos?". Ella quiere decir que no, pero piensa que es preferible tener su compañía a estar sola, así que dice que sí, "me avisas cuando quieras venir". Él responde "ok".
Y dejan de hablar por toda la tarde.
Ella llega a casa después de trabajar, toma una ducha rápida, se depila de pies a cabeza, cuidando que toda su piel esté lo más suave posible. Sale de la regadera, canta una que otra canción del momento, se perfuma, sabe que en cualquier momento su celular va a comenzar a sonar.
Él le llama. "¿dónde estás?", "casa", "ok, te veo ahora mismo".
Ella ni siquiera se pone ropa y cuando él toca ella lo recibe con una sonrisa en los labios y lo invita a pasar. No se dicen hola, él simplemente va directo a su boca y la lleva hasta la recámara.
"Hey, sé un caballero, y dime que me extrañas". Él se ríe mientras la acaricia.

Después, tendidos en la cama. Ella trata de hacer conversación pero sabe que no vale la pena. Hablan de trivialidades. ¿Cómo va el trabajo?, ¿estás saliendo con alguien en específico?, ¿qué vas a hacer en tus vacaciones?
Hacen planes que jamás se cumplen.
"Llévame a Mazatlán" le dice ella, "ya que tenga carro", "pero ya tienes", y ambos se ríen. "Mejor vamos a Cuernavaca" comenta ella al final, y todo queda en silencio.

"¿Puedo quedarme a dormir?", pregunta él de repente. "Ya conoces las reglas", responde, y casi como un niño que recita una efeméride de memoria, él dice "si llegas después de las 12, no puedes quedarte a dormir". Ríen. Él comienza a vestirse. Ella acaricia su rostro de vez en cuando. "¿Hace cuánto que nos vemos?" le pregunta, "no sé, creo que más de un año".

Y antes de que salga, ella le dice "¿nos vemos el próximo mes?"
Él sale sin decir nada.

domingo, 27 de mayo de 2018

Vagabundo

A veces se me olvida lo fácil que es conocer personas nuevas.

El viernes fui con mis amigos al bar al que siempre vamos, y yo estaba de muy mal humor porque había unos chicos que no me caen muy bien, así que todo el tiempo estaba de: "ya me quiero ir", bailamos un rato, no tomé ni una gota de alcohol y de repente dos chicos se nos acercaron para querer bailar, obviamente yo dije que no.
Después nos cambiamos a otro bar, y de nuevo ahí estaban los chicos, que se volvieron a acercar para invitarnos a otro lugar, todos mis amigos dijeron que sí y yo tuve que seguirlos -casi a fuerzas.
-¿Cómo te llamas? -me preguntó uno de los chicos mientras estaba sentada. Yo de verdad no tenía ni la más mínima intención de hacerle caso, pero tampoco quería ser grosera, así que hablamos un rato y descubrí que era de Oregon y que estaría en Puerto Vallarta por 3 meses, más o menos. Luego, me volvió a invitar a bailar y dije que sí y a partir de ese momento todo se volvió divertido.
Un montón de gente comenzó a unirse a nosotros y de repente ya estaba fuera de control: todos bailando, brincando y gritando.
Terminé conociendo a más personas, todas de diferentes países, y cuando se hicieron las tres, mis amigos se querían ir -y yo no, así que tuve que despedirme, no sin antes decirle al chico que me la había pasado demasiado bien y que gracias por sacarme de mi mal genio.

Al día siguiente -o sea, ayer, yo estaba en mi trabajo y me habla una amiga diciendo "adivina a quién acabo de ver en el pueblo" y yo sonreí, porque estaba segurísima de que estaba hablando del chico. Así que fui a darme una vuelta a la playa, y dije "si es el destino, me lo voy a encontrar" y dicho y hecho: estaba sentado en la playa con sus amigos, y en cuanto me vio, fue corriendo a saludarme.
-Vamos a bañarnos -le dije mientras señalaba el océano y solamente sonrió mientras me tomaba de la mano.
Estuvimos casi todo el día juntos, hasta que me dijo que iban a regresar a la casa que estaban rentando.
-¿Quieres venir? -y ni siquiera tuvo que preguntarme dos veces.
Terminamos pidiendo raite al siguiente pueblo y yo me sentía como una nueva persona: haciendo cosas locas, saliendo con extraños, y extremadamente feliz.

El grupo estaba así: El chico de Oregon, un chico inglés, una chica alemana, un chico canadiense, un chico de Filipinas y yo.
-Somos el grupo más random del mundo -le dije.
Estuvimos unas horas en su casa, conociéndonos y hablando de nuestras vida, la mayoría llevaba años viajando y lo seguiría haciendo. Yo sentí un montón de ganas de ser como ellos: despreocupada, feliz y vagabuda.
-¿A dónde vas a ir tú? -me preguntaron.
-A Europa.
Y me dieron un montón de recomendaciones que definitivamente pondré en práctica.

Luego fuimos al bar y volvimos a bailar como locos. Yo ya me sentía bastante cansada y ebria, y aún así no paraba de sonreír.
-Esto es increíble -le dije al chico.
-¿Qué cosa?
Y alcé las manos mientras trataba de contener mis lágrimas de alegría -porque soy una llorona, todos lo saben.
-Me gusta tu pelo -le dije mientras pasaba mis manos por su cabello chino y largo.
-Me gusta tu cara -y me sonrío.

Pasé la noche en su casa y me desperté tan feliz: quería que nunca acabara. Luego, tuve que despedirme porque lamentablemente tenía que ir a trabajar unas horas.
-Quizá nos volvemos a ver, quizá no -me dijo y sonreí.
-Todo estuvo demasiado loco, mira que encontrarte así.
-Pensé que me odiabas cuando te vi por primera vez -y me reí bastante, porque la verdad es que sí.

domingo, 2 de julio de 2017

De alcohol y carreteras

Ayer en la tarde, como a las 5:40 pm más o menos, se fue el internet en mi casa, esto es algo pasa muy frecuentemente, así que decidí ir a visitar a mi mejor amigo, fuimos a hacer unos mandados, después decidimos que queríamos ir a la playa a ver a la famosísima nueva escultura, que resultó ser una ballena horrible, en mi punto de vista, compramos una botella de vino cada quién y pasamos así unas cuántas horas hasta que el sol se metió y nos fuimos.
Estábamos hablando acerca de qué haríamos a continuación, y yo estaba medio en estado de ebriedad, cuando llegaron dos amigas y dijeron "vamos a ir a Sayulita" y obviamente nos colamos.
Viajamos en el carro de J, en total éramos 6 personas dispuestas a tener una aventura más. Y sí que la tuvimos.
Llegamos sanos y salvos, nos encontramos con otros dos amigos y fuimos al Kiosko donde los demás compraron alcohol, había cerveza por doquier y una botella de tequila que prometía horas de diversión aseguradas.

Primera señal de advertencia del destino: cuando J quiso arrancar el auto después de haber comprado las provisiones, no quiso prender, todos los chicos tuvieron que empujarlo como dos veces, hasta que finalmente prendió y salimos disparados a la casa donde sería la reunión.

Llegamos, me instalé en el sillón, empezaron a poner canciones de todo tipo: banda, corridos, cumbias, hasta el jarabe tapatío. Todos estaban tomando, yo decidí no hacerlo, excepto cuando empezaron a decir "shot, shot, ¡shot!" y me tocó tomar uno. Bailamos, cantamos, todo parecía perfecto, hasta que una de las chicas empezó a ponerse muy ebria y hasta toqueteó a mi mejor amigo, yo dije "qué ridícula, seguro está fingiendo", pero luego la vi vomitando por el balcón. J le llevaba agua casi cada 10 minutos, trataban de calmarla, los demás solo reíamos.
"Qué bueno que esta vez no soy yo la que hace el ridículo", me dije. Y cuando se hicieron casi las 2 am dijimos "vámonos", subieron a la borracha en cuestión a bañar, pero creo que no se dejó. Tomaron sus cosas y casi arrastrándola la subieron al carro -cabe mencionar que nunca aparecieron sus zapatos por ningún lado.

De nuevo estábamos los 6 trepados en el coche, cuando la segunda señal de advertencia llegó; otra vez el carro no prendía. De nuevo nos bajamos, los chicos lo empujaron y la magia se hizo: prendió. Ya íbamos avanzando poco a poco cuando la tercera señal de advertencia hizo su aparición: "no me sirven las luces" dijo J, "no puede ser", dijimos los demás. Aún así, seguimos avanzando, aferrándonos a no sé qué esperanzas.
El camino a casa es bastante corto desde Sayulita, uno no hace más de 10 minutos, sin importar lo lento que maneje, y no había pasado ni la mitad de ese tiempo, cuando toda las advertencias y señales nos dejaron con la boca abierta: el carro se paró, así, sin más, en medio de la carretera y con un montón de autos atrás de nosotros, incluso un camión.
"Bájense todos" grité, y abrí la puerta a una velocidad increíble, vi a todos y nadie sabía que hacer.
"Súbanse, rápido, lo vamos a empujar" dijo mi mejor amigo.
Nos subimos, yo no sé si estábamos en shock o qué, pero nadie decía nada excepto puras estupideces. Avanzamos poco a poco, pero como la carretera estaba de bajada, pronto el coche tomó más y más velocidad, yo veía a mi mejor amigo atrás del carro, corriendo y grité "¿Y ellos qué?", nadie dijo nada. De repente vimos como los demás autos comenzaron a rebasarnos.
"Tienes que salirte", es lo único que podía decir, "salte de la carretera"
"Pero no hay salida" decía J, "Prende tu lámpara" me decían y yo no reaccionaba, "no tengo pila", contesté.
Mirábamos atrás y no veíamos a los demás, hasta que finalmente vimos una salida, J sacó el carro y nos paramos casi llorando. "¿Qué pasó?, ¿dónde están?" decíamos todos y justo atrás de nosotros venía una camioneta que traía a los demás, "nos dieron raite" dijeron triunfantes.
"¿Y ahora?", nos dijimos todos, sin saber qué hacer. "Vamos a volver a empujar el carro, es bajada, sí llegamos", "nosotros los seguimos", dijeron las personas de la camioneta, muy amables y nuestros ángeles salvadores, por cierto.

Llegamos, no sé cómo, pero llegamos sanos y salvos. En cuanto el carro se paró todos nos bajamos, casi gritando aleluya.
Cabe mencionar que durante todo el trayecto la chica que estaba ebria venía medio inconsciente, y la tuvieron que bajar a fuerzas del carro y llevársela cargando casi como a un costal de papas.

Yo y mi mejor amigo llegamos a casa y nos empezamos a reír.
Dormimos como bebés, hasta que a las 6;30 am sonó la alarma, porque él tenía que trabajar.




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Día 2 del challenge. Una canción que te guste con un número en el título: 20 dollar - M.I.A