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sábado, 10 de febrero de 2024

Acepto

 Acepto el abuso en mi infancia que no recuerdo

pero que de alguna manera se quedó grabado en mi cuerpo

y hay días en que todo se siente pesado,

pero acepto que debo recordarme que yo misma creo mi realidad.

Acepto mi pasado, acepto mi infancia que recuerdo con amor

aunque tenga capas de dolor, que a veces visito sin querer.

Acepto haber tenido unos padres ausentes la mayoría del tiempo,

porque ellos eran jóvenes, porque seguramente no sabían ni lo que estaban

haciendo.

Acepto que mi mamá me rechazaba abiertamente, alejándose tanto física como

mentalmente de mí: no debió ser fácil para ella ser mamá a los 18 años.

Yo ahora tengo 30 y no puedo imaginarme teniendo un hijo.

Mamá, te aceptó y te agradezco haberme traído a este mundo aún si saber lo que

ello significaba: que renunciarías a tu vida y a tus sueños.

Espero que sepas que aún hay tiempo de sobra para ti y que mi más grande deseo

es verte feliz, disfrutando la vida.

Papá aceptó que crecí en un hogar donde no estabas, y cuando te hacías presente

era borracho, maldiciéndonos por estar en tu vida.

Sé que quizá no te diste cuenta de la cantidad de responsabilidad que es tener

hijos, sé que cambiaste y hoy te esfuerzas por recuperar el tiempo perdido.

Acepto que mis padres solo me vieran a través de mis logros,

que no se dieran el tiempo de conocer a la verdadera yo.

Acepto que me tomó mucho tiempo encontrarme después de esto: fui invisible

por mucho tiempo y me refugié en mi mente, en los libros, en mis diarios.

Acepto que aún me cuesta trabajo,

y está bien.

No pretendo ser lo que nunca fui: una niña perfecta y complaciente, ahora me doy

a la tarea de darme mi espacio, de buscar maneras de recordarme que vivo esta

vida para Mí.

Acepto que viví mucho tiempo para los demás, a veces me cuesta aún trabajo

decir que no. Pero soy consciente.

Acepto que veía al amor como un escape, como una manera de evadir la realidad y

como un mecanismo de defensa que me permitía seguir viviendo el dolor de no

ser vista.

Acepto que mis relaciones han cambiado debido a ello: ya no busco personas que

me pisoteen, busco personas que caminen a mí lado, me escuchen y me vean tal

cual soy; y aún con las partes feas se queden.

Acepto que me abandoné de muchas maneras a lo largo de mi vida: no

comía bien o no comía en absoluto cuando tenía el corazón roto, dejaba

que los hombres utilizaran mi cuerpo aunque sabía que no querían nada serio,

decía que haría una cosa y terminaba haciendo lo contrario o nada en

absoluto.

Acepto que mis amigos han cambiado también; que son poquitos y contados pero

que los aprecio porque estamos en la misma sintonía.

Acepto que mi mejor amigo de toda la vida ahora se siente como un extraño y me

duele.

Porque acepto que no me gustan las despedidas, terminar ciclos, cerrar la puerta

y trato

de alargarlo

lo

más

qué

puedo.

Acepto que las despedidas me dan pánico

y qué a veces no sé cómo salir de relaciones o situaciones que me hacen mal.

Acepto que estoy trabajando en ello

día

a día

un pie tras el otro.

Me acepto con el camino que me ha llevado a escribir estas palabras.

Me acepto con el coraje que tuve para reescribir mi historia.

Me acepto con los ojos de niña triste que se han convertido en ojos de esperanza.

Me acepto.

Siempre.

domingo, 28 de mayo de 2017

Lo que aprendí en terapia


1. Todos lidiamos con la pérdida de distintas maneras, no porque no llores significa que no duela.
Fui a terapia casi a principios de año porque mi abuela estaba enferma, y tontamente creí que podría iniciar un proceso terapéutico para prepararme a enfrentar el duelo que aún ni acontecía, sí, así de obsesiva-compulsiva soy. Pero el caso es, que mientras más sesiones pasaban, más me daba cuenta que el dolor es diferente para cada persona, y sé que los que me conocen quizá crean que soy la mujer sin sentimientos, pero descubrí que en mi obsesión por tener el control, no me permito sentir como debería, o simplemente, no me permito sentir. Pero perder a mi abuela ha sido el dolor más grande que he experimentado en 23 años, y el duelo está ahí, aconteciendo, y lo que ha sido normal para mí quizá no sea normal para alguien más, pero eso está bien.

2. No necesito tener una rutina para todo.

Sé que tengo muchas obsesiones que me persiguen, pero saber que puedo vivir una vida espontánea y divertida fue un descubrimiento increíble, y esto viene de una persona que tenía horarios tan meticulosamente planeados, que no me dejaba espacios ni siquiera para un descanso.

3. Mis miedos están ahí, pero ya no me controlan.
La primera vez que me quedé en shock estando en terapia, fue cuando descubrí a mis miedos. Siempre había pensado que el miedo más grande que tenía era el de estar sola, o quedarme sola, pero descubrir que en realidad ese solo era un síntoma, creo que me ayudó demasiado. Una vez que conoces a tus demonios, ya no pueden ocultarse, ya no, ya están a la vista e incluso pueden llegar a agradarte, quién sabe.

4. No puedo cumplir las expectativas de los demás siempre.
Este fue otro momento de shock para mí, quizá el más grande de todos los que hubo, y es el haberme dado cuenta de que toda mi vida, me la había pasado tratando de cumplir expectativas. Que si terminar la escuela, que si ser una persona sana, que si ser todo lo que se supone que seas para que los chicos te quieran... estaba dispuesta a hacer lo que fuera y todo con tal de cumplir lo que yo creía que los demás esperaban de mí.

5. Los chicos solo son chicos, y nada más.
Quizá suene como lo más estúpido y obvio del mundo, pero darme cuenta de que en realidad los chicos son solo eso, me ha quitado un gran peso de encima.

6. La tristeza no es necesaria para escribir.
Por demasiado tiempo tuve la creencia de que necesitaba la tristeza para escribir, me involucraba en un montón de situaciones y todo con tal de sufrir. Pero no, ahora sé que no necesito a la tristeza, los momentos de inspiración llegan de vez en cuando, sobre todo si hay música de por medio.

7. Si te sientes triste, quizá sea hora de cambiar algo.
La tristeza se convirtió en mi lugar cómodo por muchísimo tiempo, yo estaba "a gusto" sabiendo que ella estaba ahí, extendiéndome sus brazos, diciendo "ya me conoces, así que por qué no vienes", pero me di cuenta de que con cosas tan simples, como ir a ver la puesta del sol, como salir a tomar aire fresco, esas cosas pequeñitas hacen que la tristeza se vaya.

8. Tienes que aprender a verte de la manera en que los demás te ven.
Hice un experimento mientras estaba en terapia: le pedí a 10 de mis conocidos más cercanos y queridos que me describieran en una palabra, y el resultado fue gracioso y lindo. Y me di cuenta de que a pesar de que usaron palabras que quizá yo nunca hubiera elegido, todo eso que me dijeron siempre ha estado dentro de mí, es solo cuestión de aprender a creerlo.

9. Puedes ser lo que quieras.
Esto es una bendición, lo más importante que he aprendido en la vida, y es que uno cree que ir a la escuela y obtener un título es todo, que si soy psicóloga no puedo ser nada más, y ¡qué pensamiento tan más equivocado!, he descubierto cosas que jamás imaginé, como el hecho de que también puedo ser buena cocinera y el hecho de que mis sueños no tienen límites, y de mí depende si cumplirlos o no. Soy este árbol que todo este tiempo estuvo creciendo en línea recta, porque así le dijeron que tenía que hacerlo, pero ahora, después de haber ido a terapia, puedo ser el árbol que se extiende, cuyas ramas van a donde quieren, porque sí.

10. No necesitas a un hombre a tu lado, no estás sola, la mejor compañía eres tú.
Repetí una y otra vez las siguientes palabras: "yo estoy sola", y al final, aprendí que no, no lo estoy, simplemente estoy añorando lo que una vez conocí, que estoy separada de mí misma. Pero al final del día, he vuelto a encontrarme conmigo.
Soy feliz de nuevo, me recuperé a mí misma, y esa es una sensación que no se puede explicar con palabras, quizá sí con gratitud.