domingo, 10 de noviembre de 2013

La historia que apenas inicia

Quiero escribir una historia de amor, una de esas donde el chico se enamora perdidamente y comete las locuras más grandes de su vida para conquistar a esa chica que lo vuelve loco, donde pasan las tardes platicando sentados en una banca que termina por convertirse en la banca más especial del mundo, donde un buen día ella le dice que sí, que quiere estar con él…y pasan el resto de su vida juntos.
Lamentablemente no puedo hacerlo.
Todos lo han hecho ya, a todos nos ha pasado. El amor; esa fuerza que nos hace cambiar planes, que nos hace convertirnos en personas que nunca imaginamos ser, y que nos hace tomar decisiones que a los demás les parecen descabelladas, ¡Pero es que estamos enamorados! Cualquiera que haya pasado por esto a los 14, a los 16, a los 20… sabe que enamorarse es sencillo, que las personas que logran derrumbar nuestras paredes y entran en nuestro corazón, tendrán un lugar permanente allí. El corazón no olvida, tal vez nuestra mente nos dice que todo ha quedado en el pasado, pero nuestro corazón llevará siempre cicatrices y esas no se borran con nada.
Tampoco quiero que se malinterprete lo que escribo, yo creo firmemente en el amor; el amor verdadero existe y ya lo conocí, llegó a mí en forma de un muchacho encantador de 17 años y ojos claros: inteligente, simpático, ¡El más lindo de todos!, lamentablemente yo era demasiado insegura, tímida y nunca expresaba lo que realmente sentía, yo no estaba lista para ser querida de esa manera; me habían lastimado tantas veces, que mi corazón tenía la armadura más fuerte y más difícil de romper.
El tiempo pasa y las personas se cansan, y como todo en esta vida se acaba aquel amor también tuvo que terminar. Me sentí devastada, había pasado casi un año de mi vida con él; sentí que todo ese tiempo no había importado en absoluto, que con unas simples palabras se ponía el punto final a lo que pudo haber sido la historia de amor que hoy estaría escribiendo.
Pero los meses pasaron y yo sentía que había sanado, que algún día sería feliz de nuevo, escribía acerca de mi proceso, de cómo era tener el corazón destrozado y tener que aparentar que todo estaba bien. Mi mente se hacía ilusiones pensando que estaba lista para seguir adelante, pero mi corazón seguía pensando en él.
Hasta que pasó…
Un buen día volvió a mi vida de la manera que menos esperaba, de nuevo nos mandábamos mensajes, de nuevo me sentía feliz al verlo, de nuevo nos sentábamos a platicar pero ahora en bancas diferentes. ¡Todo volvía a ser como antes! Yo era feliz, la persona más feliz del mundo.

Ahora no sé cómo sentirme, porque sé que un día no muy lejano ya no podremos estar juntos de nuevo, ese día se acerca más y más y la ansiedad que siento aumenta.
Yo siempre he creído en el destino. Tal vez he leído demasiados libros acerca del amor en que todos creen, en ese donde se enamoran, se separan, pero al final terminan juntos. Quisiera saltarme un montón de páginas de este libro que es mi vida, y llegar al final, a ese final donde estaremos juntos de nuevo, porque lo creo firmemente. No importan las circunstancias, el tiempo, los errores cometidos.

Quiero escribir una historia de amor, una que hable de nosotros, pero ahora estamos en esa parte donde todo se vuelve difícil, donde las circunstancias no parecen estar a nuestro favor. Pero a pesar de todo, estaré esperando…

Sé que apenas está empezando.

viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Qué es fenomenología?

Para entender a la fenomenología es necesario ver la esencia de las cosas, de los problemas, hay que quitar nuestros juicios y opiniones.  La esencia es aquello que define a los objetos en forma pura, por lo tanto ocurre antes de que podamos identificarlos. Cuando se nos presenta una situación donde no conocemos una cosa, pensamos en experiencias pasadas y nuestra conciencia trata de ponerle nombre de inmediato, y ese instante antes de reconocerla, es precisamente lo que estudia la fenomenología. Y su método llamado reducción eidética consiste en ir de lo general a lo particular.

Lamentablemente nuestra vista y mente están siempre condicionados falsamente por prejuicios, y nuestra realidad se limita a lo que nuestros sentidos pueden ver, por eso es tan difícil el estudio de la fenomenología.


Imaginemos por un momento que cada uno de nosotros tiene miopía, y no somos capaces de ver a lo lejos, todo está borroso; así precisamente es nuestra realidad, pues está bastante limitada. Lo que trata de hacer la fenomenología es darnos unos lentes que nos permitan contemplar las cosas como realmente son.

jueves, 20 de junio de 2013

No quiero ser hormiga.



-¿Qué estamos haciendo?
-Estamos siendo normales.
-Claro, pero ¿qué es normal?
-Normal es ser como todos los demás, sin deferencias; es pensar igual a ellos y seguir sus costumbres y tradiciones, es estar en contra de lo que ellos están, es encajar en el patrón, es ver televisión todo el día hasta que tus neuronas se hayan consumido y no puedas pensar "out of the box", es pasar tu tiempo libre actualizando tus redes sociales en vez de reunirte con amigos, es leer libros que hablan de superación personal, y estar en contra del gobierno pero no hacer nada, porque implicaría demasiado esfuerzo, es idealizar a todos esos famosos que salen en revistas y querer imitarlos, es tener la ropa de moda; ser normal es ser parte de una masa y que tu rostro no pueda ser distinguido entre la multitud.
-¿Y no  te parece estúpido? Es como ser una pequeña hormiga que no puedes distinguir de entre todas las demás y dejarse arrastrar por la corriente, ¿así quieres ser?
-No lo he decidido yo, es lo que conviene. Porque si no le convienes a la multitud, o ven que te haz vuelto diferente a ellos se deshacen de ti, así de fácil.
-Pero ¿eso es todo?, ¿no quieres se algo más? Alguien que se destaque por sus ideas y cambie formas de pensar, alguien que descubra algo maravilloso y ponga a reflexionar a todos, ¿no te gustaría?
-Eso sería igual a ser una pequeña hormiga que se rebela y va en contra de todas las demás, que tiene pocas probabilidades de sobrevivir sola, probablemente muera.
-¿Y si otras hormigas deciden seguirte? Entonces se convertirían en una pequeña multitud, ya no estarías solo y tendrías ideas nuevas para esparcir por el mundo. Yo no quiero ser hormiga, no sé tú, pero yo puedo decidir y formarme criterios. La vida es más fácil cuando te dejas arrastrar por la corriente, pero en algún punto tendrás que abrir los ojos y darte cuenta de que estás viviendo en una farsa.

miércoles, 19 de junio de 2013

Estoy aquí

Aprendiendo algo nuevo cada día, como que los títulos no llevan punto, aunque me cueste trabajo aceptarlo.
Y bueno, que me convertí en universitaria desde hace ya un año y no me lo puedo creer. A lo mejor me equivoqué y tomé el camino que no debía por la razón correcta, ¿eso tiene sentido?

No se me olvidan las clases de epistemología donde realmente me ponía a pensar acerca de la vida, y de mi vida y del destino. ¿Será que el destino existe? "No creo en el destino porque no me gusta pensar que no controlo mi vida", ¿acaso no es más fácil? Ponernos a pensar que  ya todo esta preterminado es una manera de tirar la toalla tal vez, y de decir que no importan nuestras acciones, pues al final de cuentas ya nuestro camino estaba trazado.

A veces no sé ni qué pensar, porque ¿quién pone nuestros pensamientos en nuestra cabeza? ¿De donde vienen? Alguien tuvo que ponerlas ahí, porque vienen de millones de años de evolución. Cada día me parece más y más que vivimos en la Matrix de verdad. Porque si en el ADN viene toda nuestra información genética, nuestro temperamento, nuestra forma de ser... ¿no será que también contenga nuestro destino? Que estemos preterminados a ser doctores, enfermeras, maestros desde ahí.

Todo esto me revuelve el estómago, porque supongo que no soy la única a la que le gusta la idea de creer que mis pensamientos son únicos, pero quien me asegura que en este momento no alguien más teniendo estos mismos pensamientos.



"Tal vez nuestra libertad sea una cuestión de probabilidad"