domingo, 31 de agosto de 2014

Lo normal y lo patológico

La cuestión acerca de lo normal y lo patológico es algo que afecta más al filósofo que al médico: este último desea saber ante todo qué es lo que puede y lo que no puede hacer por su paciente, antes que preocuparse por si ése es .
El psiquiatra infantil se halla interpelado por idénticas razones, a las cuales se añade la incertidumbre acerca del desarrollo del niño, así como el lugar familiar y social preterminado que este niño ocupa.
Al psiquiatra infantil se le ruega que haga desaparecer un comportamiento que la familia, la escuela, los vecinos o la asistente social no juzgan correcto de acuerdo con unos criterios puramente externos y de adaptación.
Los criterios de normalidad no pueden limitarse a la evaluación de la conducta que ha motivado la exploración y resumirse en una simple enumeración de síntomas.

I. Lo normal y lo patológico: problemas generales
Normal y patológico no pueden definirse uno sin el otro.
Las diversas definiciones posibles de lo normal giran todas alrededor de cuatro puntos de vista:


  1. Lo normal referido a la salud, opuesto a la enfermedad.
  2. Lo norma como media estadística.
  3. Lo normal como ideal o utopía a realizar o hacia la que dirigirse.
  4. Lo normal en tanto que proceso dinámico, capaz de retornar a un determinado equilibrio.
El paciente es normal en el sentido de ausencia de los síntomas. Los sujetos de talla pequeña, los individuos superdotados en el campo intelectual, ¿son patológicos? En psiquiatría, se considera anormal toda conducta que se desvíe del promedio.
Existe el riesgo de reducir el concepto de normalidad a un estado de aceptación, sumisión o conformismo con las exigencias sociales.
La sintomatología actual del niño no prejuzga en absoluto su futuro estadio como adulto.

II. El problema de lo normal y lo patológico en la psicopatología del niño
¿Debe concluirse que ser chico es más patológico que ser chica o que la normalidad ideal y/o social corresponde mejor a las capacidades y necesidades de la niña? Este problema es tanto más agudo cuanto que la distribución sexual de la población psiquiátrico adulta es la inversa (mayoría de mujeres en relación con los hombres).

A. Normalidad y conducta sintomática
La descripción semiológica y la observación de una conducta no bastan para definir su papel patógeno y organizador. Deben ir unidas a la evaluación económica y dinámica. El punto de vista económico consiste en evaluar en qué medida la conducta incriminada no es más que una formación recreativa o, por el contrario, implica una catexis de sublimación. ¿En qué medida el Yo ha sido parcialmente amputado de sus funciones por el compromiso sintomático? El enfoque dinámico y genético pretende valorar la eficacia con la que la conducta sintomática sujeta la angustia conflictiva, autorizando así la continuación del movimiento madurativo.
Para la mayoría, la normalidad sintomática es el reflejo de su salud mental. Pero para algunos, esta normalidad superficial no es otra cosa que un síntoma adaptativo, la organización en falso-self según Winnicott, la sumisión a las presiones y a las exigencias del medio. Estos niños conformistas, aparentemente adaptados, se revelan incapaces de construir una organización psíquica interna coherente y de elaborar los inevitables conflictos del desarrollo.

B. Normalidad y enfoque estructural
Freud ha demostrado que la conducta del está cargada de tanto sentido como la del individuo sano.
Freud no establece diferencia alguna entre el hombre sano y el hombre neurótico: ambos presentan idéntico conflicto edípico, utilizan el mismo tipo de defensas y han atravesado en la infancia los mismos estadios madurativos. La única diferencia entre el individuo neurótico sano y el individuo neurótico enfermo radica en la intensidad de las pulsiones, del conflicto y de las defensas. La compulsión de repetición, característica esencial del neurótico enfermo, representa el elemento mórbido más característico. La definición de la normalidad, se puede definir como la capacidad para utilizar la gama más extensa posible de mecanismos psíquicos en función de las necesidades.
La neurosis infantil no más que la buena manera de curar estas angustias arcaicas. Los diversos estados patológicos no son tan distintos de los estadios madurativos normales correspondientes al nivel alcanzado en el momento del bloqueo evolutivo.
Un comportamiento fácilmente observable, cuán diversas son las tentativas para enmarcarlo en un conjunto conceptual más amplio, refiriéndose a:
  1. Marco lesional.
  2. Marco estructural.
  3. Marco genético.
  4. Marco ambiental.
C. Normalidad y enfoque genético. Disarmonía e inmadurez
El crecimiento y la tendencia a la progresión constituyen el telón de fondo siempre cambiante al cual el psiquismo del niño debe adaptarse. Dicho crecimiento tiene dos vertientes que la escuela americana de psicología del Yo, de Hartmann, ha distinguido separando los procesos de maduración y los procesos de desarrollo.
  • Los procesos de maduración representan el conjunto de factores internos que presiden el crecimiento. Además de los procesos somáticos del crecimiento, están aquellos que Anna Freud llama fuerzas progresivas del desarrollo: el niño busca cómo imitar a su padre y a sus hermanos y hermanas mayores, al maestro o, simplemente, a . Quiere poseer sus atributos o sus características.
  • Los procesos de desarrollo son las interacciones entre el niño y su medio; los factores desempeñan aquí un papel negativo o positivo.
No es fácil separar el proceso de maduración del proceso de desarrollo, dada su interacción permanente. Las investigaciones en psicología han demostrado claramente la importancia de la interacción entre la dotación básica y la aportación ambiental.
La evaluación de la angustia asociada a estos conflictos, los compromisos y síntomas que de ella resultan e incluso la evaluación de la organización estructural sincrónica no son suficientes para distinguir lo normal de lo patológico. Solamente pueden apreciarse desde una perspectiva diacrónica.
Freud propone como criterio de apreciación de lo patológico el estudio de la disarmonía entre las líneas de desarrollo. Define varias líneas de desarrollo que representan ejes específicos del crecimiento del niño: línea de desarrollo desde el estado de dependencia hasta la autonomía afectiva y las relaciones de objeto de tipo adulto; línea de desarrollo de la independencia corporal (desde la lactancia materna gasta la alimentación racional o desde la incontinencia hasta el control de esfínteres); línea de desarrollo desde el cuerpo hasta el juguete y desde el juego hasta el trabajo, etc.
Para A. Freud la patología puede nacer de la disarmonía en el nivel de maduración de dichas líneas.
Nunca la mera existencia de un desequilibrio es suficiente para definir lo patológico.
Con frecuencia se utiliza en psicología infantil otra noción que se refiere implícitamenre a un modelo ideal o estadístico del desarrollo normal. Se usa tal noción al hablar de conductas clínicas situadas en el límite de lo normal y de lo patológico: se trata de la inmadurez.

D. Normalidad y contexto ambiental
Winnicott ha dicho muy apropiadamente que un niño pequeño, sin madre, no existe: ambos, madre e hijo, constituyen un todo sobre el cual debe volcarse la evaluación y el esfuerzo terapéutico.
Los criterios de evaluación aplicados al niño deben tener presente el contexto: una misma conducta puede tener un sentido muy diferente, según se dé en un niño beneficiario de una aportación familiar positiva o en un niño que esté viviendo enmedio de una desorganización general como es el caso de las familias-problema.
En consecuencia, querer definir en función del ambiente un niño normal y un niño patológico supone, en parte, definir un ambiente normal o patológico, es decir; una sociedad normal o patológica, lo cual nos remite a las diversas definiciones posibles de normalidad y nos advierte sobre el riesgo de una reflexión cerrada en sí misma, cuando se aborda dicho problema en un plano puramente teórico.

III. Conclusión
En el estudio de las conductas y del equilibrio psicoafectivo de un niño, lo normal y lo patológico no deben ser considerados dos estados, distintos uno del otro.  El desarrollo, la maduración del niño, son por sí mismos fuentes de conflictos que, como todo conflicto, pueden suscitar la aparición de síntomas.
Un niño puede ser patológicamente normal como puede ser normalmente patológico.


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Bibliografía:
  • Ajuriaguerra, J. et. al., (1997) Manual de psicopatología del niño. Argentina: Toray-Mason

sábado, 30 de agosto de 2014

Mi canción favorita


Crystal Castles - Vanished

En la oscuridad, salimos a jugar,
somos sus hijos, y llegamos para quedarnos.
Corriendo a través del hambre de los callejeros,
sin invitación, llevenme lejos.
No soy cruel, pero eso es lo que sigues viendo.
Club a club, ven a ver esta ciudad conmigo.
Hambriento de vida, sin tu compasión.
Yo no lo quiero, pero me lo das.

Todavía no puedo decir que ella no empezó,
todavía no puedo decir que ella no empezó la pelea.
Vas a la ciudad.
Porque en la ciudad de la vida ella no puede esperar.

En la oscuridad, un asesino espera,
para matar una vida, y las mentiras que dices.
Dices otra, así que esta muerte puede vivir.
Solo sigue bailando, en la película en la que estás.
El olor de tu sudor, solo me atrae.
El latido de tu corazón, me canta.
Pies corriendo, late mi sangre.
Mi fantasma dentro de ti pronto estará.

Todavía no puedo decir que ella no empezó,
todavía no puedo decir que ella no empezó la pelea.
Vas a la ciudad.
Porque en la ciudad de la vida ella no puede esperar.

Hambriento de callejeros, hambriento de vida, no quiero tu compasión.

Ahora se ha acabado, haz dado tu vida.
La oscuridad se adelgaza, y yo me quedo para ocultarme.
No me arrepiento, pero es triste de cualquier manera.
Ahora los dos estamos muertos y asustados de la negrura.
Esta vida de juegos y confianza diligente.
Son las cosas que hacemos y las cosas que debemos hacer.
Ahora estoy cansado de estar maldito.
Así que ve a dormir por siempre, terminarás siendo polvo.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Extractos de la obra de F. Dolto

El ser humano se da nacimiento
Ya en la vida fetal el ser humano no es una parte del cuerpo materno, sino que es ya único. Por mediación de padre y madre él mismo toma vida y se da nacimiento.
Un niño humano es el fruto de tres deseos: el deseo consciente de un acto sexual completo del padre; el deseo inconsciente de la madre; el deseo inconsciente de sobrevivir.

Hablar al niño con la verdad
Todo niño tiene el entendimiento de la palabra cuando el que le habla auténticamente, queriendo comunicar algo que para él es verdadero.
Sin palabras justas y verídicas sobre todo lo que sucede y de lo que él es parte activa o testigo, sin palabras dirigidas a su persona y a su espíritu receptivo, [el niño] se percibe a sí mismo enteramente objeto-cosa, vegetal, animal, sometido a situaciones insólitas, pero no sujeto humano.

Nuestro rol de padres
Para desarrollarse bien, el niño debería estar en la periferia del grupo de sus padres, y no ser el centro de este grupo.
La madre no es buena ni mala, es una madre para lo oral, y después para lo anal, algo a tomar y a rechazar.

Tres generaciones para hacer psicosis
Hacen falta, pues, tres generaciones para que aparezca una psicosis: dos generaciones de abuelos y padres neuróticos en la genética del sujeto, para que éste sea psicótico.

Castración
Las castraciones son experiencias mutantes de efectos simbolígenos, generadores de nuevas maneras de ser. A veces tienen efectos patógenos, porque sólo se cumplen y se superan en la confianza, el respeto y las palabras justas.

Castración natural o primaria
Resulta de la realidad monosexuada y mortal del cuerpo humano. Las niñas no tienen pene, los varones no tendrán hijos.

Castración umbilical
Se refiere al nacimiento, al corte del cordón umbilical.

Castración oral
Contemporánea del destete, de la privación de consumir algo que viene del cuerpo de la madre o de lo que no es alimentario.

Castración anal
Se entiende a la vez como separación entre el niño, capaz de motricidad voluntaria, y la asistencia auxiliar de su madre, y como prohibición de cualquier actividad dañosa para los otros.

Castración simbolígena
Esta prohibición inicia al sujeto en la potencia de su deseo y en la ley. El trabajo de la represión da lugar a una reorganización dinámica. La prohibición es coartadora del actuar, pero promocionante para el sujeto en su humanización.

Función simbólica
La función simbólica es lo que especificaría a los seres humanos en cuanto:

  • son estructuralmente seres del lenguaje;
  • se diferencian unos lo otros por estar inscriptos en una historia, en un mito particular a cada uno de ellos.
La función simbólica es correlativa, fundadora de lo humano. Interviene constantemente en la vida y permite desarrollar la relación interhumana.
Se opone al instinto del animal. Al ser alimentada por el lenguaje humano, tiene efectos simbolígenos.

Imagen del cuerpo
Se construye por efecto de las pulsiones, de la comunicación sensorial (experiencias olfativas, visuales, táctiles), del lenguaje oído.

Imagen de base
Imagen que se refiere a algo sentido, a una mismidad de ser, en una continuidad narcisista.

Imagen erógena
Imagen asociada a la imagen funcional del cuerpo, lugar de focalización del placer y del displacer.

Objetos mamaizados
Se trata de objetos adoptados como sustitutos maternos, objetos asociados a la madre y que la hacen presente aunque en realidad esté ausente.


Referencias:
  • La cause des enfants, Laffont, 1985, pág. 285
  • Sexualité féminine, Scarabée, 1982, pág. 329.
  • L'image inconsciente du corps, Seuil, 1984, pág. 82.
  • La difficulté de vivre, Interéditions, 1981, pág.  253
  • Séminaore de psychanalyse d'enfants, Seuil, 1982, ág. 136
  • La cause des enfants, op. cit., pág. 360
  • Quelque part sur le chemin de F. Dolto, Seuil, 1988, pág. 13
  • Séminaore de psychanalyse d'enfants, op. cit., pág. 18
  • Le cas Dominique, Seuil, 1974, pág. 242

martes, 26 de agosto de 2014

Extractos de la obra de D.W. Winnicott

El psicoanálisis y la influencia del entorno.
Afirmó que el psicoanálisis tiene actualmente medios para otorgar su plena importancia a los factores exteriores, tanto los buenos como los malos, y particularmente al papel desempeñado por la madre al comienzo de la vida.

La dependencia absoluta.
El niño no tiene medio para reconocer aquellos cuidados maternos cuya índole es sobre todo profiláctica.
Los niños comienzan a existir en forma diferenciada según que las condiciones sean o no favorables. El potencial innato de un niño no puede en un niño si no actúa juntamente con los cuidados maternos.

La madre suficientemente buena.
Lo mejor que puede hacer una mujer real con un niño es ser suficientemente buena de entrada en lo sensitivo.

Trastorno - dependencia absoluta.
Un malogramiento en los primeros cuidados fundamentales del entorno perturba los procesos madurativos o les impide participar en el crecimiento afectivo del niño.

La dependencia relativa.
El niño es capaz de percatarse de cada uno de los cuidados maternos que necesita.

Lo innato y lo adquirido.
La tendencia hereditaria no puede obrar sola, es el entorno el que facilita el crecimiento del individuo durante el desarrollo del bebé y del niño pequeño.

Fenómeno transicional.
Un área neutra de experiencia que no será discutida.

Las bases de la salud mental.
El fundamento de una estructura psíquica sana y estable debe ser referido ciertamente a la fiabilidad de la madre interna, pero esta capacidad está sostenida a su vez por el individuo.

Para concluir.
Si el desarrollo se cumple correctamente, el individuo termina siendo capaz de engañar, de mentir, de transigir, de aceptar el conflicto como un hecho y de renunciar a las ideas extremas de perfección e imperfección que hacen intolerable la existencia.
El ser humano en su madurez no es ni tan bueno ni tan malo como el inmaduro.





Referencias:

  • Lettres vives, Gallimard, 1986, pág. 195.
  • De la pédiatrie a la psychanalyse, Payot, pág. 246
  • Ibid, pág. 243.
  • Lettres vives, op. cit. pág. 74
  • Processus de maturation chez l'enfant, Payot, pág. 246
  • Lettres vives, op. cit. págs. 249-250
  • Jeu et réalité, Gallimard, 1975, págs. 22-23.
  • Lettres vives, op. cit. pág 216
  • La nature humaine, Gallimard, 1990, pág. 179
  • Nasio, J. D., (1996), Grandes psicoanalistas, Winnicott, Dolto, Lacan, T. II. España: Gedisa.