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lunes, 15 de septiembre de 2014

Origen de los síntomas

Los desórdenes de comportamiento como síntomas
Un comportamiento perturbado que suscite alarma o disgusto en otras personas puede constituir el primer indicio de que un niño lucha con un problema emocional. Lo más corriente es que estas presiones procedan del ambiente.
El comportamiento perturbado es una adaptación defectuosa.
Un síntoma es el comportamiento reiterado de inadaptación. El síntoma es una comunicación. Es un mensaje disfrazado.
Para comprender el significado concreto de un síntoma es necesario explorar las situaciones de vida, pasadas y presentes, pensamientos y sentimientos.
Los desórdenes de comportamiento en el niño pueden clasificarse útilmente  en dos grupos principales: 1) desórdenes de comportamiento neurótico debidos a ansiedad excesiva; y 2) trastornos producidos por una sociabilitación defectuosa.

Síntomas neuróticos y mecanismos de defensa

La ansiedad es la clave para comprender los síntomas neuróticos. Ansiedad en diferentes etapas del desarrollo:
1)      Ansiedad primaria, temor de disolución o ruptura, consecuencia del conflicto entre necesidades interiores y las provisiones ambientales inadecuadas: etapa oral.
2)      Ansiedad ligada a la vergüenza y a la pérdida del amor propio, consecuencia del conflicto entre los impulsos primitivos y su prohibición exterior: etapa anal.
3)      Ansiedad causada por el sentimiento de culpabilidad, consecuencia del conflicto entre impulsos primitivos y los dictados por la conciencia: etapa genital.

La ansiedad se produce cuando existe un conflicto, ya sea entre los deseos e impulsos interiores de un lado, y el mundo exterior del otro, ya sea entre impulsos interiores y la propia conciencia. Cuando la ansiedad se torna insoportable, entran en acción ciertos procesos psicológicos que protegen al individuo de la desorganización total. Estos medios son llamados mecanismos de defensa. El mecanismo fundamental es el de
1)      represión: el deseo o impulso es reprimido hacia el inconsciente. Pero estos recuerdos no se pierden: siguen luchando por existir y de hecho hallan expresión de diversas maneras indirectas.
2)      Regresión: se vuelve al comportamiento peculiar de una etapa anterior.
3)      Negación: falsificación de la expresión con fines de comodidad mental. La disminución de su propia estimación y el agudo sentimiento de culpabilidad le impiden hacer frente a sus propios actos.
4)      Desplazamiento: los sentimientos e impulsos apuntados contra una persona se cambian hacia otra.
5)      Formación de las reacciones: los sentimientos e impulsos desagradables se convierten en sus contrarios.
6)      Proyección: implica atribuir a otros los propios impulsos inaceptables.
7)      Aislamiento: la emoción que acompaña a una experiencia se separa de ella, cuando los sentimientos y las experiencias se aíslan unos de otras.
8)      Caída de la fantasía,
9)      Intelectuación o racionalización y,
10)   Comportamiento ritualista.
11)   Sublimación: creación de impulsos primitivos. Los impulsos en conflicto con el ambiente o la conciencia se traducen en acciones sociales positivas.

Ninguno de los mecanismos de defensa descritos es anormal en sí mismo.
Siempre que se emplean los mecanismos de defensa para apagar la ansiedad ya no se dispone de los sentimientos reprimidos para probar la realidad y para su modificación con la edad y la madurez. Siempre que se reprimen conflictos infantiles en vez de resolverse por medio de la sublimación, se produce alguna distorsión de la personalidad. Si el individuo tiene que acudir a maniobras defensivas en forma masiva para alejar la ansiedad, entonces buena parte de su personalidad sigue siendo infantil. El uso desmedido de mecanismos de defensa en la niñez predispone a la persona al desarrollo de neurosis en la vida posterior.

La sociabilización defectuosa como causa de síntomas.

1)      Síndrome de comportamiento agresivo no sociabilizado: delincuencia, agresión, soledad y aislamiento. Aparece en niños con antecedentes de rechazo paterno caracterizado por aspectos tales como ilegitimidad, rechazo directo y hostilidad indirecta.
2)      Síndrome de comportamiento agresivo bien equilibrado: actividades delictivas y agresivas de pandilla en niños que se llevan bien con sus compañeros. Antecedentes de indiferencia paterna y delincuencia en la familia.

3)      Comportamiento sobreinhibido: represión familiar, compuesta de un padre inconsciente y supercrítico, una madre dominante y falta de sociabilidad en ambos padres: o afección o defecto físico en el niño.



Bibliografía:

  • Wolff, S. (1970), Trastornos psíquicos en el niño: causas y tratamiento. México: Siglo XIX.

domingo, 7 de septiembre de 2014

La interacción padres-lactante

Los datos de la observación directa
Antes el bebé era concebido como un objeto pasivo sometido a la influencia de los deseos y comportamientos paternales. La noción de interacción ha conducido a considerar también los efectos que sobre los padres ejerce el bebé y, en consecuencia, su capacidad de influir en los cuidados que recibe.

La constitución del vínculo madre-recién nacido
Según Klaus y Kennel existe en la madre, inmediatamente después del parto, un estado psicoafectivo particular en forma de un durante el cual la constitución del vínculo madre-recién nacido (o <bonding>) se establece de forma óptima.

La interacción en el momento de la lactancia.
Durante la lactancia se producen diferentes modalidades de comunicación: la mirada mutua, el , el <holding>, el contacto táctil, la palabra y las vocalizaciones, y diferentes experiencias gustativas y olfativas del bebé.
En la lactancia con biberón también se han visto varios tipos diferentes de interacción. I. Lezine describe a madres rígidas y crispadas, que mantienen al bebé a tanta distancia que evitan el contacto. Parecen no darse cuenta de las expresiones de afecto de sus hijos, ni respetar las interrupciones de la succión. Parecen no captar las señales del bebé, o no las tienen en cuenta, o las interpretan de forma errónea.
Un segundo tipo de madres parece percibir las señales del niño pero es incapaz de darles respuesta.
Un tercer tipo de madres adopta una posición confortable; el bebé está acurrucado y el contacto piel a piel es estrecho.

La comunicación a través de la mirada
La comunicación con la mirada, durante la lactancia y en otras situaciones interactivas, tiene, una gran importancia. Durante la lactancia, al pecho o con biberón, los lactantes. desde la segunda semana, fijan los ojos en el rostro de su madre durante fracciones significativas de tiempo. La madre, cuando recuerda sus sentimientos positivos ante sus bebés, los asocian frecuentemente con las miradas.

Los gritos de los lactantes
Los gritos constituyen, para los lactantes, una de las principales formas de comunicación.
Para Bowlby, los gritos son comportamientos que favorecen la restauración de la proximidad y, por lo tanto, el vínculo.
El análisis de los gritos por medio de un espectógrafo sónico permite distinguir tres tipos: el grito fundamental tiene una frecuencia entre 200 y 600 Hz. Y una intensidad regular en el tiempo. Un segundo tipo llamado disfonatorio se caracteriza por su timbre ronco y rudo. El tercer tipo es el hiperfonatorio, un sonido agudo y silbante.

Reciprocidad en la interacción padres-lactante
La calidad de una secuencia de interacción viene determinada no sólo por lo que hace o dice la madre o por los comportamientos del lactante, sino también por el tipo de relación, por la naturaleza del vínculo y comunicaciones. Se distinguen: 1)comportamientos o señales de la madre que están en relación con los del lactante y parecen corresponder a los deseos o necesidades expresadas por el bebé; 2) respuestas que se relacionan con el comportamiento del bebé pero que contradicen los deseos o necesidades que expresa el bebé; 3) respuestas que parecen no tener relación con el comportamiento del bebé.
El juego es una estructura jerarquizada en la que unidades de comportamiento elementales se combinan para formar unidades de nivel superior. Se describen cuatro niveles. El primero es de los <actos> de la madre y del bebé; vocalizaciones, gestos, sonrisas y otras expresiones del rostro.
El nivel de integración inmediatamente superior es el de los períodos de atención mutua. El lactante mira a su madre sin girar los ojos.
El tercer nivel es el de los , comportamientos, con simples variaciones menores a lo largo de cada uno de los episodios de atención mutua;.El cuarto nivel es el del conjunto de las diferentes secuencias de juego.

La interacción afectiva
¿Cuál es el contenido de la comunicación padres-lactante? Este contenido no está formado esencialmente por las emociones y los afectos de los dos miembros de la pareja.
Los gritos y los llantos son el mejor modo de comunicación de sus afectos. A partir de los dos meses y medio aproximadamente se establece una nueva modalidad expresiva: es la sonrisa. Esta que aparece al mismo tiempo que otros fenómenos ha sido llamada por Spitz . La sonrisa induce en los padres la sensación de verse reconocidos y valorados por el niño.
Otra expresión afectiva característica del segundo trimestre de la vida es la sorpresa.
La reacción de angustia frente a la llegada de una persona desconocida se manifiesta entre los siete y los nueve meses.

La interacción padre-lactante
Algunos padres presentan con sus hijos alegría, orgullo, idealización y placer al tocarles. Otros por el contrario, presentan psicosis en la paternidad o depresión paterna en el postparto.
La interacción padre-lactante es, por un lado, directa y, por otro, indirecta a través de la relación entre el padre y la madre.
La interacción se caracteriza por la reciprocidad y la regulación mutua. Pero la interacción padre-lactante es claramente más , más estimulante para el bebé. Los padres recurren, con más frecuencia que las madres, a y no a .
La excitación con los padres se manifiesta a través de los ojos.
Por otro lado, los padres interactúan de manera diferente con sus hijos que con sus hijas. Desde el nacimiento, la interacción es más rica, vocal y táctilmente, con los niños que con las niñas. Los padres estimulan más a sus hijos de entre tres semanas y tres meses, bajo la forma de contactos físicos, miradas y utilización de juguetes.
La interacción padre-lactante favorece el desarrollo cognitivo de los chicos.

Alteraciones en la interacción madre-lactante
Los excesos de estimulación se observan en díadas en las que la madre da la impresión de mostrarse intrusa y no respetar las señales con las que el bebé indica que está excesivamente estimulando. La hipoestimulación se observa en los casos de depresión materna de carácter esquizoide o en la inhibición neurótica.
El bebé prematuro puede con frecuencia dar origen a un sufrimiento psicológico en los padres, ansiosos, culpabilizados y vulnerados en su narcisismo.
Sin embargo, la prematuridad no es más que un factor de riesgo y, en la mayor parte de los casos, la interacción madre-lactante evoluciona armoniosamente.
El factor pronóstico más importante, en el caso de los prematuros, es la calidad de la interacción madre-lactante.



Bibliografía:

  • Lebovici, S; Diatkine, R; Soile., (1989) Tratado de psiquiatría del niño y del adolescente T I. España: Biblioteca nueva.

martes, 2 de septiembre de 2014

Rechazo, sobreprotección y perplejidad de la madre

Los investigadores de la conducta parental no deben perder de vista que si el modo característico de acción dice mucho sobre las actitudes de los padres hacia el hijo, no anticipa su desarrollo futuro con ningún grado de certeza, a menudo produce inesperados resultados.
Una delgada linea separa lo normal y necesario de lo patógeno, lo patógeno puede ser rectificado por unas interacciones durante otros períodos del desarrollo; o, a inversa, la actitud positiva puede volverse negativa en condiciones que modifiquen sus sentimientos hacia el hijo o que tengan duradero influjo sobre su personalidad. El rechazo materno es la más de las veces destructivo para el recién nacido, mientras que la cualidad sobreprotectora en pocos casos le infligirá daños. La genuina protección y sensibilidad de respuesta hacia el hijo es una manifestación de la cualidad materna normal.
Perplejidad parental es un síntoma bien definido del progenitor, que a su vez genera un síntoma definible en el hijo. El padre está mejor defendido de la perplejidad que la madre, puesto que no es su función biológica cuidar al lactacte.

El concepto de madre rechazante

Se demostró que todas las ventajas que le procuraría después de gozar de una vida familiar se pueden arruinar si el niño careció de una relación cálida y satisfactoria en su primer periodo. El niño depende de la madre para sus satisfacciones. Si ella demuestra ser una proveedora consoladora y lícita para sus preciosas necesidades, él empezará a amar su persona, y no sólo sus experiencias de cumplimiento de deseo. Él se vuelve capaz de amar, primero a la madre y después al padre y otras figuras importantes de su mundo exterior.

Acerca del concepto de madre rechazante
Muchos lactantes, en lugar de ser mantenidos lo mas cerca posible de la madre, pasan aislados muchas horas al día; otros sufren separaciones traumáticas de su madre; no pocos, al término de la lactancia, tienen buenas razones para sentirse abandonados cuando les nace un hermanito; y los hay también indeseados. No hay un solo tipo de madre rechazante, sino muchos. Están las que se sienten responsables de su actitud rechazante, y es posible entonces exhortarlas, aconsejarlas y ayudarlas; y están aquellas para quienes el rechazo queda fuera de su control.

Rechazo por contrariedad de la madre
La relación de una madre con su bebé es muy exigente. Es de esperar demasiado, entonces, que desempeñe esa tarea si no asumió voluntariamente la maternidad, si se le fue impuesta.
Las razones de la contrariedad de la madre pueden ser externas. muchas mujeres están incapacitadas para la maternidad en virtud de su masculinidad.
Además, están las madres que oscilan entre el rechazo y la aceptación del papel materno. Durante su embarazo una mujer puede mostrarse por completo renuente y ser seducida y tentada luego por el bebé, hasta el punto de entablar una relación tierna; en estos casos, la presencia viva del hijo les despierta lo que solemos llamar el instinto de madre.
No es la madre verdaderamente contrariada la que ejerce el influjo más desastroso sobre el futuro de su hijo. La madre que oscila entre el rechazo y el afán posesivo es la que inflige el daño más irreparable.

Rechazo por anormalidad de la madre
La madre psicótica puede incluir a su hijo en su propio mundo de sentimientos y de reacciones con centro en el sí-mismo (narcisismo)

Rechazo por separación
Puesto que el bebé no puede comprender la razón de la desaparición de su madre, toda separación equivale para él a un abandono. En consecuencia, no distinguirá entre separaciones breves y prolongadas.
El shock de separación suele expresarse en una perturbación de las funciones corporales, como alteraciones en el dormir y el comer o del aparato digestivo; mayor susceptibilidad para las infecciones, muchos bebés retroceden en su desarrollo; el logro más reciente en el desarrollo es el que se pierde primero.
El bebé necesita de una persona viva en el mundo exterior que sea capaz de satisfacer sus necesidades, además de servirle como objeto de amor. No puede vivir sin un sustituto de la madre. Y un repetido rechazo por separación produce individuos insatisfechos, vacíos y, lo peor, dados a la promiscuidad en sus relaciones.

Rechazo por inconstancia afectiva
Son muchos los pequeños que presentan los efectos del rechazo, por más que nunca estuvieron sujetos a una separación física de su madre.
Las madres pueden perder la retención afectiva de sus hijos pequeños; y esto, a su vez, puede inducir al niño a apartarse, perderse, irse lejos.
Las madres pueden sufrir la pérdida de otro hijo o de sus propios padres. Si esto sucede, sus sentimientos se restan al bebé y se empeñan en el duelo. Los bebés reaccionan frente a esas circunstancias como su se tratara de rechazo y abandono o con una mayor desobediencia y agresividad hacia la madre.
El rechazo por abandono parece ser también el factor más poderoso en la conmoción afectiva del niño pequeño cuando le nace un hermanito.

Alternancia entre rechazo y aceptación
Una madre puede ser rechazante hacia s bebé en los primeros estadios de este, y aceptarlo en el período en que es posible enseñarle cosas, etc.
Estas alternancias de rechazo y aceptación anclan en lo profundo del alma de la madre. No puede dejar de reaccionar así frente al niño si la conducta de este le despierta viejos conflictos.

Rechazo a pesar de la devoción
Aunque ningún ser humano es amado totalmente, hay mujeres que llegan muy cerca de esta meta con la relación a su hijo. Son más madres que esposas, y para ellas la posesión de un hijo significa el cumplimiento de sus más profundos deseos.
Cosa bastante paradójica: la madre más devota puede llegar a ser, por esta vía, la más rechazante para el hijo.

El concepto de sobreprotección materna

Se cree, que la actitud materna alterará la concepción del niño en la vida, su postura hacia los demás, su bienestar psíquico y hasta su destino. Dos hijos de los mismos progenitores presentarán diferencias profundas de personalidad si la madre muestra una actitud diversa hacia cada uno de ellos.

El monopolio madre-hijo
Una vez bien desarrollada la actitud e sobreprotección, la madre halla en su hijo la solución de todas sus necesidades afectivas.

Tipos de sobreprotección
Una clasificación clínica de la sobreprotección incluiría los siguientes tipos: 1) no materna, 2) transitoria, 3) atemprada, 4)mixta, 5) provocada por un sentimiento de culpa, y 6) pura.
puesto que tratamos con madres de diversas extracción cultural y pertenecientes a grupos económicos y sociales diferentes, las pautas de conducta materna con los hijos que en un grupo se estiman, correctamente, como sobreprotectoras, pueden ser fenómenos típicos en otro.
El tipo clínico más frecuente de sobreprotección materna se encuentra en el grupo en que la sobreprotección enmascara un fuerte rechazo o es su compensación.

Características de la sobreprotección materna
Sobreprotección materna es sinónimo de cuidado excesivo de los hijos por la madre.
La sobreprotección se puede definir como un proceso en que el poder infantil no modificado, conoce montruoso crecimiento que tiende a yugular a los progenitores.
Las madres de los hijos dominadores son consentidoras; las de los niños sumisos son dominadoras.

Factores maternos y paternos

  1. Anticipación prolongada: Las madres que pasan por las angustias de una prolongada anticipación del recién nacido, de largos periodos de esterilidad relativa, de abortos, es natural que se vuelvan más aprensivas y protectoras.
  2. Desajuste sexual: Una mujer dedicada a su marido no puede ser exclusivamente madre.
  3. Restricción de la actividad social: los padres de los niños sobreproegidos tienen muy escasa vida social compartida.
  4. El hambre de afecto: En las vivencias de la niños de estas madres hallamos algunas pruebas evidentes de privación de ternura parental y de juego infantil. La falta de amor materno es característica en la vida de  estas mujeres.
  5. Cuidados y responsabilidades hogareñas de la madre en su niñez temprana: La mayoría de estas madres han desempeñado un papel maternal, en el sentido de agresivo y responsable, desde su niñez.
  6. Las ambiciones coartadas de la madre: Realización a través del hijo. Compensar en el hijo lo que a ellos se les negó.
  7. Agresividad materna: Las madres sobreprotectoras manifiestan desde su niñez tendencias agresivas y auxiliadoras.
  8. Lactancia: En investigaciones sobre periodos de lactancia prolongados y breves, se descubrió una correlación significativa ente los primeros y la  proporción  de actitudes sobreprotectoras.
  9. Pulsiones masculinas no resueltas en la madre:El psicoanálisis considera que la maternidad es primariamente un retoño del instinto sexual, y el hijo, como objeto de amor, el sustituto del pene añorado.
  10. El padre periférico:Los pares de los niños sobreprotegidos se pueden caracterizar en general como maridos sumisos, estables y providentes, que desempeñan escaso o ningún rol autoritativo en la vida del hijo.
  11. Abuelos entrometidos: Aumentan el consentimiento de la madre oponiéndose a cualquier correctivo que se pretenda aplicar, y sabotean la disciplina de los padres.
El concepto de perplejidad materna

La perplejidad parental es una actitud anímica de desconcierto exagerado, y por ende anómalo en la relación entre el progenitor y el hijo. Desde luego que en todo progenitor se produce alguna perplejidad: es la incertidumbre natural en cualquier individuo que aprende una tarea nueva.
La perplejidad parental es característica, sobre todo, de los padre de niños esquizofrenicos. En el caso de estos padres, las respuestas frente a las experiencias corrientes de la crianza están muy lejos de ser las normales. 


Bibliografía:
  • Anthony, E., et. all. (1970) Parentalidad. Argentina; Amorrortu.

domingo, 31 de agosto de 2014

Lo normal y lo patológico

La cuestión acerca de lo normal y lo patológico es algo que afecta más al filósofo que al médico: este último desea saber ante todo qué es lo que puede y lo que no puede hacer por su paciente, antes que preocuparse por si ése es .
El psiquiatra infantil se halla interpelado por idénticas razones, a las cuales se añade la incertidumbre acerca del desarrollo del niño, así como el lugar familiar y social preterminado que este niño ocupa.
Al psiquiatra infantil se le ruega que haga desaparecer un comportamiento que la familia, la escuela, los vecinos o la asistente social no juzgan correcto de acuerdo con unos criterios puramente externos y de adaptación.
Los criterios de normalidad no pueden limitarse a la evaluación de la conducta que ha motivado la exploración y resumirse en una simple enumeración de síntomas.

I. Lo normal y lo patológico: problemas generales
Normal y patológico no pueden definirse uno sin el otro.
Las diversas definiciones posibles de lo normal giran todas alrededor de cuatro puntos de vista:


  1. Lo normal referido a la salud, opuesto a la enfermedad.
  2. Lo norma como media estadística.
  3. Lo normal como ideal o utopía a realizar o hacia la que dirigirse.
  4. Lo normal en tanto que proceso dinámico, capaz de retornar a un determinado equilibrio.
El paciente es normal en el sentido de ausencia de los síntomas. Los sujetos de talla pequeña, los individuos superdotados en el campo intelectual, ¿son patológicos? En psiquiatría, se considera anormal toda conducta que se desvíe del promedio.
Existe el riesgo de reducir el concepto de normalidad a un estado de aceptación, sumisión o conformismo con las exigencias sociales.
La sintomatología actual del niño no prejuzga en absoluto su futuro estadio como adulto.

II. El problema de lo normal y lo patológico en la psicopatología del niño
¿Debe concluirse que ser chico es más patológico que ser chica o que la normalidad ideal y/o social corresponde mejor a las capacidades y necesidades de la niña? Este problema es tanto más agudo cuanto que la distribución sexual de la población psiquiátrico adulta es la inversa (mayoría de mujeres en relación con los hombres).

A. Normalidad y conducta sintomática
La descripción semiológica y la observación de una conducta no bastan para definir su papel patógeno y organizador. Deben ir unidas a la evaluación económica y dinámica. El punto de vista económico consiste en evaluar en qué medida la conducta incriminada no es más que una formación recreativa o, por el contrario, implica una catexis de sublimación. ¿En qué medida el Yo ha sido parcialmente amputado de sus funciones por el compromiso sintomático? El enfoque dinámico y genético pretende valorar la eficacia con la que la conducta sintomática sujeta la angustia conflictiva, autorizando así la continuación del movimiento madurativo.
Para la mayoría, la normalidad sintomática es el reflejo de su salud mental. Pero para algunos, esta normalidad superficial no es otra cosa que un síntoma adaptativo, la organización en falso-self según Winnicott, la sumisión a las presiones y a las exigencias del medio. Estos niños conformistas, aparentemente adaptados, se revelan incapaces de construir una organización psíquica interna coherente y de elaborar los inevitables conflictos del desarrollo.

B. Normalidad y enfoque estructural
Freud ha demostrado que la conducta del está cargada de tanto sentido como la del individuo sano.
Freud no establece diferencia alguna entre el hombre sano y el hombre neurótico: ambos presentan idéntico conflicto edípico, utilizan el mismo tipo de defensas y han atravesado en la infancia los mismos estadios madurativos. La única diferencia entre el individuo neurótico sano y el individuo neurótico enfermo radica en la intensidad de las pulsiones, del conflicto y de las defensas. La compulsión de repetición, característica esencial del neurótico enfermo, representa el elemento mórbido más característico. La definición de la normalidad, se puede definir como la capacidad para utilizar la gama más extensa posible de mecanismos psíquicos en función de las necesidades.
La neurosis infantil no más que la buena manera de curar estas angustias arcaicas. Los diversos estados patológicos no son tan distintos de los estadios madurativos normales correspondientes al nivel alcanzado en el momento del bloqueo evolutivo.
Un comportamiento fácilmente observable, cuán diversas son las tentativas para enmarcarlo en un conjunto conceptual más amplio, refiriéndose a:
  1. Marco lesional.
  2. Marco estructural.
  3. Marco genético.
  4. Marco ambiental.
C. Normalidad y enfoque genético. Disarmonía e inmadurez
El crecimiento y la tendencia a la progresión constituyen el telón de fondo siempre cambiante al cual el psiquismo del niño debe adaptarse. Dicho crecimiento tiene dos vertientes que la escuela americana de psicología del Yo, de Hartmann, ha distinguido separando los procesos de maduración y los procesos de desarrollo.
  • Los procesos de maduración representan el conjunto de factores internos que presiden el crecimiento. Además de los procesos somáticos del crecimiento, están aquellos que Anna Freud llama fuerzas progresivas del desarrollo: el niño busca cómo imitar a su padre y a sus hermanos y hermanas mayores, al maestro o, simplemente, a . Quiere poseer sus atributos o sus características.
  • Los procesos de desarrollo son las interacciones entre el niño y su medio; los factores desempeñan aquí un papel negativo o positivo.
No es fácil separar el proceso de maduración del proceso de desarrollo, dada su interacción permanente. Las investigaciones en psicología han demostrado claramente la importancia de la interacción entre la dotación básica y la aportación ambiental.
La evaluación de la angustia asociada a estos conflictos, los compromisos y síntomas que de ella resultan e incluso la evaluación de la organización estructural sincrónica no son suficientes para distinguir lo normal de lo patológico. Solamente pueden apreciarse desde una perspectiva diacrónica.
Freud propone como criterio de apreciación de lo patológico el estudio de la disarmonía entre las líneas de desarrollo. Define varias líneas de desarrollo que representan ejes específicos del crecimiento del niño: línea de desarrollo desde el estado de dependencia hasta la autonomía afectiva y las relaciones de objeto de tipo adulto; línea de desarrollo de la independencia corporal (desde la lactancia materna gasta la alimentación racional o desde la incontinencia hasta el control de esfínteres); línea de desarrollo desde el cuerpo hasta el juguete y desde el juego hasta el trabajo, etc.
Para A. Freud la patología puede nacer de la disarmonía en el nivel de maduración de dichas líneas.
Nunca la mera existencia de un desequilibrio es suficiente para definir lo patológico.
Con frecuencia se utiliza en psicología infantil otra noción que se refiere implícitamenre a un modelo ideal o estadístico del desarrollo normal. Se usa tal noción al hablar de conductas clínicas situadas en el límite de lo normal y de lo patológico: se trata de la inmadurez.

D. Normalidad y contexto ambiental
Winnicott ha dicho muy apropiadamente que un niño pequeño, sin madre, no existe: ambos, madre e hijo, constituyen un todo sobre el cual debe volcarse la evaluación y el esfuerzo terapéutico.
Los criterios de evaluación aplicados al niño deben tener presente el contexto: una misma conducta puede tener un sentido muy diferente, según se dé en un niño beneficiario de una aportación familiar positiva o en un niño que esté viviendo enmedio de una desorganización general como es el caso de las familias-problema.
En consecuencia, querer definir en función del ambiente un niño normal y un niño patológico supone, en parte, definir un ambiente normal o patológico, es decir; una sociedad normal o patológica, lo cual nos remite a las diversas definiciones posibles de normalidad y nos advierte sobre el riesgo de una reflexión cerrada en sí misma, cuando se aborda dicho problema en un plano puramente teórico.

III. Conclusión
En el estudio de las conductas y del equilibrio psicoafectivo de un niño, lo normal y lo patológico no deben ser considerados dos estados, distintos uno del otro.  El desarrollo, la maduración del niño, son por sí mismos fuentes de conflictos que, como todo conflicto, pueden suscitar la aparición de síntomas.
Un niño puede ser patológicamente normal como puede ser normalmente patológico.


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Bibliografía:
  • Ajuriaguerra, J. et. al., (1997) Manual de psicopatología del niño. Argentina: Toray-Mason

miércoles, 27 de agosto de 2014

Extractos de la obra de F. Dolto

El ser humano se da nacimiento
Ya en la vida fetal el ser humano no es una parte del cuerpo materno, sino que es ya único. Por mediación de padre y madre él mismo toma vida y se da nacimiento.
Un niño humano es el fruto de tres deseos: el deseo consciente de un acto sexual completo del padre; el deseo inconsciente de la madre; el deseo inconsciente de sobrevivir.

Hablar al niño con la verdad
Todo niño tiene el entendimiento de la palabra cuando el que le habla auténticamente, queriendo comunicar algo que para él es verdadero.
Sin palabras justas y verídicas sobre todo lo que sucede y de lo que él es parte activa o testigo, sin palabras dirigidas a su persona y a su espíritu receptivo, [el niño] se percibe a sí mismo enteramente objeto-cosa, vegetal, animal, sometido a situaciones insólitas, pero no sujeto humano.

Nuestro rol de padres
Para desarrollarse bien, el niño debería estar en la periferia del grupo de sus padres, y no ser el centro de este grupo.
La madre no es buena ni mala, es una madre para lo oral, y después para lo anal, algo a tomar y a rechazar.

Tres generaciones para hacer psicosis
Hacen falta, pues, tres generaciones para que aparezca una psicosis: dos generaciones de abuelos y padres neuróticos en la genética del sujeto, para que éste sea psicótico.

Castración
Las castraciones son experiencias mutantes de efectos simbolígenos, generadores de nuevas maneras de ser. A veces tienen efectos patógenos, porque sólo se cumplen y se superan en la confianza, el respeto y las palabras justas.

Castración natural o primaria
Resulta de la realidad monosexuada y mortal del cuerpo humano. Las niñas no tienen pene, los varones no tendrán hijos.

Castración umbilical
Se refiere al nacimiento, al corte del cordón umbilical.

Castración oral
Contemporánea del destete, de la privación de consumir algo que viene del cuerpo de la madre o de lo que no es alimentario.

Castración anal
Se entiende a la vez como separación entre el niño, capaz de motricidad voluntaria, y la asistencia auxiliar de su madre, y como prohibición de cualquier actividad dañosa para los otros.

Castración simbolígena
Esta prohibición inicia al sujeto en la potencia de su deseo y en la ley. El trabajo de la represión da lugar a una reorganización dinámica. La prohibición es coartadora del actuar, pero promocionante para el sujeto en su humanización.

Función simbólica
La función simbólica es lo que especificaría a los seres humanos en cuanto:

  • son estructuralmente seres del lenguaje;
  • se diferencian unos lo otros por estar inscriptos en una historia, en un mito particular a cada uno de ellos.
La función simbólica es correlativa, fundadora de lo humano. Interviene constantemente en la vida y permite desarrollar la relación interhumana.
Se opone al instinto del animal. Al ser alimentada por el lenguaje humano, tiene efectos simbolígenos.

Imagen del cuerpo
Se construye por efecto de las pulsiones, de la comunicación sensorial (experiencias olfativas, visuales, táctiles), del lenguaje oído.

Imagen de base
Imagen que se refiere a algo sentido, a una mismidad de ser, en una continuidad narcisista.

Imagen erógena
Imagen asociada a la imagen funcional del cuerpo, lugar de focalización del placer y del displacer.

Objetos mamaizados
Se trata de objetos adoptados como sustitutos maternos, objetos asociados a la madre y que la hacen presente aunque en realidad esté ausente.


Referencias:
  • La cause des enfants, Laffont, 1985, pág. 285
  • Sexualité féminine, Scarabée, 1982, pág. 329.
  • L'image inconsciente du corps, Seuil, 1984, pág. 82.
  • La difficulté de vivre, Interéditions, 1981, pág.  253
  • Séminaore de psychanalyse d'enfants, Seuil, 1982, ág. 136
  • La cause des enfants, op. cit., pág. 360
  • Quelque part sur le chemin de F. Dolto, Seuil, 1988, pág. 13
  • Séminaore de psychanalyse d'enfants, op. cit., pág. 18
  • Le cas Dominique, Seuil, 1974, pág. 242

martes, 26 de agosto de 2014

Extractos de la obra de D.W. Winnicott

El psicoanálisis y la influencia del entorno.
Afirmó que el psicoanálisis tiene actualmente medios para otorgar su plena importancia a los factores exteriores, tanto los buenos como los malos, y particularmente al papel desempeñado por la madre al comienzo de la vida.

La dependencia absoluta.
El niño no tiene medio para reconocer aquellos cuidados maternos cuya índole es sobre todo profiláctica.
Los niños comienzan a existir en forma diferenciada según que las condiciones sean o no favorables. El potencial innato de un niño no puede en un niño si no actúa juntamente con los cuidados maternos.

La madre suficientemente buena.
Lo mejor que puede hacer una mujer real con un niño es ser suficientemente buena de entrada en lo sensitivo.

Trastorno - dependencia absoluta.
Un malogramiento en los primeros cuidados fundamentales del entorno perturba los procesos madurativos o les impide participar en el crecimiento afectivo del niño.

La dependencia relativa.
El niño es capaz de percatarse de cada uno de los cuidados maternos que necesita.

Lo innato y lo adquirido.
La tendencia hereditaria no puede obrar sola, es el entorno el que facilita el crecimiento del individuo durante el desarrollo del bebé y del niño pequeño.

Fenómeno transicional.
Un área neutra de experiencia que no será discutida.

Las bases de la salud mental.
El fundamento de una estructura psíquica sana y estable debe ser referido ciertamente a la fiabilidad de la madre interna, pero esta capacidad está sostenida a su vez por el individuo.

Para concluir.
Si el desarrollo se cumple correctamente, el individuo termina siendo capaz de engañar, de mentir, de transigir, de aceptar el conflicto como un hecho y de renunciar a las ideas extremas de perfección e imperfección que hacen intolerable la existencia.
El ser humano en su madurez no es ni tan bueno ni tan malo como el inmaduro.





Referencias:

  • Lettres vives, Gallimard, 1986, pág. 195.
  • De la pédiatrie a la psychanalyse, Payot, pág. 246
  • Ibid, pág. 243.
  • Lettres vives, op. cit. pág. 74
  • Processus de maturation chez l'enfant, Payot, pág. 246
  • Lettres vives, op. cit. págs. 249-250
  • Jeu et réalité, Gallimard, 1975, págs. 22-23.
  • Lettres vives, op. cit. pág 216
  • La nature humaine, Gallimard, 1990, pág. 179
  • Nasio, J. D., (1996), Grandes psicoanalistas, Winnicott, Dolto, Lacan, T. II. España: Gedisa.