viernes, 11 de octubre de 2019

La máquina que hace humanos

-¿Crees que Dios se aburrió un día de crearnos de uno por uno e inventó una máquina? -me preguntó mi hijo de 6 años un día mientras caminábamos.
-¿Qué dices?
-Mamá, imagina qué cansado sería hacernos de uno por uno, así que por eso creo que Dios inventó una máquina donde ahora nos hacen automáticamente.
-¿De dónde sacaste eso Enrique? -le pregunté preocupada.
-Pablo me dijo hoy que nadie es perfecto, y pensé qué claro que no, porque si nos hacen en una máquina, seguro todos debemos venir con defectos de fábrica, ¿no? -lo miré asombrada -a veces escucho a papá quejarse de las cosas que compra, dice que ya no hacen nada bien estos días, que todo está diseñado para descomponerse pronto y así compremos más, ¿crees que eso también pasa con nosotros?, digo, mira a la abuela, pobrecita a cada rato va a parar al hospital.
-¿Estás diciendo que quieres comprar una nueva abuelita? -y me reí, pero él permaneció completamente serio.
-¡No mamá! -dijo exasperado -Lo que digo es que cada vez estamos peor, o al menos eso es lo que escucho decir a papá un montón de veces al día.
Estábamos casi por llegar a casa cuando se detuvo en seco y se quedó pensativo.
-¿Mamá? -me preguntó finalmente -¿crees que podamos pasar al banco para mandarle dinero a Dios y así compre una mejor máquina? -y sonrió complacido.

jueves, 10 de octubre de 2019

Fiesta en el columpio


Yo nunca quise esto, pero cuando apenas tenía 5 años mi mamá convenció a papá de meterme a un concurso de belleza, le dijo que mi piel de porcelana me haría ganar automáticamente contra las demás niñas. Yo no sabía que estaba pasando, un día simplemente llegó a casa con un montón de vestidos ampones, maquillaje y pequeñas zapatillas que hacían que mis pies dolieran al caminar. No recuerdo mi primer concurso para ser honesta, ni el segundo, pero recuerdo a mamá muy enojada cuando quedé por primera vez en segundo lugar, ella gritó como loca y fue hasta la mesa de los jueces para reclamarles, yo la miré divertida al principio pero luego me dio miedo, pensé que cuando llegáramos a casa seguramente me castigaría. Y estuve en lo correcto, me mandó a mi habitación y me dijo que pensara bien en lo que había hecho, que estaba completamente decepcionada de mí por dejarla en vergüenza, yo tenía 6 años y no sabía lo que esa palabra significaba pero me lo imaginé porque mamá duró 2 semanas sin dirigirme la palabra. 
Una noche, cuando estábamos en la sala viendo la televisión, salió un comercial que decía que estaban buscando niñas para actuar, mamá de nuevo me miró con brillo en los ojos, de nuevo me sentí útil y querida, pues ya no había vuelto a competir en concursos, mamá dijo que el segundo lugar había sido suficiente humillación para ella. 
Un comercial, dos, cinco, diez, pronto cumplí 12 años y el pelo comenzó a cambiarme de color, mamá entonces me llevó a uno de esos salones de belleza y le dijo al estilista: "arréglala", y él me pintó el cabello de un rubio más claro que el mío, me dolió mucho. Después me quitó cada vello de mi cuerpo, y entonces ya no pude seguir llorando de dolor, solo me resigné. 
El dueño de la televisora donde grababa mis comerciales un día se me acercó y me dijo "yo te voy a hacer una estrella", yo solo sonreí sin ánimos, porque ya sabía lo que ese hombre le hacía a las niñas como yo. Le conté a mi mamá y ella solo dijo que guardara silencio y que aprovechara cualquier oportunidad que la vida me ofreciera, sin importar cómo.
Así pase mi adolescencia, entre hombres tocándome cuando se les antojaba, fiestas donde las drogas estaban como plato fuerte y actuando, siempre actuando, solo que a veces ya no sabía cuándo dejar de hacerlo, cómo ser yo, ya no me reconocía, estaba en piloto automático y solo hacía lo que mamá me decía que hiciera. 

Hasta que un día recibí una invitación a una fiesta, estaba firmada con un nombre que jamás había escuchado, así que supuse que no era parte de la industria. La tarjeta decía "Fiesta en el columpio" y tenía solo un pequeñito columpio dibujado en la parte de atrás y la dirección, no quedaba tan lejos de casa. 
Cuando llegué me asombré al ver la cantidad de personas, estaba acostumbrada a ir a eventos donde el mínimo eran unas 500 personas y ahí cuando mucho éramos 15. 
-¿Cuántos años tienes preciosa? -me dijo un chico que no aparentaba más de 30 años. Le respondí que tenía 17 y me alejé. -¡Qué lástima!, ¡tan joven! -me gritó desde el otro lado de la habitación y no le di importancia. 
Me pasaron una copa de lo que parecía champaña, tomé más y más hasta perder la cuenta y pronto comencé a sentirme muy rara, estaba mareada y todo parecía estar distorsionado. Me gustaba sentirme así, porque todo el dolor desaparecía, y yo podía olvidarme del mundo y sobre todo de mamá. "Creo que ahora estamos listos", escuché una voz a lo lejos y entonces vi a una cara conocida, fui hasta él y le pregunté qué hacía ahí.
-Ya no me sirves, niña, te estás poniendo gorda y fea. -Fue todo lo que contestó. Yo quería llorar ahí mismo pero  de repente vi que todos comenzaron a salir al patio, así que yo también salí. Había varios columpios colgados a un solo árbol y parecían estar diseñados para que dos personas se sentaran en ellos. Pronto todos estuvieron ocupados y yo me senté en uno sola, pues no había nadie más para ocupar el puesto vacío.
Miré al rededor y todos reían, yo no sabía qué estaba pasando, pronto me sentí aún más mareada, quería que todo acabara e irme a casa a dormir.
"Es hora mis queridos niños", dijo la voz de hombre que yo conocía, caí en cuenta de que era el hombre de la televisora. Y entonces, todos comenzaron a desmontar los columpios, de manera que solo quedaban dos cuerdas flotando. Vi a la chica de al lado y lancé un pequeño gritó que se ahogó en mi garganta, pues se estaba poniendo la cuerda alrededor del cuello y estaba subiendo al columpio que ahora quedaba como un banquito. Entonces lo entendí todo.
El hombre se acercó a mí:
-Es tu turno –me dijo y le pregunté si mi mamá sabía: -Querida –me respondió – tú mamá estuvo completamente encantada con la idea, sabes que ahora que ya no podrás actuar le sirves más muerta que viva, ¿verdad? – “yo nunca quise esto”, pensé mientras él ponía la cuerda alrededor de mi cuello.



Básado en: Swingin party - Lorde

miércoles, 9 de octubre de 2019

Carta a mis infieles

"Sé que voy a desaparecer.
Y lo supe el día en que sus voces comenzaron a hacerse menos audibles, apenas y escuchaba un susurro, una breve brisa. Luego, nada, y yo, que estaba acostumbrado a tener que cerrar los ojos y concentrarme para escuchar a una sola voz, ahora estaba en completo silencio.
Sé que es tiempo de irme.
Pero alguien más llegará, hubo alguien antes de mí y habrá alguien después del siguiente. ¿Quién nos creó?, no tengo ni la más mínima idea, no sé de dónde salí yo o mis iguales, pero sé que se sintió bien ser adorado, sé que escuchar sus suplicas todos los días fue exhaustivo pero necesario.

Hubo una reunión hace mucho tiempo, 12 de nuestra clase se reunieron para decidir quién gobernaría los mundos pero no lograron ponerse de acuerdo, así que finalmente dijeron que irían por turnos, que cada quién crearía su propia doctrina, sus propias reglas y entonces reinaría. Pero eventualmente todos desaparecían, por alguna u otra razón sus fieles dejaban de creer en ellos, poco a poco menos y menos hasta quedar por completo abandonados. Entonces: el siguiente. Todos creyendo que su doctrina sería la mejor, que sus creyentes jamás dejarían de existir.

Entonces llegó mi turno, estuve pensando por mucho tiempo cuáles serían mis reglas, en qué los haría creer. Les di una lista de cómo comportarse, les pedí que me dieran un poco de lo que yo les daba, les dí un día en especifico para pararse y adorarme, les dije que escucharía sus súplicas pero a cambio tendrían que creer ciegamente en mí y que de repente haría uno que otro milagro. Nada fue suficiente, ustedes siempre querían más de mí, si yo los complacía de alguna manera siempre encontraban algo más que desear, otra complaciencia, jamás paraban. Hasta que me cansé, les mandé un montón de desastres naturales para a ver si así se callaban, para hacer desaparecer a la mayoría. Solo conseguí que me suplicaran piedad. Entonces les dije que ahora solo los escucharía, que ustedes se las arreglarían como pudieran.

Tal vez ese fue mi error, quizá debí seguir complaciendo sus demandas. Poco a poco dejaron de creer en mí, dejaron de hablar conmigo, de pensar en mí.
No me puse triste, yo estaba listo para descansar. Sé que cuando me vaya todo a va a desaparecer, les habré fallado, pero no he sido el único. Los demás también fallarán, no sé cuántos somos ahora, pero hay una fila que nunca dejará de existir, todos listos para gobernar.
Fue divertido mientras duró.
Hasta nunca."

martes, 8 de octubre de 2019

Los miedos de Daria

Cuando era pequeñita me daban miedo un montón de cosas, así que mamá habló conmigo una noche, me dijo que tenía que deshacerme de ellos, así que les hablé de uno por uno y los formé en una fila, una vez que estuvieron todos alineados nos fuimos al bosque donde nos despedimos y les prohibí rotundamente seguirme. Se veían un poquito tristes pero yo no tenía opción, mamá había dicho que aquello era lo mejor.
Años después, mis amigos me preguntaron por qué era tan valiente, "es porque abandoné a mis miedos en el bosque", les dije, y todos me vieron con cara de horror y sorpresa, “¿podemos hacer eso?” me respondieron, y yo les dije que sí, “pero, ¿no crees que ellos te extrañan?” me preguntó mi amiga Melissa, y yo jamás había pensado en eso así que no supe qué responder.

Regresé a casa con un montón de dudas, ¿era acaso que los monstruos no eran tan malos como yo lo había pensado y hasta me extrañaban?, ¿por qué mamá insistió tanto en que me deshiciera de ellos? Tenía muchísimas ganas de preguntarle pero hace mucho tiempo que no la veía, un día simplemente salió de la casa y no regresó, y desde entonces me mudé con mi abuelita, quien es muy buena pero seguro no sabría las respuestas a mis preguntas. 

Pasó el tiempo y olvidé mis dudas, pero un día en la escuela organizaron una excursión al bosque, yo soy bastante distraída y me la paso saltando de un lugar a otro, así que pronto quedé muy atrás del grupo. Al principio no le di importancia pero pronto comencé a sospechar que estaba perdida. 
Una de las ventajas de no tener miedos es que puedes hacer un montón de cosas que los demás no se atreven: sabía que podía quedarme días en el bosque y no sentir nada, pero entonces no tendría que comer y pasaría mucho frío, así que mejor decidí buscar a mis compañeros.

Después de gritar y gritar por horas una tristeza profunda se apoderó de mí, ¿y si simplemente me habían abandonado?, se estaba haciendo tarde y con ello también hacía más frío y yo había dejado mi chaqueta en el autobús. 
Entonces comencé a escuchar mi nombre por todos lados, "Daria...Daria...Daria", yo no podía ver nada pero conforme fue oscureciendo pude ver más claramente a aquellas criaturas horribles. "¿Quiénes son ustedes?" les pregunté, "¿puedes creerlo?, ni siquiera se acuerda de nosotros", respondió uno. El más grande de todos, que parecía un mono de peluche viejo y con tan solo un ojo, se acercó bastante a mí, "somos tus miedos Daria".
Uno a uno se fueron presentando: Oscuridad, Tormentas, Serpientes, Extraños, Payasos, Inyecciones.... los nombres no paraban. "¿Y tú quién eres?" le pregunté al más grande, "soy Abandono".

Les pregunté qué habían estado haciendo en el tiempo que habían pasado en el bosque y para mi propia sorpresa, me dijeron que solo habían estado esperando a mi regreso y aunque habían querido, no podían ir a buscarme porque estaba prohibido. ¿Sabes qué es lo más triste?" me dijo Extraños, "no somos los únicos, en el bosque hay un montón de miedos abandonados, y seguro en otros lugares de la ciudad también los hay”. Me sentí profundamente triste por haberlos abandonado sin más, sin pensar en las consecuencias. "¿Qué puedo hacer por ustedes?" les dije. "Daría, somos parte de ti. Aunque hayas aprendido que lo mejor fue haberte deshecho de nosotros, somos necesarios para que seas una persona completa", yo estaba a punto de interrumpirlo pero siguió, "si el miedo a Perderte hubiera estado contigo hoy, no estuvieras aquí a la mitad del bosque a altas horas de la madrugada, imagina cómo se deben sentir tus amigos, tu maestro, y tu familia porque no apareces", entonces pensé en mi abuela, pobrecita, de por sí vivía preocupada y ahora yo desaparecida. 
"No quiero vivir mi vida con miedo", les dije, "no quiero que ustedes me controlen y me impidan hacer cosas, todo el mundo dice que soy la niña más valiente que han conocido, no quiero dejar de serlo", entonces todos me miraron con ternura, un montón de ojos y bocas deformes me sonrieron, "tienes que aprender a vivir con nosotros Daria, es la única manera en que vas a aprender a controlarnos, verás cómo poco a poco nos hacemos amigos", yo no estaba del todo segura, pero prefería aprender a convivir con mis miedos a ponerme en peligro todo el tiempo. "Está bien", les dije mientras me ponía de pie, "¿pero cómo rayos vamos a salir de aquí?", "nosotros conocemos el camino" dijeron, y así, de nuevo hicieron una fila y me llevaron a casa.