lunes, 14 de octubre de 2019

Wanda y Arizona


 I

-Mamá, esto es ridículo, ¿por qué tengo que casarme con un Dragón?
-Wanda, deja de quejarte, ya te lo he explicado un montón de veces: es una tradición familiar, cada niña de la quinta generación debe casarse con uno.
-Mamá, entiendo que así haya sido antes, pero, puedes ver que en pleno siglo XXI eso es una verdadera estupidez, ¿no?
-¡Wanda!, no me importa lo que pienses, ¿ok?, vas a casarte, y sí, vas a casarte con un Dragón así que hazte a la idea.

II

-¿Papá?
-Dime, pequeña Wanda.
-¿Podrías matarme?
-Pero, ¿qué dices?
-Prefiero morir antes que tener que casarme con ese estúpido dragón. Y antes de que me interrumpas con uno de tus tontos sermones acerca de lo importantes que son las tradiciones familiares, déjame decirte esto: ¡me importan un bledo sus tradiciones!, ¡no me voy a casar! Y mucho menos con un Dragón, y hagan lo que quieran.

III

-Abuela, dime que tú sí me entiendes.
-Te entiendo perfecto niña pero tú también debes entender.
-¿Entender qué?, ¿qué no voy a ser capaz de tener una vida normal?, ¿Qué todo el mundo se va a burlar de mí por ser la esposa de un ridículo Dragón?, abuela apenas tengo 12 años, no puedo casarme, mi vida ni siquiera ha empezado.
-¿Al menos has ido a conocerlo Wanda?

IV

Así que aquí estás, encerrado en un garaje, tan medieval como lo imaginé. Quisiera hablar contigo pero ni siquiera vas a entenderme, además, alguien te puso un bozal como si fueras un vil perro. Te miro a los ojos y puedo ver que también estás triste. Te entiendo, ¿quién quisiera casarse con una niña siendo tú?, yo no.
Me pregunto si tus padres te dieron la noticia como a mí.
-Wanda, ahora eres toda una señorita, y estás lista para casarte, ah, pero no te vas a casar con un humano, ¡no!, te toca cumplir con una apuesta que la familia perdió hace muchos pero muchos años y por eso tienes que casarte con un Dragón.
Perdón, ni siquiera sé cómo te llamas y todo este tiempo te he estado llamando Dragón. Te lo preguntaría pero no vas a poder responderme. Ah, ya veo, tu nombre es Arizona, me gusta, va con tu color de piel rojizo. Bueno, Arizona, tú y yo por el resto de la eternidad, ¿cómo suena eso?, ¿has podido dormir últimamente o al igual que yo te quedas con los ojos abiertos toda la noche pensando en lo que le espera a las futuras generaciones?
-Tenemos que acabar con esto Arizona, ¿estás de acuerdo?
Veo que asientes y me sorprendo por completo. ¿Puedes entenderme?, quizá estoy alucinando, sí, solo fue una alucinación, pero para asegurarme, pregunto de nuevo:
-Arizona, ¿puedes entenderme? –de nuevo asientes con la cabeza y yo abro la boca debido a la sorpresa.

V

-Wanda, ¿Por qué de repente estás tan calmada con respecto a tu boda?
-Mamá, simplemente no te entiendo, primero qué por qué estaba tan terca en no querer casarme, ahora, qué por qué estoy tan tranquila. ¿Puedes dejarme en paz?, voy a ponerme mi vestido.
Ayer fui a ver a Arizona de nuevo, lo he estado viendo todos los días últimamente y me alegra saber qué ambos pensamos igual. Nos entendimos tan bien, que pronto ideamos un plan para nuestra boda. No quiere decir que de repente me enamoré de él, eso jamás, a fin de cuentas es un Dragón de sabe cuántos años y yo apenas soy una niña de 12 años. Le pregunté si estaba listo para el gran día antes de irme y cuando asintió, supe que nada podría salir mal.
Mamá se aseguró de que toda la familia estuviera reunida, la boda en el bosque, banquitas por doquier y un altar con rosas blancas en el centro. Me asomé por la ventana, la familia de Arizona también estaba ahí.
-¿Estás lista?
-Claro papá.
Y me toma por del brazo, caminamos por lo que se siente como una eternidad. Veo a Arizona al final del camino, esta vez no tiene bozal y está sonriendo, o al menos eso creo, yo también sonrió al verlo. Llegó hasta él y le doy un beso en la mejilla a papá, luego todo pasa muy pero muy rápido. Le doy la señal a Arizona y lo único que puedo sentir es calor, y solo escucho gritos, gritos por doquier. Arizona me pasa una espada, pero no sé si seré capaz de usarla, aun así la sostengo en alto y todo el tiempo me mantengo a su lado, a fin de cuentas él se está haciendo cargo de todo.

VI

-¿Crees que es lo correcto? –le pregunto un día antes de la boda, y aunque él no puede hablar sé que está de acuerdo.
Pienso en los hijos de mis hijos, pienso en sus hijos, en mis bisnietos, en mis tataranietos. Ellos no merecen esto, así que será mejor acabar con todos de una vez.
-Ya no más Arizona, tú y yo nos haremos cargo de que nadie en nuestras familias vuelva a sufrir.

viernes, 11 de octubre de 2019

La máquina que hace humanos

-¿Crees que Dios se aburrió un día de crearnos de uno por uno e inventó una máquina? -me preguntó mi hijo de 6 años un día mientras caminábamos.
-¿Qué dices?
-Mamá, imagina qué cansado sería hacernos de uno por uno, así que por eso creo que Dios inventó una máquina donde ahora nos hacen automáticamente.
-¿De dónde sacaste eso Enrique? -le pregunté preocupada.
-Pablo me dijo hoy que nadie es perfecto, y pensé qué claro que no, porque si nos hacen en una máquina, seguro todos debemos venir con defectos de fábrica, ¿no? -lo miré asombrada -a veces escucho a papá quejarse de las cosas que compra, dice que ya no hacen nada bien estos días, que todo está diseñado para descomponerse pronto y así compremos más, ¿crees que eso también pasa con nosotros?, digo, mira a la abuela, pobrecita a cada rato va a parar al hospital.
-¿Estás diciendo que quieres comprar una nueva abuelita? -y me reí, pero él permaneció completamente serio.
-¡No mamá! -dijo exasperado -Lo que digo es que cada vez estamos peor, o al menos eso es lo que escucho decir a papá un montón de veces al día.
Estábamos casi por llegar a casa cuando se detuvo en seco y se quedó pensativo.
-¿Mamá? -me preguntó finalmente -¿crees que podamos pasar al banco para mandarle dinero a Dios y así compre una mejor máquina? -y sonrió complacido.

jueves, 10 de octubre de 2019

Fiesta en el columpio


Yo nunca quise esto, pero cuando apenas tenía 5 años mi mamá convenció a papá de meterme a un concurso de belleza, le dijo que mi piel de porcelana me haría ganar automáticamente contra las demás niñas. Yo no sabía que estaba pasando, un día simplemente llegó a casa con un montón de vestidos ampones, maquillaje y pequeñas zapatillas que hacían que mis pies dolieran al caminar. No recuerdo mi primer concurso para ser honesta, ni el segundo, pero recuerdo a mamá muy enojada cuando quedé por primera vez en segundo lugar, ella gritó como loca y fue hasta la mesa de los jueces para reclamarles, yo la miré divertida al principio pero luego me dio miedo, pensé que cuando llegáramos a casa seguramente me castigaría. Y estuve en lo correcto, me mandó a mi habitación y me dijo que pensara bien en lo que había hecho, que estaba completamente decepcionada de mí por dejarla en vergüenza, yo tenía 6 años y no sabía lo que esa palabra significaba pero me lo imaginé porque mamá duró 2 semanas sin dirigirme la palabra. 
Una noche, cuando estábamos en la sala viendo la televisión, salió un comercial que decía que estaban buscando niñas para actuar, mamá de nuevo me miró con brillo en los ojos, de nuevo me sentí útil y querida, pues ya no había vuelto a competir en concursos, mamá dijo que el segundo lugar había sido suficiente humillación para ella. 
Un comercial, dos, cinco, diez, pronto cumplí 12 años y el pelo comenzó a cambiarme de color, mamá entonces me llevó a uno de esos salones de belleza y le dijo al estilista: "arréglala", y él me pintó el cabello de un rubio más claro que el mío, me dolió mucho. Después me quitó cada vello de mi cuerpo, y entonces ya no pude seguir llorando de dolor, solo me resigné. 
El dueño de la televisora donde grababa mis comerciales un día se me acercó y me dijo "yo te voy a hacer una estrella", yo solo sonreí sin ánimos, porque ya sabía lo que ese hombre le hacía a las niñas como yo. Le conté a mi mamá y ella solo dijo que guardara silencio y que aprovechara cualquier oportunidad que la vida me ofreciera, sin importar cómo.
Así pase mi adolescencia, entre hombres tocándome cuando se les antojaba, fiestas donde las drogas estaban como plato fuerte y actuando, siempre actuando, solo que a veces ya no sabía cuándo dejar de hacerlo, cómo ser yo, ya no me reconocía, estaba en piloto automático y solo hacía lo que mamá me decía que hiciera. 

Hasta que un día recibí una invitación a una fiesta, estaba firmada con un nombre que jamás había escuchado, así que supuse que no era parte de la industria. La tarjeta decía "Fiesta en el columpio" y tenía solo un pequeñito columpio dibujado en la parte de atrás y la dirección, no quedaba tan lejos de casa. 
Cuando llegué me asombré al ver la cantidad de personas, estaba acostumbrada a ir a eventos donde el mínimo eran unas 500 personas y ahí cuando mucho éramos 15. 
-¿Cuántos años tienes preciosa? -me dijo un chico que no aparentaba más de 30 años. Le respondí que tenía 17 y me alejé. -¡Qué lástima!, ¡tan joven! -me gritó desde el otro lado de la habitación y no le di importancia. 
Me pasaron una copa de lo que parecía champaña, tomé más y más hasta perder la cuenta y pronto comencé a sentirme muy rara, estaba mareada y todo parecía estar distorsionado. Me gustaba sentirme así, porque todo el dolor desaparecía, y yo podía olvidarme del mundo y sobre todo de mamá. "Creo que ahora estamos listos", escuché una voz a lo lejos y entonces vi a una cara conocida, fui hasta él y le pregunté qué hacía ahí.
-Ya no me sirves, niña, te estás poniendo gorda y fea. -Fue todo lo que contestó. Yo quería llorar ahí mismo pero  de repente vi que todos comenzaron a salir al patio, así que yo también salí. Había varios columpios colgados a un solo árbol y parecían estar diseñados para que dos personas se sentaran en ellos. Pronto todos estuvieron ocupados y yo me senté en uno sola, pues no había nadie más para ocupar el puesto vacío.
Miré al rededor y todos reían, yo no sabía qué estaba pasando, pronto me sentí aún más mareada, quería que todo acabara e irme a casa a dormir.
"Es hora mis queridos niños", dijo la voz de hombre que yo conocía, caí en cuenta de que era el hombre de la televisora. Y entonces, todos comenzaron a desmontar los columpios, de manera que solo quedaban dos cuerdas flotando. Vi a la chica de al lado y lancé un pequeño gritó que se ahogó en mi garganta, pues se estaba poniendo la cuerda alrededor del cuello y estaba subiendo al columpio que ahora quedaba como un banquito. Entonces lo entendí todo.
El hombre se acercó a mí:
-Es tu turno –me dijo y le pregunté si mi mamá sabía: -Querida –me respondió – tú mamá estuvo completamente encantada con la idea, sabes que ahora que ya no podrás actuar le sirves más muerta que viva, ¿verdad? – “yo nunca quise esto”, pensé mientras él ponía la cuerda alrededor de mi cuello.



Básado en: Swingin party - Lorde

miércoles, 9 de octubre de 2019

Carta a mis infieles

"Sé que voy a desaparecer.
Y lo supe el día en que sus voces comenzaron a hacerse menos audibles, apenas y escuchaba un susurro, una breve brisa. Luego, nada, y yo, que estaba acostumbrado a tener que cerrar los ojos y concentrarme para escuchar a una sola voz, ahora estaba en completo silencio.
Sé que es tiempo de irme.
Pero alguien más llegará, hubo alguien antes de mí y habrá alguien después del siguiente. ¿Quién nos creó?, no tengo ni la más mínima idea, no sé de dónde salí yo o mis iguales, pero sé que se sintió bien ser adorado, sé que escuchar sus suplicas todos los días fue exhaustivo pero necesario.

Hubo una reunión hace mucho tiempo, 12 de nuestra clase se reunieron para decidir quién gobernaría los mundos pero no lograron ponerse de acuerdo, así que finalmente dijeron que irían por turnos, que cada quién crearía su propia doctrina, sus propias reglas y entonces reinaría. Pero eventualmente todos desaparecían, por alguna u otra razón sus fieles dejaban de creer en ellos, poco a poco menos y menos hasta quedar por completo abandonados. Entonces: el siguiente. Todos creyendo que su doctrina sería la mejor, que sus creyentes jamás dejarían de existir.

Entonces llegó mi turno, estuve pensando por mucho tiempo cuáles serían mis reglas, en qué los haría creer. Les di una lista de cómo comportarse, les pedí que me dieran un poco de lo que yo les daba, les dí un día en especifico para pararse y adorarme, les dije que escucharía sus súplicas pero a cambio tendrían que creer ciegamente en mí y que de repente haría uno que otro milagro. Nada fue suficiente, ustedes siempre querían más de mí, si yo los complacía de alguna manera siempre encontraban algo más que desear, otra complaciencia, jamás paraban. Hasta que me cansé, les mandé un montón de desastres naturales para a ver si así se callaban, para hacer desaparecer a la mayoría. Solo conseguí que me suplicaran piedad. Entonces les dije que ahora solo los escucharía, que ustedes se las arreglarían como pudieran.

Tal vez ese fue mi error, quizá debí seguir complaciendo sus demandas. Poco a poco dejaron de creer en mí, dejaron de hablar conmigo, de pensar en mí.
No me puse triste, yo estaba listo para descansar. Sé que cuando me vaya todo a va a desaparecer, les habré fallado, pero no he sido el único. Los demás también fallarán, no sé cuántos somos ahora, pero hay una fila que nunca dejará de existir, todos listos para gobernar.
Fue divertido mientras duró.
Hasta nunca."