viernes, 23 de febrero de 2024

Cuando salí con la versión masculina de mi amiga lesbiana

 Ayer en la tarde estaba recostada en mi cama viendo videos o algo en mi celular y por alguna extraña razón recordé el momento de mi vida en el que estaba haciendo servicio social y comencé a salir con este chico al que llamaremos José, que era de mi edad pero estaba estudiando diseño gráfico y era músico y yo iba a verlo a sus "tocadas" y me sentía tan cool por salir con un músico, hasta que me di cuenta de que en realidad este chico no me gustaba lo suficiente como para ser su novia así que dejé de responderle los mensajes y chau.

Bueno, pues ayer mientras estaba en mi cama viendo mi celular, recordé a este sujeto y por alguna razón mi cerebró formó una nueva conexión o unió dos puntos, no sé cómo explicarlo, pero ahí estaba: una imagen de comparación entre mi mejor amiga de la prepa a la que llamaremos Beatriz, y José, lado a lado, y wow, son la misma persona.

¿Cómo no me di cuenta antes?

Estuve saliendo con la versión masculina de mi amiga que es lesbiana. 

¿Eso me convierte en lesbiana?, ¿será que en realidad quería salir con mi amiga pero no me animé y por eso salí con este tipo?, ¿hubiera funcionado salir con mi amiga sino funcionó con este tipo?

Todas estas preguntan rondaron en mi cabeza por un rato que se sintió eterno. Luego me reí de mí misma por sobreanalizar algo que pasó hace más de 8 años, le mandé un mensaje a Beatriz preguntándole cómo estaba y ella me respondió casi al instante con una de sus historias de cómo un tarotista la había estafado. Me reí y me sentí normal de nuevo.

sábado, 10 de febrero de 2024

Acepto

 Acepto el abuso en mi infancia que no recuerdo

pero que de alguna manera se quedó grabado en mi cuerpo

y hay días en que todo se siente pesado,

pero acepto que debo recordarme que yo misma creo mi realidad.

Acepto mi pasado, acepto mi infancia que recuerdo con amor

aunque tenga capas de dolor, que a veces visito sin querer.

Acepto haber tenido unos padres ausentes la mayoría del tiempo,

porque ellos eran jóvenes, porque seguramente no sabían ni lo que estaban

haciendo.

Acepto que mi mamá me rechazaba abiertamente, alejándose tanto física como

mentalmente de mí: no debió ser fácil para ella ser mamá a los 18 años.

Yo ahora tengo 30 y no puedo imaginarme teniendo un hijo.

Mamá, te aceptó y te agradezco haberme traído a este mundo aún si saber lo que

ello significaba: que renunciarías a tu vida y a tus sueños.

Espero que sepas que aún hay tiempo de sobra para ti y que mi más grande deseo

es verte feliz, disfrutando la vida.

Papá aceptó que crecí en un hogar donde no estabas, y cuando te hacías presente

era borracho, maldiciéndonos por estar en tu vida.

Sé que quizá no te diste cuenta de la cantidad de responsabilidad que es tener

hijos, sé que cambiaste y hoy te esfuerzas por recuperar el tiempo perdido.

Acepto que mis padres solo me vieran a través de mis logros,

que no se dieran el tiempo de conocer a la verdadera yo.

Acepto que me tomó mucho tiempo encontrarme después de esto: fui invisible

por mucho tiempo y me refugié en mi mente, en los libros, en mis diarios.

Acepto que aún me cuesta trabajo,

y está bien.

No pretendo ser lo que nunca fui: una niña perfecta y complaciente, ahora me doy

a la tarea de darme mi espacio, de buscar maneras de recordarme que vivo esta

vida para Mí.

Acepto que viví mucho tiempo para los demás, a veces me cuesta aún trabajo

decir que no. Pero soy consciente.

Acepto que veía al amor como un escape, como una manera de evadir la realidad y

como un mecanismo de defensa que me permitía seguir viviendo el dolor de no

ser vista.

Acepto que mis relaciones han cambiado debido a ello: ya no busco personas que

me pisoteen, busco personas que caminen a mí lado, me escuchen y me vean tal

cual soy; y aún con las partes feas se queden.

Acepto que me abandoné de muchas maneras a lo largo de mi vida: no

comía bien o no comía en absoluto cuando tenía el corazón roto, dejaba

que los hombres utilizaran mi cuerpo aunque sabía que no querían nada serio,

decía que haría una cosa y terminaba haciendo lo contrario o nada en

absoluto.

Acepto que mis amigos han cambiado también; que son poquitos y contados pero

que los aprecio porque estamos en la misma sintonía.

Acepto que mi mejor amigo de toda la vida ahora se siente como un extraño y me

duele.

Porque acepto que no me gustan las despedidas, terminar ciclos, cerrar la puerta

y trato

de alargarlo

lo

más

qué

puedo.

Acepto que las despedidas me dan pánico

y qué a veces no sé cómo salir de relaciones o situaciones que me hacen mal.

Acepto que estoy trabajando en ello

día

a día

un pie tras el otro.

Me acepto con el camino que me ha llevado a escribir estas palabras.

Me acepto con el coraje que tuve para reescribir mi historia.

Me acepto con los ojos de niña triste que se han convertido en ojos de esperanza.

Me acepto.

Siempre.

viernes, 26 de enero de 2024

¿Qué es real?

La tierra es plana

O vivimos en un domo sin darnos cuenta

El vecino está más cerca de lo que creemos 

Nos mienten sin parar 

Que si Jesús, que si buda, que si la religión solo es control, eso no se puede negar. 

¿Esto es un sueño?, ¿Una proyección de mi cuerpo que en realidad está en otro lado?

Hay reptiles entre nosotros que sacrifican niños y se alimentan del miedo

Hay aliens riéndose de mí en este momento porque me creo tan sabia

Apenas y entiendo el 0.01% de todo, y aún así, no estoy segura de que sea verdad. 

El feminismo no es más que una estrategia 

Los hombres han perdido su poder (o eso intentan los que controlan al mundo) y ahora todos quieren ser gays, o cambiar de sexo o decir que el amor está pasado de moda y es mejor ser poliamoroso. 

La música te controla el cerebro, el celular te espía, el wifi te hace enfermar. 

En todos lados hay químicos, no somos más que zombies

Que bailan al ritmo de un mundo controlado por papelitos sin sentido cachin- chachin. 


¿Qué es verdad?

¿Cuándo podré despertar para darme cuenta de la realidad?

¿Cuándo?

jueves, 25 de enero de 2024

Mi pelo negro

 Mi abuela tenía un pelo negrísimo, nunca se lo tuvo que pintar, sí le salían canas de vez en cuando pero su pelo era tan negro que era raro que se las notaras. Mi mamá también tiene pelo negro y ya tiene cada vez más canas, ella sí se lo pinta desde hace años porque no le gusta que se le vean, aunque hace un año tomó la decisión de no pintarselo más porque quiere aceptarse tal cual es.

Aceptarse tal cual es.

Qué fácil de escribir y qué difícil aprender la lección, especialmente cuando somos bombardeados desde pequeños con mensajes como "debes tener el pelo súper lácio y brillante, siempre debes verte presentable, no te descuides y te dejes crecer la lonja, haz ejercicio y pintate el pelo y las uñas y sácate las cejas y depílate las patas"... la lista es interminable. En fin, a lo que quiero llegar es a contar la historia de mi pelo.

Mi pelo y yo hemos crecido juntos desde que nací, fui una niña medio peloncita hasta eso de los tres años, luego tuve una melena indomable, nunca hubo un punto intermedio. Mi mamá tiene el pelo tan grueso como una caña de pescar y vaya que lo heredé de ella, mi pelo es grueso grueso, se tarda horas en secar y es moldeable, eso sí. Cuando era niña mi mamá me dejaba el pelo larguísimo y me hacía toda clase de peinados: trenzas y colas y coletitas. Cuando cumplí 12 años le pedí que por favor me dejara cortarmelo de honguito y ella aceptó, yo fui la niña más feliz del mundo hasta que mi abuela me vió y me dijo "¡¿Qué hiciste?!"
Aprendí que las niñas deben tener el pelo largo y cuidado.
Pero a los 14 años me enamoré fervientemente de Hayley Williams que tenía el cabello pintado de colores rojo, amarillo y naranja y yo también quería tener el cabello rojo, o al menos naranja, así que cuando cumplí 15 años pedí de regalo de cumpleaños que me dejaran pintarme el pelo naranja y para mi sorpresa mis papás accedieron. Me sentí genial y fui la adolescente más feliz del mundo hasta que llegué a la escuela al día siguiente y el prefecto me dijo "¡¿Qué hiciste?!"
Aprendí que las mujercitas deben tener el pelo de colores no extravagantes.
Por un tiempo me dejé el pelo de mi color original: negrito. Hasta que entré a la prepa y tuve más libertades porque ya no vivía con mis papás así que regularmente me lo pintaba rojo o castaño. Era feliz, y no tenía a nadie diciéndome que lo que había hecho estaba mal.
Hasta que me obsesioné con la idea de ser RUBIA.
Sí, rubia. Yo, una morena que jamás en la vida hubiera nacido rubia porque NADIE en mi familia lo es. Pero yo quería ser rubia a toda costa así que fui al salón de belleza (qué estúpido no, que un lugar se llame salón de belleza, jaja), y le pedí a muchas, muchas chicas que me pintaran el pelo rubio y siempre salía decepcionada con el resulado, ¿y cómo no iba a estarlo?, si a mí no me queda el rubio, porque simplemente no nací rubia.
En fin, hace unos años, decidí hacer las pases con mi cabellera y dije "ok, no más pintarme el pelo", aunque me lo pinté una última vez; de negro porque quería regresar a mi color natural. Regresé a casa y lo primero que me dijo mi cuñada fue "como que el negro no te queda"
¿QUÉ?, ¿cómo no me va a quedar mi propio color de pelo, mi color original.
Ese comentario se quedó en mi cabeza ahí flotando y un buen día regresé al salón de belleza a que me hicieran unas mechitas más claras y de nuevo fui feliz.

Eso fue hace un año y medio más o menos, la última vez que me pinté el pelo. Y desde entonces el negro h estado creciendo y creciendo, un día en el trabajo me vi al espejo y me dije "wow, otra vez tengo el pelo completamente negro, debería pintármelo" y me detuve a mí misma, y me pregunté "¿y por qué?"

No tengo respuestas, ¿es porque prácticamente me lo he pintado más de la mitad de mi vida?, ¿es porque está normalizado que las mujeres no nos gustemos a nosotras mismas y debamos cambiarnos lo más posible?, ¿es porque en todas las series y películas que veo abundan las rubias?
No lo sé.
Lo que sí sé es que quiero ser un poco más como mi mamá y aceptarme tal cual soy, con mi pelo negro, súper negro, con canas apareciendo. Aceptarme tal cual. Poquito a poquito.