"¿Acaso no te lo advertí?" me susurró una noche.
"¿De qué hablas?" respondí, aunque sabía exactamente a lo que se refería. Meses atrás algo había pasado entre nosotros, la típica historia de dos amigos que en una noche de copas se convierten en algo más. Pero él me lo advirtió, el me lo dijo justo después, "esto no significa nada, solo somos amigos", pero es que yo siempre pienso que puedo salirme con la mía, y pensé que tal vez él cambiaría, que tal vez en realidad sentía lo mismo que yo por él.
Pero cuando quise volver a verlo, cuando comenzó a ignorarme, supe que ya no volvería a hacer igual, porque una vez que cruzas la raya, ya no hay vuelta atrás.
"¿Por qué haces esto?", me dijo, y yo no supe qué responder. ¿A quién engañaba?, no podría hacerlo ni a mí misma, yo sabía que estaba enamorada de él desde el principio, pero...¿por qué es tan complicado?
"Tú mereces a alguien mejor, a alguien que esté para ti cuando lo necesites. Y yo, yo no voy a ser esa persona".
"¿Entonces por qué me besaste esa noche?", respondí. Los dos nos quedamos sin respuestas, yo estaba en silencio pero mi cabeza se nublaba con palabras, con ideas llenas de ilusiones, que justo en este momento estaban muriendo, porque viéndolo a los ojos me daba cuenta de que ninguna de esas ilusiones podría convertirse en realidad. Pero es que ahí estábamos de nuevo: en una playa, con algunas copas encima y nuestros amigos lejos de nosotros; estábamos solos pero aún así nos sentíamos rodeados de gente. Yo no quería llorar, no quería que se diera cuenta de lo mucho que significaba para mí aquello, de lo que había significado la primera vez que había puesto sus labios contra los míos, cuando sentí que era solo para mí. Sabía que no podría ver mis lagrimas porque estábamos lejos de las luces del pequeño pueblo, pero aún así, no quería llorar, pero cuanto más pensaba en eso, más propensa y vulnerable me sentía.
Y entonces me besó de nuevo, pero esa vez, tan tiernamente que un montón de lagrimas comenzaron a resbalar por mis rosadas mejillas. "¿Por qué haces esto?" dije yo, pero no obtuve respuesta.
Quizá simplemente no había respuesta alguna, quizá algunas preguntas no están destinadas a obtener una resolución....
Pero aquí estoy, tres días después, preguntándome aún.
¿Por qué hiciste eso?
¿Qué soy para ti?
Y no hay respuesta
martes, 16 de junio de 2015
domingo, 14 de junio de 2015
El Metro
Me perdí a mí misma un día mientras iba en el metro. Iba camino a verte y llevaba el vestido amarillo con flores naranjas, ese que tanto te gusta. Fui a la estación 4 y me puse a escuchar música mientras esperaba, recuerdo las canciones resonando en mis oídos, casi reventándome los tímpanos. Escuché a los Yeah Yeah Yeahs hasta que el vagón llegó. Me subí con cuidado; siempre había tenido un poco de miedo, tanto al bajar como al subir, porque creía que un buen día terminarían por aplastarme. Eran las 10.29 am y ya no había tanta gente como solía haberlo más temprano; logré sentarme en un asiento desocupado. Se subieron varios vendedores ambulantes; primero uno vendiendo dulces, después otros más que a veces sigo viendo. Las miradas en sus ojos no cambias; son las más tristes que he visto en la vida, como si hubieran perdido el sentido de la existencia. Recuerdo que a mi lado iba sentada una señora de aproximadamente 60 años, también traía un vestido y antes de bajarse, me sonrío. Es extraño como eso ocurre a veces: fue como si hubiera adivinado lo que iba a ocurrir y justo antes me envió una señal: sigue siendo positiva ante todo.
Camino a tu casa siempre escuchaba las mismas canciones, todas bastante alegres y una que otra que hablan de amor. Cuando aquello pasó iba escuchando "Hysteric" mientras mis labios se movían al ritmo de la canción.
Y entonces pasó; una avalancha de gente se subió de pronto, como si algo extraño hubiese ocurrido en la ciudad. Me asusté y miré alrededor, "¿qué pasa?" pregunté al chico de al lado, pero no obtuve respuesta alguna, solo una mirada perdida que reflejaba un miedo terrible. Todos tenían la misma expresión, pero conforme avanzábamos parecía que se iban calmando. De nuevo sus ojos encontraban la paz; estaban a salvo en el metro. Pero algo me decía que yo no estaba del todo bien, que algo me había ocurrido, me sentía extraña, como flotando.
Llegamos a la estación donde por fin me bajaría, y cuando quise hacerlo, no pude. Me llevé la sorpresa más grande de mi vida al verme a mí misma tanto afuera como adentro del metro: sí, ahí estaba mi cuerpo, cruzando las puertas del vagón, caminando como si nada extraordinario estuviera pasando, ¡Pero si yo aún estaba dentro!, ¿cómo era posible?, grité, trate de hablar con el mismo chico que estaba parado junto a mi, le dije, "¿qué está pasando?", pero no me contestó, así que lo tomé de los hombros, lo sacudí y le dije que por favor me ayudara:
-¡Mi cuerpo se fue!, ¡Ayúdame!
Pero no hizo nada, yo era invisible o eso parecía,
¿En qué me había convertido?, ¿qué era aquello?, ¿por qué mi cuerpo se había ido dejándome atrás?, ¿cómo se las arreglaría sin mí?, y la pregunta más importante, ¿qué era yo?, ¿un alma?, ¿un fantasma?
Me perdí a mí misma un día mientras iba en el metro.
Esperé y esperé pensando que tal vez mi cuerpo regresaría, que tú tal vez saldrías a buscarme cuando te dieras cuenta de que algo estaba mal conmigo, de que no estaba completa: había una parte de mí vagando por ahí.
Pero cuando el tiempo pasó y memoricé por completo esa ruta del metro, cuando el sonido dejó de parecer nuevo y se volvió completamente familiar, cuando vi todos los rostros de la ciudad pasar por ahí, terminé por rendirme, dejé de esperar. Porque si ni yo misma podría encontrarme, entonces ¿quién lo haría?
Camino a tu casa siempre escuchaba las mismas canciones, todas bastante alegres y una que otra que hablan de amor. Cuando aquello pasó iba escuchando "Hysteric" mientras mis labios se movían al ritmo de la canción.
Y entonces pasó; una avalancha de gente se subió de pronto, como si algo extraño hubiese ocurrido en la ciudad. Me asusté y miré alrededor, "¿qué pasa?" pregunté al chico de al lado, pero no obtuve respuesta alguna, solo una mirada perdida que reflejaba un miedo terrible. Todos tenían la misma expresión, pero conforme avanzábamos parecía que se iban calmando. De nuevo sus ojos encontraban la paz; estaban a salvo en el metro. Pero algo me decía que yo no estaba del todo bien, que algo me había ocurrido, me sentía extraña, como flotando.
Llegamos a la estación donde por fin me bajaría, y cuando quise hacerlo, no pude. Me llevé la sorpresa más grande de mi vida al verme a mí misma tanto afuera como adentro del metro: sí, ahí estaba mi cuerpo, cruzando las puertas del vagón, caminando como si nada extraordinario estuviera pasando, ¡Pero si yo aún estaba dentro!, ¿cómo era posible?, grité, trate de hablar con el mismo chico que estaba parado junto a mi, le dije, "¿qué está pasando?", pero no me contestó, así que lo tomé de los hombros, lo sacudí y le dije que por favor me ayudara:
-¡Mi cuerpo se fue!, ¡Ayúdame!
Pero no hizo nada, yo era invisible o eso parecía,
¿En qué me había convertido?, ¿qué era aquello?, ¿por qué mi cuerpo se había ido dejándome atrás?, ¿cómo se las arreglaría sin mí?, y la pregunta más importante, ¿qué era yo?, ¿un alma?, ¿un fantasma?
Me perdí a mí misma un día mientras iba en el metro.
Esperé y esperé pensando que tal vez mi cuerpo regresaría, que tú tal vez saldrías a buscarme cuando te dieras cuenta de que algo estaba mal conmigo, de que no estaba completa: había una parte de mí vagando por ahí.
Pero cuando el tiempo pasó y memoricé por completo esa ruta del metro, cuando el sonido dejó de parecer nuevo y se volvió completamente familiar, cuando vi todos los rostros de la ciudad pasar por ahí, terminé por rendirme, dejé de esperar. Porque si ni yo misma podría encontrarme, entonces ¿quién lo haría?
viernes, 12 de junio de 2015
No más de lo mismo
Como es que a veces es tan complicado hacernos a la idea de que alguien simplemente no es el indicado. Como esta idea resuena en nuestras cabezas, como la más sana, la más "decente", pero decidimos instantáneamente ignorarla, como diciendo "no me importa, yo puedo hacerlo".
Es patético, porque según yo, sabemos de inmediato si un chico es bueno para nosotras o no, y sabemos si salir con él llegará a algún lugar.
Y podemos elegir, a veces, seguir la corriente y fingir que tenemos sentimientos por alguien que simplemente no encaja con lo que queremos, pero por el contrario, a veces nos hacemos ideas estúpidas, pensamos una y otra y otra vez, ¿podía ser?
Y es horrible, porque verdaderamente es una tortura ir por la vida preguntándonos si las cosas van a funcionar al final del día. Ponemos empeño y dedicación en algo que a veces resulta completamente desastroso en un instante. ¿Y acaso vale la pena? no lo sé. Creo que nunca lo voy a saber.
Arriesgar demasiado, comprometerse demasiado, y obtener nada a cambio, eso pasa.
Estoy muy cansada, porque lo que quiero es simple y aun así no lo tengo. Me gustan los chicos que no deberían gustarme, y los que deberían gustarme me aburren totalmente.
¿Es tan difícil? ¿Tengo estándares demasiado altos?
No sé cuántas veces me hecho estas mismas preguntas, a esta misma hora, siempre antes de irme a la cama, siempre peguntándome, ¿y si termino sola...?
Y luego me digo, ¿y acaso no eres lo suficientemente buena para ti misma?, ¿qué más necesitas?
Y luego suspiro y recuerdo un nombre en particular y me pregunto qué está haciendo ahora mismo.
Está bien, sé que está bien.
Tengo que quitarme el montón de ideas que me metí en la cabeza hace cuatro años. esas que decían que tal vez podría haber encontrado al indicado.
Una vez, hace más de cuatro años, una profesora de psicología nos dijo en una clase, "Y saben, yo estuve enamorada a los 18 años, y me engañaron, y yo lo quería...pero un día entendí que no porque te acostarte con alguien significa que le aguantes todas sus pendejadas".
Y yo no le puse mucha atención en el momento, pero años después, esa frase resonó por mi cabeza por muchos días, semanas, meses. Y yo quería hacerle caso, pero no podía.
Porque esta idea, esta, de que al primer hombre de tu vida es el indicado resonaba por todo mi ser y no me dejaba dormir.
Y tomó mucho tiempo entenderlo, pero creo que ya, aquí está. No más.
No más de lo mismo.
Ya no.
Es patético, porque según yo, sabemos de inmediato si un chico es bueno para nosotras o no, y sabemos si salir con él llegará a algún lugar.
Y podemos elegir, a veces, seguir la corriente y fingir que tenemos sentimientos por alguien que simplemente no encaja con lo que queremos, pero por el contrario, a veces nos hacemos ideas estúpidas, pensamos una y otra y otra vez, ¿podía ser?
Y es horrible, porque verdaderamente es una tortura ir por la vida preguntándonos si las cosas van a funcionar al final del día. Ponemos empeño y dedicación en algo que a veces resulta completamente desastroso en un instante. ¿Y acaso vale la pena? no lo sé. Creo que nunca lo voy a saber.
Arriesgar demasiado, comprometerse demasiado, y obtener nada a cambio, eso pasa.
Estoy muy cansada, porque lo que quiero es simple y aun así no lo tengo. Me gustan los chicos que no deberían gustarme, y los que deberían gustarme me aburren totalmente.
¿Es tan difícil? ¿Tengo estándares demasiado altos?
No sé cuántas veces me hecho estas mismas preguntas, a esta misma hora, siempre antes de irme a la cama, siempre peguntándome, ¿y si termino sola...?
Y luego me digo, ¿y acaso no eres lo suficientemente buena para ti misma?, ¿qué más necesitas?
Y luego suspiro y recuerdo un nombre en particular y me pregunto qué está haciendo ahora mismo.
Está bien, sé que está bien.
Tengo que quitarme el montón de ideas que me metí en la cabeza hace cuatro años. esas que decían que tal vez podría haber encontrado al indicado.
Una vez, hace más de cuatro años, una profesora de psicología nos dijo en una clase, "Y saben, yo estuve enamorada a los 18 años, y me engañaron, y yo lo quería...pero un día entendí que no porque te acostarte con alguien significa que le aguantes todas sus pendejadas".
Y yo no le puse mucha atención en el momento, pero años después, esa frase resonó por mi cabeza por muchos días, semanas, meses. Y yo quería hacerle caso, pero no podía.
Porque esta idea, esta, de que al primer hombre de tu vida es el indicado resonaba por todo mi ser y no me dejaba dormir.
Y tomó mucho tiempo entenderlo, pero creo que ya, aquí está. No más.
No más de lo mismo.
Ya no.
domingo, 7 de junio de 2015
K
Esta es la historia de una de mis mejores amigas.
Bueno, no toda su historia, solo una pequeñita parte.
K siempre fue muy sociable, inteligente y bonita. Nos hicimos amigas cuando éramos pequeñas, su abuela me cuidaba después de salir de la primaria, compartíamos secretos y yo vi cómo muchas veces su mamá la maltrataba tanto física como verbalmente. Cuando estábamos en la secundaria fuimos las mejores amigas: yo iba a su casa casi a diario, pero estábamos creciendo y eso significaba que estábamos tomando también caminos diferentes, teníamos 14 años cuando K perdió su virginidad con su primer novio, yo a los 14 años apenas y había besado a un chico y ya me sentía culpable. K siempre hacia las cosas de manera apresurada, quería tener una vida estable, lejos de su mamá con la cual no se llevaba bien, quería ser feliz, así que se mudó a casa de su abuela donde hacía lo que ella quería: podía llegar hasta altas horas de la noche, podía meter a chicos ahí, podía hacer fiestas, podía divertirse.
K y yo nos separamos porque yo entré a la preparatoria, ella entró a una diferente, pero no la terminó. Yo nunca le pregunté por qué, ella siempre dijo que quería ser actriz. Consiguió algunos empleos después de dejar la escuela: cuidaba algunos negocios, vendía cosas, era mesera.
De vez en cuando yo sabía de ella porque tenemos muchos amigos en común, y porque en un pueblo tan pequeño como mi pueblo natal, todo se sabe.
Y un día, cuando menos lo esperaba...se embarazó. Y con eso dijo adiós a su vida llena de excesos y diversión, pero solo por un pequeño tiempo.
El papá de su hijo es un vendedor de drogas, y yo no supe esto hasta hace un tiempo, y cuando lo supe no me sorprendió, pero pensé, "ojalá no le pase nada malo".
Y hasta ahora todo le ha resultado bastante bien: tiene la misma libertad que tanto disfruta, pues no vive con el papá de su hijo, cada quien tiene su vida y son felices así. Tiene el poder de salir de fiestas cuando quiera, pues deja a su hijo al cuidado de otras personas. Tiene dinero, mucho dinero que obtiene del papá de su hijo. Tiene una buena vida...
No sé a qué quiero llegar. Tal vez solo conté esto para terminar diciendo que me alegra mucho que le haya ido bien, pero claro, estar con un hombre con el que ella está involucrada es peligroso.
Me pregunto si una vida llena de lujos pero de igual manera llena de peligros vale la pena ser vivida.
A mí me parece que todo lo que tiene se podría desvanecer en un segundo...
Pero, ¿Acaso no estamos todos en la misma situación?
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