miércoles, 29 de enero de 2020

Enamorarse del potencial ~ no de las personas

Empatía: La empatía es la capacidad de percibir, compartir y/o inferir los sentimientos, pensamientos y emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar, es decir, como un individuo similar con mente propia.
Toda mi vida he sido una persona bastante empática, además mi profesión se basa en eso. No podría ser psicóloga si no me pusiera del lado de los demás, no podría enseñar si no entendiera cómo piensan los niños. 

Pero ser empática me ha llevado a un lugar que no me había percatado, hasta esta semana. Y es que la empatía me hace ver a los hombres no como son, sino como podrían ser. Y es que siempre he visto a los demás con ojos de "algún día", en vez de "ahora mismo".
Un ejemplo perfecto es mi ex-novio. En lugar de enfocarme en lo miserable que era con él, en cómo me trataba y en lo posesivo que era, me enfocaba en lo trabajador que podría llegar a ser, en las cosas en las cuales se convertiría, y pensaba "algún día se dará cuenta de que no necesita ser así conmigo, va a cambiar", pero no pasó. Y ese es el lado oscuro de ser empática: me cuesta mucho dejar a las personas. Si por mí hubiera sido, seguro seguiría en ese tormento de relación, y todo por no querer herirlo. Me enfoco tanto en la otra persona que termino hiriéndome a mí con tal de no herirlos a ellos.

Y no digo que esté mal llegar a ver el potencial de otros, pero cuando eres así con cada uno de los hombres que conoces, es entonces que te das cuenta que el amor no está en el corazón, sino en la idea de lo "que podría llegar a ser". 
Es difícil cambiar, sé que será difícil cambiar esto, porque a final de cuentas no puedo dejar de ser empática, no puedo dejar simplemente de enfocarme en lo bueno de las personas. Pero debo aprender a hacerlo, sino seguiré con este mismo patrón que no me ha llevado a ningún lado, excepto a relaciones tóxicas de las cuales no puedo salir.

Así que ahora, tendré que recordarme a mí misma que las personas son lo que son AHORA, y si bien puedo darme cuenta de lo mucho que podrían hacer, eso depende de ellas, no de mí.

jueves, 23 de enero de 2020

Tiempo libre

Han pasado ya casi 4 años desde que comencé a trabajar (3.5 años hasta ahora) y la verdad, la vida adulta no es nada a como yo esperaba. En mi primer trabajo me pagaban practicamente nada, pero lo acepté porque yo quería trabajar lo antes posible (me gradué en mayo y para junio ya estaba trabajando). Así, con todo y mi sueldo logré ahorrar y en un año me fui de vacaciones por un mes, pero bueno, es que en ese entonces vivía con mis papás aún. Conseguí otro trabajo de medio tiempo en una tienda que rápidamente se convirtió en algo emocionante: estaba haciendo cosas que jamás pensé hacer y aprendía algo nuevo cada día y lo mejor es que ganaba aún más que en mi trabajo "formal", pronto ahorré aún más. Renuncié a mi primer trabajo (la cosa más incómoda que he hecho en la vida -no difícil, solo incómoda). Me dediqué por un tiempo a mi otro trabajo pero pronto el tiempo libre me parecía algo de más, y si ya no ganaba igual no podía darme la misma vida. Así que -abrí mi oficina, y pronto mis días estuvieron completamente ocupados.
Ahora, y desde hace casi un año, tengo 3 trabajos.
El tiempo libre es algo que casi no veo. Sí, tomo clases de guitarra pero la verdad cuando llego a casa me siento tan cansada que solo quiero acostarme a dormir.
Antes no era así, pero claro, ahora tengo 26 y dormirme a las 9 am me parece algo racional porque me tengo que despertar a las 6am.
No trabajo los fines de semana pero a veces se me pasan tan rápido que siento que no los aprovecho.
¿Qué hacer?, estoy pensando seriamente en darme 1 día extra libre por las mañanas, pero no sé. Me siento culpable.
En estos tiempos el hecho de estar ocupados y estar trabajando y ganar "bien", es algo que es completamente aplaudido y perseguido por todo el mundo.
Pero siento que no doy lo suficiente por querer hacer de todo.
Sacrificar un día de hacer dinero y darme tiempo libre es un lujo que vendrá con consecuencias, tanto buenas como malas quizá, pero si no lo intento nunca sabré.

martes, 21 de enero de 2020

Procedimiento de rutina

-¡Pero mamá!, ¡no quiero que me quiten los sentimientos!
-Sabes que es un procedimiento de rutina, con tu primera menstruación, tenemos que llevarte con el médico familiar, sabes que es necesario.
-¡Entiende que no quiero!, no quiero ser como ustedes, no quiero ser como un robot, yo quiero sentir.
-¿Y qué?, ¿terminar como tu tía Jane?, ¡quieres llorar a diario?, ¿quieres que los hombres se aprovechen de ti?, no seas estúpida y arréglate que nos vamos en 10 minutos.
-No voy a ir mamá.
-¡María deja de decir tonterías por favor y ve a tu cuarto a cambiarte!
-Es que tú ya no sientes, lo has olvidado todo: la emoción de ver a las personas, la tristeza de que alguien se ha ido, el enojo cuando te dicen algo que no quieres  escuchar, el asco al ver algo desagradable, ¡tú no sientes nada mamá!, nadie siente nada ya, solo pasan la vida en piloto automático, y no lo entiendo, no vine al mundo para ser una esclava más, para ser como papá que todos los días hace lo mismo: levantarse, ducharse, ir a trabajar, ver la televisión en la noche y dormir. ¡Todos los malditos días mamá!, yo no podría vivir así.
-No tienes opción María, y lo sabes bien.
-¿Y qué hay de la tía Jane?, ella tuvo elección.
-¡María tú sabes bien lo que le pasa a las personas como ella!, son vistas como bichos raros, ¡mírala!, ni siquiera ha podido encontrar un trabajo decente y tiene que conformarse con enseñar danza y apenas sobrevive. ¿Sabes qué hizo tu abuela cuando Jane le dijo que no quería que le removieran los sentimientos?, ¡la sacó de la casa!, porque sabía que una mujer con sentimientos no tiene lugar en este mundo. María, ¿tú quieres ser como Jane?, un mujer caprichosa y enamoradiza, que apenas y puede controlar el llanto a la primera provocación, una mujer que ha sido usada incontables veces por hombres que dicen amarla y luego la dejan al saber que sus sentimientos son tan fuertes. María, esto es por tu bien y lo sabes.
-Mamá, ¿no te arrepientes a veces?
-Nunca. Soy una mujer exitosa: te tengo a ti, a tu hermano, un trabajo y una rutina. ¿Qué más puedo pedir?
-¿Eres feliz mamá?, ¿recuerdas cómo se siente la felicidad?
-María, ya por favor, deja de decir tonterías y ve a tu cuarto.
-Iré a mi cuarto mamá, pero no será para cambiarme y disponerme a ir a la cita con el doctor Pérez. Cuando regrese será con una maleta en la mano. Quizá tú no recuerdes lo que es la felicidad, pero yo quiero seguirla sintiendo, aunque tenga que experimentar también un montón de emociones no tan placenteras. No sé cuándo vaya a morirme, pero no puedo seguir adelante sabiendo que seré un robot, así que prefiero ser como la tía Jane y sentir demasiado, a ser como tú. Al menos así sabré que sigo viva.

lunes, 20 de enero de 2020

Espacios vacíos

El viernes de la semana pasada tenía que ir al banco y de pura casualidad me encontré a unos tíos que iban al mismo lugar que yo, así que me dieron raite. Estábamos platicando y de repente un silencio absoluto se sintió casi tangible. Y fue ahí que me puse a reflexionar acerca de cómo en mi vida me he dedicado a llenar espacios vacíos. Cosas tan pequeñas como los silencios me ponen nerviosa, me hacen sentir incómoda y prefiero hablar -de lo que sea, todo con tal de que el silencio se vaya.
Puedo ver en las personas pequeñas piezas que hacen falta, y en vez de alejarme, trato de hacerme espacio, de alguna manera termino regalándoles pedazos de mí para que se completen.

Y están mis espacios vacíos, en el estómago, en el corazón, en la piel, que a veces trato de llenar con cosas mundanas: más salidas, comprar más ropa, ir a otro lugar el fin de semana.
Hasta que finalmente un día me quedo completamente sola en mi cuarto -otro espacio que se siente vacío cuando no tengo nada que hacer, y es ahí cuando me doy cuenta de que la felicidad no va a venir cuándo termine por darme por completo a los demás, sino que vendrá cuando finalmente esté cómoda y acepte que los vacíos son necesarios, que nadie está completo y la felicidad llega cuando encontramos la belleza en las cosas rotas, en las paredes blancas y desgastadas, en los silencios que no vamos a llenar solo por que sí.