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lunes, 22 de junio de 2026

Rooney y Kiuty

Rooney se mudó a Suiza a finales del verano. Estaba listo para comenzar una nueva vida en la universidad. Durante los últimos cuatro años había fantaseado con ese momento. Quería empezar desde cero, lejos de todo lo que conocía. Era el tipo de chico que parecía sacado de una película sobre genios: lentes demasiado grandes para su rostro, camisas polo perfectamente fajadas y una obsesión casi enfermiza por las tareas y los exámenes.
Nadie se burlaba de él. Al contrario, sus compañeros admiraban su inteligencia. Sin embargo, cuando terminaban las clases, Rooney desaparecía. Nunca iba a fiestas ni salía con nadie. Pasaba las tardes estudiando o adelantando trabajos. No tenía amigos cercanos. Aun así, no era infeliz.

Siempre había sabido que, al terminar la preparatoria, obtendría una beca y se marcharía lejos. Escogió Suiza porque amaba los idiomas, hablaba francés con soltura y le emocionaba la idea de experimentar un invierno de verdad.

Cuando llegó el día de partir, empacó todas sus pertenencias con extremo cuidado. Pero dedicó más tiempo a preparar las cosas de Kiuty que las suyas. Kiuty era un pequeño conejillo de indias blanco, cubierto de manchitas negras. Su madre se lo había regalado un año atrás por su cumpleaños y, desde entonces, se habían vuelto inseparables. Kiuty tenía hábitos extraños, le encantaban los chiles jalapeños. Rooney todavía se reía al recordar la primera vez que lo vio devorar uno sin inmutarse. A veces, cuando su madre lo permitía, incluso le daba pequeños trozos de habanero. El animal los masticaba feliz mientras Rooney lo observaba fascinado.

-¿Estás seguro de que podrás estudiar y cuidar a Kiuty tú solo? -preguntaba su madre una y otra vez.
Rooney siempre respondía igual: con un asentimiento firme. Le molestaba que dudara de él.

Las primeras semanas en la universidad fueron mejores de lo que había imaginado. Sus calificaciones seguían siendo excelentes y, por primera vez, había conocido personas con intereses parecidos a los suyos. Por las tardes caminaba por el parque cercano a su departamento o jugaba videojuegos mientras Kiuty descansaba sobre sus piernas. Todo parecía perfecto excepto por una cosa: encontrar chiles era mucho más difícil de lo que esperaba. Al principio no le dio importancia, pensó que Kiuty se acostumbraría. Pero poco a poco comenzó a notar cambios: ya no corría hacia la puerta de la jaula cuando lo veía llegar, dormía más horas de lo normal, comía menos. 

Una tarde, Rooney lo tomó entre sus manos.
-¿Qué te pasa, amigo?
Kiuty apenas reaccionó. La preocupación apareció por un instante, pero los exámenes finales estaban cerca y tenía demasiado trabajo acumulado. Convencido de que solo estaba cansado, lo dejó descansar.
Pasaron varios día hasta que ocurrió algo que lo hizo replantearse todo: durante una comida con algunos compañeros, Rooney estaba mostrando fotografías de su preparatoria cuando apareció una imagen de Kiuty.
Las reacciones fueron inmediatas.
-¡Qué adorable!
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cómo se llama?
Rooney respondió a todas las preguntas con una sonrisa hasta que una chica frunció el ceño.
-Espera... ¿solo tienes un conejillo de indias?
-Sí -respondió él.
La sonrisa desapareció del rostro de la joven.
-¿No lo sabías? Aquí es ilegal tener solo uno.
Rooney parpadeó.
-¿Qué?
-Los conejillos son animales muy sociables. Necesitan compañía. Si viven solos pueden deprimirse.

El corazón le dio un vuelco, de repente recordó los cambios de Kiuty: su apatía, su falta de apetito, las largas horas durmiendo.Se levantó tan rápido que casi tiró la silla y corrió directo a casa. Durante todo el trayecto una sola idea martillaba su cabeza.

Cuando abrió la puerta del departamento, el silencio le pareció insoportable. Se acercó a la jaula y sintió que el mundo se detenía. Kiuty permanecía inmóvil, no se movió cuando Rooney pronunció su nombre, no levantó la cabeza, no abrió los ojos.
-No... no, por favor...
Las lágrimas le cayeron despacio por las mejillas. Tomó a Kiuty con cuidado y salió corriendo rumbo al veterinario. Apenas podía respirar.
-Aguanta, por favor... aguanta...
Faltaban solo unos metros para llegar cuando sintió un pequeño movimiento entre sus brazos. Se quedó inmóvil, Kiuty abrió lentamente los ojos y luego emitió un suave chillido. Rooney soltó una carcajada entre lágrimas, nunca había sentido un alivio tan grande.

Esa misma noche llamó a su madre.
-¿Pasa algo? -preguntó ella al contestar. - Son las 2 de la mañana aquí.
-Sí -respondió Rooney, secándose los ojos. -Quiero pedirte mi regalo de cumpleaños adelantado.
-Ajá, ¿y qué quieres?
Rooney miró a Kiuty, que descansaba envuelto en una mantita. Sonrió.
-Otro conejillo de indias.

lunes, 8 de abril de 2024

Pajarito colibrí

Vine al mundo en forma de una pequeña pájarita indefensa, a la que su mamá no abandonó por completo pero sí descuidó poco a poquito. Vine al mundo con un montón de miedos: miedo a volar principalmente, a dejar el nido que mi madre construyó con mucho esfuerzo.
Ella y mi abuela me enseñaron que en cualquier momento todo podría derrumbarse, que los peligros estaban por todos lados y luego me dijeron: “es hora de abrir tus alas y salir a ver el mundo”, y por supuesto que tuve pesadillas en las noches.
Vine al mundo a sufrir, o al menos eso creí por mucho tiempo.
Con mis alas débiles y mi miedo a mirar abajo para ver qué tan alto estaba.
Con mi eterno anhelo por un amor que me viera por mí y todos lo que acepté con tal de tener algo. “Aunque sea poquito es mejor a nada”
Con mis ganas de cantarle al mundo mi historia pero con temor a que nadie me escuchara.
Con mis sueños que no se volvieron realidad por miedo al fracaso.

Vine al mundo a sufrir, o eso escuché y viví por mucho tiempo, y sé que también mi mamá y mis abuelas tuvieron este pensamiento recurrente.

Así que un día decidí acabar con mi sufrimiento: ya no quería seguir viviendo con las migajas del amor de los demás, ya no quería seguir escuchando “no eres suficiente para mí”, “no puedes”.
Volé lo más alto que pude, al árbol más alto que encontré y me lancé en picada, sin abrir mis alas ni mis ojos.

Todo pasó rápido, sentí mi último suspiro, y todo se volvió negro.

Desperté en un lugar que no conocía, desperté y me cegó una luz, luego que mis ojos se adaptaron logré ver la silueta de una mujer muy muy cerca de mí, me espanté mucho y traté de escapar rápido pero me estampé contra una especie de malla.

“¿Dónde estoy?” grité una y otra vez. La mujer me miró y me mostró sus dientes. Me asusté tanto que traté de escapar de nuevo, pues presentía que esa mujer me iba a comer. La mujer en vez de hacerme daño me dio agua y alimento cada día, y así, poco a poco me di cuenta de que no estaba en peligro. Todos los días al amanecer me cantaba una canción que siempre me hacía sentir mejor, decía algo así:

Todo va a estar bien, pajarito colibrí
Ya no tengas miedo de vivir
Todo va a estar bien, pajarito colibrí
Tú llegaste al mundo para ser feliz


Así, un día decidí contarle mi historia y todo lo que vi hacer a mi madre y lo que ella vio hacer a mi abuela:
Todos los días se arrancaban plumas de todos lados y me decían que eso era lo que un día tendría que hacer cuando tuviera una pareja: porque es más fácil no abandonar de esta manera, sin plumas en las alas que les permitieran volar. Yo las vi destruirse a sí mismas con convicción, todo con tal de seguir en el mismo lugar, aceptando todo sin cuestionar.

La mujer me escuchó con cariño y me dijo que nadie, nunca debía sufrir por amor, que el amor verdadero estaba dentro de mí, y que cuando lo encontrara, vería al mundo de diferente manera.

Lloré mucho entendiendo todo lo que venía cargando por generaciones. ¿Cómo no iba a sentirme vacía y sin sentido? Con ganas de dejar todo atrás y no volar jamás.

Poco a poco empecé a volar de nuevo, la mujer tenía un jardín hermoso donde podía jugar y bailar. Empecé también a cantar con ella en las mañanas y un día supe que estaba lista…
Para salir y conocer el mundo, para dejar los miedos atrás y amarme a mí primero.
Di las gracias a la mujer, ella me dio un pequeño beso y me dijo que siempre podría regresar a su hogar.

El día que decidí que no quería seguir viviendo me cambió por completo. No estaría aquí ahora, quién sabe por qué cosa estaría sufriendo al lado de mi madre, ambas cómplices en nuestro dolor.

En cambio, ahora canto todos los días, y le enseño a todas las criaturas que conozco sobre el amor propio que todo lo cura.

jueves, 14 de enero de 2021

El tiempo del amor

Un día despertamos y ahí, al lado de la cama, en nuestra pequeña mesita estaba el reloj que me había estado atormentando por meses, los dos nos miramos y supimos de inmediato qué quería decir: se había acabado. No más besos ni abrazos ni desayunos ni bailes, no más noches juntos ni risas ni libros ni baños, no más pizza y vino barato, no más canciones ni momentos juntos. Algo dentro de mí se murió, explotó, y se rompió a la vez. Abracé por primera vez a mi amor, como no lo había hecho en mucho tiempo, y sentí que por más que quisiera aferrarme, ya nada podía hacer para arreglarlo: el amor había anunciado su partida hacía tiempo, y ahora, una vez que decidiéramos ver el reloj, todo acabaría, tendríamos las horas contadas.

Pero en nuestro abrazo, algo dentro de mí habló:

-No miremos el reloj.

-¿Qué dices?

-Sé que nuestro tiempo está por acabarse, sé que nos vamos a separar un día, pero prefiero no saber cuándo, si no lo vemos, será mejor, ¿no crees?

-Se nos está acabando el tiempo ahora mismo.

-¡No lo entiendes!, prefiero ser una cobarde a contar las horas, aprovechemos el tiempo que nos queda, ¿quieres?

Y mi amor sonrío. 


Al comienzo todo estaba bien, y cómo no iba a estarlo, si nos conocimos y al mes ya estábamos viviendo juntos. Fue algo mágico, cómo encontrar algo que andabas buscando por meses, años, como si finalmente el corazón dijera "estoy latiendo al ritmo de cada canción que escuchas". Y así fue: las mañanas con él eran lo que siempre había soñado, con besos al abrir los ojos y desayunos bailando y libros compartidos, y en las noches historias acerca de cada uno de los detalles de nuestros días, y pasión, mucha pasión. Pero es que todo lo que empieza debe acabar y entonces un día, lo sentí en los huesos: era el amor anunciando su despedida, y es que luego de 1 año, estábamos aburridos, las cosas ya no parecían tan emocionantes como antes y las peleas, oh, por dios, las peleas me volvían loca. Prefería taparme los oídos como una niña pequeña a seguirnos escuchando, porque nada tenía sentido. ¿A dónde habíamos ido?, ¿en quién nos habíamos convertido?

Todo esto suena como algo bastante cliché, ¿no es así?, y lo peor de todo es que lo era, y yo lo sabía y me sentía completamente impotente al no poder arreglar las cosas.

No era como si alguien hubiese sido infiel, nadie dijo palabras hirientes y no teníamos nada que reprochar: éramos la pareja perfecta para los demás, pero ahí, en medio de una cama que parecía la mayoría del tiempo un campo de batalla, estábamos estancados y no podíamos ver la forma de salir. 

Un día desperté y lo sentí aún más fuerte: era como el ruido de un reloj de esos antiguos, y era como si lo tuviera en mi oreja en todo momento, siempre recordándome "les queda poco tiempo", y, ¿qué hacía?, sentía que me estaba volviendo loca, y las peleas, los gritos, estaban presentes cada vez más, cada día, cada noche, me iba a dormir con lágrimas en los ojos y frustrada.

Y entonces se me ocurrió una idea, y es que el sonido del reloj no me dejaba en paz, y entonces, empecé a ignorarlo de la misma manera en que ignoraba nuestras peleas: me ponía las manos en las orejas y cantaba "la, la, la", como una niña pequeña.

Y como las canciones de amor que al principio cantábamos y nos sabían a miel, pronto mis intentos de parar el ruido también me supieron amargos. Un día las lágrimas solo cesaron, un día mis cosas estaban empacadas y salí de nuevo al mundo, a enfrentar demonios más grandes: ¿quién era yo después del amor?

Supongo que cuento todo esto porque el otro día vi a quien un día fue mi amor caminando por la calle, y por primera vez sonreí pensando en lo que vivimos. Los tiempos del amor son extraños, pero a la larga, tienen sentido.

domingo, 13 de enero de 2019

Rojo

Sigo pensando en el vestido, en lo hermosa que me sentía cuando me lo puse, lo sorprendido que estuviste cuando me viste: "te ves espectacular", mientras sostenías un ramo de rosas y yo fingía no dame cuenta, querías sorprenderme pero poco sabías, tú serías el sorprendido esa noche.

Recuerdo cómo empezó todo.
Una mirada diferente, llamadas a las 2 am, a las 3:30, las preguntas parecían inocentes hasta que ya no lo fueron: "eres mía, no puede hacer eso"
Pero, ¿dónde estaba el contrato?, ¿dónde firmé y con ello perdí mi libertad?
Eras el rey pero yo no era la reina.
Fui un país que tenías que conquistar a toda costa, incluso haciendo trampa, recuerdo como siempre contabas la historia de Troya a tus amigos mientras tu mirada permanecía en mí, como presumiendo tu trofeo.

Así que para salir de esta, supe que tendría que hacer lo mismo.
Me visto con un vestido blanco y pequeño, con mi sonrisa más brillante, tú parado ahí, me entregas las flores, yo te abrazo para decir gracias
y luego
mi vestido ya no es tan blanco, ya no.

Rojo.
Todo lo que puedo ver,
es una mancha extendiéndose,
rojo por doquier.

martes, 4 de julio de 2017

El paraguas

Había una vez una niña que le temía tanto a las tormentas, que cargaba una paraguas con ella todo el tiempo, pero no crean que lo guardaba en su bolsa y salía a la calle, no, ella iba por las calles de su pequeño pueblo con el artefacto cubriendo siempre su cabeza. Sin importar que fuera el día más soleado de la primavera, ella no era capaz de dejarlo en casa.

-¿Por qué haces eso? – le preguntó una vez el sol. –No puedo ver lo hermosa que eres porque esa cosa siempre está cubriéndote.

-Tengo miedo, ¿y si de repente llueve?

-Aquí estoy yo, y no hay una sola nube a mi lado, no tienes razones para temer.

-¿No ves lo peligroso que es confiarse?, todo puede pasar, quién sabe, también desconfío del viento y sus intenciones, nunca se sabe si de repente traerá con él algunas nubes llenas de agua.

Un día se sentó en una banca cerca de una fuente, donde de repente escuchó:

-¿Cómo puedes desconfiar así de mí? –le dijo el viento.

-Nunca estoy segura, podrías traer lluvia en cualquier momento.

-Hoy el sol calienta bastante, deberías disfrutar el día y jugar con los demás, quítate esa cosa horrible de las manos.

-Ahora lo entiendo todo, tú y el sol son cómplices, si él calienta demasiado o si se aleja un poco, llegas y traes tormentas contigo. Nunca podré confiar en ustedes.

Y la niña prefirió irse, a fin de cuentas nadie iba a entenderla. Vivía en un mundo de locos que confiaban ciegamente en las condiciones de la naturaleza, cuando ella había aprendido que era completamente impredecible.

Y a pesar de que a lo largo del día todo el mundo le decía cosas como “estás loca”, al regresar a casa y estar completamente seca, sana y salva, siempre precavida, lo único que podía hacer era asomarse por la ventana, reír y gritar:


-¡Ustedes son los locos!




-
Día 4. Una canción que te recuerde a alguien que preferirías olvidar: Somebody That I Used To Know - Gotye

miércoles, 28 de mayo de 2014

Ciega del corazón

-Deberías escribir -dijo él
-¿Acerca de qué? -contesté
-Acerca de mí.
-Pero no te conozco.
-¿Y no quieres conocerme?

Tener un corazón sentimental a veces es muy difícil. Soy como una niña pequeña que cuando se asusta se refugia bajo las sábanas o corre a los brazos de mamá.
Tenía tres años cuando me llevaron al doctor por primera vez, los síntomas eran claros: lloraba ante cualquier muestra de rechazo, dibujaba corazones incluso antes de aprender a hacer círculos, y sobre todo, aprendí a decir amor antes de decir mamá o papá. Todo esto suena ridículo, lo sé. Pero es verdad.
Ningún doctor sabe curar corazones, eso lo he comprobado a lo largo de mis 20 años de vida. Porque a pesar de mis constantes visitas al hospital, de los medicamentos, de las intervenciones...nunca me pude curar.
Un día mi abuela simplemente dijo "Esta niña tiene un corazón sentimental; no dejen que se enamore. Su corazón está ciego, por eso cuando crezca creerá que ha encontrado el amor con gran facilidad, verá señales donde no las hay , creerá ser correspondida y los chicos la utilizarán".
Así que pasé mi infancia alejada de los niños. Se podrán imaginar cuanto sufrí la primera vez que fui a la escuela, porque mis padres decidieron que lo mejor sería que entrara a una  exclusiva de niñas. Pero eso no impidió que me enamorara por primera vez a los seis años.
Lo veía todos los días al salir de la escuela, y un día simplemente se me acercó y me susurro "me gustas", y mi corazón, por más que se esforzó, no pudo ver claro, solo distinguió una mancha borrosa y unas palabras bonitas y terminó por caer ante el hechizo de aquel amor.
Por supuesto que aquello no funcionó, un buen día de julio aquel niño no volvió a aparecer. Y meses después escuché que se había enamorado de alguien más.
Mi corazón estaba destrozado, mis padres se dieron cuenta y me hicieron educar en casa desde entonces. Un buen día llegó de visita un extraño, que se presentó con un nombre raro y me dijo que era un oftalmólogo. Me revisó y se sorprendió que que pudiera haber vivido tanto tiempo con aquella ceguera del corazón, así que indicó que a partir de ese momento debía usar unos lentes especiales, que me permitirían distinguir ante el amor verdadero y el amor superficial, ese que solo hace sufrir, dejaría de estar ciega.
Mis padres se sintieron más seguros después de que empecé a usar los lentes, así que me permitieron continuar mi educación en escuelas "normales", donde había chicos y chicas.

-¿Por qué me cuentas todo esto? -replicó
-Quiero hacer que entiendas algo.

Durante toda mi vida he estado ciega del corazón, los lentes se convirtieron en mi caparazón, en la armadura que me protege de salir herida. Pero te conocí y sentí algo que no había sentido antes. Eres diferente a todos los chicos que un día trataron de herirme, pero no se los permití, porque estaba preparada desde antes, porque mi corazón me hizo una advertencia.
La primera vez que te vi, supe que algo había cambiado en mí. Porque mi corazón se exaltó, y sé que me está ocultando algo, puedo sentir que también me harás daño, pero esta vez los lentes no han servido de nada, mi corazón no me ha hecho advertencias, y no logro entender por qué.

-Tal vez lo que sientes es amor. Todo amor conlleva un riesgo, tu lo sabes.

martes, 30 de noviembre de 2010

Leni

~There are times when I will need you~

Sabía que en esta vida habría algo más, algo que sin duda tendría ese poder que cambiaría mi vida, en fin, eso que la gente llama amor.
Comenzó aquel día, aún me resulta extraño, porque si pienso en ello pareciera que lo estoy viviendo de nuevo. El poder de los recuerdos, así le llamo. Es eso que me hace sentir vivo, hoy, y me hará vivir un día más, claro, si el destino lo desea.
Tengo a mis dos mejores amigos; Trash, el clásico tipo que cree ser filósofo y me dice el tiempo no pasa en balde, y Crybabies, ese que jamás se lo piensa dos veces, “el instinto manda”, ese sin dudas es su lema.
Bien, debo decir que siempre estaba deseando conocer chicas, era más que nada la combinación de hormonas en mí, la rebeldía de la adolescencia y el instinto el que me llevaba al punto más bajo de mi ser, pues bien, a ella la conocí de la manera más rara.

-Eras mi mejor amiga y mira como te has comportado, pedazo de perra, desgraciada.
Trash insistía en que jamás debíamos meternos en una pelea de chicas, sobre todo porque su ego estaba lastimado, y nosotros, ni con la mejor de las suertes podríamos contentarlas, mucho menos hacerlas calmar. Pero algo, en ese mismo instante me indicó que debía conocerla. A pesar de verla allí, despeinada y con los ojos desorbitados de coraje, pude distinguir la belleza de esa chica.
-¿Y qué estás viendo?, ¿te parece gracioso, eh?
Me miró con sus ojos grises, los más hermosos que he visto en mi vida. Yo no sabía qué hacer, ¿qué le podía contestar?
-Lo lamento…eh, no…yo…
-Mejor te vas, ¿quieres?
Tomé un respiro y me alejé lo más rápido que pude. ¿Por qué me había afectado tanto el verla allí, peleando con su…amiga? O era acaso que todo lo que me decía Crybabies era verdad, y yo estaba mal de la cabeza. Lo mejor que pude hacer en esos momentos fue ir a casa de Trash y contarle todo lo que había pasado.
-Leni, amigo. ¿Acaso estás loco? No puedes andar por la vida interrumpiendo a las chicas cuando están luchando por… ¿por qué estaban pelando?...cómo que no sabes…si vas a andar por allí interrumpiendo peleas, hazle un favor al mundo y presta más atención. Eres un distraído Leni, no me sorprendería que dieras positivo en un examen de ADD.
Cállate Trash!
Nunca habían sido útiles nuestras pláticas, aunque Trash sentía que era el ser más sabio en la faz de la tierra.


Dos días después, en la escuela, nos reunimos los tres como siempre hacíamos. No era como si fuéramos los más populares ni mucho menos, de hecho, creo que eran contados lo que conocían mi nombre, pero allí estábamos.
-Leni, cuéntale a Crybabies lo que pasó con esas chicas. Quiero volver a reír, anda.
-¿Qué pasó?
-Nada Crybabies, nada. Trash está delirando, como siempre.
Después de que Trash relató cada detalle a Crybabies, ambos rieron, y yo me sentía humillado. ¿Qué me pasaba? En otras circunstancias, yo también hubiera reído, pero no podía. En esos momentos, aún me estaba preguntando quién era aquella chica misteriosa.
-Leni… ¿estás ahí amigo? …¿Lo ves Crybabies? Te dije que esa chica lo dejó todo absorto, no reacciona, tiene una cara más idiota que de costumbre.
Cállate Trash!, y no, ella…no me dejó idiota.
-Pues claro que no Leni, tu ya estabas idiota.

El resto del día me lo pasé tratando de poner buena cara, pues me sentía bastante mal como para soportar las bromas de mis amigos. Pero como mi padre solía decir “las cosas llegan en el momento que menos esperamos”, y fue durante la salida, justo cuando Trash hacía su última broma del día, que la vi.
Llevaba el pelo negro recogido en una coleta, una blusa a rayas de color negra y un pequeño short de mezclilla, pude notar que sus ojos brillaban y en su rostro se dibujaba una sonrisa mientras veía a un chico. ¡Eso debía ser una broma!
-¿Qué pasa Leni?, ¿Es ella?
-Qué…demonios…Quiero decir, sí, es ella. La de los ojos grises y brillantes.
-“Ojos grises y brillantes” ¡Pero qué pasa contigo! Escúchate a ti mismo Leni.
-Crybabies, creo que sé porque Leni tiene esa cara de quien se ha muerto; mira a quién le está sonriendo su chica ideal.
-Ella no es mi chica ideal Trash, y…no me importa con quién esté. Me da igual
En ese punto traté de convencerme más a mí mismo que a Trash, y es que a leguas se notaba que estaba enfadado.
-De todos los chicos del mundo, debía ser él, ¿verdad Trash? No puede ser. Esa suerte tuya Leni, pero bueno, no me sorprende.
-…por qué…por qué debía ser Ethan.

ETHAN. ¿Cómo comienzo a describir a Ethan?
Yo nunca he sido de esos que tienen muchos amigos, de hecho estoy feliz así. Pero es que siempre debe haber alguien que nos arruina la diversión…y en mi caso, ese es Ethan. Siempre engreído, siempre presumiendo que estaba una banda y que algún día sería famoso. No era nada espectacular en él, NADA. De hecho, creo que hasta podría considerarse feo, hablo en serio, doy mi palabra. Pero por alguna rara razón del destino, allí estaba la chica misteriosa (aún no sabía su nombre) y estaba con Él. (Bastardo con suerte).

-Oye Leni, anímate. No creo que esa chica esté interesada en Ethan, no es más que un tipo sin gracia, tranquilo.
-¡Bah! Quién ha dicho que me importa.
¿Quién lo había preguntado, en primer lugar? Nadie. Nadie jamás debía saber que me había interesado en ella desde el primer momento en que la vi. Era ridículo, lo sabía, pero no podía controlar el sentimiento que causaba en mí.
Recorrí el camino de la escuela a mí casa caminando “porque necesito despejar mi mente”, según mi propia excusa, pero en realidad solo quería sacarla de mi cabeza.
Había muchas chicas allí afuera, lo sabía. Así que ¿por qué me fijaba en la misteriosa chica de ojos grises? Era un patético, una persona patética, sin dudas.


Al cabo de 15 minutos, me di cuenta de que no estaba solo, una persona caminaba detrás de mí, pero muy silenciosamente. No le presté atención al principio, pero luego intenté inútilmente concentrarme en otra cosa. Comencé a cantar una canción mentalmente If I’m lost please don’t find me, If I jump let me sink, y para cuando me di cuenta, estaba tarareando y luego cantando bajito We descended from no one, with a wink
Una voz detrás de mí interrumpió mi canto. Me volteé para ver que sucedía, y mis ojos no lo podían creer.
When it’s cold outside, hold me, don’t hold me. When I choose to close my eyes, coax me, don’t coax me”
Ella estaba cantando. Una voz angelical, sin lugar a dudas, y yo me quedé con la cara de estúpido. O al menos eso supongo, porque poco después me sonrió como quien le sonríe a un loco.
-Hola. Eres Leni, ¿cierto?
Sabía como me llamaba, ¿era posible? ¿Se lo había dicho Ethan? Ese maldito y gran idiota.
-Eh, sí. Soy Leni.
Le lancé una sonrisa desesperada. Ridículo. Esa palabra me describía en esos momentos.
-Me llamo…bueno, todos me dicen Goodbooks. Tú eres el famoso Leni, creo que nos conocemos, ¿cierto? Eres el chico que me vio pelear con Halcyon. Lamento eso, a veces no me controlo.
-…Sí…te recuerdo.
-No sabía que estábamos en la misma escuela, pero mira que coincidencia, uno de tus amigos...cómo es el nombre...Ah claro, Crybabies, él está en mi clase de álgebra, no es muy bueno, aunque claro, es un tipo genial, realmente gracioso.
También soy un tipo genial, ¿Te has fijado en eso? Cierto... jamás te fijarías en alguien como yo
-Lo es. Pero trata de pasar más de una hora con él, terminarás muerta de aburrimiento.
Caminamos un rato más, la calle era más y más angosta, en mi cabeza rondaban ideas tontas, ¿Debía hacerle más plática?
-Goodbooks...yo...creo que...
Me miró, no sé si fue eso o el hecho de que mi estupidez estuviera aumentando a un ritmo vertiginoso, porque aunque intentaba hablar, mi voz no salía. Esa chica sí que me estaba atontando.
-Nos vemos Leni. Y por cierto, me gusta esa canción, tienes buen gusto.
Dio la vuelta a la calle, se volteó y sonrío de nuevo. Jamás me sacaría esa sonrisa de la mente.

jueves, 4 de noviembre de 2010

De un pájaro y mi vida.

Érase una vez un pájaro, adornado con una par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más deprisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó: "¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!" Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: "Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse"
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se enseñaba a sus amigas, que comentaban: "Eres una persona que lo tiene todo" Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar su jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.
Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
Sin el pájaro, su vida también perdió el sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "¿Por qué has venido", le preguntó a la muerte.
"Para que puedes volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo."

lunes, 25 de octubre de 2010

Revienta (parte 2)

Sofocación.

“Si te sofocas, prométeme que no resucitarás, y si cambias de idea, es demasiado tarde. Estás desperdiciando tus días como desperdiciaste tus noches y desperdiciaste tu juventud. Estás… esperando por alguien y esperaste en vano porque no hay nada para ti. Sofocación.”

“¿Dónde estás...?, ¿Dónde estás...?, ¿Dónde estás...?” No paraba de escuchar esa voz en su cabeza. Sentía que ya nada valía la pena. Ni un esfuerzo. Y, ¿por qué estaba allí? Se sentía desesperada, con ganas de gritar. Los extraños pasaban y la miraban, con ojos llenos de lujuria. Ella solo les devolvía la mirada con enojo, con rabia. ¿Por qué tenía que ser así?

“Siempre es lo mismo” pensó.

Y entonces la primera lágrima cayó. No lo podía controlar más. Toda la tristeza, toda la furia, estaban saliendo al fin. Una tras otra las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. “¿Qué estoy haciendo?” sollozo.


-Entonces, ¿qué dices? Vamos, tienes que salir, siempre estás sola.

-Eso no te importa Rosa. No es de tu incumbencia.

-¿De qué hablas?, solo estoy invitándote a salir conmigo; va a ser divertido.

-Dices que es como una cita doble, ¿no?

-Sí. ¡Anímate! No tienes nada que perder…


Los coches seguían pasando, uno tras otro, sin detenerse. Los veía y cada vez se sentía más sola. La espera se volvía más y más sombría. Pero a fin de cuentas, ¿Qué estaba esperando?, no era como si un superhéroe fuera a llegar mágicamente por ella. Claro que no, hace mucho que había dejado de creer que el amor existía, que los milagros eran posibles. ¿Cómo iba a esperar que de la nada alguien la salvara?

Se había secado las lágrimas. Poco a poco dejaron de salir. En vez de ellas, un enojo se apoderaba de ella ahora. Enojo hacía todo; hacía ella misma, por haber sido tan estúpida como para creer que las cosas iban a mejorar, ¡Ni en una simple cita le iba bien! Enojo hacía Leni, por no estar allí cuando más lo necesitaba. ¿Por qué había decidido que lo mejor no era estar cerca de ella? “Es tan simple que no lo quiero aceptar. No puedo hacerlo, si Leni dice que nuestra amistad no es buena, adelante, voy a seguirle el juego.”

¿Pero por qué en ese momento? En el que más sola se sentía; rodeada de tanta gente, y aún así sola. Eso era lo que más la hacía enojar, el hecho de que estuviera rodeada de gente estúpida, sin sentido, llenos de deseos simples y con sueños imposibles.

Pensó en Leni, y lo en lo que él significaba. No pudo evitarlo, y comenzó a llorar de nuevo. Esta vez no trató de disimular; estaba en la calle, sentada, con demasiados desconocidos que veían su dolor.

De pronto algo la tomó por sorpresa, era una mujer mayor. La miraba con ternura, y se paró allí, enfrente de ella.

-¿Te puedo ayudar en algo?

No pudo responder, ¿qué necesitaba? Nada. Porque no había algo en el mundo que calmara el dolor, nada en el mundo podría hacerla volver a lo que era antes.

La anciana dejó caer una mano hacía ella, tenía la intención de tocar su mejilla, pero se sobresalto ante un inesperado grito.

-¡No me toqué!

-Lo siento, querida. Yo…

-¿No me ha oído? ¡No me toque! No quiero su compasión. Aléjese.


Estoy sentada, comiendo un helado junto a un imbécil. De todas las personas del mundo, mi amiga Rosa me ha traído como cita a un imbécil. Esto solo me pasa a mí. Pero a quién engaño, en primer lugar; no debería haber venido. No pertenezco a esto…ni a la gente normal, ni a las chicas normales, ni siquiera puedo tener una cita normal. El chico que está junto a mí está hablando acerca de su escuela y de cómo ha peleado ya con algunos chicos, ¿cree que le presto atención?

Me digo mentalmente que toda esta farsa acabará pronto, él tipo regresará su casa, y yo seré miserable de nuevo.

-¿Qué te parece? –me dice.

-¿Disculpa?

-No me prestaste atención, lo ves. Te he contado una historia interesante y tú estabas en otro mundo. ¿Pasa algo?

No le respondo, tal vez así se exaspere ante mi falta de interés y decida marcharse.

-¿Quieres que…nos vayamos?

No digo nada. Esto se ha pasado de la raya. En general, estoy odiando a Rosa por conseguirme la peor cita del mundo.

Me paro y empiezo a caminar lentamente. No creo que me siga; mejor. No estoy dispuesta a dar explicaciones. Camino más rápido y la cabeza me da vueltas, siento pánico. ¿Qué me está pasando? Antes de tener una respuesta en concreto, comienzo a correr, rápido y sin mirar atrás. “¡Espera!” Le oigo decir.

No pienso detenerme, pero las piernas me fallan y en un segundo estoy en el piso. Me siento mal, muy mal, parece como si todo el mundo girara muy rápido, todo está borroso y no puedo dejar de mirar a los lados, en busca de alguna respuesta.

-Así que te ha dado por jugar, ven aquí… -me dice, mientras pone sus labios sobre los míos. Yo lucho, lucho con todas mis fuerzas por liberarme. Pero no puedo. Él es más fuerte, y parece que no me soltará dentro de poco. Tomo una bocanada de aire y solo logro cansarme más. ¿Por qué no puedo liberarme?, ¿qué me está pasando?

En un intento desesperado por librarme de su beso, lo golpeó. Le doy con todas mis fuerzas en su mejilla, y parece funcionar. Mientras está distraído me paró y empiezo a correr de nuevo. No sé a dónde voy, solo pienso en escapar.


Todo se empieza a poner más oscuro, ¿qué hora era? No lo sabía, y tampoco estaba segura de dónde estaba. Parecía haberse quedado hipnotizada por el sonido de los carros, por sus luces, por sus colores. Estaba sentada, pero quería marcharse, y entre más pronto mejor. Tal vez si no le hubiera gritado a la anciana, ahora tendría cómo regresar a casa. Pero estaba demasiado cansada para pedir ayuda. ¿Por qué había salido sin celular? Ni siquiera tenía dinero suficiente para pagar un trasporte. “No hay esperanzas. Estoy aquí, rodeada de tanta gente, pero no soy capaz de hacer algo respecto a mi situación”

Cerró los ojos, y cuando los abrió logró ver un rostro conocido, corría hacía ella y pareció gritarle. Pero no escuchaba nada. Cerró los ojos de nuevo, deseando que todo acabara, que todo desapareciera. Apretó sus parpados, cerrándolos con fuerza. “Todo va a estar mejor si yo muero” pensó, y después, todo a su alrededor se desvaneció.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Revienta. (Parte 1)

Ella no sabe lo que quiere. Ella esta perdida. Perdida como cada uno de nosotros, en este sendero, el que nos indica que todo está bien, qué no pasa nada. Pero ella sabe bien lo que pasa en realidad. Sabe que hay peligros escondidos y que nadie la va a poder salvar, por que es su turno, y la muerte no juega. Ella viene. Y las miradas, esta vez están perdidas, no hay tiempo para pensar, la salida esta más y más lejana. Y entonces, allí, donde todo y todos tienen miedo; a lo desconocido, a que las cosas salgan mal, sí, esos miedos que son reales, nada de estupideces, porque no va a soportarlo más. Es allí cuando tuvo la visión, de que tenía un destino que cumplir, y si desistía, si abandonaba este mundo, entonces el infierno la estaría esperando.
Pero no lo hizo, se trago sus palabras y regreso a la tierra de los vivos, de los vivos que están muertos, esos que solo piensan en cosas superficiales. Nunca le gusto vivir allí, pero ella tenía algo que hacer, y aquí empieza.

-Quiero algo más que esto Leni. No, no me mires así, quítate de una vez las dudas. Estoy bien, he dejado las ideas de la muerte, estoy aquí, ¿lo ves?
-¿Qué te han hecho?
-Vamos, esta vez quiero escucharte gritar Leni, no te detengas, vamos Leni, vamos. Grítales, a ellos, grítales.
- No estás bien, me voy. Quisiera quedarme aquí. Pero no más.
-¿Qué pasa? Ya no puedo soportar esto, Leni, ¿no lo entiendes? No quiero vivir en un mundo donde todos se interesan por cosas sin importancia. Tienes que ayudarme.

Días antes. Había hecho su plan a la perfección, cada simple detalle, lo había cuidado, no debía dejar nada inconcluso. Estaba segura de que su muerte había llegado.
No tenía a nadie a quien decir adiós. Su único amigo la consideraba una rara chica suicida, así que, cuando se enterara de que ella había tomado la decisión, finalmente, de irse de este mundo, sabía que no se sorprendería en absoluto. Tal vez –pensó, hasta lo va a considerar un alivio, sí, un alivio a la preocupación hacía mí. Leni estará libre cuando termine con esto.
Tomó su chaqueta favorita, y salió a la calle, luciendo despampanante como siempre, con su cabello negro mezclándose con el viento.
Llevaba casi una semana pensando en la manera más fácil de salir de este mundo, pero no lograba pensar nada. Las pastillas eran un método fácil, pero la espera se convertiría en agonía, y tal vez hasta podría arrepentirse. Ahorcarse, eso no era una opción, no. Esperar para ahogarse, eso sería desesperante. Así que cuando pensó que no tenía más opciones, se decidió por una que dejaría a alguien más con la mente llena de culpa, quién sabe, a lo mejor le iba a cambiar la vida a alguien después de muerta.
Se sentó en una pequeña banca, tomó un cigarro, el último –pensó. Atravesó la calle, sin temor alguno, sabía que para una de esas personas, la vida no sería igual. Tomó un último respiro y se paró justo en medio del camino, esperaba que pasara rápido. Que un coche solo pasara y acabara con el dolor, con el sufrimiento que el día a día traía.

-Nunca tuve una sola oportunidad, ¿sabes? Estuve la mayor parte de mi vida sola. Ni siquiera sé qué es la felicidad. Estoy aquí sin una razón. No sé para qué existo, yo no tengo idea.
-¿Qué quieres? Porque no puedes ver lo hermoso de cada día. Eres muy exigente.
-Tú no tienes idea, no tienes ni la más mínima idea, así que déjame aquí. ¡Yo no pedí nacer!, yo solo quiero salir de aquí.

“Sola. Sentada en el vacío. Buscando una droga que calme mí padecer. Siempre estuve sola, bueno capaz no. Capaz siempre tuve a alguien. Pero, de todos modos, igualmente me siento sola. La gente me abandona, me miente, me usa, me traiciona.
Algunas veces quisiera ser normal. Poder pensar en cosas básicas. Que me gusten cosas que a la gente le gustan. Ser aceptada. Ser feliz. LLenarme muy fácil...
Pero no creo que pueda.
La gente es falsa, yo no puedo serlo. Capaz ellos sean mayoría. Pero la ignorancia se mueve en masa. Aunque... si lo pienso bien, no sé que es normal. Nadie lo sabe. Yo solo sé que simplemente no lo soy.
Adiós Leni. Yo ya estoy muerta.”

-Te tomó mucho tiempo despertar, parece que ya estás mejor. ¿Sabes? Intentamos localizar a algún familiar tuyo, pero no hay registro. ¿Quieres que contactemos a alguien?
No se movió. Ni un centímetro, permaneció inmóvil; estaba asimilando la situación. ¿Dónde estaba?, y por qué no recordaba nada. Un recuerdo la golpeó con fuerza, era ella, corriendo, corriendo libremente por un campo, saltando y cantando una alegre canción, ¿estaba soñando? No. Se vio a sí misma en el piso, llena de sangre, y con gente a su alrededor. ¿Había muerto? No. Allí estaba, en una cama de hospital.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí?
-No te exaltes, linda. Llevas aquí casi una semana. Gracias a Dios no ha sido grave. ¡Imagina lo que hubiera pasado! Pero él es bueno. Él te ha pagado todo.
-¿Quién…es él?

¿Cielo?
¿Infierno?
No sé donde estoy. ¿Qué es esto? Nunca le he temido al final, a la muerte, a lo desconocido. ¿No pueden aceptar que no hay nada? Es la simplemente la nada misma, ya lo descubrí. ¿Por qué no lo había hecho antes? Las heridas desaparecen, los recuerdos se van. Creo que me estoy yendo. Ya no hay realidad, ya nada existe. No veo luz, mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y ahora todo lo que veo son llamas, me están cegando. Pareciera que el mundo se cae, el vacío es abrumador. Ahora me está llegando el arrepentimiento. No hay salida, ¿cómo llegué aquí? Necesito a la oscuridad, la voy a llamar, “ven, por favor”, le digo. Creo que me escuchó. Va llegando, sí, ya está aquí. No hay escapatoria. “Leni…” pienso por última vez.

-¿Qué quieres encontrar a quién?
-Leni, ya te lo expliqué tantas veces… ¿acaso no es simple? Tengo que encontrarlo a él.
-Seguro, ¿pero quién es el él? No estás bien. Ya te lo he dicho. Deberías haberte quedado en el hospital. Estoy preocupado por ti, lo sabes, ¿verdad?
-Yo quiero encontrarlo a él. Eso es lo que quiero. No me importa nada más. ¿Por qué Leni?, ¿Por qué no quiso que yo supiera su identidad?, ¿Qué trata de ocultar?
-¡Nada! Él quiere alejarse de ti porque te has parado en medio de una maldita carretera, y te has dispuesto a morir. A él le tocó pasar por esto. Él creía que ibas a morir, no podía con la culpa, ¿Es que no piensas? Déjalo así, por favor regresa a lo que eras…por favor.

Siempre es lo mismo. Termino llorando hasta quedar dormida, mirando mis cicatrices, mis piernas destrozadas. Todos dicen que he contado con mucha suerte. ¡Mentiras!, no es más que estupidez lo que sale de sus bocas. Suerte hubiera sido si yo hubiera muerto.
Y ahora Leni…él piensa que estoy loca, que he perdido la razón. A veces dice palabras que me hieren como cuchillos. No puede entenderme. Ni siquiera yo misma me entiendo. ¿Por qué me ha pasado esto? Leni dice que yo misma me lo busqué. Me gustaría algún día descifrar todo esto. Duele. El dolor es más fuerte cada día. Siento que si no lo encuentro, cada día que pasa una parte de mí se va.

jueves, 14 de enero de 2010

Tamy

Si los sapos se pudieran convertir en príncipes, esto sería diferente.
Tamy siempre fue una persona convencida de que en algún lugar ella encontraría a esa persona ideal -el uno para el otro.
Tenía una idea muy clara acerca de lo que quería para ella, el chico en cuestión debía llamarse Diego, ser extranjero y debía gustarle su grupo favorito de música.
Más que cualidades, ella buscaba eso.
Lo encontró, ¡de verdad lo encontró! Podría parecer algo difícil, considerando que ella vivía en un pequeño pueblo, pero ahí estaba él.
Su Diego, que tanto había pedido, había entrado a la misma escuela que ella, al principio no lo reconoció, pero con el tiempo pudo saber más de él, fue ahí cuando se dio cuenta de que lo había encontrado.

Pasaban semanas, pasaban meses, pero Tamy no podía ni siquiera dirigirle la palabra. Cuando lo veía, sentía una atracción increíble hacía él. Con el tiempo transcurriendo, los sentimientos de Tamy también se desarrollaban, ella sentía que necesitaba de su Diego, y sólo se conformaba con verlo entre clases.
Sus amigos, hartos de la situación, le contaron a Diego de la situación, que Tamy estaba enamorada de él. Pero él no comprendió. La rechazó más de una vez, y para Tamy aquello era lo peor que podría pasarle.

El final de clases era imposible de detener, y Tamy saldría de la escuela, pero Diego continuaría allí, su príncipe no había tenido la oportunidad de conocerla, además Tamy se mudaría a una ciudad, posiblemente ya no tendría oportunidades de verlo.
Pero para Tamy el destino parecía regalarle una oportunidad, por supuesto que no la desaprovecharía, fue en un desfile de su antigua escuela cuando lo vio. Sintió de nuevo que su corazón se aceleraba, los ojos de su Diego, de un color verde muy brillante, esta vez la miraban de manera diferente.

Platicaron por bastante tiempo, para Tamy era como su sueño más grande convertido en realidad. Pero ella tenía que volver a la ciudad y su príncipe se quedaría en su reino, donde pertenecía.
Pasaron más semanas, Tamy estaba desesperada, cada viernes, al regresar de la ciudad, mantenía la esperanza de ver a su Diego, a veces lo veía, a veces no.
Finalmente la espera había resultado, su príncipe la invitó a salir. La cita era en la playa, él le enviaría un mensaje ese mismo día para confirmar la hora.
Pero el tiempo pasaba y Tamy miraba su celular cada minuto, no quería que esa oportunidad se le escapara. A las 5 de la tarde se dio por vencida, su príncipe no acudiría a encontrarse con la que podría ser su princesa.

Ha pasado ya mucho, y Tamy no ha vuelto a ver a Diego, fue difícil para ella, y sigue siendo difícil, cuando regresa de la ciudad ahora ruega para no tener que verlo, sueña la mayoría de las noches con él, aún lo recuerda cada día. Siente que está en todas partes, pero no a su lado.
Aprendió que algunos príncipes, aunque tengan un exterior muy encantador, resultan ser unos verdaderos sapos.