viernes, 13 de enero de 2023
Historia de un sueño
lunes, 9 de enero de 2023
Un año más
martes, 13 de diciembre de 2022
Mirando por la ventana
Hay algo acerca de limpiar la casa, es como si mi cerebro asociara las escobas y trapeadores con los recuerdos que trato de olvidar a toda costa y en algún punto el candado que con recelo cierro cada día se abre y ¡bum!, ahí están: los días de campo, las caminatas por la playa, las canciones que me sé letra por letra y que cuando suenan, tengo que irme corriendo a encerrarme, no vaya a ser que las cante y una lágrima se me salga.
Soy buena escondiéndome, y escondiendo lo que siento también, soy buena, en verdad, soy como un camaleón que sabe exactamente lo que lo rodea y está preparado viendo a todos lados en caso de que el peligro se esconda detrás de la más pequeñita hoja de papel. Esa soy yo, y por años he practicado, en la escuela (porque soy maestra), los niños hacen chistes cuando creen que no los estoy escuchando y dicen que no tengo corazón ni sentimientos. Se me da muy bien regañarlos y ponerles castigos, lo que no saben es que practico a diario conmigo misma. He practicado también con mi familia, que apenas tienen noticias mías cada que me llaman, y si decido contestar.
Y se preguntarán qué rayos me pasó.
Y se harán suposiciones de que seguramente fue algo relacionado con el amor.
Y tendrán razón.
Siempre es algo que tiene que ver con el amor, ¿no?
Es tan real, amar con todo lo que se tiene y perdelo también después de que el ser amado decide partir en busca de nuevas aventuras, en busca de algo que jamás iba a encontrar quedándose a mi lado, porque estabamos estancados, porque yo vivía una existencia feliz a su lado pero él no estaba satisfecho con mi deseo de quedarme aquí, atada a una vida que conocía a la perfección y que se había hecho mejor con su llegada, él, por el contrario, sentía una necesidad insaciable de recorrer el mundo y más allá, de vivir experiencias extremas, y a mí me daba miedo hasta mi sombra.
Así que finalmente se fue, y yo me quedé con el dolor atado a mis pies, con los recuerdos en la mesa, pidiéndome que los abrazara, pero no me lo permití. Y ahora vivo mi vida sin sentimientos ni amores, es mejor, de verdad, hasta que un lunes por la mañana hago la impieza y las ventanas están empolvadas y saco el trapo del mismo cajón y comienzo a limpiar y los recuerdos salen y no logro contenerme y salgo corriendo y grito: ¡José dónde carajos estás!, pero sé que es demasiado tarde y él está demasiado lejos y no volverá.
Así que me compongo, me vuelvo a cocer las heridas y entro en la casa donde los recuerdos también vuelven a esconderse.
Mi vida es aburrida en verdad pero vuelvo a ella porque es lo único que me queda.
Hasta que un día mirando por la ventana ahí está, al principio no sé si es verdad o una alucinación causada por la falta de comida, pero veo perfectamente claro a José caminando por la calle. Imaginé por tanto tiempo ese momento: correría hasta él y le pediría que jamás se volviera a marchar, le diría que no he logrado olvidarlo, pero en la vida real, lo único que logro hacer es sonreir.
Pero él sabe leer mis sonrisas, ¡uff!, había olvidado lo talentoso que es con el lenguaje corporal, y aunque lo intento, no puedo disimular ni callar lo que he guardado por tantos años.
viernes, 2 de diciembre de 2022
Cada viernes, como siempre
La parada del bus estaba llena de gente y estaba empezando a llover, así que me moví una cuadra arriba solo para no quedarme sin lugar, y también para evitar mojarme demasiado, pues no llevaba paraguas. Ese día tenía puesta una falda verde, una blusa blanca y tenis deportivos, para cubrirme del frío una chamarra de piel. Tenía mis audífonos puestos, escuchando una de esas canciones cursis que se ponen de moda y no te puedes sacar de la cabeza cuando de pronto mis ojos no podían creer lo que veían.
Ernesto estaba al final de la calle, caminando en mi dirección. Pensé que nunca lo volvería a ver después de nuestra ruptura repentina, o al menos eso es lo que había deseado desde hacía meses, en una ciudad tan grande es poco problable que te cruces con la misma gente dos veces, pero ahí estaba él.
Conocí a Ernesto cuando yo aún no había encontrado trabajo y le ayudaba a mi mamá en su papelería por las tardes, él estaba estudiando artes y siempre llegaba corriendo y preguntando por materiales de los que yo nunca había escuchado hablar y después de clases, cuando yo ya estaba por cerrar se quedaba a platicar conmigo, y así, poco a poco me acostumbré a su presencia.
Tenía un aire como a Ricardo Arjona y yo siempre le pedía que me cantara alguna canción o me compusiera algún poema, pero en vez de eso recibí una y otra vez pinturas que hacía “pensando en mí”, decía que yo era la musa que no sabía que necesitaba. Mi mamá me advertía que el amor joven no podía durar demasiado y yo me reía en su cara, porque sabía que solo estaba celosa de que todo mi amor ya no fuera solo para ella.
Ernesto tenía 20 años, yo 19, apenas un año menor pero no había tenido la suerte o las ganas para ir a la universidad, él me decía constantemente que debería al menos intentarlo, con mi amor por la música, pero a mí el mero pensamiento de volver a un salón de clases me daba nauseas.
Cuando estás enamorada hasta los más pequeñitos detalles te parecen increíbles, como una noche cuando mirando las estrellas Ernesto sacó de su mochila una rosa y me besó mientras yo cerraba los ojos, intentándo hacer que el momento no se terminara.
“No tienes idea de lo mucho que te quiero” me dijo.
“En el mundo no cabe tanto amor” respondí, “si hubiera un récord, ya lo hubiéramos rompido”
Desde entonces, todos los días me llevaba una rosa a la papelería o a cualquier lugar donde acordaramos vernos. Mi cuarto se lleno de floreros, el olor a rosas inundaba toda la casa y volvía a mi mamá loca, pues ella es que tenía que cambiarles el agua, luego me dio la idea de secarlas poniédolas en libros, así que su librero empezó a llenarse un poco más cada semana con los que encontraba en bazares y mercados.
Cuando el verano llegó y Ernesto salió de vacaciones me dijo que tenía que volver a casa por una semana, antes de irse me dejó rosas en mi ventana, una por cada día en que no estaría.
Salió de la ciudad en uno de esos autobuses que parecen estar a punto de deshacerse y como siempre, antes de darme un beso me pidió permiso, yo no podía evitar reírme.
“Te salen más baratos los besos que las rosas, y aún así me pides permiso…”
La semana pasó tan lentamente que me obligaba a no ver el reloj a cada minuto, mi mamá me quitó el celular más de una vez, pues lo veía todo el tiempo con la esperaza de que Ernesto me hubiera escrito o llamado. Pero los días pasaban y yo me encontraba con un nudo en la garganta y el hambre se me había ido lejos, mi mamá tenía que rogarme para que comiera algo, habían pasado tres días y Ernesto no había dado señales de vida. Finalmente, al cuarto día me llamó por la noche disculpándose diciéndo que había tenido una cena y desde entonces se había sentido mal y no había dejado la cama, le dije que lo sentía y que esperaba que se mejorara pronto, hablamos un poco más de cosas triviales hasta que me quedé completamente dormida con el celular en la mano.
Al día siguiente convencí de que todo estaba bien, incluso le conté a mi mamá sobre Ernesto sintiéndose mal, ella solo alzó las cejas.
Dos días después, y de nuevo no había escuchado de él, ni un mensaje.
"¿Quién no tiene tiempo ni para mandar un mensaje en estos tiempos?" me decían mis amigas, quiénes también empezaban a sospechar que algo no andaba bien.
Ernesto llegó el lunes, después de tres días de silencio llegó a mi casa con una rosa en la mano, además, era nuestro aniversario de 6 meses desde que nos habíamos conocido, yo estaba emocionada y a la vez molesta con él, pero en cuanto lo vi cruzando la puerta, toda mi preocupación de fue. Me besó con fuerza y me tomó en sus brazos para luego mirarme largamente.
"Eres tan hermosa" dijo, "no puedo creerlo"
Yo me sonrojé. Fuimos al jardín donde puse una sábana y nos acostamos viendo a los pájaros en los árboles. Ernesto no dejaba de mirarme de forma extraña, y parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar.
"¿Estás bien?"
Me tomó de las manos y cerró los ojos.
"Creo que debemos terminar."
Y así, en el momento que menos pensaba, me lo topé de nuevo, casi un año después, en esa esquina donde estaba evitando la lluvia, pero aún así mi cara estaba mojándose, lo que fue bueno, porque pude disimular a la perfección mis lágrimas, pues Ernesto no iba solo, sino acompañado de una chica casi tan alta como él y de ojos azules. Busque su mirada mientras iba cruzando camino conmigo pero en ningún momento volteó a verme, estaba completamente hipnotizado.
Quizá sea un poco tonto, pero desde ese viernes, no pierdo esperanza y me vuelvo a parar en la misma esquina, con la esperanza de que vuelva a pasar.
miércoles, 28 de octubre de 2020
Cuando el amor visita
Estás en medio del mar, en un pequeño bote de remos, apenas con provisiones necesarias y luego llega un hombre pidiendo auxilio, con el cuerpo cansado por haber nadado tanto tiempo, con los labios secos, con el corazón roto, y te pide que le ayudes, que no te quitará espacio, que ni siquiera tendrás que compartirle tu comida: él se las arreglará solo, y te encoges de hombros, dices "ok, está bien", y lo tomas de la mano para ayudarle a subir.
Al principio todo está bien, apenas y habla, lo ves llorar de vez en cuando, le preguntas si está bien pero no dice nada. Duerme y pesca, come y duerme, y así pasan las primeras semanas. Te sientes invadida pero sabes que eventualmente se irá y que todo volverá a la normalidad. Un buen día dice que no quiere molestarte más, que se irá a buscar su barca, le preguntas, "¿qué pasó contigo?" y finalmente, habla.
Te dice que su corazón está tan roto, que apenas sobrevive, quisiera sacárselo, quisiera arrojarlo de una vez al mar y no volverlo a ver jamás. Te dice que su amada simplemente un día se fue de su barca, y desesperado fue a buscarla, creyó que quizá había ido a nadar y no encontró el camino de regreso. "Pero un día la volví a ver, estaba sola en un bote, estaba durmiendo con tanta tranquilidad que no me atreví a molestarla", te dice que entonces entendió que ella prefirió abandonarlo antes de arreglarlo todo, te dice que así no funcionan las cosas mientras lágrimas caen aún por sus mejillas. Tomas su mano dulcemente, quieres decirle que todo estará bien pero no sabes cómo. "¿Qué pasó contigo?" pregunta entonces, "¿por qué estás sola en un bote?" Le cuentas que al igual que él, un día tuviste a un ser amado, pero las cosas simplemente no funcionaron, "Ponen a dos personas en medio del mar en una barca y esperan que estén juntos para siempre: en la tranquilidad del sol y en las tormentas mas fuertes, ¿de verdad crees que es posible?", él solo agachó la mirada. "Entonces, ¿no crees que el amor lo puede todo?" preguntó. "Creo que la idea del amor es el problema" dices sonriendo, "creo que podemos ser felices con alguien y eventualmente el amor puede marcharse, creo que debemos darle esa posibilidad también, y nadie nos enseña eso", él te mira por un largo rato y luego se queda dormido.
Luego de un tiempo te acostumbras a su presencia, casi es la temporada de tormentas y sabes que las cosas se pondrán difíciles. Ahora todo es fácil: han creado una rutina juntos y por las noches te cuenta historias de todos los lugares dónde ha estado hasta que te quedas dormida. Te preguntas si el amor ha salido de tu corazón de nuevo, y un día de lluvia, mientras él canta una cancioncita que te molesta pero también te hace reír, decides que sí, el amor está en algún lado a tu alrededor, escondiéndose y le das la bienvenida con los brazos abiertos. Vas hasta tu compañero que no ha parado de cantar y lo abrazas, lo besas y duermen juntos, abrazados por primera vez.
El amor se instala cómodamente entre ustedes: hay espacio de sobra en un lugar tan pequeño como un bote. Llega y lo cambia todo: acomoda las cosas a su antojo y se sienta en la orilla a verlos pasar el tiempo. "Qué hermoso", piensa el amor, "cómo en cada lugar puedo hacer a las personas tan felices, y también qué triste, que aún no entiendan que un día me marcharé y los dejaré solos, porque ya habré cumplido mi propósito"
Un día te levantas y te das cuenta que eres feliz, como no lo habías sido en años, tienes a un hombre con quien compartir, tienes provisiones y las tormentas han pasado, piensas en lo fácil que es la vida, en su simpleza, le das gracias al amor mientras lo ves marcharse, le dices adiós y le agradeces el haber salido un rato, el haber cambiado tu vida de nuevo. Miras a tu compañero que aún duerme y lo despiertas con un beso y una sonrisa que no se desvanece hasta muchísimo después.
lunes, 27 de agosto de 2018
Las estrellas
-¿Qué cosa? -le respondió mientras acariciaba su espalda.
-Las estrellas.
-¿Qué dicen?
-Cuentan una historia, una muy vieja pero que frecuentemente olvidamos: no estamos solas.
-¿Te refieres al universo? -Y entonces se volteó para besarla suavemente en la mejilla. -¿estás bien?, estás actuando muy raro esta noche. -Y ella no respondió, solo alzó las manos al cielo y empezó a cantar una canción en un idioma que no conocía. Su compañera tuvo escalofríos por un momento, pero decidió quedarse; a fin de cuentas, estar ahí con ella también era una locura, sobre todo sabiendo que en cualquier momento su padre podía salir y si las encontraba de nuevo juntas, no dudaría en mandarla lejos, mandarla a exorcizar, terapia de electrochoques, lo que sea con tal de que ella fuese "normal". Poco a poco se fue acercando a la otra chica, hasta que ambas estuvieron tomadas de la mano, cantando la misma canción que no conocían.
-Ahora entiendo -le dijo de repente -ahora las escucho - el cantó cesó, las estrellas parecían brillar más fuerte. -Te amo, ¿lo sabías?
-Ellas lo saben -señaló a la estrellas -por eso nos hablaron hoy.
-¿Crees que un día esto será normal?
-¿Qué cosa? -Y la besó fuertemente en los labios a modo de respuesta.
-¿Algún día seremos normales?
-En algún lugar del universo, ya lo somos.
viernes, 7 de julio de 2017
El deseo
Incapaz de ver una puesta de sol, ya que vivía en la ciudad, se sentía frustrada e incapaz, ya que desde el momento en que aprendió aquella lección, se sintió lista para ir a pedir su deseo.
Le pidió a sus padres una y otra vez que la llevaran a la costa, para poder ver el mar, pero ellos no podían, no ganaban lo suficiente o nunca tenían tiempo, "siempre tienen una excusa" les decía la niña, que se cruzaba de brazos y se enfurruñaba hasta que poco a poco regresaba a la normalidad.
Cuando cumplió 10 años su abuela le dijo: "te diré algo" y sonrió "como te has portado tan bien, te llevaré al lugar que tanto anhelas ir: al mar", y la niña ni siquiera tuvo tiempo de procesar aquello, sino que inmediatamente corrió a su cuarto, empacó un cambio de ropa y regresó a tomar la mano de su abuela "vámonos" dijo.
Una vez en la costa, su abuela le dijo "Bien, ya estamos aquí, ¿qué es lo que quiere hacer?", "ver la puesta de sol", así que pasaron todo el día en la playa, jugando con la arena, recogiendo unas cuantas conchitas y bebiendo gaseosas, hasta que a las 8 pm, la niña se sentó en donde creyó que era el mejor lugar para apreciar al sol metiéndose y lloró de felicidad, los demás solo la veían raro.
"¿Sabes qué deseo vas a pedir?" repetía una y otra vez su abuela, "claro que sí"
A las 8:54 pm el sol estaba a punto de meterse, la niña cerró los ojos y pidió su deseo con todas las fuerzas que encontró dentro de ella, después, abrazó a su abuela y al oído le dijo "gracias."
Al día siguiente nada pareció haber cambiado a los ojos de la abuela, su nieta estaba ahí y ambas estaban listas para tener un día de diversión en la playa.
Al segundo día de haber pedido el deseo las cosas extrañas comenzaron a suceder. "¿Cómo fue que creciste tan rápido?" le preguntó la abuela, y la niña no sabía como contestar, había cosas aún más horribles sucediendo a su cuerpo, le dijo "abuela, algo me está pasando, no sé cómo explicarlo pero mira" y señaló su entrepierna, donde una mancha de sangre se asomaba levemente.
Regresaron a la ciudad sin dar crédito a lo que sucedía, la niña, que había llegado a la playa con tan solo 10 años, regresaba a casa, solo 3 días después, convertida en toda una señorita de pies a cabeza, no solo el cabello le había crecido increíblemente rápido, sino que también había aumentado su estatura, su complexión, su voz, sus pensamientos, toda ella era una verdadera adolescente.
"¿Cómo es esto posible doctor?", preguntaba la niña al doctor, 4 días después y aún más cambiada, "estoy cambiando día con día, no me lo puedo explicar, ni yo ni nadie", "ven mañana" replicó el doctor, que se quedó boquiabierto cuando la niña volvió a aparecerse en su consultorio aún más cambiada.
Le hicieron un montón de estudios que nadie sabía con exactitud cómo examinar o explicar "al parecer" dijo el doctor, "estás envejeciendo extremadamente rápido, lo que equivale a un día para nosotros, para ti es un año", "¿qué quiere decir?" fue todo lo que pudo decir la niña, "quiere decir" dijo suave y despacio, "que según los estudios el día de hoy tienes unos 20 años aproximadamente, y para la próxima semana habrás cumplido 27 años"
Y fue entonces que todo tuvo sentido para la niña-mujer, recordó el viaje a la playa, que ahora parecía una eternidad atrás.
Veía a su abuela diciendo "¿Sabes qué deseo vas a pedir?" y a ella contestando "sí", con seguridad, y cuando el sol se metió, en su cabeza las únicas palabras que sonaban eran: "quiero que mi cumpleaños sea todos los días, quiero que mi cumpleaños sea todos los días, quiero que..."
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Día 7. Una canción para manejar: Fast Car - Jonas Blue Ft Dakota Remix
