Mostrando entradas con la etiqueta cuentos para antes de dormir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos para antes de dormir. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de enero de 2023

Historia de un sueño

Era de mañana, al lado de nuestra cama, en el buró estaba una pequeña notita con caligrafía hermosa que decía "no olviden que esta noche es la visita", miré alrededor, la mayoría aún estaban en su camas y algunos ya se habían salido a dar un paseo.
Yo había llegado una semana atrás, fue un alivio y sorpresa darme cuenta de dónde me encontraba: por muchos muchos años me preguntaba, "¿a dónde iré?, ¿existirá un lugar dónde descansar o será solamente oscuridad para siempre", resulta que no es la una ni la otra. "Estamos en el intermedio" nos dijeron cuando ingresamos, "aquí aprenderán todo lo que deben saber de su nuevo universo antes de que sean mandados a él."

Jania siempre creyó en la vida después de la muerte, yo era medio exceptica, o al menos fingia serlo delante de ella. A los 30 años acabé mi doctorado en cosmología; el universo me fascinaba desde que había aprendido sobre su origen y no había parado de hacer preguntas desde entonces. No paré hasta graduarme, y luego más y más, uno nunca podía saber lo suficiente. En la facultad teorizábamos acerca de cómo acabaría el universo, lo contrario del Big Bang: explosiones en reversa, hoyos negros, el cambio del comportamiento de los átomos. Bien, pues estábamos completamente equivocados. 

Jania es mi hija, tiene 34 años, y vive sola. No tuve más hijos y me divorcié de su padre dos años después de que ella naciera así que cuando me fui, ella quedó completamente sola en una casa que me pasé años decorando. Sabía que era lo único que podría dejarle. Eso y un montón de libros sobre el Universo.

Cuando Jania nació me pregunté cómo era posible que unas células tan pequeñas dieran lugar a un ser que crecía tan rápido. Ella me enseñó a ser paciente, y cuando tuvo la capacidad de pensar, no paraba de hacer preguntas. "¿Cómo funciona?, ¿para qué es?, ¿puedes construirme otro?", Jania creía que yo era capaz de todo, Jania creía en Dios, o en algo que nos cuidaba, y cuando me enfermé de cancer, rezaba todos los días, aún con mis protestas. Tuvimos las conversaciones más interesantes antes de que yo muriera: ella se empeñaba en que tenía que haber algo más, "no podemos solo estar flotando en medio de la nada y luego desaparecer", yo le explicaba que nadie desaparecería del todo, "un día seré parte de una flor, de un animal o quizá llegaré de nuevo a las estrellas", ella se reía de mí y mi locura. "Al menos dime que hay una pequeña parte de ti que cree en que un día regresarás", yo solo le tomaba la mano y la apretaba con fuerzas.

Hace una semana llegué al intermedio. Todos estaban confundidos, en lágrimas o dándole gracias a Dios por no estar en el infierno. Bueno, yo no podía parar de reír mientras los demás me veían con cara de loca. Porque aún después de morir me siguen llamando loca. "¿Qué es tan gracioso?", me preguntó una chica de mediana edad, "no lo entenderías" respondí “pasé mi vida tratando de entender algo completamente falso”. 

Pero bueno, hoy es el día. Los guardianes del intermedio (una especie de ángeles), solo nos dejan regresar a despedirnos de nuestros seres queridos visitándolos en sus sueños. Y nos conceden una visita cada semana durante un mes, es decir; cuatro visitas en lo que estamos listos para partir a nuestra próxima vida. 

Jania duerme profundamente, puedo ver que está usando una de mis batas de dormir y siento tristeza y alivio a la vez. Quisiera abrazarla de nuevo. Está soñando cosas sin sentido, cómo seguramente todos lo hacen. "mañana no te acordarás de nada", pienso. "Creerás que solo fue un sueño", pero es un adiós. Jania se sobresalta cuando me ve ahí parada, en medio de un bosque y rodeada de helados de vainilla (sus favoritos), "¿Mamá?", yo asiento, "¿Qué haces aquí?", "Vine a decirte que tenías razón" y sonrío.
Nos sentamos y la abrazo fuerte, aunque sé que no es real, no puedo dejar de llorar. Ella me dice que me extraña y le digo que no se preocupe, un día estará lista para viajar al siguiente universo y nos encontraremos en algún punto. 
"Pero, ¿qué dices?, nunca has creído en esas cosas, no mientas ahora", y yo sonrío. La beso una y otra vez en la frente mientras está en mis brazos, y así pasamos lo que parece una eternidad, en lo que despierta.

lunes, 9 de enero de 2023

Un año más

 Hoy se cumple un año más. Depierto y al otro lado de la ventana oigo llover y sonrío, los días lluviosos siempre han sido tus favoritos. Me levanto, pongo café y te lo sirvo en tu taza favorita: una ya gastada de lo vieja que está, con manchas y rayones. Le doy unos tragos y siento la cafeína instantáneamente entrar y hacer su efecto.
Te veo en la cama: aún con lagañas, despertando y levantando los brazos, pidiendome que regrese a tu lado "solo un ratito más", pero siempre me niego, no vaya a ser que se me haga tarde para ir a trabajar. Tienes el pelo todo alborotado, porque siempre te niegas a cortártelo cuando lo sugiero. Te ríes de mí y mi manía por querer controlarlo todo. Sonrío contigo, por la felicidad que tengo desde que llegaste a mi vida. 
Sales a dar tu paseo de cada mañana y te digo "ten cuidado" y me dices sí, siempre tengo cuidado. Mientras no estás logro tener la casa en orden, pienso en cómo vamos a celebrar nuestro aniversario y me mido un vestido tras otro hasta encontrar el perfecto. Pienso en cómo era mi vida antes de ti y no puedo imaginarme estar sin ti, "toda la vida", nos dijimos un día, y hasta ahora lo hemos cumplido.
Hoy se cumple un año más. 
Despierto y llueve detrás de la ventana. 
Pienso en ti y de nuevo estás conmigo.
Hace un año que no regresaste de ese paseo, un mensaje en mi teléfono, yo en el suelo, las lágrimas por todo mi cuerpo, un mensaje que decía "fue un choque frontal", y luego mil llamadas, todas confirmando que me había quedado sin ti.
Pero tu y yo vamos a querernos para siempre, al menos mientras yo siga con vida. 
Cada día que pasa trato de entender, trato de seguir viviendo, pero desde que te fuiste supe que nada volvería a ser igual.
Cada día sigo teniendo la esperanza de que un día regresarás y volveré a verte tomando café y despertando pidiéndome que regrese a ti, con tus labios fríos y tus manos siempre tibias. Quiero que vuelvas a mi lado porque te necesito, quiero enteder, pero no me es posible.
Entré a unas de esas reuiones porque mi familia insistió, pero no quiero consuelo, no hay consuelo. Solo quiero gritar, solo quiero que vuelvas.
Hoy se cumple un año más.
Desde que moriste también me fui contigo, pero de algo puedes estar seguro: mientras yo siga aquí, no dejaré de pensar en ti.

martes, 13 de diciembre de 2022

Mirando por la ventana

 Hay algo acerca de limpiar la casa, es como si mi cerebro asociara las escobas y trapeadores con los recuerdos que trato de olvidar a toda costa y en algún punto el candado que con recelo cierro cada día se abre y ¡bum!, ahí están: los días de campo, las caminatas por la playa, las canciones que me sé letra por letra y que cuando suenan, tengo que irme corriendo a encerrarme, no vaya a ser que las cante y una lágrima se me salga.

Soy buena escondiéndome, y escondiendo lo que siento también, soy buena, en verdad, soy como un camaleón que sabe exactamente lo que lo rodea y está preparado viendo a todos lados en caso de que el peligro se esconda detrás de la más pequeñita hoja de papel. Esa soy yo, y por años he practicado, en la escuela (porque soy maestra), los niños hacen chistes cuando creen que no los estoy escuchando y dicen que no tengo corazón ni sentimientos. Se me da muy bien regañarlos y ponerles castigos, lo que no saben es que practico a diario conmigo misma. He practicado también con mi familia, que apenas tienen noticias mías cada que me llaman, y si decido contestar. 

Y se preguntarán qué rayos me pasó.

Y se harán suposiciones de que seguramente fue algo relacionado con el amor.

Y tendrán razón.

Siempre es algo que tiene que ver con el amor, ¿no?

Es tan real, amar con todo lo que se tiene y perdelo también después de que el ser amado decide partir en busca de nuevas aventuras, en busca de algo que jamás iba a encontrar quedándose a mi lado, porque estabamos estancados, porque yo vivía una existencia feliz a su lado pero él no estaba satisfecho con mi deseo de quedarme aquí, atada a una vida que conocía a la perfección y que se había hecho mejor con su llegada, él, por el contrario, sentía una necesidad insaciable de recorrer el mundo y más allá, de vivir experiencias extremas, y a mí me daba miedo hasta mi sombra.

Así que finalmente se fue, y yo me quedé con el dolor atado a mis pies, con los recuerdos en la mesa, pidiéndome que los abrazara, pero no me lo permití. Y ahora vivo mi vida sin sentimientos ni amores, es mejor, de verdad, hasta que un lunes por la mañana hago la impieza y las ventanas están empolvadas y saco el trapo del mismo cajón y comienzo a limpiar y los recuerdos salen y no logro contenerme y salgo corriendo y grito: ¡José dónde carajos estás!, pero sé que es demasiado tarde y él está demasiado lejos y no volverá.

Así que me compongo, me vuelvo a cocer las heridas y entro en la casa donde los recuerdos también vuelven a esconderse. 

Mi vida es aburrida en verdad pero vuelvo a ella porque es lo único que me queda.

Hasta que un día mirando por la ventana ahí está, al principio no sé si es verdad o una alucinación causada por la falta de comida, pero veo perfectamente claro a José caminando por la calle. Imaginé por tanto tiempo ese momento: correría hasta él y le pediría que jamás se volviera a marchar, le diría que no he logrado olvidarlo, pero en la vida real, lo único que logro hacer es sonreir. 

Pero él sabe leer mis sonrisas, ¡uff!, había olvidado lo talentoso que es con el lenguaje corporal, y aunque lo intento,  no puedo disimular ni callar lo que he guardado por tantos años.

José se acerca a la ventana y me pregunta como estoy.
-Estoy de maravilla y tú. -Pero mi sonrisa no sabe disimular y le cuenta que no he parado de llorar desde su partida, que en realidad él ha sido mi único camino a la felicidad y que su presencia, aunque solo en mi mente, me ha motivado a conventirme en una mejor persona. 
José me pregunta que si es verdad que estoy casada con Juan.
Yo me río, pero de nuevo mi sonrisa me delata y le cuenta que ni de broma sería la princesa de alguien más, porque en mi vida el único príncipe ha sido él. 
José sonríe alagado.
Yo quito la sonrisa de mi boca con todas las fuerzas de mi cuerpo. 
José se va después de despedirse con un beso en la mejilla, y cuando lo veo desaparecer en la esquina, finalmente mi sonrisa aparece de nuevo y yo puedo llorar en paz.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Cada viernes, como siempre

Cada viernes salgo del trabajo a la misma hora: 4pm, espero al autobus en la misma parada, esquina con calle Reforma, y llego a casa una hora después. Era un viernes común en diciembre, la ciudad fría, el aire rozando mis mejillas y quemándolas, y el cielo tan nublado, que casi podías sentir las gotas de lluvia a punto de caer. El trabajo terminó un poco antes pero mi jefe me pidió revisar unos documentos, así que a fin de cuentas terminé saliendo a la misma hora.

La parada del bus estaba llena de gente y estaba empezando a llover, así que me moví una cuadra arriba solo para no quedarme sin lugar, y también para evitar mojarme demasiado, pues no llevaba paraguas. Ese día tenía puesta una falda verde, una blusa blanca y tenis deportivos, para cubrirme del frío una chamarra de piel. Tenía mis audífonos puestos, escuchando una de esas canciones cursis que se ponen de moda y no te puedes sacar de la cabeza cuando de pronto mis ojos no podían creer lo que veían.
Ernesto estaba al final de la calle, caminando en mi dirección. Pensé que nunca lo volvería a ver después de nuestra ruptura repentina, o al menos eso es lo que había deseado desde hacía meses, en una ciudad tan grande es poco problable que te cruces con la misma gente dos veces, pero ahí estaba él.

Conocí a Ernesto cuando yo aún no había encontrado trabajo y le ayudaba a mi mamá en su papelería por las tardes, él estaba estudiando artes y siempre llegaba corriendo y preguntando por materiales de los que yo nunca había escuchado hablar y después de clases, cuando yo ya estaba por cerrar se quedaba a platicar conmigo, y así, poco a poco me acostumbré a su presencia.
Tenía un aire como a Ricardo Arjona y yo siempre le pedía que me cantara alguna canción o me compusiera algún poema, pero en vez de eso recibí una y otra vez pinturas que hacía “pensando en mí”, decía que yo era la musa que no sabía que necesitaba. Mi mamá me advertía que el amor joven no podía durar demasiado y yo me reía en su cara, porque sabía que solo estaba celosa de que todo mi amor ya no fuera solo para ella.
Ernesto tenía 20 años, yo 19, apenas un año menor pero no había tenido la suerte o las ganas para ir a la universidad, él me decía constantemente que debería al menos intentarlo, con mi amor por la música, pero a mí el mero pensamiento de volver a un salón de clases me daba nauseas.

Cuando estás enamorada hasta los más pequeñitos detalles te parecen increíbles, como una noche cuando mirando las estrellas Ernesto sacó de su mochila una rosa y me besó mientras yo cerraba los ojos, intentándo hacer que el momento no se terminara.
“No tienes idea de lo mucho que te quiero” me dijo.
“En el mundo no cabe tanto amor” respondí, “si hubiera un récord, ya lo hubiéramos rompido”
Desde entonces, todos los días me llevaba una rosa a la papelería o a cualquier lugar donde acordaramos vernos. Mi cuarto se lleno de floreros, el olor a rosas inundaba toda la casa y volvía a mi mamá loca, pues ella es que tenía que cambiarles el agua, luego me dio la idea de secarlas poniédolas en libros, así que su librero empezó a llenarse un poco más cada semana con los que encontraba en bazares y mercados.

Cuando el verano llegó y Ernesto salió de vacaciones me dijo que tenía que volver a casa por una semana, antes de irse me dejó rosas en mi ventana, una por cada día en que no estaría.
Salió de la ciudad en uno de esos autobuses que parecen estar a punto de deshacerse y como siempre, antes de darme un beso me pidió permiso, yo no podía evitar reírme.
“Te salen más baratos los besos que las rosas, y aún así me pides permiso…”
La semana pasó tan lentamente que me obligaba a no ver el reloj a cada minuto, mi mamá me quitó el celular más de una vez, pues lo veía todo el tiempo con la esperaza de que Ernesto me hubiera escrito o llamado. Pero los días pasaban y yo me encontraba con un nudo en la garganta y el hambre se me había ido lejos, mi mamá tenía que rogarme para que comiera algo, habían pasado tres días y Ernesto no había dado señales de vida. Finalmente, al cuarto día me llamó por la noche disculpándose diciéndo que había tenido una cena y desde entonces se había sentido mal y no había dejado la cama, le dije que lo sentía y que esperaba que se mejorara pronto, hablamos un poco más de cosas triviales hasta que me quedé completamente dormida con el celular en la mano.
Al día siguiente convencí de que todo estaba bien, incluso le conté a mi mamá sobre Ernesto sintiéndose mal, ella solo alzó las cejas.
Dos días después, y de nuevo no había escuchado de él, ni un mensaje.
"¿Quién no tiene tiempo ni para mandar un mensaje en estos tiempos?" me decían mis amigas, quiénes también empezaban a sospechar que algo no andaba bien.
Ernesto llegó el lunes, después de tres días de silencio llegó a mi casa con una rosa en la mano, además, era nuestro aniversario de 6 meses desde que nos habíamos conocido, yo estaba emocionada y a la vez molesta con él, pero en cuanto lo vi cruzando la puerta, toda mi preocupación de fue. Me besó con fuerza y me tomó en sus brazos para luego mirarme largamente.
"Eres tan hermosa" dijo, "no puedo creerlo"
Yo me sonrojé. Fuimos al jardín donde puse una sábana y nos acostamos viendo a los pájaros en los árboles. Ernesto no dejaba de mirarme de forma extraña, y parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar.
"¿Estás bien?"
Me tomó de las manos y cerró los ojos.
"Creo que debemos terminar."

Y así, en el momento que menos pensaba, me lo topé de nuevo, casi un año después, en esa esquina donde estaba evitando la lluvia, pero aún así mi cara estaba mojándose, lo que fue bueno, porque pude disimular a la perfección mis lágrimas, pues Ernesto no iba solo, sino acompañado de una chica casi tan alta como él y de ojos azules. Busque su mirada mientras iba cruzando camino conmigo pero en ningún momento volteó a verme, estaba completamente hipnotizado.
Quizá sea un poco tonto, pero desde ese viernes, no pierdo esperanza y me vuelvo a parar en la misma esquina, con la esperanza de que vuelva a pasar.
Quizá un día vuelva a tener mi cuarto lleno de rosas.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Cuando el amor visita

Estás en medio del mar, en un pequeño bote de remos, apenas con provisiones necesarias y luego llega un hombre pidiendo auxilio, con el cuerpo cansado por haber nadado tanto tiempo, con los labios secos, con el corazón roto, y te pide que le ayudes, que no te quitará espacio, que ni siquiera tendrás que compartirle tu comida: él se las arreglará solo, y te encoges de hombros, dices "ok, está bien", y lo tomas de la mano para ayudarle a subir. 

Al principio todo está bien, apenas y habla, lo ves llorar de vez en cuando, le preguntas si está bien pero no dice nada. Duerme y pesca, come y duerme, y así pasan las primeras semanas. Te sientes invadida pero sabes que eventualmente se irá y que todo volverá a la normalidad. Un buen día dice que no quiere molestarte más, que se irá a buscar su barca, le preguntas, "¿qué pasó contigo?" y finalmente, habla.

Te dice que su corazón está tan roto, que apenas sobrevive, quisiera sacárselo, quisiera arrojarlo de una vez al mar y no volverlo a ver jamás. Te dice que su amada simplemente un día se fue de su barca, y desesperado fue a buscarla, creyó que quizá había ido a nadar y no encontró el camino de regreso. "Pero un día la volví a ver, estaba sola en un bote, estaba durmiendo con tanta tranquilidad que no me atreví a molestarla", te dice que entonces entendió que ella prefirió abandonarlo antes de arreglarlo todo, te dice que así no funcionan las cosas mientras lágrimas caen aún por sus mejillas. Tomas su mano dulcemente, quieres decirle que todo estará bien pero no sabes cómo. "¿Qué pasó contigo?" pregunta entonces, "¿por qué estás sola en un bote?" Le cuentas que al igual que él, un día tuviste a un ser amado, pero las cosas simplemente no funcionaron, "Ponen a dos personas en medio del mar en una barca y esperan que estén juntos para siempre: en la tranquilidad del sol y en las tormentas mas fuertes, ¿de verdad crees que es posible?", él solo agachó la mirada. "Entonces, ¿no crees que el amor lo puede todo?" preguntó. "Creo que la idea del amor es el problema" dices sonriendo, "creo que podemos ser felices con alguien y eventualmente el amor puede marcharse, creo que debemos darle esa posibilidad también, y nadie nos enseña eso", él te mira por un largo rato y luego se queda dormido.

Luego de un tiempo te acostumbras a su presencia, casi es la temporada de tormentas y sabes que las cosas se pondrán difíciles. Ahora todo es fácil: han creado una rutina juntos y por las noches te cuenta historias de todos los lugares dónde ha estado hasta que te quedas dormida. Te preguntas si el amor ha salido de tu corazón de nuevo, y un día de lluvia, mientras él canta una cancioncita que te molesta pero también te hace reír, decides que sí, el amor está en algún lado a tu alrededor, escondiéndose y le das la bienvenida con los brazos abiertos. Vas hasta tu compañero que no ha parado de cantar y lo abrazas, lo besas y duermen juntos, abrazados por primera vez. 

El amor se instala cómodamente entre ustedes: hay espacio de sobra en un lugar tan pequeño como un bote. Llega y lo cambia todo: acomoda las cosas a su antojo y se sienta en la orilla a verlos pasar el tiempo. "Qué hermoso", piensa el amor, "cómo en cada lugar puedo hacer a las personas tan felices, y también qué triste, que aún no entiendan que un día me marcharé y los dejaré solos, porque ya habré cumplido mi propósito"

Un día te levantas y te das cuenta que eres feliz, como no lo habías sido en años, tienes a un hombre con quien compartir, tienes provisiones y las tormentas han pasado, piensas en lo fácil que es la vida, en su simpleza, le das gracias al amor mientras lo ves marcharse, le dices adiós y le agradeces el haber salido un rato, el haber cambiado tu vida de nuevo. Miras a tu compañero que aún duerme y lo despiertas con un beso y una sonrisa que no se desvanece hasta muchísimo después.

lunes, 27 de agosto de 2018

Las estrellas

-¿Las oyes? -le preguntó una noche de verano, mientras ambas estaban sentadas afuera de una camioneta estacionada.
-¿Qué cosa? -le respondió mientras acariciaba su espalda.
-Las estrellas.
-¿Qué dicen?
-Cuentan una historia, una muy vieja pero que frecuentemente olvidamos: no estamos solas.
-¿Te refieres al universo? -Y entonces se volteó para besarla suavemente en la mejilla. -¿estás bien?, estás actuando muy raro esta noche. -Y ella no respondió, solo alzó las manos al cielo y empezó a cantar una canción en un idioma que no conocía. Su compañera tuvo escalofríos por un momento, pero decidió quedarse; a fin de cuentas, estar ahí con ella también era una locura, sobre todo sabiendo que en cualquier momento su padre podía salir y si las encontraba de nuevo juntas, no dudaría en mandarla lejos, mandarla a exorcizar, terapia de electrochoques, lo que sea con tal de que ella fuese "normal". Poco a poco se fue acercando a la otra chica, hasta que ambas estuvieron tomadas de la mano, cantando la misma canción que no conocían.
-Ahora entiendo -le dijo de repente -ahora las escucho - el cantó cesó, las estrellas parecían brillar más fuerte. -Te amo, ¿lo sabías?
-Ellas lo saben -señaló a la estrellas -por eso nos hablaron hoy.
-¿Crees que un día esto será normal?
-¿Qué cosa? -Y la besó fuertemente en los labios a modo de respuesta.
-¿Algún día seremos normales?
-En algún lugar del universo, ya lo somos.

viernes, 7 de julio de 2017

El deseo

Había una vez una niña a la que le enseñaron que los deseos se hacían realidad si se los pedías al sol justo antes de meterse al mar.
Incapaz de ver una puesta de sol, ya que vivía en la ciudad, se sentía frustrada e incapaz, ya que desde el momento en que aprendió aquella lección, se sintió lista para ir a pedir su deseo.
Le pidió a sus padres una y otra vez que la llevaran a la costa, para poder ver el mar, pero ellos no podían, no ganaban lo suficiente o nunca tenían tiempo, "siempre tienen una excusa" les decía la niña, que se cruzaba de brazos y se enfurruñaba hasta que poco a poco regresaba a la normalidad.
Cuando cumplió 10 años su abuela le dijo: "te diré algo" y sonrió "como te has portado tan bien, te llevaré al lugar que tanto anhelas ir: al mar", y la niña ni siquiera tuvo tiempo de procesar aquello, sino que inmediatamente corrió a su cuarto, empacó un cambio de ropa y regresó a tomar la mano de su abuela "vámonos" dijo.

Una vez en la costa, su abuela le dijo "Bien, ya estamos aquí, ¿qué es lo que quiere hacer?", "ver la puesta de sol", así que pasaron todo el día en la playa, jugando con la arena, recogiendo unas cuantas conchitas y bebiendo gaseosas, hasta que a las 8 pm, la niña se sentó en donde creyó que era el mejor lugar para apreciar al sol metiéndose y lloró de felicidad, los demás solo la veían raro.
"¿Sabes qué deseo vas a pedir?" repetía una y otra vez su abuela, "claro que sí"
A las 8:54 pm el sol estaba a punto de meterse, la niña cerró los ojos y pidió su deseo con todas las fuerzas que encontró dentro de ella, después, abrazó a su abuela y al oído le dijo "gracias."

Al día siguiente nada pareció haber cambiado a los ojos de la abuela, su nieta estaba ahí y ambas estaban listas para tener un día de diversión en la playa.
Al segundo día de haber pedido el deseo las cosas extrañas comenzaron a suceder. "¿Cómo fue que creciste tan rápido?" le preguntó la abuela, y la niña no sabía como contestar, había cosas aún más horribles sucediendo a su cuerpo, le dijo "abuela, algo me está pasando, no sé cómo explicarlo pero mira" y señaló su entrepierna, donde una mancha de sangre se asomaba levemente.
Regresaron a la ciudad sin dar crédito a lo que sucedía, la niña, que había llegado a la playa con tan solo 10 años, regresaba a casa, solo 3 días después, convertida en toda una señorita de pies a cabeza, no solo el cabello le había crecido increíblemente rápido, sino que también había aumentado su estatura, su complexión, su voz, sus pensamientos, toda ella era una verdadera adolescente.

"¿Cómo es esto posible doctor?", preguntaba la niña al doctor, 4 días después y aún más cambiada, "estoy cambiando día con día, no me lo puedo explicar, ni yo ni nadie", "ven mañana" replicó el doctor, que se quedó boquiabierto cuando la niña volvió a aparecerse en su consultorio aún más cambiada.
Le hicieron un montón de estudios que nadie sabía con exactitud cómo examinar o explicar "al parecer" dijo el doctor, "estás envejeciendo extremadamente rápido, lo que equivale a un día para nosotros, para ti es un año", "¿qué quiere decir?" fue todo lo que pudo decir la niña, "quiere decir" dijo suave y despacio, "que según los estudios el día de hoy tienes unos 20 años aproximadamente, y para la próxima semana habrás cumplido 27 años"

Y fue entonces que todo tuvo sentido para la niña-mujer, recordó el viaje a la playa, que ahora parecía una eternidad atrás.
Veía a su abuela diciendo "¿Sabes qué deseo vas a pedir?" y a ella contestando "sí", con seguridad, y cuando el sol se metió, en su cabeza las únicas palabras que sonaban eran: "quiero que mi cumpleaños sea todos los días, quiero que mi cumpleaños sea todos los días, quiero que..."




-
Día 7. Una canción para manejar: Fast Car - Jonas Blue Ft Dakota Remix

domingo, 14 de mayo de 2017

Cuentos para antes de dormir: La graduación

El día de mi graduación te vi parado ahí con esa mirada que solías poner cuando me decías "te quiero". Yo ya tenía tiempo saliendo con otro chico y él me hacía feliz, pero entonces te vi ahí y mi corazón dio un salto.
Sé que todos lo notaron al instante, y lo sé por las miradas llenas de compasión que me dieron, pude ver la decepción en los ojos de mi padre, pude leer el miedo en los ojos del chico que me amaba. Y ahí estabas, suplicando y sin hablar, "ven aquí, vayámonos"
"Sé que aún lo quieres" dijo mi padre y yo solo agaché la mirada. "Ve", dijo finalmente, liberándome así de toda culpa.
Así que corrí hacia ti, con todas mis fuerzas, sin detenerme a pensar ni por un instante en lo mucho que los demás iban a sufrir por mi culpa. Yo corría y con mis pasos un incendio se desataba atrás de mí, había tanto humo que cuando miré atrás, ya no logré ver a nadie más, pero ahí estabas tú, delante de mí, y con las manos extendidas. Y cuando finalmente te iba a alcanzar, todo alrededor se volvió negro.
Desperté en medio de la nada, volteé a todos lados en busca de respuestas pero nada parecía tener sentido, ¿cómo había pasado aquello?, ¿cómo de repente me transporté a ese lugar y tú desapareciste?
Caminé y caminé, en busca de alimento, y de agua, y de alguna salida, algún camino que me regresara a ti, pero en vez de eso, una nube me encontró y comenzó a seguirme.
"¿Qué haces aquí?" fue lo primero que me dijo. "Eso mismo me pregunto yo", contesté, "¿sabes dónde estás?" replicó y solo me encogí de hombros.
Entonces me dijo que me sentara, que ella se encargaría de protegerme de los rayos del sol y que fabricaría algo de lluvia para que pudiera beber, estaba tan agradecida que me puse a llorar en ese instante.
"Te contaré algo" dijo mientras unas gotas de lluvia caían sobre mí, "he visto a muchas personas pasar por aquí, y todas tienen algo en común: lo dejaron todo por amor", "puedes decirme dónde estoy, por favor" dije sin ganas.
"Aquí es a donde los que no tienen corazón vienen a parar".
"Pero...yo aún tengo corazón", dudé.
Y entonces me contó una historia que hizo que todo tuviera sentido, me dijo "tú corazón ya no está dentro de ti cariño, cuando decidiste dejar todo atrás, sin pensar en las consecuencias, él huyó, porque sabía que terminaría lastimado, porque tenía miedo de ti, ¿puedes imaginar eso? que tu propio corazón te tema. Por eso estás aquí, porque en este lugar las personas aún pueden vivir sin corazón, pero si quieres encontrarlo y volver a vivir la vida que tenías, primero tendrás que enfrentarte a ti misma"
Yo creía que todo aquello no era más que un producto de mi imaginación, después de todo, ¡estaba hablando con una nube!, estaba en medio de la nada, a donde quiera que volteara no había rastro de civilización.
Empecé a llorar otra vez, solo porque no sabía qué más podía hacer, me recosté, cerré y abrí los ojos un montón de veces, para tratar de ver si en algún momento regresaba a la realidad.
"De nada sirve que llores cariño" repetía una y otra vez la nube, "puedes hacer un berrinche como una niña pequeña si quieres, pero aquí eso no funciona"
Y así pasé lo que se sintió como una eternidad, pero la nube me dijo que apenas habían pasado unos días, yo estuve tumbada, sin hablar, sin moverme, y lo que más me irritaba es que la nube tampoco se fuera, quería que me dejara sola, quería despertar.
"Estaré aquí hasta que estés lista" dijo un día, y yo no sabía para qué rayos tenía que estar lista, pero finalmente, después de pensar y darme cuenta de que aquello no era un sueño, dije "quiero irme de aquí."

Caminamos entonces y pasamos por los lugares más extraños que puedas imaginar, había ogros y brujas por doquier.
"Estas son las personas que no logran salir de aquí" dijo la nube, "en esto te convertirás si no logras enfrentarte a ti misma.", "no entiendo nada" fue lo único que pude decir, caminamos tanto que los pies me empezaron a doler y a sentirse como  piedras, y entonces, ahí delante de nosotros logré ver un montón de ladrillos apilados. "Hemos llegado" dijo la nube, "aquí está". Y entonces me explicó que tenía que construir un castillo. "¿Qué quieres decir?" pregunté confundida, "aquí hay ladrillos y una pala, tienes que construir un castillo querida".
Pensé que era una broma y miré fijamente a la nube tratando de descifrar qué clase de prueba era aquella, pero no dijo una palabra más, solo estuvo ahí, dándome sombra, como siempre, hasta que dijo "creo que iré a dar una vuelta", "¿qué quieres decir? no puedes dejarme sola", le rogué, "ya te las arreglarás" replicó decidida y se fue.
De nuevo las ganas de llorar se apoderaron de mí, pero recordé que estaba sola, que no conocía a nadie ahí, y si quería irme, lo mejor sería que me pusiera a trabajar.
"Ríndete de una vez" dijo alguien atrás de mí, y cuando me di la vuelta, vi que era una bruja de aspecto espantoso. "Yo lo intenté pero es imposible, es preferible quedarse aquí, a fin de cuentas, sin corazón nadie puede herirte"
Y recordé entonces que mi corazón ya no estaba dentro de mí, toqué mi pecho y efectivamente, no sentía sus latidos, me sentía completamente vacía.
"¿Cómo funciona?" dije entonces, "¿tú por qué estás aquí?"
"Niña esa es una historia tan vieja que ya la olvidé, quizá trataba del amor, no lo sé, lo que importa es que ahora vivo aquí"
"Pero, ¿no hay alguien en el mundo real que la espera?, ¿no extraña tener corazón?"
"Este ahora es mi mundo real" dijo finalmente, y se marchó dejándome con el pensamiento de que si bien tenía razón, vivir sin corazón parecía tentador, yo no podía darme ese lujo, además, tú estabas esperándome en el mundo real, y si tú estabas ahí, tenía una razón para querer irme.
Así que me puse a trabajar.

Días después la nube regresó y tenía noticias. "Querida, pero qué poco has avanzado, olvidé decirte que tienes solo una semana para completar el castillo"
"¿Hablas en serio?" dije con enojo, "¿cómo pudiste olvidar ese detalle tan importante?"
"No lo sé cariño, solo lo olvidé" y miró mi castillo que básicamente estaba tan incompleto que daba risa. Y ya habían pasado 5 días, ¿cómo acabaría el castillo en dos días? era imposible, quizá debía hacer lo que la bruja y rendirme, después de todo, aquel lugar no estaba tan mal. Pero luego volví a pensar en ti, y en que me estabas esperando, y un plan empezó a formarse en mi mente.
Corrí hacia el lugar donde estaban reunidos todos los ogros y brujas que vivían en aquel lugar y alzando la voz dije "Necesito su ayuda, ¡por favor!", pero nadie pareció escucharme, ni siquiera voltearon a verme. La nube estaba ahí, y me veía confundida, pero no pronunció palabra en ningún momento. "¡Necesito terminar mi castillo en dos días!, ni siquiera llevo la mitad, ¡por favor necesito su ayuda!"
Pero de nuevo nadie se inmuto, yo estaba desesperada, y la nube solo estuvo viendo todo sin intervenir, ¿por qué nadie estaba dispuesto a ayudarme?, y entonces, un ogro gigante y horrible se paró y me sonrió. Su sonrisa no era nada agradable a la vista pero eso no me importó, "él me ayudará" pensé e hice que me siguiera hasta mi castillo.
"Bueno aquí está" dije señalando lo que se suponía que era mi castillo, "no es muy bonito pero sin nos apresuramos quizá..."
Y no pude terminar aquella frase porque el ogro me interrumpió con un grito que hizo que temiera por mi vida, retrocedí creyendo que iba a matarme, pero en vez de eso, caminó hacia mi castillo y lo destrozó por completo, agitó sus manos, ni siquiera tuvo que hacer un esfuerzo y mi pobre castillo estuvo destrozado en un dos por tres. Luego, soltó una risa horrible y corrió de vuelta con los demás ogros y brujas.
Yo me quedé ahí, parada, viendo como todo mi esfuerzo se había desmoronado en frente de mis narices, y todo por mi estúpido plan. "¿qué haré ahora?" dije a la nube, que solo permaneció callada.
Pasé el último día de mi plazo llorando, pensando en que me quedaría ahí para la eternidad y terminaría por convertirme en una bruja. "Tendrías oportunidad de regresar al mundo real una vez al año" explicó la nube "pero como nadie quiere que lo vean con aspecto de bruja o de ogro, la mayoría prefiere regresar el día de halloween, así al menos sienten que encajan", y entonces me imaginé, visitándote en halloween, diciendo "soy yo, he regresado", pero pensé que seguramente correrías asustado. "¿Es la única opción?", dije a la nube, "así es" respondió.

El tiempo pasó y me resigné, en algún punto terminé olvidando a mi corazón, terminé incluso olvidando el motivo por el que estaba ahí, supongo que así le había pasado a la bruja con la que hablé cuando estaba construyendo mi castillo, me acostumbré a vivir en aquel lugar lleno de nada, la nube trataba de hablar conmigo de vez en cuando, pero terminó por irse, de vez en cuando veía a otras personas que llegaban y trataban de construir el castillo, pero nadie lo lograba. Me convertí en lo que temía, un día iba caminando y vi mi reflejo en un charco de agua, me asusté tanto que no volví a pronunciar palabra. Solo pasaba los días monótonos recostada, buscando sombra, caminando para no olvidar como hacerlo.
Pero entonces llegó halloween.
Vi como todos empezaron a cambiar su actitud unos días antes. Se preparaban, estaban listos para salir al mundo real, querían volver a ver a sus seres amados, y yo, yo no sabía si quería ir ahí y verte, poco a poco los recuerdos se amontonaron en mí y el recuerdo del día de mi graduación me pareció tan lejano que incluso reí. ¿De qué me servía haberte elegido a ti? si a fin de cuentas mi corazón había huido asustado y terminé en el peor lugar del mundo, quizá estaba en el infierno solo que no había un letrero donde pudiera leerse "bienvenidos al inframundo". Sí, yo te había elegido por sobre todas las cosas, por encima de mis padres, por encima del chico que me ofrecía amor puro, pero mi corazón, cansado de lo mismo, decidió que lo mejor sería abandonarme. Y que mi corazón me hubiera abandonado resultó peor que todas las veces que tú me abandonaste antes.
Y entonces volteé hacia arriba, y la nube estaba ahí. "Estás pensando, tienes tiempo sin hacerlo" dijo sonriendo. Yo solo quería que todo se acabara, cerrar los ojos y no existir, pero sabía que eso no era posible. "Ya todos están listos, ¿vas a ir?" dijo finalmente.

De vuelta al mundo real todo parecía nuevo, como si hubiera vuelto a nacer pero con la peor de las apariencias. Me mezclaba perfectamente con los demás, había de todo ahí afuera, brujas, ogros, diablos, y los disfraces de moda que esta vez no podía reconocer.
Te busqué, y no con la intención de hablarte o interactuar contigo, sino porque quería al menos verte.
Regresé a mi hogar, donde vi a mis padres que parecían estar más o menos bien, sabía que me extrañaban, pero ellos creían que yo era feliz contigo y eso los consolaba. Luego fui a ver al chico que me amó tanto y al que dejé por ti. Pero no estaba, ni en su casa, ni con sus amigos, ni en los lugares que solía frecuentar. Quizá había encontrado a alguien más, quizá se había mudado, no podía culparlo.
Y entonces, con las esperanzas que aún quedaban en mi cuerpo seguí buscándote. Y lo que encontré terminó por destruirme. Ahí estabas, con alguien más, haciendo las cosas que solías hacer conmigo, diciendo las palabras que solías decirme, pronunciando las promesas que nunca lograste cumplir. Lancé un grito que terminó por espantarme incluso a mí. Volteaste la cara pero no me reconociste, seguiste con ella, como si nada hubiera pasado.
Quería ir hacia ti y decirte qué cómo habías podido, qué esperaba que hubieras estado buscándome durante el tiempo que estuve lejos, pero no, en vez de eso hiciste lo que mejor sabías hacer: encontrar a alguien más.
Miré al cielo en busca de la nube, pero era de noche y no podía ver nada, la llamé pero tampoco respondió. Quería irme, quería regresar al lugar a donde pertenecía. Grité tanto, que mis pulmones quedaron vacíos y mi voz sonaba ronca.
"¡Quiero regresar!, déjame regresar, no pertenezco aquí, déjame volver"
Y entonces me miraste, supongo que reconociste mi voz porque leí las dudas en tus ojos y luego el temor al reconocerme.  Te diste la vuelta, tomaste su mano, y no miraste atrás.

Y entonces pasó.
Ya no traté de correr hacia ti, sino que también me di la vuelta, miré al cielo, quería encontrar a la nube en algún lugar, la llamé, pero ya no tenía voz. Me senté en medio del camino, las personas me veían llorar pero a nadie le importaba, después de todo, para ellos yo era una chica vestida de bruja que lloraba, a ellos no les importaba qué rayos estaba ocurriendo conmigo. Y justo cuando estaba por volver a correr, solo para intentar escapar de aquella sensación de vacío, escuché que alguien decía una y otra vez mi nombre, primero lo escuché a lo lejos, pero luego más y más cerca, hasta que volteé y ahí estaba él.
"Te he estado buscando todo este tiempo, no sabes cuánto lamento por todo lo que has tenido que pasar" dijo mientras se ponía de rodillas y me limpiaba las lágrimas.
"¿Cómo?... ¿cómo sabes qué soy yo?", estaba tan confundida que ni siquiera sabía qué decir.
"¿Estás bromeando?, te reconocería donde quiera que fuera, incluso con el peor de los disfraces", y comenzó a reírse, no sabía cuánto había extrañado su risa hasta ese momento. "Pero sabes que este no es un disfraz, ¿no?", y así, a pesar de mi horrible apariencia, él estaba ahí, arrodillado, sonriendo, feliz, y todo por haberme encontrado.
"Tengo algo para ti" dijo, mientras abría una pequeña caja que llevaba consigo. Y ahí estaba, la cosa más preciosa y la más sagrada para mí; mi corazón.
"¿Dónde lo encontraste?" dije casi gritando.
"Nunca tuve que buscarlo, creo que él me eligió a mí, más bien, yo tuve que buscarte a ti todo este tiempo, estaba volviéndome loco sin ti"
"Lo siento tanto", fue lo único que pude decir, "yo elegí a la persona equivocada, nunca debía haberme ido ese día..." y me interrumpió haciéndome callar con un gesto. "Esto es tuyo" me entregó mi corazón, "te he esperado todo este tiempo y estoy dispuesto a esperar aún más, ahora ve a descansar"

Me sentía llena de vida nuevamente, me levanté con la seguridad de que aquel chico me amaba y era el más maravilloso del mundo, y de lo tonta que había sido al irme a tus brazos. Comencé a caminar y de nuevo mis pies generaron incendios, pero esta vez no destruían, esta vez, regeneraban todo a su paso. Y en algún punto,  antes de perder la consciencia, mi corazón y yo fuimos uno de nuevo.
Abrí los ojos y ahí estabas de nuevo. Era el día de mi graduación, donde había empezado mi infierno. Miré mis manos que sostenían las del chico que me amaba, al que mi corazón había elegido, el que me había salvado, me toqué el pecho y sentí el latido de un corazón enamorado,  mire a mis padres que se veían orgullosos de mí, volteé al cielo, y una nube me sonreía desde ahí. “Haz lo correcto esta vez” parecía decir.
Te vi, y tu mirada ya no pudo transmitirme nada. Estaba intacta, había pasado por el infierno de tu amor y había sobrevivido.

Ahí estabas, pidiéndome y sin hablar que corriera hacia ti, y esa vez, decidida, me di la vuelta, y no volví a mirarte nunca más.

martes, 28 de abril de 2015

Electra: Parte 1

1

Él estaba cómodamente mirando su computador como todos los días: su trabajo era simple y siempre se iba a casa con la seguridad de que había salvado al mundo un día más. "No hay caos" pensaba, "no hay caos es en este mundo al que yo no pueda poner orden". Le habían asignado ese mundo hacía ya 2015 años y a pesar de que a veces parecía que las cosas ya no tendrían solución, él siempre las encontraba. "Nada es tan fácil, creo que no pude haber conseguido un empleo mejor" se dijo a sí mismo.
Ya antes había trabajado en 23 mundos diferentes, y siempre estaba buscando uno más complicado que el anterior. Cuando le hablaron de la Tierra, se quedó boquiabierto. 
-No sabes la que te espera, hay catástrofes todos los días, las personas ahí son egoístas y siempre buscan solo su beneficio, no respetan nada: harán lo que sea por quedarse en ese mundo, aún cuando saben que lo están destruyendo. Tú has trabajado en mundos insignificantes comparados con este, todos los cuidadores han renunciado o sido despedidos con anterioridad.
Sabía que arriesgaba demasiado, tenía un trabajo estable: su mundo vivía en armonía y tranquilidad gracias a él. 
Nunca lo habían despedido, él siempre renunciaba, por aburrimiento sobre todo, por tedio, por querer siempre retarse a sí mismo. Después de todo, era el cuidador más famoso en el universo.
-Quiero trabajar en la Tierra -dijo con seguridad. 

2015 años habían pasado desde que pronunció aquellas palabras y justo ese día, en que comenzaba a pensar que tal vez ya era hora de retirarse, de ir a buscar un nuevo mundo aún más salvaje y aún más peligroso y difícil de cuidar, apareció Él.

-¡Blue! -gritó, tenía puesto un traje color marrón, una corbata roja, y era bastante gordo, no podía sentarte en las pequeñitas sillas azules que había en el cuarto, así que se mantuvo de pie, apenado cuando vio que Blue estaba sentado y era tan flaco como una de sus piernas. -Tenemos un problema.
-¿Qué pasa? -Contestó Blue inmutado.
-¿Acaso no te has dado cuenta? -Inquirió, quería retarlo. Quería probar si su reputación de ser el mejor cuidador del universo era en realidad merecida o si solo se trataba de pura suerte hasta entonces. Cuando vio que Blue seguía sin inmutarse, y parecía no tener respuesta, una sonrisa se asomó de su rechoncho rostro y continuó: -Hay una chica, y está causando problemas.
-No sé de qué me está hablando.
"¿Me está diciendo la verdad o solo se está burlando de mí", pensó Él, "Si es en verdad el mejor cuidador del universo, ¿por qué no se había dado cuenta?, ¿por qué no reportó algo antes?"
-Hay una chica, en Gales, búscala ahora mismo en tu computador, se llama Electra Diamantes. -hizo un gesto retador, Blue sabía que a Él siempre le gustaba ocasionar problemas, se creía el dueño del universo y era reconocido por haber despedido a 439 cuidadores de sus respectivos mundos, seguramente quería hacerle lo mismo. 
-¿Qué quieres que haga con ella? -preguntó Blue. Lo que escuchó a continuación, lo dejó sin aliento.
-Borrarla.

2

En el universo había dos clases de personas: aquellas que no tenían nombre y las que se ganaban uno, Blue era del segundo grupo.
Cuando apenas comenzaba a trabajar, el desorden de los mundos lo agobiaba, era apenas un niño y su padre había muerto demasiado joven, por lo que tuvo que trabajar aún si saber nada de los  mundos. Tomó apenas un curso intensivo y en poco tiempo estaba listo.
Aprendía rápido y eso era algo que emocionaba a sus maestros, especialmente a uno llamado Froot, que siempre al término de sus clases le comentaba por lo bajito “Vas a ser el cuidador más famoso de este universo algún día”.
Froot le enseñó todo lo que sabía, y pronto el alumno superó al maestro. Blue desarrolló una técnica especial para controlar a las personas de los diferentes mundos: era infalible.
Cuando recién comenzó sus clases lo confundían todos aquellos colores en las computadoras, todos los habitantes de los mundos representados en gráficos, todo el movimiento: “las personas nunca están quietas, siempre están cambiantes y siempre pasan de un color a otro” pensaba.
Pasaron años antes de que empezara a entender que no se podía controlar a las personas, que en un día podrían pasar por todos los colores del arcoíris y siempre estaban de un lado para otro. Blue no podía modificar los movimientos de las personas, ni siquiera podía influir en ellas, no podía meterse dentro de su mente, no podía encerrarlas para que dejaran de cambiar. Un cuidador, aprendió, solo tiene dos funciones: borrar o cambiar los colores de las personas.
Blue nunca había recurrido a borrar a alguien, a alguna creatura, nada. Blue creía firmemente que cada habitante de los mundos estaba ahí por alguna razón. Sus amigos cuidadores se burlaban de él constantemente “eres un romántico” le decían, y él solo agachaba la mirada, como buscando esconderse.

Blue se ganó su nombre un día que llegó corriendo a la escuela, para hablar con su profesor Froot acerca de una idea que había tenido la noche anterior, mientras dormía.
-Creo que ya lo tengo. –Dijo entusiasmado.
-¿Qué tienes muchacho? –Preguntó con curiosidad el profesor, siempre le había maravillado aquel joven, y ahora estaba seguro de que su profecía se haría realidad: aquel chico sería el mejor cuidador del universo.
Entonces le explicó su método: pensaba que el problema con los mundos era que los cuidadores no podían hacer nada, de vez en cuando cambiaban los colores de las personas: si veían que estaban rojas (lo que denominaba que estaban furiosas y probablemente causarían algún estrago) las cambiaban a blanco (lo cual era paz), si veían que muchas personas en cierta área estaban verdes (lo que quería decir que probablemente había una enfermedad propagándose por el mundo), los cambiaban a rosa (que representaba salud).
Eso es lo único que hacían, y de vez en cuando, si es que tenían el valor, borraban a aquellos que estuvieran causando demasiados desastres a su paso.
Entonces, su método consistía en dejar a las personas de los mundos siempre en azul. Azul, el color de la tristeza, el color que significaba que las personas estarían en calma, que no causarían demasiado caos.
-¿Me estás diciendo que quieres hacer que las personas estén permanentemente deprimidas? –inquirió el profesor, tan intrigado como asustado a la vez.
-Así es –respondió.

A pesar de que su método provocó la risa de más de algún cuidador al principio, todos callaron al observar cómo funcionaba a la perfección: las personas estaban azules siempre, tristes, siempre llegando a casa esperando que el día siguiente fuera mejor que el actual, y cuando eso no sucedía, se resignaban: vivían en la resignación. Blue se ganó su nombre a pulso, y su trabajo consistía en que cada mañana, ingresaba a su computador y pintaba, pintaba a poblaciones de millones de personas de Azul, las impregnaba de tristeza, y de vez en cuando, cuando alguna se salía de su estricto orden y cambiaba de color, Blue pacientemente la pintaba de nuevo. “Las personas son muy simples: mientras haya tristeza no habrá caos”, pensaba.

martes, 24 de julio de 2012

Cuentos para antes de dormir 1.


El descanso.


Te escribí una carta que hablaba de amor. Donde te confesaba que aún te quiero, que mi corazón sigue latiendo al sonido de tu nombre. Te decía las cosas más maravillosas de este mundo, te contaba, que sin ti no puedo vivir, que en tu ausencia he llorado mares, que me he perdido y la senda que llevaba a ti, ahora se ha secado, y ya no sé cómo regresar.
La volví a leer, y me di cuenta de que sólo eran mentiras, así que decida la quemé. Yo no puedo mentirte. Yo puedo vivir sin ti, como solía hacerlo.

Decidí que lo mejor sería cambiarme el corazón por una bola de cristal que contenía cuentos de amor. Al final sólo quedé con una cicatriz en el pecho, pero al final de cuentas esa ya la tenía.
Descubrí, que me sentía igual. Sólo que a veces pensaba como una princesa, ya sabes, como esas de los cuentos de hadas. Estaba a la espera de mi príncipe azul.
Y cada noche, a las 12 en punto, derramaba una lágrima porque mi príncipe encantado no me buscaba, ¿qué estaba esperando?

Vi muchas películas de amor, y al igual que los cuentos, solo me dejaban con la sensación de que algo faltaba en mi vida, y ese algo era el amor.
Sólo tenía 18 años, pero aún así. Mi corazón había sido roto 2 veces. No sabía si eso estaba en el promedio o yo había sufrido más. Así que decidí salir al mundo exterior y preguntar, ¿Quién te ha roto el corazón? y ¿Cómo lo has superado?

Descubrí, que todas las personas cargaban corazones rotos. Unos más que otros, pero todos con cicatrices en sus pechos. Descubrí que las personas creían en el amor, aún si el amor los hacía miserables. Y lo más interesante, fue que todos me dijeron que si tuvieran la oportunidad de pedir un deseo y que éste se convirtiera en realidad. Ese deseo sería… exacto, encontrar el amor.

En cuanto a mis preguntas. Un niño de 6 años, me dijo que sí, que Ana le había roto su pequeño corazón. Entonces le pedí que me dejara observarlo, para comprobar que fuera cierto. Su corazón, del tamaño de un puño, sufría y lloraba en medio de pequeños cuchillos que lo cortaban. Así que era verdad. A los 6 años, tenía el corazón roto. Y aún no lo superaba.
Una adolescente de 14 años, me dijo que Mateo le había partido el corazón al dejarla plantada. Y tras observarla llorar por 20 minutos, me di cuenta de que no mentía. Le pregunté si lo había superado, pero sólo lloró más.
Entonces fui con alguien considerado por los demás como un adulto. Pero no me atreví a preguntarle nada, ya que el hombre estaba demasiado borracho, al igual que su pobre corazón.

Allí estaba yo. Con la segunda pregunta aún al aire. Porque no conocí a nadie que me supiera contestar. ¿Cómo reparar un corazón roto? Niños, adolescentes, adultos. Caminan por las calles en busca de alguien que los repare. Yo por lo menos había sustituido mi corazón. Así lo único que me dolía era el cuerpo, la cicatriz en mi pecho.

Entonces pensé que tal vez alguien más tendría las respuestas. Le pregunté a las nubes si podrían ayudarme, si sabían cómo se superaba a un amor, pero mi duda las deprimió tanto, que acabaron llorando e inundando la ciudad.
Le pregunté al mar, pero a cambió sólo recibí olas en la cara, como bofetadas que me pedían que dejara de ser tan ingenua.
Pregunté a las flores, pero pasaron tanto tiempo pensando, que terminaron por marchitarse.

Y justo cuando estaba a punto de rendirme. Mordí una manzana roja y caí en un profundo sueño.
Soñé que era una sirena, que hablaba con los peces y que en el fondo del océano, se hallaban corazones sin daños. Les pedí que me ayudaran a conseguir uno, pero se negaron, alegando que yo no pertenecía a ese lugar, pidiéndome que me fuera.
Entonces busqué al final del arcoíris, y todo lo que encontré fueron monedas de oro, y eso no me servía de nada. No puedes comprar un corazón, ¿verdad?
Me fui a volar con las aves por el cielo y una gaviota me preguntó por mi cicatriz en el pecho.
-Es que cambié mi corazón. Ahora tengo una bola de cristal que contiene cuentos de amor.
-¡Pero qué tonterías dices niña! Y ahora que lo pienso, ¿cómo es que puedes volar si no tienes alas?
Y una vez dicho eso, caí desde el cielo hasta mi cama, pero mi colchón amortiguo mi caída y no dolió demasiado.
Pero descubrí, que la bola de cristal se había salido de su sitio, y si no me apresuraba, iba a morir.

Busqué mi corazón por todo mi cuarto, pero había demasiado desorden. Estaban restos de cenizas de todas las cartas que te he escrito, estaban los libros que un día me regalaste y que ahora lloraban porque yo ya no los quería como un día lo hice, y estaba aquella foto que aún conservaba de ti. La tomé en mis manos y debajo se encontraba mi corazón. Estaba bello y parecía haberse recuperado. Me apresuré y le pregunté si estaba bien.
-Pues claro que estoy bien, estoy mejor que nunca. Me respondió.
Yo le di un pequeño beso y lo coloqué dentro de mí. Me sentí mejor que nunca, mi corazón había sanado.

Así que te escribo hoy esta carta mientras sonrío, y puedo decirte a ti y al mundo entero que la respuesta a cómo curar los corazones rotos, es dándoles un descanso.